El 15 de octubre de
realizó la Convención de los Sucesores de Venezuela y ese domingo marcó la vida
de muchos de los que participamos, después de 4 días intensos con intercambios
de vida a vida que nos conectaron con amigos eternos de todos los países que
llegaron.
Ese domingo casi
todos los jóvenes del interior y del exterior regresaban a sus hogares, el
movimiento por llevarlos a sus terminales terminaba al final del día y algunos
se quedaron unos días más. El apoyo de las 4 divisiones fue imprescindible para
atender a cada uno de estos Bodisatvas de la Tierra que respondieron a la
invitación de las Divisiones Juveniles de la SGIV.
Los vínculos humanos
que establecí con los jóvenes del exterior que llegaron son eternos, lo que
Ikeda Sensei siempre inspira a buscar en estos intercambios juveniles, que la
SGI sirva que establecer vínculos irrompibles de jóvenes que nunca olviden su compromiso
con toda la humanidad. La convención de Venezuela profundizó mi convicción de
actuar como discípulo y corresponder al mentor en su deseo de valorar estos
encuentros y lazos establecidos entre jóvenes de toda la región.
Ahora, con más
amigos y compañeros de fe en toda la región de América Latina, comenzó una
nueva etapa de intercambios con estos países que sirvieron para impulsar mi
acción basada en el deseo de contribuir con más contundencia al desarrollo de
la SGIV.
Yo había participado
en un sólo intercambio de la SGI cuando viajé en 1990 a Japón, con 18 años me
encontré con Sensei, conocí la Soka Gakkai y su influencia en la sociedad
japonesa, percibí el impacto de que millones de personas estuvieran unidas al
movimiento por el Kosen-rufu y además pude conocer Taiseki-lli, el Sho-Hondo
(templo principal) y hacer daimoku y gonguio frente al Dai-Gojonzon. Si no me
equivoco fue la penúltima peregrinación de miembros de la SGI, ya que después
vino el conflicto con el clero que ocasionó que los miembros de la SGI fueran
injustamente privados de tener esta experiencia.
Después de ese viaje
(experiencia que escribiré en detalle luego), no volví a participar en ningún
intercambio cultural o de capacitación de la SGI, ni en Japón ni en ningún otro
país. Honestamente no me inspiraba hacerlo. Sólo a finales de los '90, cuando
establecí amistad con un pionero de Brasil y un joven de México, es que comencé
a apreciar con más profundidad el valor de conocer la realidad de otras
organizaciones, sus problemas y sus campañas, cómo enfrentaban sus
dificultades… más que las maneras, el espíritu con el que luchaban en esos
países.
Además la convención
me permitió conocer la realidad de muchos países de un solo golpe. Conocer cómo
luchaban los jóvenes de México, Costa Rica, Bolivia, Ecuador, Chile, fue
realmente enriquecedor para mí. Brasil siempre había sido una referencia
obligada no sólo por los intercambios en los que ya habían participado jóvenes
de Venezuela en años previos, sino por la continua referencia del propio Ikeda
Sensei a "seguir el ejemplo de Brasil", donde el espíritu de Mentor y
Discípulo se VIVE con una intensidad que toda la región debemos buscar de
emular, por supuesto con nuestra propia realidad.
Sin embargo, fue
Argentina quien llamó más mi atención. Los dos asistentes nacionales que
llegaron en octubre me mostraron una SGI-AR que yo desconocía totalmente, me
mostraron una calidez, creatividad, humildad, sencillez, fluidez en el diálogo,
realmente contundentes y quedaron grabados en mi corazón de manera inevitable.
Los jóvenes de
Argentina habían respondido a la invitación de Venezuela porque varias de la
DJF de Venezuela que habían participado en capacitaciones previas en Japón
habían establecido vínculos con los líderes juveniles de Argentina, así que
ellos enviaron a la convención a estos dos asistentes nacionales, mostrando su
mayor respeto a la actividad que Venezuela se propuso realizar.
Al terminar la
convención, no recuerdo el momento exacto, pero nos enteramos de que la SGI de
Argentina realizaría una gran actividad para celebrar el 18 de noviembre de ese
año 2000, cuando la Soka Gakkai cumpliría 70 años. Lo que si recuerdo es que no
fue mucho tiempo que tuvimos para responder como SGIV a la invitación. Recuerdo
que por primera vez sentía una cosquillita por participar en una actividad de
la SGI de otro país y sin duda lo atribuía totalmente al impacto que causaron
los dos líderes que habían venido. Comencé a sentir el deseo de conocer más de
lo que ellos nos presentaron como la lucha de los jóvenes de la SGI de
Argentina, hasta ese momento desconocida en detalle al menos por mí.
Por supuesto el tema
del dinero era importante, pero la velocidad para responder a la SGI de
Argentina no me permitió demorarme mucho en tomar la decisión. Mi esposa, mi
hermano, mis padres, fueron determinantes para convencerme a plantearme viajar,
todos ellos habían viajado en años recientes a distintos países y me inspiraron
a aprovechar esta oportunidad de conocer mucho más el proceso de lucha por el
Kosen-rufu en Argentina. De hecho mi mamá había participado años antes en una
actividad en Argentina que le dejó una experiencia inolvidable.
Así pues, fue casi
inevitable responder a la invitación de la SGI-AR y tres jóvenes de la SGIV
asistimos a la celebración del 70º aniversario de la Soka Gakkai a celebrarse
en Buenos Aires y La Plata. Viaje por 3 días junto a dos eternas amigas y
compañeras de fe de Venezuela, con el corazón totalmente abierto para poder
grabar profundamente cada instante y cada encuentro de ese viaje. Del 17 al 19
de noviembre compartimos la celebración de esa importante fecha con los
miembros de la SGI-AR.