En 1990 pude conocer
a Sensei "en vivo y directo". Al menos en 3 oportunidades los
miembros de la SGI nos encontramos con él.
La primera ocasión
fue suficiente para conectarme de manera eterna con él, mentor que escogí para
mi vida. Todo lo previo que conocía de Sensei era a través de sus
orientaciones, lo que leía, lo que escuchaba que otros leían, lo que otros
contaban de sus encuentros con él. Todo era "referencial" y nada se
comparó a lo que yo sentí al conocerlo y escucharlo.
Recuerdo que fue
extraño escucharlo hablar, el tono de su voz, sus posturas y maneras. Desde mi
llegada a Japón y al conocer a los distintos líderes de la Soka Gakkai la
imagen de "el japonés tradicional" era muy marcada, sobre todo en las
reuniones… Hablar con mucha fuerza, con tono de voz alto, muy pegado a un guion
leído, etc. El primer encuentro con Sensei fue conocer "un japonés
diferente", no hablaba gritando, se movía de manera muy natural, hablaba
sin guion, se dirigía no sólo a los que tenía enfrente sino a quienes tenía al
lado en la tarima, y a esos les hablaba con una naturalidad que no vi en otros
japoneses.
Su voz era cálida,
por más que yo debía escuchar por un auricular la traducción, su voz prevalecía
por la naturalidad de sus palabras. Fue casi como escuchar a un familiar, no
digo "mi papá", pero si como un abuelo que le hablaba a sus hijos y nietos.
Es decir, fue imposible "no creer" todo lo que escuchaba en la
traducción.
Su daimoku era
imponente, su voz se escuchaba sobre cualquier otra, y no hablo del volumen de
micrófono, hablo de la proyección de su voz en el lugar. Dinámico, rítmico, en
fin, ese primer encuentro bastó para establecer mi vínculo con el mentor.
El segundo encuentro
fue en la ciudad de Nagoya. Nos quedamos en otro hotel "descomunal"
que estaba frente a uno de los palacios que usaba el emperador, así que la
vistosidad del lugar era insuperable. El centro cultural al que fuimos en
Nagoya era igual de impactante que el de Chubu, la alfombra del mega-salón que
cubría toda la superficie era muy colorida y poco a poco se iba llenando de los
que participamos en la actividad. En esa época no había sillas, todos nos
arrodillábamos por la costumbre oriental, así que entrarían un par de miles de
personas fácil.
Para ese segundo
encuentro me tocó una actividad muy especial, y es que como mi compañero era
sordo, obviamente él no disfrutaba de la traducción simultánea y era imposible
que leyera los labios de Sensei. Así que en esa actividad, mientras Sensei
hablaba en la tarima, yo estaba volteado mirando la cara de mi compañero, y
todo lo que escuchaba por el auricular lo modulaba para que él entendiera lo
que Sensei iba orientando. Sin duda al principio no fue nada cómodo, yo quería
"ver" a Sensei mientras hablaba, pero la labor de repetir lo que
Sensei decía para que "otro" lo apreciara, iba haciéndome
sentir que "cumplía una importante misión", así que la ansiedad dejó
paso al sentido de misión.
El tercer encuentro
con Sensei ocurrió en los terrenos de Taiseki-ji, y esa sería la penúltima
visita de miembros de la Soka Gakkai a esos terrenos.
Las historias del
viaje a Taiseki-ji tenían todo ese manto de misticismo que a veces, de manera
inevitable, algunos le adjudican. Para mí eran unas instalaciones más japonesas
que cualquiera. Por supuesto el estar en el sitio donde se estableció la escuela
de Nichiren, los terrenos donados por uno de los principales discípulos del
Daishonin, ya eran de suficiente significación. Además el Monte Fuji hace que
"el wallpaper" de la escena sea insuperable.
Ya de noche, nos
indicaron que participaríamos de una ceremonia muy especial, se trataba de la
ceremonia de bienvenida o de ingreso de los niños que iniciaban su camino o sus
estudios en el sacerdocio. Por el camino principal que recorría los terrenos, los
visitantes del exterior nos colocamos lado a lado, y desde muy lejos venían
caminando los cientos de sacerdotes que hacían vida en Taiseki-ji, seguidos por
las decenas de niños, de distintas edades pero algunos muy pequeños, que
ingresaban al templo como aprendices. Desconozco cómo es su educación. Con
lámparas y cosas parecidas a pequeñas antorchas iban en su lento caminar (que
no era marcha) con el sonar de unos tambores y platillos de fondo. Yo estaba
viendo una película...
Los viajes a
Taiseki-ji incluían una noche en los Shobo, una edificaciones donde además de
servir para reuniones, eran los lugares donde dormían los que llegaban a
peregrinar. Esos Shobo fueron todo un descubrimiento. El piso totalmente de
Tatami, allí dormiríamos; los baños, repitiendo como los identificó uno de los
panas panameños, "humillantes", porque con gráficos en los cubículos,
indicaban "cómo usar" un baño occidental, porque obviamente esos
lugares eran más usados por orientales, así que nosotros éramos los
"extraños" y debían indicar la manera correcta de usar esos baños.
Eso sí, agua caliente para un lugar en principio frío por naturaleza, al pie de
la montaña y con mucha vegetación y humedad. En unos armarios enormes tenían
todos los implementos para dormir: sacos, cobijas, almohadas, etc.
Ya de noche, y
preparándonos para dormir, se formó un grupo natural de panas en el espacio de
esos armarios. Y arrancó el bochinche… fue una reunión super divertida y
natural con contrapunteo de chistes, de los panameños y mexicanos sobre todo.
Fue reír y reír hasta llorar, dolor de estómago y de mejillas, éramos los
propios carajitos disfrutando de unos compañeros recién conocidos pero que
jamás olvidaríamos ni nos separaríamos por el vínculo eterno que estábamos
estableciendo. Sólo paramos, cuando el responsable de República Dominicana, en
tono que dejó en evidencia su molestia, preguntó: "¿y ustedes acaso no van
a dormir?"… en efecto, la risa de al menos uno de los mexicanos era muy
escandalosa y cuando ya todos estaban agarrando su sueño y con las luces
apagadas, los chistes todavía iban y venían. Finalmente fuimos a dormir con las
inevitables risas de recordar cada chiste que se fueron calmando con la
ansiedad de conocer el Sho-Hondo al día siguiente y cuando apreciaríamos al
Dai-Gojonzon.
Noche inolvidable,
amigos eternos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario