jueves, 11 de octubre de 2012

Japón 1990 - 1


A finales de 2000 inicié una nueva etapa en mi experiencia como división juvenil en la SGIV, me reté a conocer más de la realidad de otros países y así aprender mucho más sobre el espíritu de un Sucesor del mentor. Argentina y Perú fueron los primeros países en los que compartí con jóvenes de toda la región, ampliando mi visión sobre lo que significaba ser un discípulo de Sensei. En septiembre de 2001 me tocó regresar a Japón, junto a 7 extraordinarios líderes de las DJs de ese momento. Era mi segunda visita a Japón, mi segunda oportunidad para encontrarme con Sensei.

Antes de relatar esta experiencia, me tomo la libertad de escribir sobre mi primera visita, mis primeros encuentros con Japón, con la Soka Gakkai y con Sensei, ocurridos en 1990 cuando todavía tenía 18 años.

Mis padres viajaron a Japón por primera vez en 1982. Yo, con 10 años, sólo esperaba su regreso para disfrutar de los regalos… Luego viajaron de manera individual, mi padre en 1988 y mi mamá en 1989. Así que en su corazón estaba que yo viajara lo antes posible. Viajé el año siguiente.

Desconozco los criterios que se usaban en esos tiempos para "anotarse" en el viaje a Japón. Sólo sé que mis padres me animaron y pues yo dije que sí. Tenía 18 años, sabía que antes había llegado a Japón alguien más joven que yo, así que por la edad no había problema. Yo llegué a Japón en ese momento por "buena fortuna acumulada", con esto quiero decir que no era una meta que hubiese salido de mí, fue más bien el deseo de mis padres lo que hizo que yo viajara en ese año.

Viajé con dos jóvenes bien "adultos", con ninguno tenía mucha relación previa. Uno era un DJM de otra Zona de Caracas con quien sólo compartía en actividades generales de Caracas. Él era sordo a consecuencia de una mala praxis médica cuando niño, así que leía los labios para comunicarse. A la DJF no la conocía. Fue un grupo de 3 jóvenes que compartiríamos este viaje y que nos marcaría la vida a cada uno de manera distinta.

Las fechas del viaje no las recuerdo, pero fueron en octubre de 1990. Hace unos meses revisando, mi esposa encontró un cuadernito donde están anotadas las orientaciones y demás cosas que pude escribir. Fue extraño leer nuevamente lo que escribí en esa época.

El viaje lo hicimos por Nueva York. Cuando llegué una de las agentes de inmigración se enamoró de mí y me hizo abrir mi maleta, que estaba tipo "envase al vacío", por lo que luego de abrirla fue extraordinariamente jodido cerrarla. En mi escaso inglés respondí las preguntas que ella me hizo, cosas normales… a dónde iba, por cuánto tiempo, etc. Pasamos una noche en Nueva York y al día siguiente viajamos a Tokio. Fueron 14 horas de vuelo, para mí pasaron como 3 días en ese avión.

Al llegar a Tokio nos recibió una de las jóvenes traductoras que en ese momento estaba entrenándose. Era una chica dominicana hija de japoneses, una de 4 hermanas pioneras en República Dominicana que sigue siendo una eterna amiga. De hecho entre los participantes estaba su hermana mayor, con quien también tuve un muy bonito vínculo. Sus padres la habían enviado a Japón para prepararse como traductora, lo mismo sucedió años posteriores con otras de sus hermanas.

El viaje a Nueva York, la noche, el viaje a Tokio, el autobús al hotel, ya eran excelentes escenarios donde iba conociendo a mis compañeros. Él, un fanático de la tecnología, traductor oficial de inglés siendo sordo, parte de su experiencia con la práctica. Ella, empresaria divorciada.

Desde nuestra llegada estaba extasiado con Japón. Las calles, los carros, los edificios… era el país de Mazinger Z!!!!! El hotel, el Keio Plaza. Son cosas que un chamín de Catia termina diciendo "¿cómo llegué yo aquí?" Sabía que mis padres habían hecho grandes esfuerzos para costear mi viaje, pero de pana todo lo veía como muchote.

Los dos DJM de Venezuela compartimos habitación, así que pudimos estrechar mucho más nuestro vínculo. Cada cosa que quería transmitirle a él, debía verlo a la cara para que pudiera leer mis labios, así que gritarle desde el otro lado de la habitación, sencillamente no servía.

El orden de las actividades no los recuerdo, así que escribiré mientras voy recordando lo vivido. En Japón contamos adicionalmente con el apoyo de una compañera miembro de la SGIV que ya tenía años viviendo allá, no recuerdo bien el motivo, pero resultó de gran apoyo para nuestras salidas a ver qué comíamos y cómo pagábamos, y por supuesto a comprender un poco más de la Gakkai en Japón. Ella conocía a mis padres desde años antes, así que yo recibía su gran estima "por retruque".

Me fui acostumbrando al programa del día a día, el sueño era mortal. La chica DJF era quien asistía a las reuniones de planificación y nos informaba. Las actividades de bienvenida sirvieron para conocer a los otros participantes de la SGI. Yo, el más chamo. Jóvenes y no tan jóvenes llegaron de México, Panamá, Perú, República Dominicana, Argentina, Brasil y no recuerdo qué otro país de América Latina. Seguro fueron más países, pero no lo recuerdo. Hice muy buena amistad con los jóvenes de Panamá y México, los dominicanos eran muy reservados igual que los Argentinos. Entendí luego que entre otras cosas, era porque en ese viaje fueron acompañados por sus directores generales o sus máximos responsables, que los ponía un poco más disciplinados.

Desde la primera actividad comenzamos a recibir los obsequios de Sensei: kimonos, palitos para comer, cuadernitos, bolígrafos, revistas, etc. Los obsequios también incluían efectivo. Preguntando a las traductoras nos comentaban que es una tradición japonesa que emplean los padres o los adultos con sus hijos o jóvenes queridos, a quienes les dan efectivo cada vez que viajan. Así, comenzaba a vivir la calidez de Sensei que nos trataba como sus hijos. Yo, habiendo sido "enviado" por mis padres, entendía perfectamente el deseo de Sensei de hacernos sentir como sus hijos y más aún, su deseo de retribuir los esfuerzos que nuestros padres habían hecho.

Las comidas fueron un problema. No me gusta la comida cruda, por lo que la mayoría de las comidas que nos invitaban no eran de mi agrado. En esa época todavía no había tantas consideraciones hacia  los viajeros occidentales como las hay ahora en Japón, así que pasé hambre en una que otra ocasión. Las noches aprovechábamos a nuestra amiga y nos llevaba a distintas opciones. Mis compañeros se saciaron de comida japonesa y yo podía optar por las opciones occidentales o al menos "cocinadas". Una noche salí con la amiga dominicana, hija de japoneses y que se comunicaba perfectamente en el idioma y comimos en esos lugares súper pequeños que sería el equivalente a los "carritos de perro caliente", pero allá eran pequeños locales uno al lado del otro con diferentes opciones para comer. Comimos una sopa que era servida en una olla, o sea, para dos.

Recuerdo que salía a caminar solo o acompañado a los alrededores del hotel, conociendo tiendas y pendiente de qué traería de regalo, tenía una larga lista de personas a las que quería traerles algo. Por supuesto iba súper ajustado de plata, así que las caminadas eran justamente para escoger y revisar los precios, para luego definir qué podría traer.

Los miembros, todos muy amables, muy pendientes de cada cosa que necesitáramos, regalos por todos lados. Sin duda algo extraño, pero por supuesto súper sabroso. Desde los chamos estudiantes hasta los vice presidentes, todos nos trataban con mucho respeto y hasta admiración. Conversando con las traductoras nos decían que para los japoneses es extraño que alguien llegue desde tan lejos a su tierra. Además, para los propios miembros de Japón resulta algo inusual encontrarse con Sensei, así que nosotros éramos "especiales" en ese sentido.

Uno de los primeros encuentros con los miembros fue en Chubu, una región con uno de esos mega Kaikan para cientos de personas y de varios pisos. Para recibirnos, organizaron (como siempre) todo un programa protocolar vistoso y colorido. En la entrada del estacionamiento, a penas nos bajamos, nos recibieron los cientos de miembros con banderitas al ritmo de una canción tocada por las chicas del Kotekitai de su región. Yo, un Banda de Metales de pura cerpa, estaba un poco extrañado porque no estuvieron los chicos del Ongakutai también, sólo las chicas… "¿qué pasó acá?" Pues lo que pasó es que después de entrar al mega salón, después de los cientos de saludos y gritos de bienvenida, antes de iniciar la reunión, tocaron los chicos del Ongakutai que estaban dispuestos orquestalmente y respondieron a mi necesidad de verlos. El guarapo ya lo tenía alborotaísimo…

El tema central de la reunión no lo recuerdo, pero inolvidable es lo que vino después. En los patios externos prepararon una mesas donde los miembros del exterior pudimos sentarnos a comer y a disfrutar de un mini-festival cultural que habían preparado. Hubo varios actos, muy tradicionales, pero el que destacó y que mientras escribo es casi como revivirlo, fue un acto de los tambores tradicionales japoneses, esos que son enormes y que se tocan de manera horizontal. Ese acto era preparado por un tipo y un chamín, que resultaron ser padre e hijo. Estaban presentando para nosotros el acto que los condujo a ganar un premio en un reciente festival en el que participaron. Sería imposible describir el performance y lo que YO iba sintiendo con el retumbar de los tambores.

En la mesa habíamos miembros de la SGI junto a miembros de Chubu. En nuestra mesa estaba yo con mi compañero sordo, quien igualito disfrutó de los tambores de la música, porque era imposible no contagiarse de lo que transmitían, así que él estuvo de principio a fin con sonrisa de oreja a oreja. Nos acompañaban varios miembros de Chubu, pero todos mayores. Uno de ellos comenzó a conversar con nosotros, le asombraba que yo hubiese podido llegar a Japón tan joven para encontrarme con Sensei. Le conté sobre el deseo de mis padres y que ellos habían estado en los años previos y se conmovió aún más. Él sabía que yo era de Venezuela y me comentó que conocía el Seikyo Criollo… jamás comprendí cómo. Todo por supuesto en inglés escaso que manejábamos mutuamente.

Esa primera jornada musical es inolvidable, eterna, el espíritu con el que esos chamos tocaban era para transmitir su victoria a través de la fe. Para mí era ver la prueba real de lo que Sensei nos transmitía en el mensaje para la Banda de Metales y que yo me sabía de memoria desde los 12 años. Me sentí más miembro de la SGI, más Banda de Metales, más discípulo de Sensei que nunca antes.

lunes, 1 de octubre de 2012

Perú 2001 - Parte 2


La reunión previa a la convención fue con los máximos representantes de cada país. En el caso de Venezuela asistimos mi esposa (quien para ese momento ya era la responsable nacional de la DJF) y yo (asistente nacional). En esa reunión el responsable de las divisiones juveniles de Perú compartió con nosotros algunos datos de cómo tuvieron que enfrentar la negativa de los máximos líderes de su país y de la SGI de Japón, principalmente por su preocupación de que los jóvenes del interior y del exterior estuvieran seguros y bien atendidos. Sin duda la situación de nuestros países ocasionaba ese tipo de incertidumbre, pero los jóvenes del Perú estaban muy comprometidos por proteger a los jóvenes que viajarían con todo su daimoku. Por supuesto, luego de unir en ese objetivo a los adultos, las damas hicieron continuos maratones de daimoku antes y durante todo ese encuentro.

En esa reunión los jóvenes que fueron de Brasil compartieron con cada país un obsequio muy especial: unos videos en VHS con algunos de los temas incluidos en su Curso Básico de Budismo. Una producción original de la Brasil Human Network, la agrupación de jóvenes miembros de Brasil que se encargaba de todo lo audiovisual que se producía en Brasil… sí, tal como imaginan, de ahí surgía la idea general de lo que hoy es Visión Soka… Esos videos recién pudimos verlos al regreso y son producciones dramatizadas de circunstancias cotidianas, con guion y actores! Al final de cada "escena", uno de los máximos líderes de Brasil realiza una pequeña exposición de lo que se había apreciado de manera dramatizada y explicaba con más detalle el concepto de la teoría expuesto. Los temas incluían "Los 10 mundos", "Unidad del individuo y su entorno", etc… "yo quiero eso para la SGIV" sigue teniendo presencia.

Esa reunión también sirvió para compartir varias ideas de los países asistentes y los líderes juveniles de la PSGI nos confirmaron su deseo de que esa fuera la "1ra Convención de Jóvenes - Latinoamérica" de muchas, con la idea de que año a año se fuese logrando un país distinto como sede. De esa reunión salimos todos los países muy animados a lograr eso. Evidentemente, no se logró, entre las razones de mayor peso: 11 de septiembre de 2001. La reunión terminó designando a los líderes que intervendría al día siguiente en la convención frente a los 5 mil jóvenes. Por Venezuela, mi esposa, responsable nacional de la DJF.

Durante los días previos pudimos conocer varios sitios turísticos de Lima, fuimos muy bien atendidos por los jóvenes de Perú quienes con mucha disposición nos iban llevando a estos sitios. Se notaba su preocupación por mantenernos seguros, pero no era distinto a lo que en Argentina por ejemplo también vivimos los que fuimos. En estas cortas visitas, ¡al menos yo pude conocer más de lo turístico de Lima!

El día de la convención todos estábamos muy ansiosos porque el número de invitados (5.000) no era cualquier cosa, y era importante que los jóvenes de Perú resultaran victoriosos para cualquier otra actividad de este tipo en otro país, porque sería una muestra contundente de lo que los jóvenes logran con pasión y compromiso.

Los jóvenes del exterior fuimos llevados al lugar en el autobús designado para nosotros y cuando llegamos ya había un número de jóvenes en el lugar, así que pudimos ver cómo se iba llenando el gran espacio para 5.000 personas, poco a poco iban llegando jóvenes de todas las regiones del Perú con sus pancartas en mano. Por supuesto, muchos familiares y amigos de los miembros jóvenes de la PSGI.

El programa no lo recuerdo en detalles, pero participaron las bandas juveniles que para ese momento ya estaban viniendo una excelente etapa de reinicio con jóvenes que estudiaban música y su actuación fue muy buena. Hubo bailes y otros actos que animaron la convención. Las palabras generales fueron conducidas por lo máximos líderes juveniles y participó un representante de cada país. Por Venezuela la responsable de las muchachas trasmitió nuestro compromiso por crear una cultura de paz. El final incluyó que todos los jóvenes del exterior estuviéramos en tarima para la canción de cierre. La canción…

Había sido compuesta por un músico peruano que no recuerdo bien si era descendiente de japoneses o vivió en Japón, la cosa es que tenía que ver con Japón. Los venezolanos conocimos la canción estando allá, pero al parecer otros países ya la conocían por actividades previas, así que algunos ya repetían algunos pasajes de memoria. Y fue imposible no aprenderla, porque los jóvenes de Perú habían "confabulado" explícitamente para que la escucháramos cuantas veces fuera posible, así que en cada viaje en el autobús, en cada almuerzo común, en cada inicio o final de actividad de programa, la canción era puesta… así que fue imposible no aprenderla. Ellos estaban más que felices de repetir y repetir, y repetir, y repetir, y repetir la canción… Y los venezolanos contentos las primeras… 20 veces??? Después se hizo algo repetitiva la canción...

Por supuesto estábamos más que claros del gran deseo de los jóvenes de Perú de convertir a la canción en el nuevo himno de América Latina, y al menos por esa actividad lo fue! Claro está, esas himnos se convierten en tales de manera natural, casi siempre sin buscar que así pase.

En definitiva todos los jóvenes del exterior finalizamos la convención en tarima bailando y brincando con la canción, con un ánimo que era contagiado por los 5.000 jóvenes en gradas que también bailaban y brincaban. Entre esos jóvenes había varios de mis primos, quienes por supuesto asistieron al saber de la actividad y que nosotros estaríamos allí, y con ellos había establecido un "acuerdo" para "hacer payasadas" mientras estuviera en tarima, así que cumplí con el trato.

El último día en Lima mis hermanos y yo pudimos dedicarlo a compartir con nuestra familia, encontrarnos con nuestros abuelos, tíos, primos y amigos, que convirtieron cada minuto en recuerdos más que inolvidables. Ellos muy contentos de que estuviéramos allá, nosotros super agradecidos por que la SGI nos brindaba estos momentos de tesoro por partida doble.

La SGI, la SGIV, las divisiones juveniles, seguían marcando la pauta de mi vida. Estaba dispuesto a seguir absorbiendo al máximo de estos encuentros, de estas enseñanzas de vida, seguía motivado a ser un Sucesor de Venezuela, un digno discípulo de Sensei, así que regresando volvía a preocuparme por aplicar todo lo aprendido.

2007 - El avance en el desarrollo de los jóvenes

La SGIV formalizó las actividades del Grupo de Estudiantes y Grupo futuro en julio y septiembre de 2006, respectivamente. Así que para 2007 ...