Llegamos a buenos
Aires y fuimos recibidos por jóvenes y adultos que nos esperaban. De entrada
fuimos conociendo la realidad de Argentina de esa época: autopistas excelentes
pero había que pagar peaje para usarlas!!! La gasolina 5.900 veces más cara que
acá, etc…
Al llegar al hotel
me encontré con la sorpresa que mi compañero de habitación sería "meo
irmao", el brasilero que había venido a la convención y cuya experiencia
me quedó grabada. Así que tendría la oportunidad de conocer mucho más de su
experiencia! Sin duda lo percibí como una muestra más de ese vínculo místico
que establecimos en la convención.
De inmediato, en uno
de los primeros encuentros, comencé a aprovechar la oportunidad y pude
conversar con uno de los líderes de la DJM sobre algo que les había escuchado a
los jóvenes que vinieron a Venezuela: un grupo donde preparaban a aquellos que
deseaban ingresar a la SGI-AR. En esa sentada el pana me explicó como nació esa
actividad, su objetivo, los temas, la duración, etc. Al final, esa
actividad/grupo fue el resultado del deseo de ellos de acercar el budismo más a
lo cotidiano de quienes comienzan a practicar, y así facilitarles la
interpretación de la teoría y filosofía del budismo del Daishonin para que lo
aplicaran de inmediato en su proceso de inicio. Luego de cubrir los temas
básicos y cotidianos, ingresaban a la SGI-AR como miembros. La cosa no
terminaba allí, sino que también habían comenzado una actividad/grupo donde los
recién ingresados miembros, participaban en una nueva serie de actividades con
nuevos temas para forjarse como próximos líderes… yo estaba con la quijada en
la mesa…
Y explico por qué.
Hasta ese momento, la SGIV tenía como requisito para ingresar que la persona
tuviese "al menos un año practicando", pero eso se basaba en que
asistiera a las actividades durante ese año, y eso fue sólo en los años previos
al 2000, porque antes se debía esperar hasta dos años de práctica para ingresar
a la SGIV… En ese período de un año no había mayores garantías de lo que la
persona estudiaba, aprendía o aplicaba. Desde que escuché de esa actividad de
los argentinos que vinieron en octubre, quedé con toda la curiosidad de lo que
estaban llevando a cabo. Ese sería el inicio del Grupo Soka de la SGIV (otro
capítulo).
Volviendo a
Argentina, estaba bastante y gratamente impresionado de la cantidad de jóvenes
que veía en todo el movimiento, cuando en Venezuela éramos "un
puñado" que debíamos multiplicarnos, allá veía jóvenes en todas las
facetas de la actividad y honestamente sentía "yo quiero eso en la
SGIV!".
Nos llevaron al
Kaikan para conocer el gran salón que habían construido… EL KAIKAN!!! Era la
unión de los antiguo con los moderno, porque la nueva construcción estaba justo
al lado del primer Kaikan que tuvo al SGI-AR. Habían logrado la compra del
terreño adyacente que les permitió construir la nueva instalación. Nos dieron
el recorrido de ley, muchos salones pequeños para diálogos, la tienda modesta,
vi cómo preparaban la entrega de las suscripciones, compré "La vida de
Nichiren Daishonin" para mí y como encargo obligatorio de una de mis
"tías"… y llegamos al salón principal.
De hecho entramos
por una de los laterales porque en ese momento se celebraba una reunión de los
líderes de todas las regiones del interior de Argentina. Serían unas 300
personas que se perdían en un salón construido para 1.000… mil!!!!! La
instalación full moderna, diseñada por uno de los arquitectos más reconocidos
de Argentina, gran amigo Soka y conocedor de la labor de la SGI y de Ikeda
Sensei. Las sillas de cualquier lugar del salón estaban colocadas de tal manera
que siempre verías al altar de primera vista. Todos los espacios fueron
pensados con detalle. Además, contaban con un equipo de sonido que sólo existía
en otros dos lugares de Argentina, o sea… la sede principal de la SGI-AR estaba
en el más alto nivel de edificaciones culturales del país!!! De hecho, en años
posteriores salió todo un reportaje en la prensa nacional de ese Kaikan como
instalación reconocida por toda la sociedad argentina, recibiendo premios y
demás… Por supuesto, todo había salido del esfuerzo de los miembros de Argentina
y la contribución directa de Ikeda Sensei.
Después del
recorrido llegamos a uno de los salones adyacentes para la reunión de
recibimiento de nosotros, los miembros del exterior. Allí me encontré
nuevamente con el gran y eterno amigo, uno de los dos líderes que vinieron. Él
sentado en primera fila dirigiendo el daimoku y nosotros a partir de la segunda
fila. Él dirigía el daimoku con micrófono en mano, de repente se paró y me
entregó el micrófono para YO dirigir el daimoku mientras él salía del salón
imagino a atender labores de logística. Así que ahí me tocó dirigir unos
minutos ese daimoku con todos los invitados del exterior presentes y los que ya
llegaban de la SGI-AR.
La naturalidad,
sinceridad, humildad que había conocido con los dos líderes que vinieron en
octubre, la comenzaba a ver en el resto de los líderes de Argentina. Iba
sintiendo con más fuerza el "yo quiero esto para la SGIV".
La primera noche de
intercambio, luego de las comidas y demás, aproveché de inmediato para
conversar con "meo irmao". Estábamos muy contentos ambos de volver a
encontrarnos y de compartir habitación, lo que nos permitía conversar en
detalle de todo lo que quisiéramos saber sobre nuestras organizaciones
hermanas. De inmediato le pregunté más detalle de la experiencia que contó en
Venezuela: era responsable de un Sector sin más DJM, luego terminó
"llenado" su estructura. Yo quería más detalle, qué hizo, cuántas
visitas, qué actividades, etc. Él, con una sencillez imperturbable, me
respondía: "sólo hice daimoku". Ajá, yo sé, pero qué más???? Y él volvía a enfatizar: "sólo hice
daimoku". Con el daimoku aparecieron los DJM de otras zonas que se mudaron
a la de él, hijos de señoras comenzaban a practicar, algunos inactivos se
reactivaban, etc…
Los detalles que me
dio fueron TODOS dirigidos a la sinceridad del daimoku que él realizaba. Oraba
por que surgieran los Bodisatvas de la Tierra que su Sector necesitaba, oraba
por pulir su corazón para atender mejor a los jóvenes que llegaban… no hubo mejor
orientación…
Me queda escribir la
celebración del 70º aniversario de la Soka Gakkai, el gran concierto en La
Plata y la cena con los líderes juveniles que organizaron la actividad. Sigo!
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