El valor que tiene ganarse la confianza de un joven es inmenso. Nuestro propio potencial se expande al preocuparnos por forjar e impulsar el desarrollo de los más jóvenes.
Planificar las reuniones con el Grupo de Estudiantes siempre fue un reto. Representaba tener bien claro el objetivo de cada encuentro y además definir quiénes íbamos a ser los responsables, mes a mes, de conducir sus diálogos.
Los responsables nacionales de las Divisiones Juveniles habíamos preparado un temario que serviría de pauta para los diálogos con estos jóvenes, que incluía no sólo la teoría básica del budismo, los principios de la práctica diaria, sino también los valores que promueve el taller "Jóvenes Constructores de la Paz", porque la visión siempre fue convertirlos en principales promotores de estos valores.
Cada reunión recibíamos a jóvenes nuevos, también dejaba de asistir alguno, en todo caso quienes conducíamos sus diálogos poníamos la vida para hacerles sentir integrados al Grupo de Estudiantes, en crear ese sentido de pertenencia a este nuevo escenario que brindaba la SGIV. Los objetivos siempre fueron ambiciosos, deseábamos convertirlos en líderes, en esa generación de responsables en la SGIV que fuese forjado con la relación mentor y discípulo en su base. Líderes en cada uno de sus campos de acción, promotores de los valores universales que promueve la Soka Gakkai. Cada una de sus reuniones giró en este objetivo.
Videos, dinámicas, diálogos abiertos, los medios fueron muchos, siempre buscando intercambiar con cada joven sus inquietudes, cómo interpretaba la filosofía religiosa del Budismo Nichiren en su propia vida. Incluso, parte integral de estos diálogos, desde mi punto de vista, fue escuchar sus "quejas", lo que ellos pensaban que debía corregirse para sentirse más involucrados en el movimiento general de la SGIV. En definitiva, cada ocasión buscó generar ese clima de ser amigos, camaradas en la fe, pero siempre con la mira puesta en forjar su identidad como Sucesores de Venezuela.
Cada chicho y cada chica fue y tesoro, y como tales nos esforzamos por tratarlos. Como siempre, en cada jornada podía haber todo tipo de personalidades, las más desinteresadas, las más participativas, pero de nosotros siempre recibían el mismo corazón de forjar sus máximas capacidades. Desde enseñarles el gonguio hasta cómo preparar un estudio de cualquier término básico del Budismo Nichiren, nuestra vida estaba puesta en hacerlos sentir capaces de todo.
El GE (Grupo de Estudiantes) se convirtió en algo tan especial que atender sus diálogos siempre me fue prioritario. Recuerdo con suficiente detalle la primera vez que asistió la mayoría de ellos. Algunos más tímidos que otros, algunos con una soltura que asombraba. Unos muy atentos en cada diálogo, siempre dispuestos a participar y aportar nuevas ideas. Otros más pasivos, pero que en el momento menos esperado mostraban que siempre habían atendido a todo lo compartido. De manera irremediable, algunos fueron, y son, muy especiales, y sigo de cerca su desarrollo tanto dentro como fuera de la SGIV.
Si se hiciese una estadística de todos los adolescentes que pasaron por el GE entre 2006 y 2011 en todo el país (años en que compartí sus escenarios), podrían ser un par de centenas. Si contamos los que siguen activos en la Soka Gakkai, de Venezuela y otros países motivo de nuestra sabida emigración, los que son líderes en sus estructuras, incluso los que ya tienen Gojonzon propios por haber formado su propio núcleo familiar, el número es más que alentador, al menos para mí. Por supuesto siempre existirá aquel joven que no continuó, que dejó de participar, que hoy en día no está tan cerca de la Soka Gakkai y mucho menos de Ikeda Sensei, pero en su corazón, en su vida, quedó grabada la causa que buscó acercarles un poco más al pensamiento del mentor.
Mientras la SGIV mantenga su interés en atender a los adolescentes vinculados a sus actividades, creando escenarios para que sigan siendo protagonistas, escuchando sus inquietudes, hablando "su idioma" fresco y juvenil, sin posturas innecesarias, compartiendo experiencias con ellos que les muestren que al profundizar su compromiso con la Soka Gakkai, con el kosen-rufu de Venezuela, la buena fortuna está garantizada y toda meta que se propongan será cumplida; entonces la SGIV tendrá asegurado el relevo del liderazgo juvenil cada vez más forjado y cerca del corazón del mentor.
Quienes pasamos por las Divisiones Juveniles y conocemos el valor que tiene cada acción que surge de la identidad de ser un Sucesor de Venezuela, mantenemos una misión eterna de atesorar y cuidar a cada joven adolescente y mostrarle con la vida el significado de ser un practicante del Budismo Nichiren, miembro activo de la SGIV y quien se esfuerza por ser un auténtico discípulo del mentor.
Agradeciendo cada diálogo que tuve con el GE de Venezuela, mi determinación seguirá siendo apoyar a todo adolescente que alcance mi vida para acercarlo un poco más a la Gakkai, al Gojonzon y a Ikeda Sensei.
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