El año 2000 terminó
dejando una huella imborrable en el corazón de cada uno de los que nos asumimos
"Sucesores de Venezuela". Cada victoria era más contundente que la
anterior y cada meta se asumía con un compromiso muy profundo, por convertirse
en la prueba de fuego para ganar el espacio que tanto necesitaba el liderazgo
juvenil de la época para estar al frente de cada campaña de la SGIV.
Comenzaba el nuevo
año con nuevos retos y grandes expectativas sobre todo lo que pudiésemos
lograr. Así llegó el primer gran reto, tanto personal como a nivel de DJs: la
invitación para participar en la "1º Convención de la Juventud -
Latinoamérica 2001", actividad que estaban organizando los jóvenes de la
SGI de Perú. Está demás decir lo especial que pasaba a ser esta actividad en lo
personal. Ya tenía 4 años desde la última vez que fui a visitar a mi familia.
Esta actividad,
después de lo que los jóvenes de la SGIV habíamos vivido en octubre de 2000,
recibiendo la respuesta de los países que atendieron nuestra invitación, se
convertía en la oportunidad perfecta para "agradecer" y devolver ese
gesto a la SGI. Aunque Perú no vino en octubre de 2000 a Venezuela, su
iniciativa nos permitía desarrollar este espíritu de agradecimiento y las DJs
de la SGIV nos decidimos a participar casi que de inmediato.
La actividad sería
en abril y ya para la fecha indicada para informar los asistentes por
Venezuela, la lista era la más grande que cualquier actividad juvenil anterior
en la que Venezuela hubiese participado. Al final, viajamos una delegación de
17 miembros juveniles de Venezuela; mis hermanos y yo incluidos, los tres
pudimos viajar venciendo las dificultades económicas de ese momento.
Desde la llegada
tuvimos grandes motivos para vivir este encuentro con mucha alegría, y es que
al llegar cada delegación de los países participantes, volvíamos a encontrarnos
con eternos amigos que vinieron a Venezuela, otros que habían sido conocidos en
encuentros en Brasil, otros en Japón, en fin, era una especie de rencuentro de
compañeros de fe, comprobando que esos vínculos jamás se diluyen ni se rompen.
La actividad
organizada por los jóvenes de Perú fue intensa y buscó aprovechar cada instante
al máximo para la forja del espíritu de los jóvenes discípulos, así que el
programa estaba muy bien pensado en este sentido. Estudio de Gosho, relación
mentor-discípulo, diálogo entre máximos líderes asistentes, orientación para
los países del exterior… todo muy bien pensado y conducido por los máximos
líderes de la PSGI. Todo lo anterior como el marco previo a la actividad
principal, la "1º Convención de la Juventud - Latinoamérica 2001",
actividad para 5.000 jóvenes de todo el Perú en un lugar de convenciones muy
conocido, al aire libre, algo parecido a nuestra Concha Acústica de Bello
Monte.
Aunque ya conocía la
organización de Perú por viajes anteriores, mis visitas habían sido siempre
como parte del viaje familiar en momentos muy específicos y siempre a final de
año o para el Gonguio de año nuevo por ejemplo, así que en esta oportunidad conocí
más detalle de su lucha y de sus sedes principales.
Ya para ese momento
la PSGI contaba con tres Kaikan. Hacía mucho tiempo habían comprado uno que
luego les quedó pequeño. Compraron una segunda instalación que se convirtió en
el principal y que tenía un salón como para 500 personas, además de varios salones
de reunión más pequeño. El tercero resultó ser la casa que quedaba al lado y
que durante mucho tiempo habían buscado comprar. Cuando finalmente lo lograron
hicieron la correspondiente "unión" de los espacios a través de
puertas internas. Era el "Kaikan de la División Femenina". Otra vez
el "yo quiero eso para la SGIV" revivía en mi corazón, y en este caso
sigue estando muy presente.
En la reunión de
bienvenida y apertura oficial del encuentro, y después del diálogo y saludo
correspondiente de los máximos líderes de la PSGI, jóvenes y adultos, recuerdo
con más nitidez las palabras del director general, a quien conocía desde hacía
bastante y que ha venido a Venezuela en múltiples ocasiones. Sus palabras
además de agradecer nuestro viaje y participación, incluyeron una reflexión y
solicitud muy particular. Nos pidió que al regresar transmitiéramos a nuestros
directores generales que "él mandaba a decir que se había
equivocado", porque resulta que él no estuvo convencido del éxito de esa
actividad hasta que la vio concretada. De hecho, al escuchar la iniciativa de
los jóvenes de Perú les había pedido que se olvidaran de eso, que se
preocuparan por hacer actividades más pequeñas y hasta pidió a Japón que
llamaran a los líderes de los jóvenes de Perú para "convencerlos" de
no hacerla… era como un "deja vu" de lo que yo había escuchado en
Argentina.
Nunca dudé que tanto
la SGI como los líderes de cada país se preocuparan por apoyar a los jóvenes en
su desarrollo, pero también sentía que había una actitud muy conservadora
propia de la inseguridad en la capacidad de dichos jóvenes. En estos casos recientes
(Venezuela, Argentina, Perú), la resistencia de los líderes más conservadores
sólo avivó la pasión de los líderes juveniles que lograron llevar adelante
sendas actividades juveniles en las que los jóvenes de América Latina
profundizaron su vínculo con Sensei.
En una de las
reuniones con todos los líderes juveniles de la PSGI más los jóvenes del
exterior que llegamos, conocí al hermano mayor de la primera familia de
miembros de Perú. El papá había practicado al lado de Ikeda Sensei cuando joven
y la mamá es citada por Sensei como una de sus tres auténticas discípulas. El
segundo de los hermanos vivió en Venezuela durante mucho tiempo y fue el único
responsables de ambas divisiones juveniles que ha tenido Venezuela. A ese
hermanos mayor no lo conocía, sólo de nombre.
En esa sesión pudo
compartir con nosotros parte de su experiencia. Había sido responsable de
muchas de las instancias de la PSGI y en ese momento era el editor del Perú
Seikyo. Nos contó que en una época de su práctica se propuso convertirse en un
"verdadero líder" y comenzó a hacer daimoku por desarrollar esa
capacidad. Al poco tiempo, sufrió una enfermedad que lo tuvo hospitalizado por
varios meses. Su reflexión fue que como producto de su daimoku, enfrentó esa
fuerte dificultad que le permitió valorar cada instante de su vida con mayor
intensidad y que como consecuencia, podía identificarse mejor con el
sufrimiento de los demás, de otros que atravesaran igualmente grandes
dificultades. Una reflexión muy densa…
Y eso no iba
separado de su vida cotidiana. Contó que siempre había trabajado como empleado
y con todas las seguridades pertinentes, pero cuando se propuso ser un
"verdadero líder" se atrevió a crear algo "desde cero", una
compañía que ya para ese momento había logrado su estabilidad. Así que ambas
cosas (la salud y lo profesional), él las vinculaba con esa determinación de
convertirse en un "verdadero líder".
Otra cosa que me
pareció muy perspicaz de su parte, fue que siendo alguien con mucho tiempo de
práctica y viniendo de la familia de la que venía, siempre lo buscaban para
pedirle orientación. Ese día él dijo "yo no oriento a la gente, yo los
confundo". Después de las risas de los presentes, terminaba explicando que
él pensaba que cada quien tenía siempre la respuesta a sus dudas y obstáculos,
así que él no era nadie para decirle a los demás qué hacer, que se preocupaba
por confundirlos para que en el proceso por aclararse la propia persona fuese
encontrando su propia decisión y determinación.
Con él hubo otra
sesión de preguntas y respuestas con los líderes del exterior. Un tipo de una
franqueza muy particular que lograba llegar con claridad y contundencia a sus
interlocutores. Me hizo recordar muchísimo a su hermano, el que vivió acá. Muy
grato conocerlo.