lunes, 1 de octubre de 2012

Perú 2001 - Parte 2


La reunión previa a la convención fue con los máximos representantes de cada país. En el caso de Venezuela asistimos mi esposa (quien para ese momento ya era la responsable nacional de la DJF) y yo (asistente nacional). En esa reunión el responsable de las divisiones juveniles de Perú compartió con nosotros algunos datos de cómo tuvieron que enfrentar la negativa de los máximos líderes de su país y de la SGI de Japón, principalmente por su preocupación de que los jóvenes del interior y del exterior estuvieran seguros y bien atendidos. Sin duda la situación de nuestros países ocasionaba ese tipo de incertidumbre, pero los jóvenes del Perú estaban muy comprometidos por proteger a los jóvenes que viajarían con todo su daimoku. Por supuesto, luego de unir en ese objetivo a los adultos, las damas hicieron continuos maratones de daimoku antes y durante todo ese encuentro.

En esa reunión los jóvenes que fueron de Brasil compartieron con cada país un obsequio muy especial: unos videos en VHS con algunos de los temas incluidos en su Curso Básico de Budismo. Una producción original de la Brasil Human Network, la agrupación de jóvenes miembros de Brasil que se encargaba de todo lo audiovisual que se producía en Brasil… sí, tal como imaginan, de ahí surgía la idea general de lo que hoy es Visión Soka… Esos videos recién pudimos verlos al regreso y son producciones dramatizadas de circunstancias cotidianas, con guion y actores! Al final de cada "escena", uno de los máximos líderes de Brasil realiza una pequeña exposición de lo que se había apreciado de manera dramatizada y explicaba con más detalle el concepto de la teoría expuesto. Los temas incluían "Los 10 mundos", "Unidad del individuo y su entorno", etc… "yo quiero eso para la SGIV" sigue teniendo presencia.

Esa reunión también sirvió para compartir varias ideas de los países asistentes y los líderes juveniles de la PSGI nos confirmaron su deseo de que esa fuera la "1ra Convención de Jóvenes - Latinoamérica" de muchas, con la idea de que año a año se fuese logrando un país distinto como sede. De esa reunión salimos todos los países muy animados a lograr eso. Evidentemente, no se logró, entre las razones de mayor peso: 11 de septiembre de 2001. La reunión terminó designando a los líderes que intervendría al día siguiente en la convención frente a los 5 mil jóvenes. Por Venezuela, mi esposa, responsable nacional de la DJF.

Durante los días previos pudimos conocer varios sitios turísticos de Lima, fuimos muy bien atendidos por los jóvenes de Perú quienes con mucha disposición nos iban llevando a estos sitios. Se notaba su preocupación por mantenernos seguros, pero no era distinto a lo que en Argentina por ejemplo también vivimos los que fuimos. En estas cortas visitas, ¡al menos yo pude conocer más de lo turístico de Lima!

El día de la convención todos estábamos muy ansiosos porque el número de invitados (5.000) no era cualquier cosa, y era importante que los jóvenes de Perú resultaran victoriosos para cualquier otra actividad de este tipo en otro país, porque sería una muestra contundente de lo que los jóvenes logran con pasión y compromiso.

Los jóvenes del exterior fuimos llevados al lugar en el autobús designado para nosotros y cuando llegamos ya había un número de jóvenes en el lugar, así que pudimos ver cómo se iba llenando el gran espacio para 5.000 personas, poco a poco iban llegando jóvenes de todas las regiones del Perú con sus pancartas en mano. Por supuesto, muchos familiares y amigos de los miembros jóvenes de la PSGI.

El programa no lo recuerdo en detalles, pero participaron las bandas juveniles que para ese momento ya estaban viniendo una excelente etapa de reinicio con jóvenes que estudiaban música y su actuación fue muy buena. Hubo bailes y otros actos que animaron la convención. Las palabras generales fueron conducidas por lo máximos líderes juveniles y participó un representante de cada país. Por Venezuela la responsable de las muchachas trasmitió nuestro compromiso por crear una cultura de paz. El final incluyó que todos los jóvenes del exterior estuviéramos en tarima para la canción de cierre. La canción…

Había sido compuesta por un músico peruano que no recuerdo bien si era descendiente de japoneses o vivió en Japón, la cosa es que tenía que ver con Japón. Los venezolanos conocimos la canción estando allá, pero al parecer otros países ya la conocían por actividades previas, así que algunos ya repetían algunos pasajes de memoria. Y fue imposible no aprenderla, porque los jóvenes de Perú habían "confabulado" explícitamente para que la escucháramos cuantas veces fuera posible, así que en cada viaje en el autobús, en cada almuerzo común, en cada inicio o final de actividad de programa, la canción era puesta… así que fue imposible no aprenderla. Ellos estaban más que felices de repetir y repetir, y repetir, y repetir, y repetir la canción… Y los venezolanos contentos las primeras… 20 veces??? Después se hizo algo repetitiva la canción...

Por supuesto estábamos más que claros del gran deseo de los jóvenes de Perú de convertir a la canción en el nuevo himno de América Latina, y al menos por esa actividad lo fue! Claro está, esas himnos se convierten en tales de manera natural, casi siempre sin buscar que así pase.

En definitiva todos los jóvenes del exterior finalizamos la convención en tarima bailando y brincando con la canción, con un ánimo que era contagiado por los 5.000 jóvenes en gradas que también bailaban y brincaban. Entre esos jóvenes había varios de mis primos, quienes por supuesto asistieron al saber de la actividad y que nosotros estaríamos allí, y con ellos había establecido un "acuerdo" para "hacer payasadas" mientras estuviera en tarima, así que cumplí con el trato.

El último día en Lima mis hermanos y yo pudimos dedicarlo a compartir con nuestra familia, encontrarnos con nuestros abuelos, tíos, primos y amigos, que convirtieron cada minuto en recuerdos más que inolvidables. Ellos muy contentos de que estuviéramos allá, nosotros super agradecidos por que la SGI nos brindaba estos momentos de tesoro por partida doble.

La SGI, la SGIV, las divisiones juveniles, seguían marcando la pauta de mi vida. Estaba dispuesto a seguir absorbiendo al máximo de estos encuentros, de estas enseñanzas de vida, seguía motivado a ser un Sucesor de Venezuela, un digno discípulo de Sensei, así que regresando volvía a preocuparme por aplicar todo lo aprendido.

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