viernes, 28 de septiembre de 2012

Perú 2001 - Parte 1


El año 2000 terminó dejando una huella imborrable en el corazón de cada uno de los que nos asumimos "Sucesores de Venezuela". Cada victoria era más contundente que la anterior y cada meta se asumía con un compromiso muy profundo, por convertirse en la prueba de fuego para ganar el espacio que tanto necesitaba el liderazgo juvenil de la época para estar al frente de cada campaña de la SGIV.

Comenzaba el nuevo año con nuevos retos y grandes expectativas sobre todo lo que pudiésemos lograr. Así llegó el primer gran reto, tanto personal como a nivel de DJs: la invitación para participar en la "1º Convención de la Juventud - Latinoamérica 2001", actividad que estaban organizando los jóvenes de la SGI de Perú. Está demás decir lo especial que pasaba a ser esta actividad en lo personal. Ya tenía 4 años desde la última vez que fui a visitar a mi familia.

Esta actividad, después de lo que los jóvenes de la SGIV habíamos vivido en octubre de 2000, recibiendo la respuesta de los países que atendieron nuestra invitación, se convertía en la oportunidad perfecta para "agradecer" y devolver ese gesto a la SGI. Aunque Perú no vino en octubre de 2000 a Venezuela, su iniciativa nos permitía desarrollar este espíritu de agradecimiento y las DJs de la SGIV nos decidimos a participar casi que de inmediato.

La actividad sería en abril y ya para la fecha indicada para informar los asistentes por Venezuela, la lista era la más grande que cualquier actividad juvenil anterior en la que Venezuela hubiese participado. Al final, viajamos una delegación de 17 miembros juveniles de Venezuela; mis hermanos y yo incluidos, los tres pudimos viajar venciendo las dificultades económicas de ese momento.

Desde la llegada tuvimos grandes motivos para vivir este encuentro con mucha alegría, y es que al llegar cada delegación de los países participantes, volvíamos a encontrarnos con eternos amigos que vinieron a Venezuela, otros que habían sido conocidos en encuentros en Brasil, otros en Japón, en fin, era una especie de rencuentro de compañeros de fe, comprobando que esos vínculos jamás se diluyen ni se rompen.

La actividad organizada por los jóvenes de Perú fue intensa y buscó aprovechar cada instante al máximo para la forja del espíritu de los jóvenes discípulos, así que el programa estaba muy bien pensado en este sentido. Estudio de Gosho, relación mentor-discípulo, diálogo entre máximos líderes asistentes, orientación para los países del exterior… todo muy bien pensado y conducido por los máximos líderes de la PSGI. Todo lo anterior como el marco previo a la actividad principal, la "1º Convención de la Juventud - Latinoamérica 2001", actividad para 5.000 jóvenes de todo el Perú en un lugar de convenciones muy conocido, al aire libre, algo parecido a nuestra Concha Acústica de Bello Monte.

Aunque ya conocía la organización de Perú por viajes anteriores, mis visitas habían sido siempre como parte del viaje familiar en momentos muy específicos y siempre a final de año o para el Gonguio de año nuevo por ejemplo, así que en esta oportunidad conocí más detalle de su lucha y de sus sedes principales.

Ya para ese momento la PSGI contaba con tres Kaikan. Hacía mucho tiempo habían comprado uno que luego les quedó pequeño. Compraron una segunda instalación que se convirtió en el principal y que tenía un salón como para 500 personas, además de varios salones de reunión más pequeño. El tercero resultó ser la casa que quedaba al lado y que durante mucho tiempo habían buscado comprar. Cuando finalmente lo lograron hicieron la correspondiente "unión" de los espacios a través de puertas internas. Era el "Kaikan de la División Femenina". Otra vez el "yo quiero eso para la SGIV" revivía en mi corazón, y en este caso sigue estando muy presente.

En la reunión de bienvenida y apertura oficial del encuentro, y después del diálogo y saludo correspondiente de los máximos líderes de la PSGI, jóvenes y adultos, recuerdo con más nitidez las palabras del director general, a quien conocía desde hacía bastante y que ha venido a Venezuela en múltiples ocasiones. Sus palabras además de agradecer nuestro viaje y participación, incluyeron una reflexión y solicitud muy particular. Nos pidió que al regresar transmitiéramos a nuestros directores generales que "él mandaba a decir que se había equivocado", porque resulta que él no estuvo convencido del éxito de esa actividad hasta que la vio concretada. De hecho, al escuchar la iniciativa de los jóvenes de Perú les había pedido que se olvidaran de eso, que se preocuparan por hacer actividades más pequeñas y hasta pidió a Japón que llamaran a los líderes de los jóvenes de Perú para "convencerlos" de no hacerla… era como un "deja vu" de lo que yo había escuchado en Argentina.

Nunca dudé que tanto la SGI como los líderes de cada país se preocuparan por apoyar a los jóvenes en su desarrollo, pero también sentía que había una actitud muy conservadora propia de la inseguridad en la capacidad de dichos jóvenes. En estos casos recientes (Venezuela, Argentina, Perú), la resistencia de los líderes más conservadores sólo avivó la pasión de los líderes juveniles que lograron llevar adelante sendas actividades juveniles en las que los jóvenes de América Latina profundizaron su vínculo con Sensei.

En una de las reuniones con todos los líderes juveniles de la PSGI más los jóvenes del exterior que llegamos, conocí al hermano mayor de la primera familia de miembros de Perú. El papá había practicado al lado de Ikeda Sensei cuando joven y la mamá es citada por Sensei como una de sus tres auténticas discípulas. El segundo de los hermanos vivió en Venezuela durante mucho tiempo y fue el único responsables de ambas divisiones juveniles que ha tenido Venezuela. A ese hermanos mayor no lo conocía, sólo de nombre.

En esa sesión pudo compartir con nosotros parte de su experiencia. Había sido responsable de muchas de las instancias de la PSGI y en ese momento era el editor del Perú Seikyo. Nos contó que en una época de su práctica se propuso convertirse en un "verdadero líder" y comenzó a hacer daimoku por desarrollar esa capacidad. Al poco tiempo, sufrió una enfermedad que lo tuvo hospitalizado por varios meses. Su reflexión fue que como producto de su daimoku, enfrentó esa fuerte dificultad que le permitió valorar cada instante de su vida con mayor intensidad y que como consecuencia, podía identificarse mejor con el sufrimiento de los demás, de otros que atravesaran igualmente grandes dificultades. Una reflexión muy densa…

Y eso no iba separado de su vida cotidiana. Contó que siempre había trabajado como empleado y con todas las seguridades pertinentes, pero cuando se propuso ser un "verdadero líder" se atrevió a crear algo "desde cero", una compañía que ya para ese momento había logrado su estabilidad. Así que ambas cosas (la salud y lo profesional), él las vinculaba con esa determinación de convertirse en un "verdadero líder".

Otra cosa que me pareció muy perspicaz de su parte, fue que siendo alguien con mucho tiempo de práctica y viniendo de la familia de la que venía, siempre lo buscaban para pedirle orientación. Ese día él dijo "yo no oriento a la gente, yo los confundo". Después de las risas de los presentes, terminaba explicando que él pensaba que cada quien tenía siempre la respuesta a sus dudas y obstáculos, así que él no era nadie para decirle a los demás qué hacer, que se preocupaba por confundirlos para que en el proceso por aclararse la propia persona fuese encontrando su propia decisión y determinación.

Con él hubo otra sesión de preguntas y respuestas con los líderes del exterior. Un tipo de una franqueza muy particular que lograba llegar con claridad y contundencia a sus interlocutores. Me hizo recordar muchísimo a su hermano, el que vivió acá. Muy grato conocerlo.

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