El viaje a Argentina
para celebrar el 70º aniversario de la Soka Gakkai ya había marcado mi vida con
las experiencias vividas. Y quizás fue este viaje el que cambió mi percepción
de los encuentros de la SGI, sobre todo porque comencé a comprender el gran
deseo de Ikeda Sensei de establecer esos vínculos humanos irrompibles y eternos
que se establecían entre los jóvenes que participamos de estos encuentros, por
ir con el corazón abierto y contactar el corazón de otros jóvenes que iban de
igual manera. En este viaje le di un valor incalculable a lo que comencé a
llamar "la capacitación paralela", esa que no está en el programa,
que no está en las reuniones pautadas, sino que se aprecia y se vive en
los encuentros de vida a vida que logramos al dialogar y conocer la vida de los
demás participantes.
Para mí fue una
tremenda fuente para "recordar lo esencial" los momentos previos a la
actividad de cierre y despedida de los miembros del exterior. Era una actividad
en uno de los salones del centro cultural donde estaríamos acompañados por los
líderes juveniles representantes de la SGI-AR que
asistieron de todo el país. Tal como se acostumbra en la Gakkai, se planificó para que hubiese
mucha alegría con música y demás, así que nos solicitaron a los miembros del
exterior que "hiciéramos algo". De inmediato los miembros de Brasil
se pusieron al frente y propusieron al resto cantar una canción Gakkai. De
hecho era una canción relativamente nueva, que se empezaba a conocer en la
región latina.
Personalmente, no
estaba muy cómodo con la idea, pero por apoyar a mis recién grandes amigos
brasileros, a meu irmao, acepté apoyar, ensayando en una de las habitaciones de
los chicos de Brasil. Como nos prestaron unos instrumentos, de inmediato
comenzamos a ensayar la música, yo en la percusión y uno de los brasileros,
músico de cámara e integrante de la actual orquesta filarmónica Gakkai de la
BSGI (con quien me re-encontré en abril de 2009), conducía el ensayo. Nada
bueno salía, muchos desentonaban, otros no seguían el ritmo, la cosa es que los
ánimos se bajaban porque algunos pensábamos que mejor cambiábamos la idea,
otros pensaban "si cantamos desde el corazón, no importa!". De hecho
meu irmao me preguntaba "verdad que no importa?" y yo con todo el
dolor del mundo le decía "creo que sí importa si suena tan mal, mejor
pongamos la música de fondo para que se escuche menos peor". Meu irmao me
miraba con tristeza… Esa noche, al final del único ensayo, los más músicos terminábamos
por aceptar el deseo de los otros, y nos fuimos a dormir pensando "que
salga lo mejor que se pueda".
Al día siguiente,
nos presentaron indicando que habíamos preparado una canción como
"agradecimiento" a todo lo vivido. Y salimos… Después de los primeros
compases, los desentonados tomaron posesión de la canción, los que se
adelantaban en el ritmo no dejaron de hacerlo jamás, así que el brasilero y yo
nos miramos, reímos y seguimos la rumba! Meu irmao y el resto estaban súper
alegres, los asistentes se paraban y cantaban con nosotros, así que de pronto
lo único que importó fue "el corazón". Ya no valía el ritmo, el tono,
si movían los brazos igual o no, en esa tarima sólo había alegría,
agradecimiento, vínculo eterno, o sea, estábamos viviendo lo que Ikeda Sensei
esperaba. Una extraordinaria oportunidad para confirmar que "lo más
importante es el corazón".
Como cierre de todo
ese gran e intenso fin de semana, los chicos de Argentina organizaron una muy
especial cena en casa del asistente nacional que vino a Venezuela, donde
estaríamos los 3 venezolanos junto a la mayoría de los coordinadores de toda la
actividad. Era la manera de mostrarnos el vínculo tan fuerte que los dos
líderes de Argentina habían establecido con nosotros.
Su casa era modesta
pero muy bien cuidada. Su esposa, hija de japoneses era más Argentina que nadie; y tenían una niña de 2 añitos preciosa. Hacia el fondo de la casa había construido una gran sala con una
parrilla al final, donde instaló una mesa como para 20 personas, muy larga,
algo que parece tradicional en Argentina para esas comelonas que hacen; y que nosotros
vinimos... Comimos carne de todo tipo, tanta como para una semana entera!
En esa cena
conversamos de muchos detalles de la organización de la actividad, yo
encantadísimo de conocer esa experiencia, por supuesto compartíamos la reciente
experiencia de nuestra Convención de Sucesores y el asistente nacional que vino
hacía que cada cosa que dijéramos quedara corta con sus "comentarios
adicionales". Allí pude conocer que para ellos no había sido sencillo
realizar la actividad por no contar con el apoyo de los principales líderes del
país al principio. El poder invitar a miembros del exterior se había convertido en todo un
problema para los jóvenes de Argentina, quienes tuvieron que mantener la
firmeza de sus propuestas con mucho daimoku y firmeza para lograr el apoyo no
sólo de los máximos líderes de la SGI-AR sino de la propia SGI de Japón, a
quienes les preocupaba mucho que los jóvenes de Argentina realmente pudieran
llevar la actividad atendiendo apropiadamente a los líderes del interior y del
exterior. Sólo con una gran confianza en el objetivo de sus propuestas y
actuando en auténtica unidad de Itai Doshin, lograron la aprobación y apoyo de
todos los líderes.
Éramos alrededor de
20, comiendo, bebiendo (yo refresco, no tomo alcohol), riendo, recordando,
compartiendo, en un ambiente de fraternidad digno de contarle a Ikeda Sensei.
Ellos súper cansados pero contentos, nosotros súper llenos de comida y
disfrutando enormemente.
Ese cena full
carnívora, me permitió aprender muchísimo sobre lo que significa para un líder
juvenil pensar en el desarrollo de su organización, al confiar en su corazón y
en su deseo de actuar como un discípulo, siendo la única manera de garantizar
que las acciones correctas atraerán los resultados esperados. Argentina en
noviembre de 2000 me dejó grabados imborrables recuerdos que al llegar a
Venezuela comenzaba a aplicar de la manera más intensa posible. Uno de los
resultados inmediatos: el Curso Básico de Budismo (hoy Grupo Soka).
No hay comentarios:
Publicar un comentario