lunes, 28 de enero de 2013

Japón 1990 - 4


Antes de terminar de escribir sobre la visita a Taiseki-lli, hubo una experiencia muy particular previo a la visita al templo en una de esas noches que paseábamos por Tokio con nuestra miga venezolana que vivía allá. Caminando por las calles cercanas al hotel, recuerdo que ella nos llevó a uno de los templos locales de la Nichiren Shoshu. Toda una peculiaridad para nosotros. Porque no era diferente a una iglesia de parroquia, o sea, estaba en todo el centro de la calle, muy transitada, sin más que dos grandes puertas que  dejaban entrar a un salón con muchas sillas, como para 200 personas quizás, que terminaban en unos escalones que llevaban al altar principal.

Al entrar, cualquiera podía sentarse a hacer daimoku, cosa que hicimos, sin que hubiese nadie dirigiendo el daimoku. Sólo cuando llegó al hora del gonguio, entró desde un lateral del altar un sacerdote, que se disponía a dirigir el gonguio. Dirigió el gonguio de la noche, muy lento y con las tres oraciones que se hacían antes. Los que practican desde los 80' o 90' recuerdan "ese" gonguio.

Lo más particular de ese gonguio sucedió al finalizar la tercera oración. Poco antes de terminar dicha oración, entraron dos sacerdotes desde los laterales de la tarima y se posicionaron al pie de unos de esos tambores tradicionales japoneses, los que se tocan de manera horizontal y que son muy grandes. Cuando entré esos tambores sólo eran unos "adornos" para mí, pues jamás pensé que tuvieran alguna utilidad en un templo. Pues nada, al terminar la tercera oración, y al disponernos a comenzar el daimoku acostumbrado, ambos sacerdotes comenzaron a tocar los tambores!!! Uno cada lado!!! Y el toque de los tambores era lo que determinaba el ritmo del daimoku que íbamos haciendo!!! Yo, amante de la percusión, y pendiente del "ritmo" en todo, estaba más que extrañado, hasta extasiado diría! Porque lo musical que ya era el daimoku para mí, ahora era absolutamente rítmico. Aunque sólo es una teoría, pienso que era una manera de que TODOS los participantes siguieran el mismo ritmo del daimoku, y no como sucede a veces que hay muchas voces con distintos ritmo… confirmo, es solo una teoría. Pero bien, este pedacito de lo vivido en Japón había olvidado escribirlo antes.

Ahora sigo en Taiseki-lli.


En octubre de 1990, después de haberme encontrado con Sensei en par de oportunidades, visitar los terrenos de Taiseki-lli, haber pernoctado en los Shobo, haber hecho daimoku en el Sho-Hondo frente al Dai-Gojonzon, todavía quedaba una particular experiencia que vivir antes de retornar primero a Tokio y después a Venezuela.

La actividad previa a retirarnos de Taiseki-lli fue muy particular y significativa para los miembros de la Soka Gakkai y de toda la SGI que estábamos participando. Se llevó a cabo en lo que creo es lo que llaman el "Gran Salón de Recepción", el que aparece citado en "La nueva Revolución Humana", ese donde Toda Sensei recibe a los miles de jóvenes el 16 de marzo de 1958. Honestamente no estoy seguro, pero siempre he pensado que es ese mismo lugar.

La ceremonia era junto a cientos de sacerdotes, otros cientos de miembros, en un salón mucho más tradicional que el Sho-Hondo, este era un enorme salón cuadrado de techo muy alto, pero con decoración mucho más tradicional japonesa. Nada comparado a lo vanguardista que podía apreciarse en el Sho-Hondo.

En este salón, Ikeda Sensei dirigió el gonguio  vestido de blanco con un traje muy tradicional y hasta clérigo, acompañado por los principales dirigentes de la Nichiren Shoshu. En esa ceremonia a los miembros de la SGI nos tocó estar arrodillados más lejos, hacia la parte derecha posterior del salón. Y sí, todos arrodillados, allí no habían sillas. El gonguio  fue eterno como acostumbraban los sacerdotes y aunque no estoy seguro, creo recordar que en esa ceremonia no teníamos los auriculares para la traducción, así que todo fue súper ceremonial y simbólico.

Sensei fue "impuesto" de manos de Nikken, de una especie de "embestidura" como máximo representante de todas las organizaciones laicas afiliadas a la Nichiren Shoshu. O sea, Nikken, representando a la Nichiren Shoshu, estaba identificando a Daisaku Ikeda como el líder que representaba a todos los laicos practicantes del Budismo de Nichiren Daishonin. Por supuesto todo esto nos lo explicaron después y para todos representaba un honor muy grande el haber participado de esa ceremonia, porque habíamos estado junto a Sensei en ese máximo reconocimiento por parte del clero. La Soka Gakkai, que no es que lo necesitara en ese momento, recibía de manera explícita el reconocimiento como la organización más identificada con el deseo del Daishonin de lograr el Kosen-rufu, por sus grandes esfuerzos en la propagación. Y Sensei como presidente de la Soka Gakkai y de la SGI, estaba siendo reconocido por eso!!!

Así, aún con 18 años, mi admiración y compromiso hacia Sensei se consolidaron, confirmando mi determinación de retribuir como discípulo a quien escogí como mentor.

Los últimos días en Japón de ese año fueron para definir qué traía de obsequio y a quién. Durante todo el viaje Sensei nos había estado enviando obsequios que incluían efectivo. Al final, sacando cuentas, Sensei nos había casi "devuelto" la estadía, o sea que yo podía llevar regalos prácticamente para todos los incluidos en mi lista. Pude traer muchas cosas para mis hermanos, mi novia, mis padres, mis amigos… Casi no me quedó nadie por fuera. Todo esto apoyado directamente por Sensei, quien como todo un padre nos protegía y cuidaba al punto de garantizar que no volviéramos con dificultad para agradecer a nuestros seres queridos.

El regreso de Japón en 1990 estuvo lleno de miles de experiencias y obsequios, pude compartir mi experiencia en varias oportunidades y en cada una pude transmitir el enorme agradecimiento hacia mis padres, quienes fueron los promotores de mi participación en ese viaje. Los dos compañeros con los que viajé se convirtieron en profundos amigos.

Menos de dos meses después de mi regreso, en diciembre de 1990, el asunto con el clero se agudizó y meses después, a principios de 1991, la Nichiren Shoshu excomulgó a la Soka Gakkai, en un claro intento por despojarla de su membresía para así garantizarse la contribución directa de estos sinceros miembros. No ocurrió. La Soka Gakkai se mantuvo firme, siguió creciendo y mermando la cantidad de personas vinculadas al clero, año tras año.

Así resumo mi viaje a Japón en octubre de 1990.

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