sábado, 31 de marzo de 2012

Cuando comencé a hacer daimoku

Por supuesto que es imposible recordar el día exacto, sólo tengo escenas de cuando tendría 7 u 8 años y ya hacía daimoku.

Por ejemplo, recuerdo cuando vivíamos en una pensión por El Paraíso, cerca del Pedagógico, un lugar donde vivían muchas familias en especies de departamentos muy pequeños; el de nosotros era, al entrar, una especie de sala/cocina/comedor y luego venía un cuarto grande que terminaba con el baño al final. En ese baño mi papá comenzó a hacer su práctica diaria. La escena que tengo grabada es a mi papá viendo hacia una pared de ese baño haciendo daimoku. Por supuesto que para mí era muy extraño, pero el que él lo hiciera, y luego mi mamá se uniera, terminó haciendo que el daimoku fuera "algo que se hacía en casa".

También me acuerdo una vez que estando en mi cama hablaba con mi mamá sobre "cómo se hacía el daimoku", porque para mí era complicado iniciar el ritmo del daimoku comenzando en "NAM Miojo Rengue Kio"; me resultaba más natural agarrar el ritmo desde "MIO jo Rengue Kio Nam"... cosa loca... pero así fue. Un asunto de "sílaba tónica" y oído musical... Mi mamá me insistía que se comenzaba con Nam y yo diciendo "¡no es fácil!". Así recuerdo el cómo comencé a practicar el daimoku.

Esas conversas con mi mamá también incluían la explicación de por qué los demás chamos creían en Dios y nosotros no, qué debíamos decir si nos preguntaban (a mi hermano y a mí) y la certeza que contábamos con ella para explicarle a cualquier maestra que no entendiera.

De allí de El Paraíso nos mudamos a un apartamento cerca de la Av. Baralt, ya mis padres eran muy activos en las reuniones y yo también ya venía escuchando "hacer daimoku, ponerse metas, lograr beneficios", etc. Esa etapa no me fue sencilla, porque la mudanza causó también cambio de escuela, de amigos, de zona, etc., y eso me pegó más de lo "normal". La nueva escuela no me gustaba mucho, la nueva casa sin duda era "mejor", un edificio con patio y todo, pero "el cambio" fue lo que me causó una resistencia inusual y, estando ya en tercer grado, el rechazo al cambio ocasionó que comenzara a escaparme del colegio.

Mi mamá me llevaba temprano hasta la esquina del colegio y yo terminaba haciendo que entraba pero me salía y pasaba un tiempo caminado por la calle hasta que regresaba a la casa dando cualquier excusa: no llegó la maestra, se fue temprano, se fue la luz, etc... sí, en tercer grado. Por supuesto, las continuas excusas causaron la duda natural en mis padres por lo que después de cierto tiempo, mi mamá me descubrió... pueden imaginarse el panorama. Cuando fue al colegio a preguntar por mí, nadie me conocía, ni la maestra, la directora menos y alguno que otro chamito decía "sí, yo lo vi alguna vez, ¿por qué no vino más?".

Castigo pertinente, diálogo complejo de padres a hijo y demás consecuencias naturales. ¿Cómo lo enfrenté? Con daimoku, lo que ya conocía para ese momento como "lo que hacen los budistas para obtener beneficios". Así que con 8 o 9 años comencé a enfrentar mi primer obstáculo: volver a la escuela y aceptar ese nuevo ambiente, proceso que no se me hacía nada cómodo. Hacía daimoku todos los días, media hora, una hora, no recuerdo por cuantos días seguidos, pero con conciencia de que debía extraer la valentía para enfrentar esa realidad. Cantaba para no repetir tercer grado! Para que la maestra me tratara bien, para que no fuera rechazado por lo otros chamitos, etc... el resultado: el beneficio.

Causalmente, la maestra de mi salón tuvo permiso de post-parto y llegó una suplente, que terminó por darme todo el apoyo que necesitaba con un trato muy cálido, por lo que logró que no me sintiera rechazado ni  mucho menos. Me niveló con el resto del salón muy rápido y terminé muy integrado con los demás. Mi sensación de lograr el beneficio fue contundente y recordaré este capítulo por siempre.

Entonces, lo que aprendí de mis padres, lo que escuchaba en las reuniones y mi participación en la Banda de Metales, terminaron por darme la convicción en el daimoku. Obtener beneficios desde tan chamo formó las bases de la práctica y el vínculo que aún sigo profundizando.

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