Rotary Club
En diciembre de 2004 iniciamos la campaña de los talleres JCP a las instituciones que lo iban solicitando. Una chica DJF, amiga eterna, conocía a integrantes de uno de los núcleos del Rotary Club en Caracas, les comentó del taller y ellos aceptaron realizar la invitación. Ese taller se hizo una noche en la pizzería Tony Roman's que está en La Castellana. No recuerdo por qué se definió ese lugar, pero creo que uno de los muchachos tenía que ver con los dueños del lugar. El taller fue para 4 jóvenes integrantes o coordinadores de ese núcleo Rotary Club, esperaban más, pero sólo llegaron ellos. Por parte de la SGIV estábamos mi esposa y yo acompañados por la chica que les presentó el taller y creo que alguien más.
Algo a destacar, es que en estos primeros talleres debíamos resolver qué proyector usar, la laptop para la presentación y el video, etc. Y lo destaco porque tiempo después esto lo solventamos con equipos de la SGIV, comprados especialmente para esta labor de los talleres.
Este taller con los jóvenes del Rotary Club fue especial porque, además de ser de los primeros, generó que meses después la organización Rotary Club de Venezuela hiciera entrega de un reconocimiento a la SGIV en su labor por promover la paz. Sin duda fue un gran placer aprovechar el vínculo con esa institución gracias al vínculo de esta chica miembro de la SGIV con esos jóvenes. Siempre es así, es a través del vínculo entre individuos que las instituciones estrechan lazos.
UCV, Escuela de Trabajo Social.
Los talleres en la UCV comenzaron en 2005, aprovechamos la presentación del taller que hizo la profesora de la UCV miembro de la SGIV, quien como máxima aliada de los jóvenes y la labor que realizábamos con el taller JCP confiaba plenamente en que lograríamos el objetivo de causar la reflexión que promueve el taller.
Era una época en que si bien las actos de cerrar la entrada de Plaza Venezuela para manifestar tirando piedras había disminuido, era por todos conocido que en la escuela de Trabajo Social era donde se resguardaban los principales promotores de esas acciones. Al llegar e instalar todo lo necesario para iniciar el taller alguien nos comentaba que esperaban no nos sabotearan la actividad por no estar de acuerdo con el taller.
Este taller era una actividad extra curricular de los muchachos, es decir, no era de asistencia obligatoria o algo que integrara la evaluación del profesor (otros sí), así que la participación era totalmente voluntaria por parte de los estudiantes invitados por la profesora responsable, amiga de nuestra profesora miembro de la SGIV.
Comenzamos el taller. Nuevamente las expectativas eran mutuas, de ellos y de nosotros, por saber cómo reaccionarían ambas partes ante cualquier antagonismo. El ritmo inicial fue muy bueno, llegamos hasta el video sin mayores inconvenientes. Luego del video, en el intercambio de análisis llegó el diálogo sabroso. Cuando evaluábamos la labor de Gandhi, uno de los muchachos (no tan muchacho) manifestó su desacuerdo con las acciones de Gandhi, porque no las consideraba pacíficas del todo, sino una violencia pasiva en cualquier caso. El diálogo sobre el tema se desarrolló de manera muy enriquecedora y no hubo mayores enganches. Pero este muchacho continuó con su actitud antagónica y planteó que era casi imposible tener una actitud pacífica "cuando te matan a alguien". Cuando él hizo ese comentario, y antes de esperar ese espacio de silencio que causa confusión o aprehensión en todos, le pregunté por su nombre (no lo había dicho antes), y sencillamente no quiso responder.
Una de las muchachas lo invitó a que dijera su nombre (obviamente se conocían), pero él sencillamente se rehusó, no de mala manera, pero no quiso decir su nombre. Luego nos enteramos que era uno de los que coordinaba esos actos de confrontación en la universidad, no era estudiante, pero siempre estaba ahí en Trabajo Social.
Su comentario, y luego que no quisiera decir su nombre, no ocasionó mayores antagonismos gracias a la intervención de una de las chicas estudiantes que contó lo que su familia había vivido. Hacía algún tiempo uno de sus hermanos había sido asesinado y los amigos de su hermano le juraron a su mamá que lo vengarían. La madre del joven asesinado los increpó diciéndoles que ni ella ni él necesitaban que los vengaran, porque la venganza no devolvería la vida a su hijo, así que les pidió que por favor dejaran de actuar con venganza en nombre de su hijo. Esa madre, esa chica, mostraban una actitud de romper el círculo de violencia y por supuesto, el joven que había intentado ser antagónico en el taller no consiguió aliados y el diálogo continuó brindando aprendizaje a todos los presentes, nosotros los talleristas incluidos.
Ese fue el primero de varios talleres que se realizaron en la Escuela de Trabajo Social de la UCV, también el primero de decenas de talleres que se continúan dando en la UCV. Aunque luego seguiré escribiendo sobre otros talleres particulares en la UCV, los que se dieron en Trabajo Social son especiales porque años después nos enteramos, a través de la profesora miembro de la SGIV, que algunos muchachos estudiantes de Trabajo Social se cambiaron de carrera a la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales (FACES), porque "alguien" les había comentado que "los muchachos de la SGIV eran de ahí"… Sin duda el impacto de los talleres superaba cualquier expectativa que nos planteáramos.
domingo, 31 de mayo de 2015
sábado, 30 de mayo de 2015
JCP - Anécdotas - 2
Zulia
Una miembro de la SGIV trabajaba en la conducción de uno de los departamentos de ACNUR, responsables de la atención a los refugiados en Venezuela. A través de ella se logró un proyecto de trabajo con una ONG con sede en Maracaibo y que trabajaba con la comunidad a través de asociaciones de vecinos, instituciones culturales, etc. Uno de sus proyectos involucró a maestros de comunidades que atendían niños desplazados de la Guajira por distintos motivos. Así que el vínculo con esta institución nos permitió trabajar durante 4 semanas entre noviembre y diciembre de 2004 para llevar el taller a estos educadores. Fueron los primeros talleres JCP para educadores que brindó la SGIV.
Los gastos de traslado se canalizaron a través de ACNUR, así que ni la SGIV ni ninguno de nosotros costeó sus pasajes. Yo no participé en la primera de estas jornadas, pero si en la segunda y tercera, porque creo que la cuarta tampoco me tocó. Esas dos jornadas en las que sí participé fueron experiencias inolvidables.
La gente de la ONG - extraordinarias y cálidas personas - nos recibían el viernes en la noche, nos ofrecía hospedaje en un hotel cercano y los talleres se realizaban en su sede, todo en Maracaibo. La primera jornada me iba a Maracaibo con un malestar estomacal previo (nada raro realmente), así que la cena de ese viernes, invitada por ellos, lo que hizo fue empeorar ese malestar, vomité varias veces en la noche y pude dormir muy poco. Como viajaba junto a mi esposa de alguna manera sentía confianza en que si yo no podía conducir nada del taller, al menos ella estaría al frente sin ningún problema. Al día siguiente el director de la ONG, que conocía muy bien esos malestares estomacales por experiencia propia, me preparó una infusión de varias cosas que honestamente fue mágica, y me mejoró bastante esa mañana.
Siendo la segunda jornada ellos ya conocían el taller, pero nos estaban conociendo a nosotros, así que igual tenían expectativas por saber qué de diferente haríamos a quienes fueron a la primera jornada. Esa mañana fueron llegando los maestros y profesores. Ellos los recibían haciendo unas dinámicas que rompían el hielo y hacían que nos conociéramos un poco más todos. Su proyecto de trabajo se basaba en jornadas de todo el sábado y el domingo, el taller JCP estaba incluido el sábado en la mañana como inicio, así que después de esas dinámicas de introducción - conducidas por un maracucho súper especial y particular, todo un personaje - nos presentaban a nosotros, la SGIV con el taller "Jóvenes Constructores de la Paz".
La estructura era exactamente la misma que se mantiene hoy, mi esposa y yo nos dividíamos cada punto, ella comenzaba con la introducción y yo presentaba los primeros conceptos hasta el video. Yo seguía con las reflexiones post-video y ella presentaba la primera dinámica para luego turnarnos. Las dos jornadas fueron muy dinámicas, los educadores siempre fueron muy participativos, incluso en la segunda participaron unos educadores miembros de la SGIV del Zulia.
En una de las jornadas llegó muy temprano una monja, que trabajaba en esta labor de atender a las familias guajiras desplazadas. Imposible negar que generó mucha expectativa en mí sobre cómo tomaría el taller, su participación, su interacción… En la parte cuando preguntamos "quién ha contribuido con la paz" no fue la primera en intervenir, pero yo estaba expectante de su participación, debe haber sido la tercera o cuarta en intervenir y decir "pues Jesucristo!" Mi comentario inmediato fue "Claro! Esperaba que fuera la primera en nombrarlo!" A partir de ahí ella tuvo más confianza en realizar sus comentarios.
Fueron los primeros talleres para educadores, mi esposa y yo comenzamos a darnos cuenta del nivel distinto en el lenguaje a usar, en los ejemplos a usar, en cómo inspirarlos a llevar el mensaje y la actitud hacia los alumnos y niños que apoyaban.
Ese proyecto conjunto con la ONG fue exitoso desde todo punto de vista, seguíamos acumulando más experiencia, obteníamos más comentarios positivos sobre la labor que realizábamos, más recomendaciones sobre cómo enfocar cada sección. Como fuimos acompañados por una de las grandes amigas miembros de la SGIV, profesora en la UCV, ella fue como acostumbra ser, muy elocuente en sus comentarios y recomendaciones, y quizás sea la que contribuyó de manera más determinante en que el taller sea conducido por las DJs, en ese entonces más determinante, pero que esa siga siendo la pauta de la SGIV hoy en día.
Para ella la situación se basaba en lo siguiente: los jóvenes no representan una "competencia" para los educadores, y si bien en un principio los educadores pueden sentir menosprecio por el hecho de recibir un taller de "jóvenes no educadores", el contenido del taller y la propia actitud de los jóvenes logra trascender esa resistencia y termina por lograr el objetivo de causar la reflexión que se espera. En su opinión, eso sucede porque la acción y la actitud de los jóvenes de la SGIV al conducir el taller, no son para nada distintas a las acciones y la actitud que tienen al conducir una actividad en la Soka Gakkai. Entonces, cuando los jóvenes conducen el taller lo que exponen son los valores que han forjado en su actividad por el Kosen-rufu dentro de la Soka Gakkai, asumiendo a cada participante como una valiosa vida que debe ser atesorada como un potencial Bodisatva de la Tierra. Ahí entonces la clave del éxito del taller JCP conducido por los jóvenes.
Por todo lo anterior sigo manteniendo la premisa de que "el taller JCP, ES el tallerista".
Una miembro de la SGIV trabajaba en la conducción de uno de los departamentos de ACNUR, responsables de la atención a los refugiados en Venezuela. A través de ella se logró un proyecto de trabajo con una ONG con sede en Maracaibo y que trabajaba con la comunidad a través de asociaciones de vecinos, instituciones culturales, etc. Uno de sus proyectos involucró a maestros de comunidades que atendían niños desplazados de la Guajira por distintos motivos. Así que el vínculo con esta institución nos permitió trabajar durante 4 semanas entre noviembre y diciembre de 2004 para llevar el taller a estos educadores. Fueron los primeros talleres JCP para educadores que brindó la SGIV.
Los gastos de traslado se canalizaron a través de ACNUR, así que ni la SGIV ni ninguno de nosotros costeó sus pasajes. Yo no participé en la primera de estas jornadas, pero si en la segunda y tercera, porque creo que la cuarta tampoco me tocó. Esas dos jornadas en las que sí participé fueron experiencias inolvidables.
La gente de la ONG - extraordinarias y cálidas personas - nos recibían el viernes en la noche, nos ofrecía hospedaje en un hotel cercano y los talleres se realizaban en su sede, todo en Maracaibo. La primera jornada me iba a Maracaibo con un malestar estomacal previo (nada raro realmente), así que la cena de ese viernes, invitada por ellos, lo que hizo fue empeorar ese malestar, vomité varias veces en la noche y pude dormir muy poco. Como viajaba junto a mi esposa de alguna manera sentía confianza en que si yo no podía conducir nada del taller, al menos ella estaría al frente sin ningún problema. Al día siguiente el director de la ONG, que conocía muy bien esos malestares estomacales por experiencia propia, me preparó una infusión de varias cosas que honestamente fue mágica, y me mejoró bastante esa mañana.
Siendo la segunda jornada ellos ya conocían el taller, pero nos estaban conociendo a nosotros, así que igual tenían expectativas por saber qué de diferente haríamos a quienes fueron a la primera jornada. Esa mañana fueron llegando los maestros y profesores. Ellos los recibían haciendo unas dinámicas que rompían el hielo y hacían que nos conociéramos un poco más todos. Su proyecto de trabajo se basaba en jornadas de todo el sábado y el domingo, el taller JCP estaba incluido el sábado en la mañana como inicio, así que después de esas dinámicas de introducción - conducidas por un maracucho súper especial y particular, todo un personaje - nos presentaban a nosotros, la SGIV con el taller "Jóvenes Constructores de la Paz".
La estructura era exactamente la misma que se mantiene hoy, mi esposa y yo nos dividíamos cada punto, ella comenzaba con la introducción y yo presentaba los primeros conceptos hasta el video. Yo seguía con las reflexiones post-video y ella presentaba la primera dinámica para luego turnarnos. Las dos jornadas fueron muy dinámicas, los educadores siempre fueron muy participativos, incluso en la segunda participaron unos educadores miembros de la SGIV del Zulia.
En una de las jornadas llegó muy temprano una monja, que trabajaba en esta labor de atender a las familias guajiras desplazadas. Imposible negar que generó mucha expectativa en mí sobre cómo tomaría el taller, su participación, su interacción… En la parte cuando preguntamos "quién ha contribuido con la paz" no fue la primera en intervenir, pero yo estaba expectante de su participación, debe haber sido la tercera o cuarta en intervenir y decir "pues Jesucristo!" Mi comentario inmediato fue "Claro! Esperaba que fuera la primera en nombrarlo!" A partir de ahí ella tuvo más confianza en realizar sus comentarios.
Fueron los primeros talleres para educadores, mi esposa y yo comenzamos a darnos cuenta del nivel distinto en el lenguaje a usar, en los ejemplos a usar, en cómo inspirarlos a llevar el mensaje y la actitud hacia los alumnos y niños que apoyaban.
Ese proyecto conjunto con la ONG fue exitoso desde todo punto de vista, seguíamos acumulando más experiencia, obteníamos más comentarios positivos sobre la labor que realizábamos, más recomendaciones sobre cómo enfocar cada sección. Como fuimos acompañados por una de las grandes amigas miembros de la SGIV, profesora en la UCV, ella fue como acostumbra ser, muy elocuente en sus comentarios y recomendaciones, y quizás sea la que contribuyó de manera más determinante en que el taller sea conducido por las DJs, en ese entonces más determinante, pero que esa siga siendo la pauta de la SGIV hoy en día.
Para ella la situación se basaba en lo siguiente: los jóvenes no representan una "competencia" para los educadores, y si bien en un principio los educadores pueden sentir menosprecio por el hecho de recibir un taller de "jóvenes no educadores", el contenido del taller y la propia actitud de los jóvenes logra trascender esa resistencia y termina por lograr el objetivo de causar la reflexión que se espera. En su opinión, eso sucede porque la acción y la actitud de los jóvenes de la SGIV al conducir el taller, no son para nada distintas a las acciones y la actitud que tienen al conducir una actividad en la Soka Gakkai. Entonces, cuando los jóvenes conducen el taller lo que exponen son los valores que han forjado en su actividad por el Kosen-rufu dentro de la Soka Gakkai, asumiendo a cada participante como una valiosa vida que debe ser atesorada como un potencial Bodisatva de la Tierra. Ahí entonces la clave del éxito del taller JCP conducido por los jóvenes.
Por todo lo anterior sigo manteniendo la premisa de que "el taller JCP, ES el tallerista".
miércoles, 13 de mayo de 2015
JCP - Anécdotas - 1
La Campaña "Jóvenes Constructores de la Paz" arrancó en agosto de 2004 con la realización de los talleres para los miembros y amigos de la SGIV. En todo el país participaron más de 1.000 jóvenes en esa primera fase de talleres internos. Ahora, venía la segunda fase con el inicio de la realización de talleres a instituciones educativas, culturales, privadas, públicas y de otra índole.
No recuerdo cómo surgió, pero la primera institución a la que se le ofreció y posteriormente solicitó el taller, fue la Fundación "José Félix Rivas", institución de apoyo para personas con problemas de adicción con su sede al lado del Parque Miranda, el estadio deportivo en Los Dos Caminos. Al conocer la solicitud de ese primer taller, al pautar la fecha de la realización de ese primera taller "fuera de la Gakkai", sin duda estábamos llenos de expectativas de cómo sería recibido, qué reacción tendrían los participantes, cuál sería el resultado…
Para conducir este primer taller nos asignamos la responsabilidad mi esposa (responsable nacional de DJF), otra chica que llegaría a ser asistente nacional de DJF al año siguiente (además profesora de Química en la UCV) y yo, en ese momento asistente nacional de la DJM. Nosotros tres asumiríamos la responsabilidad de conducir ese primer taller JCP "fuera de la Gakkai".
Hablar de "dentro" o "fuera" de la Gakkai es usual cuando nos referimos a actividades que realizamos para personas no vinculadas de la manera directa o indirecta a la SGIV. Es decir, cuando realizamos actividades donde los participantes son miembros, nuevos practicantes, o sus familiares y amigos, consideramos que son actividades "dentro de Gakkai", sin importar el lugar donde la realicemos. A veces usaremos teatros, salones diversos, hasta canchas, parques o plazas, pero si los participantes tienen este perfil, es una actividad "dentro de Gakkai". Por otro lado, cuando una actividad responde a una invitación de otra institución, cuando los participantes no pertenecen a ninguno de los perfiles anteriores, entonces es una actividad "fuera de la Gakkai".
Ese primer taller se realizó un día de semana, el lunes 15 de noviembre. En el Seikyo Criollo de 2004 aparecen unas líneas que registran la actividad. Por otro lado, eran épocas donde los celulares con cámara decente todavía no estaban ni en proyecto, así que dentro de los detalles NO planificados, estuvo una cámara para tomar la foto que dejara registro fotográfico de ese primer taller.
Ese primer taller en la sociedad tuvo como participantes 5 personas atendidas por la fundación, su director y la psicóloga tratante. Su sede era modesta pero bien cuidada. Desde nuestra llegada había un ambiente de expectativa mutua, ellos con la inquietud de saber qué ofrecíamos, qué recibirían. Nosotros, cómo sería su participación, su actitud, lograríamos animarlos a intervenir… miles de sensaciones. Eso sí, los tres nos habíamos preparado con todo el daimoku de convicción posible porque estábamos más que claros de la relevancia que tendría ese primer taller para la sociedad, considerándolo como la primera causa para el camino que tendría la campaña JCP en tiempos por venir. Llegamos con toda la actitud de ser Sucesores del mentor, representantes de la Soka Gakkai y discípulos del mentor. Creo que esa actitud es la que prevaleció en la mayoría de los conductores del taller JCP a lo largo de estos ya casi 11 años.
Para realizar ese taller ya contábamos con la experiencia de los más de 100 talleres realizados previamente en todo el país, teníamos datos y comentarios de varios jóvenes sobre cómo se había desarrollado cada sección del taller, habíamos corregido algunos detalles, mejorado otros, pero la expectativa era la misma.
El mensaje universal del video GKI y de las dinámicas que acompañan cada valor hicieron inevitable que los participantes se sintieran a gusto. Sus intervenciones fueron las necesarias para promover un ambiente muy fresco donde el humanismo que promueve el Budismo y la Soka Gakkai fue lo que prevaleció. Tanto el director como la psicóloga de la fundación también participaron activamente, nos iban mostrando su satisfacción por lo que escuchaban, por lo que veían e iban percibiendo de nuestra postura, nuestra actitud. Está demás decir que los tres estábamos más que dispuestos, comprometidos a cumplir con la misión que nos tocaba, así que esa causa no podía generar un efecto distinto.
Al final del taller el director de la fundación y la psicóloga nos mostraron su agradecimiento de manera muy cálida, felicitaron nuestra labor y la iniciativa al estructura el taller JCP, nos animaron a seguir promoviendo la actividad y dejaron en nosotros un grato sabor a victoria en este inicio de esta fase del taller.
En un análisis "en frío" de esa primera experiencia, terminé reflexionando sobre cada aspecto del taller, cada sección, el mensaje que se intenta transmitir, cada dinámica que se invita a realizar… Terminé asumiendo que el taller JCP es absolutamente "sencillo", es súper práctico, las dinámicas de hecho no son "propias" del taller si no adaptaciones de otras fuentes. Así que lo que se lograra con su "forma" dependía del "fondo", pero de manera más directa, de cómo se transmitiría ese fondo. Quizás ese fue el inicio de lo que terminé asumiendo como la pauta general del taller JCP: "el taller, ES el tallerista". Depende directamente de la voz, la postura, y por supuesto lo más importante, la condición de vida del tallerista lo que logra contactar a los participantes desde una condición de vida altruista.
Irán reapareciendo en mi memoria otras anécdotas de la gran fortuna de haber participado en la Campaña "Jóvenes Constructores de la Paz".
No recuerdo cómo surgió, pero la primera institución a la que se le ofreció y posteriormente solicitó el taller, fue la Fundación "José Félix Rivas", institución de apoyo para personas con problemas de adicción con su sede al lado del Parque Miranda, el estadio deportivo en Los Dos Caminos. Al conocer la solicitud de ese primer taller, al pautar la fecha de la realización de ese primera taller "fuera de la Gakkai", sin duda estábamos llenos de expectativas de cómo sería recibido, qué reacción tendrían los participantes, cuál sería el resultado…
Para conducir este primer taller nos asignamos la responsabilidad mi esposa (responsable nacional de DJF), otra chica que llegaría a ser asistente nacional de DJF al año siguiente (además profesora de Química en la UCV) y yo, en ese momento asistente nacional de la DJM. Nosotros tres asumiríamos la responsabilidad de conducir ese primer taller JCP "fuera de la Gakkai".
Hablar de "dentro" o "fuera" de la Gakkai es usual cuando nos referimos a actividades que realizamos para personas no vinculadas de la manera directa o indirecta a la SGIV. Es decir, cuando realizamos actividades donde los participantes son miembros, nuevos practicantes, o sus familiares y amigos, consideramos que son actividades "dentro de Gakkai", sin importar el lugar donde la realicemos. A veces usaremos teatros, salones diversos, hasta canchas, parques o plazas, pero si los participantes tienen este perfil, es una actividad "dentro de Gakkai". Por otro lado, cuando una actividad responde a una invitación de otra institución, cuando los participantes no pertenecen a ninguno de los perfiles anteriores, entonces es una actividad "fuera de la Gakkai".
Ese primer taller se realizó un día de semana, el lunes 15 de noviembre. En el Seikyo Criollo de 2004 aparecen unas líneas que registran la actividad. Por otro lado, eran épocas donde los celulares con cámara decente todavía no estaban ni en proyecto, así que dentro de los detalles NO planificados, estuvo una cámara para tomar la foto que dejara registro fotográfico de ese primer taller.
Ese primer taller en la sociedad tuvo como participantes 5 personas atendidas por la fundación, su director y la psicóloga tratante. Su sede era modesta pero bien cuidada. Desde nuestra llegada había un ambiente de expectativa mutua, ellos con la inquietud de saber qué ofrecíamos, qué recibirían. Nosotros, cómo sería su participación, su actitud, lograríamos animarlos a intervenir… miles de sensaciones. Eso sí, los tres nos habíamos preparado con todo el daimoku de convicción posible porque estábamos más que claros de la relevancia que tendría ese primer taller para la sociedad, considerándolo como la primera causa para el camino que tendría la campaña JCP en tiempos por venir. Llegamos con toda la actitud de ser Sucesores del mentor, representantes de la Soka Gakkai y discípulos del mentor. Creo que esa actitud es la que prevaleció en la mayoría de los conductores del taller JCP a lo largo de estos ya casi 11 años.
Para realizar ese taller ya contábamos con la experiencia de los más de 100 talleres realizados previamente en todo el país, teníamos datos y comentarios de varios jóvenes sobre cómo se había desarrollado cada sección del taller, habíamos corregido algunos detalles, mejorado otros, pero la expectativa era la misma.
El mensaje universal del video GKI y de las dinámicas que acompañan cada valor hicieron inevitable que los participantes se sintieran a gusto. Sus intervenciones fueron las necesarias para promover un ambiente muy fresco donde el humanismo que promueve el Budismo y la Soka Gakkai fue lo que prevaleció. Tanto el director como la psicóloga de la fundación también participaron activamente, nos iban mostrando su satisfacción por lo que escuchaban, por lo que veían e iban percibiendo de nuestra postura, nuestra actitud. Está demás decir que los tres estábamos más que dispuestos, comprometidos a cumplir con la misión que nos tocaba, así que esa causa no podía generar un efecto distinto.
Al final del taller el director de la fundación y la psicóloga nos mostraron su agradecimiento de manera muy cálida, felicitaron nuestra labor y la iniciativa al estructura el taller JCP, nos animaron a seguir promoviendo la actividad y dejaron en nosotros un grato sabor a victoria en este inicio de esta fase del taller.
En un análisis "en frío" de esa primera experiencia, terminé reflexionando sobre cada aspecto del taller, cada sección, el mensaje que se intenta transmitir, cada dinámica que se invita a realizar… Terminé asumiendo que el taller JCP es absolutamente "sencillo", es súper práctico, las dinámicas de hecho no son "propias" del taller si no adaptaciones de otras fuentes. Así que lo que se lograra con su "forma" dependía del "fondo", pero de manera más directa, de cómo se transmitiría ese fondo. Quizás ese fue el inicio de lo que terminé asumiendo como la pauta general del taller JCP: "el taller, ES el tallerista". Depende directamente de la voz, la postura, y por supuesto lo más importante, la condición de vida del tallerista lo que logra contactar a los participantes desde una condición de vida altruista.
Irán reapareciendo en mi memoria otras anécdotas de la gran fortuna de haber participado en la Campaña "Jóvenes Constructores de la Paz".
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