viernes, 11 de diciembre de 2020

2006 - Capacitación en Japón

En octubre de 2006 los dos responsables nacionales de la Divisiones Juveniles acompañamos a la directora general a la capacitación en Japón, dedicada a los directores generales de la SGI, donde se comparten los principales puntos de lucha y el plan general de la SGI para el año siguiente. A diferencia de las dos oportunidades anteriores en las que participé, esta capacitación no era para divisiones juveniles solamente, sino para los máximos responsables de cada país.

El año anterior, en junio de 2005, habíamos sido nombrados nuevos responsables nacionales no sólo los líderes de las divisiones juveniles, también había nuevo responsable de la División de Caballeros. La nueva directora general fungía como responsable nacional de la División Femenina también. En noviembre de 2005 se planificó que varios de esta "nueva Dirección General" pudieran llegar a Japón para estas capacitaciones dirigidas a directores generales. Aún con mucho apoyo, no logré incluirme en ese viaje porque mi pasaporte no salió renovado a tiempo. Así, este viaje de octubre de 2006, junto a mi compañera nacional de la DJF y la directora general, era la primera vez que llegaba a Japón como responsable nacional de la DJM. La experiencia fue muy distinta a las dos ocasiones anteriores, pero con igual valor inolvidable y de establecer vínculos profundos con directores generales de otros países.

Desde nuestra llegada todo estaba enmarcado en la celebración de los 200 títulos académicos honoríficos recibidos por el presidente Ikeda... 200!!! Días antes de nosotros llegar lo había recibido, así que toda la capacitación fue para confirmar la enorme proyección mundial de Daisaku Ikeda como promotor de la educación fundada en valores humanísticos, además de su intachable labor diplomática.

En este viaje que volví a visitar dos lugares que había conocido en octubre de 1990, cuando fui por primera vez a Japón con 18 años y que fueron lugares muy especiales por lo vivido. 

Uno de esos lugares fue una sede de Chubu. En 1990, acostumbrado a nuestras sedes para 100 o 200 personas, quedaba impresionado por este kaikan enorme y lleno de colorido por una alfombra que cubría todo el salón principal y donde fácilmente entraban al menos mil personas todas arrodilladas (aún usual en esa época). Un altar lleno de color dorado y muy grande que también mostraba un Gojonzon más grande de lo que yo conocía. 

Fue la primera vez que escuché la voz del presiente Ikeda, una voz distinta a los demás japoneses que conocí, una voz con fuerza pero cálida a la vez, hablando como un padre a sus hijos. Además, ese primer encuentro estuvo marcado por otro acontecimiento particular. Ese año (1990) viajé junto una DJF y otro DJM, que era sordo desde su adolescencia, así que no podía escuchar la traducción simultánea que se nos ofrecía por auriculares. Entonces, para que él pudiera apreciar lo que decía el presidente Ikeda, yo debía sentarme frente a él e ir moviendo mi boca, silenciosamente, repitiendo lo que iba escuchando por la traducción simultánea en mi auricular. Así, él leía mis labios y aunque fuese de manera parcial, tenía acceso a lo que el presidente Ikeda compartía con nosotros en ese primer encuentro de nuestras vidas.

En 2006, me costó reconocerlo, pero sentado (esta vez en sillas) escuchando la experiencia de un joven de un país asiático, caí en cuenta que estaba en el mismo lugar. Volví a revivir lo que 16 años antes había experimentado. De hecho, el joven que contaba su experiencia también contaba algo similar, también había estado en este kaikan cuando fue más joven, así que los eventos místicos marcaban esta ocasión para hacerla inolvidable. Al finalizar esta reunión compartí con este joven que su experiencia también me hizo recordar mi primer viaje.

El otro lugar donde volví después de 16 años fue la ciudad de Nagoya. Es una ciudad muy bella, además de industrial. El hotel donde nos quedamos, el mismo que en 1990, está ubicado frente a un palacio imperial, así que la noche es un espectáculo por el paisaje que otorga. El hotel, muy moderno, tiene unos baños que además de espectaculares, también son muy pequeños. Es un detalle inolvidable porque a la mañana siguiente, en nuestro desayuno, compartimos con uno de los directores generales de un país centroamericano, muy jovial y ocurrente, así que sus cuentos de cómo uso las instalaciones pequeñas del baño fueron motivo de mucha risa, incluso por el resto del día cada vez que recordábamos los cuentos de este director general.

Esta fue una de las facetas más valiosas de ese viaje, los encuentros e intercambios con los directores generales de otros países. Recuerdo que llamé a esos encuentros la "capacitación paralela", porque me ofrecieron gran aprendizaje sobre cómo viven y luchan por el kosen-rufu otros países del resto de la SGI. En los autobuses mientras nos trasladábamos de un lugar a otro, en los desayunos o cenas, en los intercambios con miembros de las ciudades visitadas en Japón, todo momento era valioso para preguntarles sobre sus realidades, cómo impulsaban sus campañas, qué ideas desarrollaban, cómo cuidaban y forjaban a los jóvenes, etc.

Ese año mi compañero de cuarto fue el director general de otro país de Centro América, japonés de nacimiento pero con muchos años en su nueva nación. Incluso hubo mucho mayor aprecio entre ambos porque él ya conocía a mi papá de viajes anteriores, así que nuestra relación fue muy cálida y amigable. Aprendí mucho de su postura como director general de una SGI más pequeña que nuestra SGIV. En nuestras conversaciones mostraba mucho interés por lo que los jóvenes de Venezuela estábamos impulsando en este nuevo siglo y manifestaba su deseo de que en su país surgiera una generación similar de jóvenes llenos de creatividad e iniciativa para impulsar actividades juveniles. Recuerdo nuestras conversaciones con mucho cariño.

Pude conocer y conversar con la mayoría de los directores generales de América Latina, unos más cálidos que otros, en general personas muy entregadas a su rol de conducir el kosen-rufu de sus países. De esos diálogos absorbí mucha experiencia de sus propias realidades, incluso se forjaron vínculos de apoyo compartiendo materiales traducidos al español que pudimos usar en las publicaciones de la SGIV (el Diario Juvenil por ejemplo). Por esto y mil cosas más, esa "capacitación paralela", la que no está en el programa o itinerario, la que se da por el vínculo humano que establecemos en este encuentro mundial, le da un valor incalculable e inolvidable a estas capacitaciones de la SGI en Japón, o cualquier otro país elegido para estos fines.

Otro de los lugares inolvidables fue el Centro Memorial Makiguchi, de proporciones majestuosas, una entrada que asemeja un palacio, y sus pisos y salones internos no dejan de proyectar la misma imagen, un palacio. La entrada fue muy curiosa, ya que no permiten el ingreso de cámaras de ningún tipo, así que con una organización digna de los japoneses, pero con el corazón que sólo miembros de Gakkai saben poner en su acción, fuimos recibidos con toda una logística de dejar todo dispositivo electrónico en la entrada con sensores de metales y mucha presencia de los grupos de apoyo logístico, que hacía imposible que alguien pudiese pasar desapercibido. 

Después de dicha logística nos dieron el recorrido pertinente, y pudimos apreciar un busto imponente de Tsunesaburo Makiguchi en uno de los espacios principales. Recordemos: Daisaku Ikeda no conoció personalmente al señor Makiguchi, sólo lo conoció a través de su propio maestro, Josei Toda. Sin embargo, y porque la relación de mentor y discípulo se aprecia en cada acción de Daisaku Ikeda, fue su deseo que ese busto sea protagonista principal de este majestuoso lugar, realizado en homenaje al fundador de todo lo que hoy es, y somos, Soka Gakkai.

Uno de los salones está dedicado para mostrar los obsequios, reconocimientos y demás detalles que los países del mundo han obsequiado o entregado a Daisaku Ikeda. Es inevitable que en ese recorrido cada país va buscando dónde está su bandera, su espacio. Venezuela está presente, y es inevitable no erizarse al ver lo que nuestro país ha entregado al presidente Ikeda como muestra de su presencia en nuestra sociedad. Para muchos poca, para otros, la necesaria para inspirarnos a seguir expandiendo nuestro movimiento por el kosen-rufu de Venezuela. En cualquier caso Ikeda Sensei tiene ahí la muestra de nuestros obsequios, porque sí, son nuestros, de cada miembro que lucha por difundir su legado en la sociedad venezolana. Ya al dirigirnos al salón de la actividad principal, mi compañera de la DJF y yo nos cruzamos brevemente con Herbie Hancock en un muy casual saludo, sin tener la menor idea de lo que íbamos a presenciar.

Ya en el Salón Principal del Memorial Makiguchi, nos asignan un puesto a cada integrante. A nosotros, América Latina, nos tocó justo en el centro. Quedé justo al lado de una dama japonesa, que al ver en mi identificación que era de Venezuela, de inmediato me dijo "¡Venezuela! ¡Shoko Kikuchi!". Muy místicamente, la dama conocía a nuestra actual responsable general de la DF desde antes que viniera a Venezuela. Cosas que sólo responden a lo místico. Algo que tampoco olvido es la calidad del daimoku de esa dama, en realidad de todas. Cuando iniciamos el daimoku la velocidad y fortaleza en la voz de ella y las demás, era un digno ejemplo de lo que significa hacer daimoku con fuerza, con determinación y desde el corazón.

Lo que vimos luego, creo que jamás podré expresarlo con suficientes palabras.

Como homenaje a Daisaku Ikeda y a su esposa Kaneko, los miembros de la División de Artistas de la SGI de Estados Unidos habían preparado un acto que a todos los presentes nos conmovió hasta lo más profundo de la vida. El escenario fue preparado con sendos pendones con imágenes del joven Daisaku Ikeda, un juego de luces que embelleció la tarima y, de manera progresiva, fueron saliendo cantantes de todas las divisiones, con los jóvenes como protagonistas. La canción que escogieron fue una canción japonesa que se basa en una novela llamada "Los tres reinos", un clásico del oriente que además el señor Toda presentó y animó al joven Daisaku a leer y releer, así que es una de sus novelas preferidas. Con los músicos en vivo, del nivel y calibre de Herbie Hancock, Daisaku y Kaneko estaban en una esquina, hacia nuestra derecha, sin obstaculizar nuestra visión pero en una especie de tarima secundaria que les daba el protagonismo pertinente como homenajeados. Y, lo que asumí desde el primer instante como muestra de "brindar el talento propio para la felicidad del otro", cada participante que salió a tarima, cantante, músico o bailarín, jamás, jamás, dejó de ver y dedicar su vida misma al presidente Ikeda y a su esposa Kaneko. Es decir, nunca vieron al público, jamás su presentación fue para mostrarnos a nosotros su calidad artística, siempre, de principio a fin, fue para, junto a nosotros, ser "unos discípulos más" que mostraban al mentor que "no tiene por qué preocuparse", porque estamos más que comprometidos con su legado.

Nuevamente, asumo totalmente que carezco de los recursos literarios para transmitir lo vivido  en ese instante, pero mi deseo es confirmar en este relato que ese día confirmé que la verdadera acción de un discípulo es desinteresada, no busca alabanza, es honesta, sincera y llena de convicción y compromiso. Ese día, y en una fecha posterior donde conté lo vivido, las lágrimas me acompañaron un buen rato.

Era octubre de 2006, tenía poco más de un año como responsable nacional de la DJM... Sin embargo llegué a Japón con la firme determinación de solicitar, en diálogo personal, la opinión de un líder que pudiese escuchar mi deseo de no pasar más de 5 años como responsable nacional y generar la forja necesaria para garantizar el relevo de mi posición, sin demoras ni miedos. Incluso así lo transmití a la directora general, que deseaba enmarcar todo mi esfuerzo para cumplir con mi rol a 2010, para nombrar un relevo ese año, queriendo incluso forjar a varios DJM que estuviesen preparados para asumir mi rol con aún mayor energía y compromiso.

Ese año conversé con un líder de la DJM que de manera cálida pero firme, me invitó a mantener presente ciertos aspectos para tomar esa decisión. En primer lugar me invitó a mantener mi compromiso con el mentor, porque eso permite tomar decisiones siempre pensando en lo mejor para la SGIV y el kosen-rufu. Luego, dijo que si mi motivación principal seguía siendo la de apoyar a la directora general de la SGIV no importaba cual era el escenario, mi deseo por apoyarla seguiría estando manifiesto en cualquier rol que asumiera en el futuro, que no apoyaba a la persona, apoyaba a la figura central de la SGI de Venezuela, la organización que lucha por el kosen-rufu de mi país, que coyunturalmente está liderado por la directora general. Sus palabras fueron más que contundentes y pasaron a ser la pauta en mi acción durante los años siguiente. 

Creo firmemente que nos encontramos con las personas que nuestro karma atrae como las necesarias para impulsar el desarrollo de nuestra revolución humana. A este líder de Japón, a la traductora que apoyó en este encuentro, los tengo grabados en mi corazón.

Ese año los dos líderes juveniles íbamos con una misión muy particular, deseábamos encontrarnos con el responsable de las Divisiones Juveniles de la SGI, quien se había convertido en alguien muy cercano a los jóvenes de Venezuela con su apoyo continuo. De hecho, fue determinante su apoyo para nuestro éxito en las actividades de octubre de 2005 con las 13 actividades realizadas en todo el país y que lograron reunir a más de 5.000 jóvenes vinculados a la SGIV. Con un obsequio muy especial, logramos encontrarnos con él y recibir sus palabras de aliento y elogios por todo lo que los jóvenes de Venezuela veníamos logrando.

Para el viaje de regreso yo estaría sólo, ya que mis compañeras usarían otra ruta. Como tendría unas horas adicionales "libre", había planificado la posibilidad de comprar algunos obsequios principalmente uno muy especial para mi hijo. Estos aparatos no son comprados en cualquier lugar de Tokio, se debe ir a una zona en particular para encontrar la "versión" apropiada para nuestro continente. Esta zona es muy alejada del hotel que usamos ese año, así que los tiempos no eran muy holgados para que pudieran llevarme. Sin embargo, una dama se ofreció, y no cualquier dama. Una de las traductoras que me conoce desde 1990, incluso conoce desde años antes a mis padres, se ofreció a llevarme a esta zona que entre ir y venir se toma más de hora y media de viaje en tren. Ese recorrido fue quizás de los más valiosos de todos los que he tenido en Japón incluyendo los 4 viajes que he podido realizar. En esa conversa pude conocer mucho más detalle de lo que significa para Ikeda Sensei atender a cada invitado, como pone la vida para que toda personalidad con la que se encuentra se lleve la imagen de lo que significa Soka Gakkai, la esencia de nuestro movimiento, más allá de su propia personalidad, pone hasta la última gota de sudor y pizca de energía para que su invitado se convierta en un aliado eterno de la Soka Gakkai y de la SGI de su país de origen. Lo que escuché de esta dama no hizo más que profundizar mi compromiso personal con Ikeda Sensei y con la Soka Gakkai. Además me compartió su propia experiencia personal de cómo el presidente Ikeda la apoyó con inagotable amor compasivo cuando ella misma había perdido la pasión por su trabajo.

El viaje a Japón de 2006 sería la penúltima capacitación en la que participé hasta ahora. Un ritmo diferente por estar destinado a los directores generales, mucho tiempo libre entre jornadas de capacitación, mucho diálogo con líderes de mucha más experiencia que conducen el kosen-rufu de nuestros países vecinos... experiencias invaluables que forman parte de mi vida y las acciones que pude desarrollar en años siguientes junto a resto de los jóvenes de la SGI de Venezuela.

Gracias Soka Gakkai.

Gracias Daisaku Ikeda.

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