Por supuesto que es imposible recordar el día exacto, sólo tengo escenas de cuando tendría 7 u 8 años y ya hacía daimoku.
Por ejemplo, recuerdo cuando vivíamos en una pensión por El Paraíso, cerca del Pedagógico, un lugar donde vivían muchas familias en especies de departamentos muy pequeños; el de nosotros era, al entrar, una especie de sala/cocina/comedor y luego venía un cuarto grande que terminaba con el baño al final. En ese baño mi papá comenzó a hacer su práctica diaria. La escena que tengo grabada es a mi papá viendo hacia una pared de ese baño haciendo daimoku. Por supuesto que para mí era muy extraño, pero el que él lo hiciera, y luego mi mamá se uniera, terminó haciendo que el daimoku fuera "algo que se hacía en casa".
También me acuerdo una vez que estando en mi cama hablaba con mi mamá sobre "cómo se hacía el daimoku", porque para mí era complicado iniciar el ritmo del daimoku comenzando en "NAM Miojo Rengue Kio"; me resultaba más natural agarrar el ritmo desde "MIO jo Rengue Kio Nam"... cosa loca... pero así fue. Un asunto de "sílaba tónica" y oído musical... Mi mamá me insistía que se comenzaba con Nam y yo diciendo "¡no es fácil!". Así recuerdo el cómo comencé a practicar el daimoku.
Esas conversas con mi mamá también incluían la explicación de por qué los demás chamos creían en Dios y nosotros no, qué debíamos decir si nos preguntaban (a mi hermano y a mí) y la certeza que contábamos con ella para explicarle a cualquier maestra que no entendiera.
De allí de El Paraíso nos mudamos a un apartamento cerca de la Av. Baralt, ya mis padres eran muy activos en las reuniones y yo también ya venía escuchando "hacer daimoku, ponerse metas, lograr beneficios", etc. Esa etapa no me fue sencilla, porque la mudanza causó también cambio de escuela, de amigos, de zona, etc., y eso me pegó más de lo "normal". La nueva escuela no me gustaba mucho, la nueva casa sin duda era "mejor", un edificio con patio y todo, pero "el cambio" fue lo que me causó una resistencia inusual y, estando ya en tercer grado, el rechazo al cambio ocasionó que comenzara a escaparme del colegio.
Mi mamá me llevaba temprano hasta la esquina del colegio y yo terminaba haciendo que entraba pero me salía y pasaba un tiempo caminado por la calle hasta que regresaba a la casa dando cualquier excusa: no llegó la maestra, se fue temprano, se fue la luz, etc... sí, en tercer grado. Por supuesto, las continuas excusas causaron la duda natural en mis padres por lo que después de cierto tiempo, mi mamá me descubrió... pueden imaginarse el panorama. Cuando fue al colegio a preguntar por mí, nadie me conocía, ni la maestra, la directora menos y alguno que otro chamito decía "sí, yo lo vi alguna vez, ¿por qué no vino más?".
Castigo pertinente, diálogo complejo de padres a hijo y demás consecuencias naturales. ¿Cómo lo enfrenté? Con daimoku, lo que ya conocía para ese momento como "lo que hacen los budistas para obtener beneficios". Así que con 8 o 9 años comencé a enfrentar mi primer obstáculo: volver a la escuela y aceptar ese nuevo ambiente, proceso que no se me hacía nada cómodo. Hacía daimoku todos los días, media hora, una hora, no recuerdo por cuantos días seguidos, pero con conciencia de que debía extraer la valentía para enfrentar esa realidad. Cantaba para no repetir tercer grado! Para que la maestra me tratara bien, para que no fuera rechazado por lo otros chamitos, etc... el resultado: el beneficio.
Causalmente, la maestra de mi salón tuvo permiso de post-parto y llegó una suplente, que terminó por darme todo el apoyo que necesitaba con un trato muy cálido, por lo que logró que no me sintiera rechazado ni mucho menos. Me niveló con el resto del salón muy rápido y terminé muy integrado con los demás. Mi sensación de lograr el beneficio fue contundente y recordaré este capítulo por siempre.
Entonces, lo que aprendí de mis padres, lo que escuchaba en las reuniones y mi participación en la Banda de Metales, terminaron por darme la convicción en el daimoku. Obtener beneficios desde tan chamo formó las bases de la práctica y el vínculo que aún sigo profundizando.
sábado, 31 de marzo de 2012
martes, 27 de marzo de 2012
Las reuniones cuando niño...
Por supuesto que no recuerdo cada detalle y el orden exacto de las reuniones a las que asistía cuando niño, pero hay cosas que no se borran y que espero recordar mientras escriba.
Como mis padres comenzaron a ir a actividades cuando tenía como 7 años (si no me equivoco), no había quien nos cuidara a mi y a mi hermano (de menos de 5 años) si nos dejaban en casa, así que nos tenían que llevar a cuanta reunión asistieran. No recuerdo la frecuencia de su participación en reuniones, sólo sé que nosotros íbamos a todos lados con ellos. Así, conocí el hogar de muchos de los pioneros que ofrecían su hogar para reuniones.
Aunque obviamente había más niños, no recuerdo que hubiera tantos como para que se organizaran actividades paralelas a las reuniones, al menos no siempre, sólo en las generales donde habían más miembros y por supuesto más niños. Además, no todas las casas eran tan grandes como para atener a los chamos en un lugar "anexo" a donde se realizara la reunión, así que por lo general, yo debía permanecer y participar en la reunión como cualquiera, igual que mi hermano. De seguro me aburrí y también fastidié, pero recuerdo que una de mis tareas era cuidar que mi hermano no fastidiara mucho... creo que igual ambos hacíamos "lo mejor posible".
Todavía recuerdo frases o explicaciones de aquella época, cosas que nunca olvidé y no olvidaré sobre la actitud frente a la práctica o cómo vencer los obstáculos. Por supuesto todo sacado de las explicaciones que daban los que participaban o en las experiencias que contaban. Creo que aunque no parezca, los chamos que participan en las reuniones de ahora, también graban en su vida algo similar de lo que escuchan. Es posible que a los "viejos de ahora" nos parezca que "no se les graba nada", pero creo que cuando los que participan hablan con el corazón, la edad de los interlocutores es lo menos importante... al menos fue mi caso.
Particularmente recuerdo las actividades que se hacían en uno de los dos Kaikan que habían en esa época, casas grandes donde vivió el director general de esa época. Quedaba al final de Las Mercedes y tenía un patio cerca de la entrada que permitía que todos los chamos que íbamos tuviéramos un espacio "libre", donde literalmente hacíamos desastres. Sudar, ensuciarse, gritar... y como tenía algo de grama era algo seguro contra los golpes.
Un poco más grande, de unos 10 años, recuerdo que participaba en reuniones especiales para niños, en casa de la actual asistente nacional de la DF. Eran unas Zadankay (reuniones de diálogo) para los chamos de esa época, donde nos tocaba explicar términos, contar experiencias y todo tal cual lo que hacían los adultos, pero conducido por nosotros los chamos. Fueron las bases para lo que hoy es el Grupo Futuro.
Hubo al menos una actividad cultural imposible de olvidar: un intercambio cultural con miembros de Sumida, una ciudad de Japón que estableció un vínculo muy particular con Venezuela. En esa época se estilaba eso, una ciudad de Japón "adoptaba" o realizaba intercambios con un país de la SGI. Ese intercambio se realizó en un espacio abierto del conjunto residencial donde vivía un pionero de la SGIV. Tenía una especia de anfiteatro techado donde se realizaron actos culturales tanto de los miembros que vinieron de Japón como de los venezolanos.
El acto de lo miembros de la SGIV se basaba en una escena donde una familia interactuaba con la naturaleza, incluyendo animales, árboles y plantas del lugar. Cada cosa era un personaje donde por supuesto los niños también actuábamos. Yo iba a ser parte de los animalitos, pero mi berrinche fue tal, que "me dejaron" ser parte de los que actuarían como "el fuego" que consumía el lugar... ya saben, por hacerme "el malo". Ese intercambio es "inolvidable".
También participamos en asambleas generales o convenciones, en teatros que recibían a los miembros de todo el país, hay fotos de esas actividades, pero para ser sincero, al ver las fotos recuerdo muy poco del detalle de esas actividades. Sin duda alguien si las recordará y ojalá comparta conmigo esos detalles.
Seguro que hay mucho más que contar, pero por lo pronto, creo que es un buen resumen de mi experiencia en las actividades siendo niño.
Como mis padres comenzaron a ir a actividades cuando tenía como 7 años (si no me equivoco), no había quien nos cuidara a mi y a mi hermano (de menos de 5 años) si nos dejaban en casa, así que nos tenían que llevar a cuanta reunión asistieran. No recuerdo la frecuencia de su participación en reuniones, sólo sé que nosotros íbamos a todos lados con ellos. Así, conocí el hogar de muchos de los pioneros que ofrecían su hogar para reuniones.
Aunque obviamente había más niños, no recuerdo que hubiera tantos como para que se organizaran actividades paralelas a las reuniones, al menos no siempre, sólo en las generales donde habían más miembros y por supuesto más niños. Además, no todas las casas eran tan grandes como para atener a los chamos en un lugar "anexo" a donde se realizara la reunión, así que por lo general, yo debía permanecer y participar en la reunión como cualquiera, igual que mi hermano. De seguro me aburrí y también fastidié, pero recuerdo que una de mis tareas era cuidar que mi hermano no fastidiara mucho... creo que igual ambos hacíamos "lo mejor posible".
Todavía recuerdo frases o explicaciones de aquella época, cosas que nunca olvidé y no olvidaré sobre la actitud frente a la práctica o cómo vencer los obstáculos. Por supuesto todo sacado de las explicaciones que daban los que participaban o en las experiencias que contaban. Creo que aunque no parezca, los chamos que participan en las reuniones de ahora, también graban en su vida algo similar de lo que escuchan. Es posible que a los "viejos de ahora" nos parezca que "no se les graba nada", pero creo que cuando los que participan hablan con el corazón, la edad de los interlocutores es lo menos importante... al menos fue mi caso.
Particularmente recuerdo las actividades que se hacían en uno de los dos Kaikan que habían en esa época, casas grandes donde vivió el director general de esa época. Quedaba al final de Las Mercedes y tenía un patio cerca de la entrada que permitía que todos los chamos que íbamos tuviéramos un espacio "libre", donde literalmente hacíamos desastres. Sudar, ensuciarse, gritar... y como tenía algo de grama era algo seguro contra los golpes.
Un poco más grande, de unos 10 años, recuerdo que participaba en reuniones especiales para niños, en casa de la actual asistente nacional de la DF. Eran unas Zadankay (reuniones de diálogo) para los chamos de esa época, donde nos tocaba explicar términos, contar experiencias y todo tal cual lo que hacían los adultos, pero conducido por nosotros los chamos. Fueron las bases para lo que hoy es el Grupo Futuro.
Hubo al menos una actividad cultural imposible de olvidar: un intercambio cultural con miembros de Sumida, una ciudad de Japón que estableció un vínculo muy particular con Venezuela. En esa época se estilaba eso, una ciudad de Japón "adoptaba" o realizaba intercambios con un país de la SGI. Ese intercambio se realizó en un espacio abierto del conjunto residencial donde vivía un pionero de la SGIV. Tenía una especia de anfiteatro techado donde se realizaron actos culturales tanto de los miembros que vinieron de Japón como de los venezolanos.
El acto de lo miembros de la SGIV se basaba en una escena donde una familia interactuaba con la naturaleza, incluyendo animales, árboles y plantas del lugar. Cada cosa era un personaje donde por supuesto los niños también actuábamos. Yo iba a ser parte de los animalitos, pero mi berrinche fue tal, que "me dejaron" ser parte de los que actuarían como "el fuego" que consumía el lugar... ya saben, por hacerme "el malo". Ese intercambio es "inolvidable".
También participamos en asambleas generales o convenciones, en teatros que recibían a los miembros de todo el país, hay fotos de esas actividades, pero para ser sincero, al ver las fotos recuerdo muy poco del detalle de esas actividades. Sin duda alguien si las recordará y ojalá comparta conmigo esos detalles.
Seguro que hay mucho más que contar, pero por lo pronto, creo que es un buen resumen de mi experiencia en las actividades siendo niño.
viernes, 23 de marzo de 2012
Lo que recuerdo del inicio
Aunque tenía ocho años y, en la actualidad, eso corresponde a participar en el Grupo Futuro de la SGIV, en aquella época (1979) no había un grupo que atendiera a los niños de la SGIV, por lo que asumo esa época como mi "inicio" en las Divisiones Juveniles de la SGIV.
Por supuesto que había adultos que nos atendían y organizaban una que otra reunión para niños. También había quien nos agrupaba en las reuniones generales y nos hacía actividades o simplemente nos ponía a jugar en espacios alternos a donde se habían las reuniones, pero en general éramos chamos que también estábamos como participantes en la reunión que asistíamos.
A esa edad, lo que recuerdo es mi inmediata participación en la Banda de Metales, la banda de música de la DJM, grupo al que ingresó mi papá con 31 años, y que logró que nos aceptarán a mi y a mi hermano (de 5 años) luego de plantear la idea de formar el "Grupo de Banderas" con nosotros, tres chamitos: mi hermano, mi amigo-hermano de toda la vida (de 7 años) y yo. La Banda de Metales de Venezuela ya había tenido grupos de Banderas, pero ene ese momento no tenía, así que con esa "excusa", mi papá logró que nos incorporáramos al grupo.
Por supuesto que yo ya quería comenzar a tocar los instrumentos, pero por la normativa del grupo eso no pasaría sino 4 años después.
Al final, mi participación desde tan niño en la Banda de Metales inicia mi proceso de forja y capacitación como miembro de las Divisiones Juveniles, de la SGIV y como discípulo de Sensei.
Por supuesto que había adultos que nos atendían y organizaban una que otra reunión para niños. También había quien nos agrupaba en las reuniones generales y nos hacía actividades o simplemente nos ponía a jugar en espacios alternos a donde se habían las reuniones, pero en general éramos chamos que también estábamos como participantes en la reunión que asistíamos.
A esa edad, lo que recuerdo es mi inmediata participación en la Banda de Metales, la banda de música de la DJM, grupo al que ingresó mi papá con 31 años, y que logró que nos aceptarán a mi y a mi hermano (de 5 años) luego de plantear la idea de formar el "Grupo de Banderas" con nosotros, tres chamitos: mi hermano, mi amigo-hermano de toda la vida (de 7 años) y yo. La Banda de Metales de Venezuela ya había tenido grupos de Banderas, pero ene ese momento no tenía, así que con esa "excusa", mi papá logró que nos incorporáramos al grupo.
Por supuesto que yo ya quería comenzar a tocar los instrumentos, pero por la normativa del grupo eso no pasaría sino 4 años después.
Al final, mi participación desde tan niño en la Banda de Metales inicia mi proceso de forja y capacitación como miembro de las Divisiones Juveniles, de la SGIV y como discípulo de Sensei.
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