Rotary Club
En diciembre de 2004 iniciamos la campaña de los talleres JCP a las instituciones que lo iban solicitando. Una chica DJF, amiga eterna, conocía a integrantes de uno de los núcleos del Rotary Club en Caracas, les comentó del taller y ellos aceptaron realizar la invitación. Ese taller se hizo una noche en la pizzería Tony Roman's que está en La Castellana. No recuerdo por qué se definió ese lugar, pero creo que uno de los muchachos tenía que ver con los dueños del lugar. El taller fue para 4 jóvenes integrantes o coordinadores de ese núcleo Rotary Club, esperaban más, pero sólo llegaron ellos. Por parte de la SGIV estábamos mi esposa y yo acompañados por la chica que les presentó el taller y creo que alguien más.
Algo a destacar, es que en estos primeros talleres debíamos resolver qué proyector usar, la laptop para la presentación y el video, etc. Y lo destaco porque tiempo después esto lo solventamos con equipos de la SGIV, comprados especialmente para esta labor de los talleres.
Este taller con los jóvenes del Rotary Club fue especial porque, además de ser de los primeros, generó que meses después la organización Rotary Club de Venezuela hiciera entrega de un reconocimiento a la SGIV en su labor por promover la paz. Sin duda fue un gran placer aprovechar el vínculo con esa institución gracias al vínculo de esta chica miembro de la SGIV con esos jóvenes. Siempre es así, es a través del vínculo entre individuos que las instituciones estrechan lazos.
UCV, Escuela de Trabajo Social.
Los talleres en la UCV comenzaron en 2005, aprovechamos la presentación del taller que hizo la profesora de la UCV miembro de la SGIV, quien como máxima aliada de los jóvenes y la labor que realizábamos con el taller JCP confiaba plenamente en que lograríamos el objetivo de causar la reflexión que promueve el taller.
Era una época en que si bien las actos de cerrar la entrada de Plaza Venezuela para manifestar tirando piedras había disminuido, era por todos conocido que en la escuela de Trabajo Social era donde se resguardaban los principales promotores de esas acciones. Al llegar e instalar todo lo necesario para iniciar el taller alguien nos comentaba que esperaban no nos sabotearan la actividad por no estar de acuerdo con el taller.
Este taller era una actividad extra curricular de los muchachos, es decir, no era de asistencia obligatoria o algo que integrara la evaluación del profesor (otros sí), así que la participación era totalmente voluntaria por parte de los estudiantes invitados por la profesora responsable, amiga de nuestra profesora miembro de la SGIV.
Comenzamos el taller. Nuevamente las expectativas eran mutuas, de ellos y de nosotros, por saber cómo reaccionarían ambas partes ante cualquier antagonismo. El ritmo inicial fue muy bueno, llegamos hasta el video sin mayores inconvenientes. Luego del video, en el intercambio de análisis llegó el diálogo sabroso. Cuando evaluábamos la labor de Gandhi, uno de los muchachos (no tan muchacho) manifestó su desacuerdo con las acciones de Gandhi, porque no las consideraba pacíficas del todo, sino una violencia pasiva en cualquier caso. El diálogo sobre el tema se desarrolló de manera muy enriquecedora y no hubo mayores enganches. Pero este muchacho continuó con su actitud antagónica y planteó que era casi imposible tener una actitud pacífica "cuando te matan a alguien". Cuando él hizo ese comentario, y antes de esperar ese espacio de silencio que causa confusión o aprehensión en todos, le pregunté por su nombre (no lo había dicho antes), y sencillamente no quiso responder.
Una de las muchachas lo invitó a que dijera su nombre (obviamente se conocían), pero él sencillamente se rehusó, no de mala manera, pero no quiso decir su nombre. Luego nos enteramos que era uno de los que coordinaba esos actos de confrontación en la universidad, no era estudiante, pero siempre estaba ahí en Trabajo Social.
Su comentario, y luego que no quisiera decir su nombre, no ocasionó mayores antagonismos gracias a la intervención de una de las chicas estudiantes que contó lo que su familia había vivido. Hacía algún tiempo uno de sus hermanos había sido asesinado y los amigos de su hermano le juraron a su mamá que lo vengarían. La madre del joven asesinado los increpó diciéndoles que ni ella ni él necesitaban que los vengaran, porque la venganza no devolvería la vida a su hijo, así que les pidió que por favor dejaran de actuar con venganza en nombre de su hijo. Esa madre, esa chica, mostraban una actitud de romper el círculo de violencia y por supuesto, el joven que había intentado ser antagónico en el taller no consiguió aliados y el diálogo continuó brindando aprendizaje a todos los presentes, nosotros los talleristas incluidos.
Ese fue el primero de varios talleres que se realizaron en la Escuela de Trabajo Social de la UCV, también el primero de decenas de talleres que se continúan dando en la UCV. Aunque luego seguiré escribiendo sobre otros talleres particulares en la UCV, los que se dieron en Trabajo Social son especiales porque años después nos enteramos, a través de la profesora miembro de la SGIV, que algunos muchachos estudiantes de Trabajo Social se cambiaron de carrera a la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales (FACES), porque "alguien" les había comentado que "los muchachos de la SGIV eran de ahí"… Sin duda el impacto de los talleres superaba cualquier expectativa que nos planteáramos.
domingo, 31 de mayo de 2015
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