Consejo Comunal El Caribe
En la zona donde vivo desde hace más de 30 años obviamente nos conoce todo el mundo. Por otro lado, los "chamos" con los que crecí muchos ya no están y otros son tan viejos como yo, por lo que hay una nueva generación de chamos que no conozco a la mayoría, y con sus padres se ha mantenido una relación de respeto y trato eventual.
Desde hacía tiempo habíamos planteado la posibilidad de realizar un taller JCP dirigido a los integrantes del Consejo Comunal de El Caribe, aprovechando que mi suegra, también miembro de la SGIV, era una de las principales voceras. Por una u otra razón no se lograba cuadrar la fecha. Incluso realizamos un taller JCP en el Pedagógico de Caracas un mes antes a través de uno de los vecinos integrantes del Consejo Comunal de El Caribe, que conoció el mensaje del taller y se cuadró realizarlo. Ese taller en el Pedagógico lo conducimos mi esposa y yo, así que nuestro vecino quedó más que satisfecho con la actividad y también movió lo necesario para lograr realizar el taller en el Consejo Comunal.
Fue muy gratificante conducir el taller para nuestros vecinos que, en su mayoría, nos conocían a mi hermano, mi esposa y yo desde que éramos niños, de hecho sus comentarios durante el diálogo eran explícitos en manifestar lo grato que era para ellos recibir el taller de nosotros, por habernos visto crecer como personas de bien y por el aprecio que tenían por nuestros padres.
Nunca he sido protagonista en las actividades que ha propuesto el Consejo Comunal, aun teniendo a mi suegra como una de las más fehacientes activistas sociales, siempre mi participación ha sido como un vecino más. Sin embargo este taller que realizamos en agosto de 2010 dejó una sensación de haber trabajado a su lado desde siempre. Y de hecho creo que es así, porque con las acciones que uno realiza para hacer que prevalezca el respeto y el aprecio mutuo, son una causa que sin lugar a dudas genera un efecto.
Creo que si todos los jóvenes lograran realizar un taller JCP en los Consejos Comunales de la zona donde viven, en las juntas de condominio, en fin, a los entes que coordinan o administran los esfuerzos por el cuidado y desarrollo de la comunidad, la SGIV logra su misión de manera directa.
U.E. Bolívar y Freud
En diciembre de 2011 dejé de ser un miembro de las Divisiones Juveniles de la SGIV, pasé a ser División de Caballeros. Ese año no pudo tener resultados más contundentes en mi actividad como líder en la División Juvenil. Por supuesto que el broche de oro para cumplir mi rol como División Juvenil fue el Festival Juvenil Soka. Pero para esa actividad todavía me reservo unas cuantas entregas más para llegar a ella. En este caso deseo completar lo que recuerdo gratamente en mi participación en la campaña "Jóvenes Constructores de la Paz", con el que creo que fue el último taller que me tocó conducir.
Mi chamo estudió desde el tercer grado y hasta que se graduó en la misma institución educativa, la U.E. Bolívar y Freud. Hace muchísimos años, cuando él todavía era un bebé, recuerdo haber visto una entrevista a quien fuera ministra. Ella recordaba una vieja premisa que decía "¿cuál es el mejor colegio? ¡El que queda más cerca de casa!". Y en efecto fue así, el Bolívar y Freud queda a dos cuadras de mi casa.
Ya habíamos conversado con la directiva del colegio y les habíamos contado del taller y nuestro deseo de ofrecerlo a los maestros y profesores por conocer bastante de cerca la realidad del colegio. Así, en junio de 2011 mi esposa y yo realizamos dos jornadas de talleres para ellos.
Tal como decía antes, fue el último de los talleres que me tocó conducir. Con toda la experiencia de los 5 años previos, aún sentí que aprendía de cada sección del taller, de cada intervención de los participantes, del video de GKI!!! Creo que ese video podría verlo mil veces más y seguiría encontrando fuentes para reflexionar e invitar a la reflexión. Los maestros y profesores tenían edades y experiencias diversas, unos muy jóvenes, otros con ya bastante experiencia. Para todos la frase en común era "ah! Ustedes son los padres de Brian!". Para bien o para mal mi chamo era conocido por todos.
El último de los talleres que conduje estuvo enmarcado en las actividades del FJS, porque nuestra meta fue que todos los participantes recibieran el taller. Pero este taller en el colegio donde estudió mi chamo lo sentí como una contribución más directa a la comunidad educativa de su colegio. Al igual que en el anterior caso, creo que si cada miembro de la SGIV contribuye con esta actividad en el colegio donde estudian sus chamos, sobrinos, etc., la SGIV difundirá con mucho más contundencia su mensaje humanista.
Con esto termino lo que deseaba escribir de lo que recuerdo en mi participación como "tallerista" del JCP. Sin duda hay mucho más en mi memoria, pero deseaba dejar por escrito lo que me parecía más resaltante. Creo que no me alcanzará el tiempo para retribuir todo lo que obtuve de la SGIV al permitirme participar en esta campaña que espero sea eterna, que no deje de implementarse y más bien se siga expandiendo y desarrollando como una firme y contundente contribución de la SGIV a la sociedad venezolana.
Extraño ser tallerista, lo que se vive como tallerista del JCP jamás podré suplirlo con otra cosa. Lo que sí garantizo es que siempre mantendré la premisa de "qué más puedo hacer" por el avance del Kosen-rufu en Venezuela. Hoy ya no me toca ser tallerista, pero labores y acciones por difundir el legado de nuestro mentor y los valores universales del Budismo Nichiren, siempre habrán y siempre será necesario que existamos quienes estemos dispuestos a desarrollarlas. Y ahí siempre estaré…
martes, 30 de junio de 2015
lunes, 29 de junio de 2015
JCP - Anécdotas - 7
Un día de julio de 2008, al regresar de Anzoátegui, por el retrovisor de mi carro veía como el carro de mi cuñada se coleaba, pasaba al canal contrario sin control, chocaba contra la defensa de la orilla y se volcaba dando una vuelta completa. Todo con los tres ocupantes adentro.
El apoyo a las regiones del interior que lo solicitaban para la realización de los talleres JCP seguía siendo parte integral de nuestra labor al frente de las Divisiones Juveniles, siempre analizábamos cada caso con todo el detalle pertinente. Cuando era posible viajábamos jóvenes desde Caracas, cuando eso no era posible se buscaba jóvenes que pudieran viajar de ciudades cercanas a la que solicitaba el taller, siempre con el objetivo de atender la invitación de la institución que solicitara, estuviera donde estuviera.
Por ejemplo, en algunas oportunidades jóvenes de Lara apoyaron talleres realizados en los estados cercanos; jóvenes de Cumaná atendieron invitaciones de instituciones en Carúpano; de Carabobo se apoyó Aragua; sin la necesidad de que jóvenes de Caracas viajaran. Así, poco a poco se podía cubrir esas invitaciones casi en su totalidad. En julio de 2008 se tenía que atender la invitación de la Unidad Educativa Felipe Fermín Paúl Terreros, con sede en Barcelona, Anzoátegui.
En este caso, todavía no se contaba con un núcleo de jóvenes suficientes en Anzoátegui que atendiera dicha invitación para dar el taller a varios salones durante la mañana, así que nos trasladamos 6 jóvenes de Caracas junto al actual responsable de la DJM de Lara que en ese momento estaba en Caracas. Entre los de Caracas, íbamos mi esposa, mi cuñada para ese momento, la actual responsable de la DJF, otras dos DJF y yo. Nos uniríamos a 5 jóvenes de Anzoátegui. Viajamos en dos carros desde muy temprano para llegar antes de mitad de la mañana y dar el taller a 4 de las 5 secciones de bachillerato, y regresar después de mediodía a Caracas.
El viaje de ida se hizo sin mayores inconvenientes. Llegamos a la hora prevista, estacionamos en la acera de entrada del liceo y coordinamos rápidamente las parejas para cada salón. Las jornadas de talleres se hicieron con mucho dinamismo y los jóvenes de Caracas y Anzoátegui lograron buen clima en cada salón. Los directivos del liceo quedaron muy contentos con lo recibido por parte de la SGIV y los líderes de Anzoátegui muy agradecidos por el apoyo que brindamos los 6 jóvenes de Caracas y el DJM de Lara. Así, poco después de mediodía ya estábamos listos para retornar. Los 7 decidimos almorzar en el camino.
Al salir del liceo encontramos el primero de una "serie de eventos desafortunados". Al revisar los carros, la camioneta "pick-up" de mi cuñada había sido abierta y robaron el equipo de sonido, prácticamente arrancando la base que lo fija al panel frontal. Mi cuñada se dio cuenta de un detalle que luego tendría rol protagónico, pero en ese momento no le dio mucha importancia: esa camioneta tenía tracción 4 x 4 y se activaba a través de un botón. Ese botón, al arrancar la base del equipo de sonido, también había sido arrancado, por lo que ya no había cómo activar o desactivar la tracción 4 x 4.
Luego de sobrepasar el malestar del robo, comenzamos el retorno y agarramos carretera. Por ser un día de semana y ya poco después de mediodía, salir de Barcelona nos demoró un poco por el tráfico normal de la hora, pero al agarrar carretera fue todo más ligero. Hasta que llegamos a la autopista de Boca de Uchire, y ocurrió el accidente.
Al comenzar las curvas de esa zona pudimos acelerar un poco el paso que no habíamos hecho antes por la cantidad de carros. Yo iba adelante e iba alrededor de 100 km por hora. Reconstruyendo los hechos, el joven DJM de Lara, que iba manejando la camioneta de mi cuñada, contó que de repente sentía que la camioneta le daba unos "jalones" extraños, de repente sentía que se aceleraba o se frenaba de manera extraña. Al ir saliendo de una de las curvas comienzo a ver que la camioneta no estaba acelerando como yo, sino mantenía la marcha por debajo de los 100 km por hora, yo me iba alejando… Lo que estaba ocurriendo era que el 4 x 4 de esa camioneta se estaba activando sin control, por haber sido alterado el sistema del tablero. Y antes de perder la visibilidad, veo por el retrovisor que la camioneta se va coleando, cruza al canal de retorno, la fuerza del coleo hace que choque contra la defensa del canal de retorno y de una vuelta completa, quedando las ruedas de la izquierda en la cuneta y las ruedas de la derecha sobre la montaña.
Mi impresión no podría describirla en pocas palabras, fueron quizás 5 o 6 segundos de ver toda la "película" por el retrovisor, al observar la vuelta que dio el carro el miedo por la vida de los tres pasajeros es indescriptible, al terminar la mitad del carro montado en la montaña di la vuelta de inmediato. Llegamos donde estaban, nos bajamos todos y fuimos a auxiliar a los tres chicos. Los de adelante no habían sufrido más que el shock del accidente. Como copiloto estaba una de las chicas y el cinturón la protegió. El piloto, el DJM de Lara, tuvo un golpe en la cabeza muy leve, porque el techo, sobre todo de su lado, se hundió considerablemente al dar la vuelta completa. Como la camioneta quedó un poco inclinada por estar sobre la montaña, ellos debían "subir" para poder salir del carro. En los asientos de atrás iba mi cuñada en esa época, que al no tener cinturón puesto llevó más golpes. Como el vidrio de atrás se rompió en muchos pedazos, su brazo sufrió varios rasguños. En general, nada de consideración.
Estando ahí parados, algunos carros se detuvieron, algunos se bajaron, la postura y actitud no era la de ofrecer ayuda precisamente. Intentamos hacer las llamadas pertinentes para informar y varios de nuestros celulares no agarraban línea. Al final alguno logró comunicarse con Caracas e informar. En esos minutos mi hermano llamó sin saber nada, llamaba sólo para dar el contacto del seguro e informar sobre el robo previo. Cuando se enteró pudo informar al resto de nuestros familiares y por supuesto a nuestra directora general.
A los pocos minutos pasó una ambulancia de bomberos, no venía por nosotros, sencillamente iba "de paso". Mientras atendían a mi cuñada en mi cabeza pasaban miles de pensamientos sobre lo que hubiese podido pasar, sobre lo que serían ahora los viajes de apoyo al interior, la protección de los miembros, de nosotros, la preocupación de nuestras familias y la de nuestra directora general sobre este suceso, la preocupación de los líderes y jóvenes de Anzoátegui. Fueron miles de pensamientos que mi cabeza procesada mientras los bomberos, viendo cómo quedó la camioneta, comentaban "¡salieron gratis!".
Pasó poco tiempo cuando apareció una grúa, no era de plataforma sino de las tradicionales, así que el recorrido hasta el puesto de control en Clarines fue un poco lento y estresante, porque desde atrás parecía que la camioneta se desarmaría por completo. Pasamos unas horas en Clarines mientras se reportaba todo lo pertinente a las autoridades. Decidimos almorzar ahí mismo mientras esperábamos la resolución de todo además de la grúa de plataforma que nos trajera a Caracas.
No dejaba de preocuparme por lo que vendría, específicamente con respecto a los viajes de apoyo al interior para los talleres JCP, no dudaba en que habría un cambio de lineamiento desde la Dirección General, que por supuesto pensaba necesario, no se podía mantener dicho apoyo con el mismo ritmo y riesgo en los viajes por tierra y menos en carros particulares. Iniciamos el retorno al final de la tarde, en una hora que en mi caso es detestable, porque personalmente detesto la carretera de oriente de noche. En la grúa viajaron el DJM de Lara y una de las chicas. En mi carro vinimos los otros 6, incómodos por supuesto, pero sin otra posibilidad.
Con la grúa marcando el camino, trataba de no alejarme mucho para aprovechar su conocimiento de la vía sobre todo a esa hora. Ya de noche, la mejor guía para manejar esa carretera son estos conductores que se conocen la vía de memoria. Llegamos a Caracas bien de noche, agotados y con el shock del evento desafortunado.
Ya mientras almorzábamos, un poco más tranquilos, comenzamos el análisis del suceso desde la perspectiva de la protección recibida por todos los involucrados, por la SGIV en general. No los escribí antes para poder poner énfasis en este análisis que creo termina dando valor a todo lo vivido en ese capítulo de apoyo a la campaña "Jóvenes Constructores de la Paz".
El accidente pasó mientras no hubo tránsito de vehículos en ninguna de las vías, por lo que no se causó daños a terceros. Mientras yo me devolvía tampoco pasaban carros que hicieran que yo demorara en llegar hasta donde estaban los chicos. Aun siendo una zona solitaria, ninguno de los carros que se detuvo lo hizo con malas intenciones. Los bomberos pasaron a los pocos minutos del suceso, de paso por el lugar, atendieron a los chicos y siguieron su ruta. Todos los que vieron la camioneta (personas que pasaban, los bomberos, los guardias, los fiscales), pensaron que los daños a los chicos pudieron haber sido mucho peores. El seguro del carro declaró "pérdida total", así quedó el carro.
Era un evento que estaba en el karma de todos los involucrados, en el karma de las Divisiones Juveniles, de Anzoátegui, de toda la SGIV. De haber sido peor, el accidente dejaría una huella negativa demasiado profunda en el movimiento por el Kosen-rufu en general. De haber habido otras personas afectadas por el accidente, no miembros, las secuelas pudiesen haber sido peores. Sin lugar a dudas, ese evento había que vivirlo, había que enfrentarlo, y se vivió, se enfrentó, enmarcado en el apoyo de los jóvenes de la SGIV a una región, enmarcado en el compromiso de 7 jóvenes que atendimos una cita más donde la imagen de la SGIV quedó bien en alto.
Por todo lo anterior, queda la contundente convicción del logro de la "disminución de la retribución del karma", porque el efecto se experimentó con una evidente carga disminuida. Todos los involucrados mantenemos esta experiencia como una muestra de lo que limpiamos en la vida cuando nuestras acciones se enmarcan en la lucha por el Kosen-rufu de Venezuela.
Esta experiencia sólo profundizó mi compromiso con las actividades de la SGIV, dejando más aprendizaje y agradecimiento a todo el movimiento por el Kosen-rufu, a mi práctica continua, a no dudar que la buena fortuna siempre se manifiesta cuando se requiere, que sigo acumulando buena fortuna con las acciones por difundir el pensamiento del mentor y los valores humanistas universales que promueve la Soka Gakkai. Después, no dejé de seguir actuando con la misma intensidad en las actividades que la SGIV me permitiera desarrollar. Lo sigo haciendo. Y no creo que deje de hacerlo…
El apoyo a las regiones del interior que lo solicitaban para la realización de los talleres JCP seguía siendo parte integral de nuestra labor al frente de las Divisiones Juveniles, siempre analizábamos cada caso con todo el detalle pertinente. Cuando era posible viajábamos jóvenes desde Caracas, cuando eso no era posible se buscaba jóvenes que pudieran viajar de ciudades cercanas a la que solicitaba el taller, siempre con el objetivo de atender la invitación de la institución que solicitara, estuviera donde estuviera.
Por ejemplo, en algunas oportunidades jóvenes de Lara apoyaron talleres realizados en los estados cercanos; jóvenes de Cumaná atendieron invitaciones de instituciones en Carúpano; de Carabobo se apoyó Aragua; sin la necesidad de que jóvenes de Caracas viajaran. Así, poco a poco se podía cubrir esas invitaciones casi en su totalidad. En julio de 2008 se tenía que atender la invitación de la Unidad Educativa Felipe Fermín Paúl Terreros, con sede en Barcelona, Anzoátegui.
En este caso, todavía no se contaba con un núcleo de jóvenes suficientes en Anzoátegui que atendiera dicha invitación para dar el taller a varios salones durante la mañana, así que nos trasladamos 6 jóvenes de Caracas junto al actual responsable de la DJM de Lara que en ese momento estaba en Caracas. Entre los de Caracas, íbamos mi esposa, mi cuñada para ese momento, la actual responsable de la DJF, otras dos DJF y yo. Nos uniríamos a 5 jóvenes de Anzoátegui. Viajamos en dos carros desde muy temprano para llegar antes de mitad de la mañana y dar el taller a 4 de las 5 secciones de bachillerato, y regresar después de mediodía a Caracas.
El viaje de ida se hizo sin mayores inconvenientes. Llegamos a la hora prevista, estacionamos en la acera de entrada del liceo y coordinamos rápidamente las parejas para cada salón. Las jornadas de talleres se hicieron con mucho dinamismo y los jóvenes de Caracas y Anzoátegui lograron buen clima en cada salón. Los directivos del liceo quedaron muy contentos con lo recibido por parte de la SGIV y los líderes de Anzoátegui muy agradecidos por el apoyo que brindamos los 6 jóvenes de Caracas y el DJM de Lara. Así, poco después de mediodía ya estábamos listos para retornar. Los 7 decidimos almorzar en el camino.
Al salir del liceo encontramos el primero de una "serie de eventos desafortunados". Al revisar los carros, la camioneta "pick-up" de mi cuñada había sido abierta y robaron el equipo de sonido, prácticamente arrancando la base que lo fija al panel frontal. Mi cuñada se dio cuenta de un detalle que luego tendría rol protagónico, pero en ese momento no le dio mucha importancia: esa camioneta tenía tracción 4 x 4 y se activaba a través de un botón. Ese botón, al arrancar la base del equipo de sonido, también había sido arrancado, por lo que ya no había cómo activar o desactivar la tracción 4 x 4.
Luego de sobrepasar el malestar del robo, comenzamos el retorno y agarramos carretera. Por ser un día de semana y ya poco después de mediodía, salir de Barcelona nos demoró un poco por el tráfico normal de la hora, pero al agarrar carretera fue todo más ligero. Hasta que llegamos a la autopista de Boca de Uchire, y ocurrió el accidente.
Al comenzar las curvas de esa zona pudimos acelerar un poco el paso que no habíamos hecho antes por la cantidad de carros. Yo iba adelante e iba alrededor de 100 km por hora. Reconstruyendo los hechos, el joven DJM de Lara, que iba manejando la camioneta de mi cuñada, contó que de repente sentía que la camioneta le daba unos "jalones" extraños, de repente sentía que se aceleraba o se frenaba de manera extraña. Al ir saliendo de una de las curvas comienzo a ver que la camioneta no estaba acelerando como yo, sino mantenía la marcha por debajo de los 100 km por hora, yo me iba alejando… Lo que estaba ocurriendo era que el 4 x 4 de esa camioneta se estaba activando sin control, por haber sido alterado el sistema del tablero. Y antes de perder la visibilidad, veo por el retrovisor que la camioneta se va coleando, cruza al canal de retorno, la fuerza del coleo hace que choque contra la defensa del canal de retorno y de una vuelta completa, quedando las ruedas de la izquierda en la cuneta y las ruedas de la derecha sobre la montaña.
Mi impresión no podría describirla en pocas palabras, fueron quizás 5 o 6 segundos de ver toda la "película" por el retrovisor, al observar la vuelta que dio el carro el miedo por la vida de los tres pasajeros es indescriptible, al terminar la mitad del carro montado en la montaña di la vuelta de inmediato. Llegamos donde estaban, nos bajamos todos y fuimos a auxiliar a los tres chicos. Los de adelante no habían sufrido más que el shock del accidente. Como copiloto estaba una de las chicas y el cinturón la protegió. El piloto, el DJM de Lara, tuvo un golpe en la cabeza muy leve, porque el techo, sobre todo de su lado, se hundió considerablemente al dar la vuelta completa. Como la camioneta quedó un poco inclinada por estar sobre la montaña, ellos debían "subir" para poder salir del carro. En los asientos de atrás iba mi cuñada en esa época, que al no tener cinturón puesto llevó más golpes. Como el vidrio de atrás se rompió en muchos pedazos, su brazo sufrió varios rasguños. En general, nada de consideración.
Estando ahí parados, algunos carros se detuvieron, algunos se bajaron, la postura y actitud no era la de ofrecer ayuda precisamente. Intentamos hacer las llamadas pertinentes para informar y varios de nuestros celulares no agarraban línea. Al final alguno logró comunicarse con Caracas e informar. En esos minutos mi hermano llamó sin saber nada, llamaba sólo para dar el contacto del seguro e informar sobre el robo previo. Cuando se enteró pudo informar al resto de nuestros familiares y por supuesto a nuestra directora general.
A los pocos minutos pasó una ambulancia de bomberos, no venía por nosotros, sencillamente iba "de paso". Mientras atendían a mi cuñada en mi cabeza pasaban miles de pensamientos sobre lo que hubiese podido pasar, sobre lo que serían ahora los viajes de apoyo al interior, la protección de los miembros, de nosotros, la preocupación de nuestras familias y la de nuestra directora general sobre este suceso, la preocupación de los líderes y jóvenes de Anzoátegui. Fueron miles de pensamientos que mi cabeza procesada mientras los bomberos, viendo cómo quedó la camioneta, comentaban "¡salieron gratis!".
Pasó poco tiempo cuando apareció una grúa, no era de plataforma sino de las tradicionales, así que el recorrido hasta el puesto de control en Clarines fue un poco lento y estresante, porque desde atrás parecía que la camioneta se desarmaría por completo. Pasamos unas horas en Clarines mientras se reportaba todo lo pertinente a las autoridades. Decidimos almorzar ahí mismo mientras esperábamos la resolución de todo además de la grúa de plataforma que nos trajera a Caracas.
No dejaba de preocuparme por lo que vendría, específicamente con respecto a los viajes de apoyo al interior para los talleres JCP, no dudaba en que habría un cambio de lineamiento desde la Dirección General, que por supuesto pensaba necesario, no se podía mantener dicho apoyo con el mismo ritmo y riesgo en los viajes por tierra y menos en carros particulares. Iniciamos el retorno al final de la tarde, en una hora que en mi caso es detestable, porque personalmente detesto la carretera de oriente de noche. En la grúa viajaron el DJM de Lara y una de las chicas. En mi carro vinimos los otros 6, incómodos por supuesto, pero sin otra posibilidad.
Con la grúa marcando el camino, trataba de no alejarme mucho para aprovechar su conocimiento de la vía sobre todo a esa hora. Ya de noche, la mejor guía para manejar esa carretera son estos conductores que se conocen la vía de memoria. Llegamos a Caracas bien de noche, agotados y con el shock del evento desafortunado.
Ya mientras almorzábamos, un poco más tranquilos, comenzamos el análisis del suceso desde la perspectiva de la protección recibida por todos los involucrados, por la SGIV en general. No los escribí antes para poder poner énfasis en este análisis que creo termina dando valor a todo lo vivido en ese capítulo de apoyo a la campaña "Jóvenes Constructores de la Paz".
El accidente pasó mientras no hubo tránsito de vehículos en ninguna de las vías, por lo que no se causó daños a terceros. Mientras yo me devolvía tampoco pasaban carros que hicieran que yo demorara en llegar hasta donde estaban los chicos. Aun siendo una zona solitaria, ninguno de los carros que se detuvo lo hizo con malas intenciones. Los bomberos pasaron a los pocos minutos del suceso, de paso por el lugar, atendieron a los chicos y siguieron su ruta. Todos los que vieron la camioneta (personas que pasaban, los bomberos, los guardias, los fiscales), pensaron que los daños a los chicos pudieron haber sido mucho peores. El seguro del carro declaró "pérdida total", así quedó el carro.
Era un evento que estaba en el karma de todos los involucrados, en el karma de las Divisiones Juveniles, de Anzoátegui, de toda la SGIV. De haber sido peor, el accidente dejaría una huella negativa demasiado profunda en el movimiento por el Kosen-rufu en general. De haber habido otras personas afectadas por el accidente, no miembros, las secuelas pudiesen haber sido peores. Sin lugar a dudas, ese evento había que vivirlo, había que enfrentarlo, y se vivió, se enfrentó, enmarcado en el apoyo de los jóvenes de la SGIV a una región, enmarcado en el compromiso de 7 jóvenes que atendimos una cita más donde la imagen de la SGIV quedó bien en alto.
Por todo lo anterior, queda la contundente convicción del logro de la "disminución de la retribución del karma", porque el efecto se experimentó con una evidente carga disminuida. Todos los involucrados mantenemos esta experiencia como una muestra de lo que limpiamos en la vida cuando nuestras acciones se enmarcan en la lucha por el Kosen-rufu de Venezuela.
Esta experiencia sólo profundizó mi compromiso con las actividades de la SGIV, dejando más aprendizaje y agradecimiento a todo el movimiento por el Kosen-rufu, a mi práctica continua, a no dudar que la buena fortuna siempre se manifiesta cuando se requiere, que sigo acumulando buena fortuna con las acciones por difundir el pensamiento del mentor y los valores humanistas universales que promueve la Soka Gakkai. Después, no dejé de seguir actuando con la misma intensidad en las actividades que la SGIV me permitiera desarrollar. Lo sigo haciendo. Y no creo que deje de hacerlo…
viernes, 12 de junio de 2015
JCP - Anécdotas - 6
Naguanagua
Los talleres JCP se iban realizando en cada vez más lugares y más estados de Venezuela. En algunos casos lográbamos que se formaran jóvenes en cada estado que fueron asumiendo la realización de los talleres que eran solicitados en sus regiones, pero en otros casos desde Caracas debíamos seguir apoyando y viajábamos una cantidad de jóvenes según lo que se requiriese.
Para el primer trimestre de 2008, en Carabobo se concretó un proyecto para atender una serie de liceos del Municipio Naguanagua siendo el solicitante de los talleres una de las dependencias de la LOPNA, la Ley que protege a niños, niñas y adolescentes. Fueron tres meces durante los cuales viajamos repetidas veces varios jóvenes desde Caracas para trabajar en conjunto a algunos de Carabobo y así lograr atender todos los liceos que integraban el proyecto. No recuerdo con exactitud cuántos viajes o cuántos liceos fueron, pero sí que fueron varios viajes que realizamos, siempre con carros particulares para irnos muy temprano y regresar en horas después de mediodía. A veces almorzando en Valencia, otras veces en carretera. Eso sí, siempre fue en días de semana porque eran talleres a realizarse durante el horario de clase de los chamos.
El apoyo de las responsables de Carabobo, profesoras universitarias muchas de ellas, fue súper valioso, nos recibían siempre muy temprano y nos apoyaban en toda la logística haciendo todo lo que podían, dándonos las direcciones, llevándonos hasta los lugares, acompañándonos para poder almorzar, etc. Esas damas, y por supuesto los jóvenes de Carabobo, siempre los mantengo como grandes luchadores y compañeros eternos.
Esta serie de talleres en Naguanagua quizás representan la fuente de mayor aprendizaje en todas las experiencias que pude haber tenido como "tallerista" del JCP, porque han sido los talleres que nos exigieron la mayor de las convicciones en el logro de la transmisión del mensaje, fueron los escenarios donde muchos de nosotros se exigió al máximo para aplicar lo que el taller propone, con el ejemplo, con nuestras palabras y acciones, luchando para no permitir ser influenciados por quizás el clima más hostil que pudimos haber tenido en los 4 años que ya tenía el taller JCP realizándose en Venezuela.
Lo anterior lo digo con mucha firmeza y reconocimiento a la labor de todos los talleristas que participamos en esas jornadas, por supuesto reconociendo también la labor en la difusión del taller realizada por las damas y jóvenes de Carabobo. E igualmente confirmo, por esa serie de talleres la forja de quienes fuimos fue mucho más intensa y contundente para profundizar el compromiso de ser maestros del diálogo.
Lo que cuento no conserva un orden cronológico, sólo escribo lo que voy recordando.
En algunos casos los liceos donde fuimos no nos esperaban, llegábamos a presentarnos a la directora y no tenían idea de quiénes éramos ni por qué estábamos ahí. Obviamente nosotros esperábamos que sí supieran de la actividad. Al parecer ellos debían ser informados por la dependencia que estaba trabajando con la LOPNA y al no recibir su notificación, nosotros éramos poco menos que invasores. Esto ocasionó que en esos primeros casos (porque no fue sólo la primera jornada) tanto estudiantes como profesores no estuvieran cómodos con nuestra presencia. En algunos casos los profesores tenían materia pendiente que dar y debieron cancelar su clase para que nosotros hiciéramos el taller. Por supuesto, muy incómodo para nosotros. Si hubiesen sido talleres coordinados directamente entre la SGIV y el liceo, quizás nosotros cancelábamos la realización y se posponía para otra fecha, aún significando esto "perder" el viaje desde Caracas, pero al ser coordinados por la LOPNA, la dirección del liceo, siendo informados en ese preciso instante, debía responder a esa indicación y realizar el taller. Algo obviamente incómodo para ambas partes.
En uno de los primeros liceos visitados, nos contaban que eran muy comunes las peleas al final de clase, incluso de niñas, y justamente una semana antes de llegar nosotros, a consecuencia de una pelea entre niñas una de ellas tuvo que ser hospitalizada por fractura de cráneo.
Los jóvenes de la SGIV igualmente hicimos lo que sabíamos hacer, poner nuestra mejor actitud ante los talleres que fueron realizados en varios salones por vez, mientras más podíamos viajar, más salones se atendían por jornada. A veces a cada uno nos tocada conducir dos y tres talleres durante toda la mañana para lograr que todos los salones recibieran el taller JCP. Esto por supuesto implicaba mantener mucha fuerza y energía vital, mantener suficiente voz en el último taller para poder ser escuchado, en fin. Una gran batalla contra el cansancio, la falta de energía vital, y más aún contra el desespero o desesperanza que nos rondaba por la actitud de los chamos en ciertos salones.
En mi caso, en uno de los salones de quinto, al realizar la dinámica de "tolerancia activa" donde todos participan componiendo una ilustración en el pizarrón, uno de los chicos de esos que necesitan llamar la atención, al tocarle el turno tomó el borrador y diciendo que lo hecho por sus compañeros estaba mal, borró todo lo que habían hecho previamente. Obviamente recibió la queja del resto de sus compañeros pero él no se inmutó. Algunos me veían y esperaban que yo hiciera algo, pero les pedí dejar que él terminara su acción. Al terminar, obviamente orgulloso de "enseñarle" al resto la forma correcta de hacer la ilustración, se retiró a la parte trasera del salón. Sabía que había actuado mal, pero su postura fue la de retar lo que se estaba transmitiendo con el taller.
Fueron esos momentos donde uno experimenta miles de sensaciones en un solo instante, donde la oscuridad fundamental intenta prevalecer ante la Budeidad, donde el debate interno es si salir corriendo antes de insultarlo o mostrar con el ejemplo, a él y al resto, cómo actúa alguien no sólo convencido de lo que promueve el taller, sino más aún un practicante del Budismo Nichiren, un discípulo de Daisaku Ikeda, aunque para ellos eso fuese absolutamente extraño.
En esos milisegundos para decidir qué hacer, terminé resolviendo justamente dejar que actuara, que terminara de mostrar su postura y solicitar a los demás que lo dejaran actuar. Al terminar su acción, pedí a todos que tomáramos lo que hizo como ejemplo de lo que "no debe hacerse", que cada uno tiene un rol que cumplir y que en ese momento su rol era mostrarnos lo contrario a lo que el valor de "tolerancia activa" expone, así que él también estaba contribuyendo incluso con su acción que en un principio podía considerarse adversa. La respuesta del chico fue de desconcierto, no emitió palabra, sólo adoptó una postura que intentaba demostrar desenfado o desinterés, pero todos pudieron percatarse que había quedado "desarmado". Incluso fui a darle un apretón de mano para conocer su nombre y decirle el mío como muestra de que era honesta mi solicitud de valorar su aporte.
En otra de estas jornadas, en otro liceo, dimos los talleres mientras una representante de la LOPNA participaba inspeccionando lo que estábamos realizando, porque debía realizar un informe obviamente. Algunos de los chicos talleristas estuvieron incómodos al principio, pero luego lo asumieron como parte del reto de confirmar la convicción en el mensaje que transmitíamos con el taller.
En uno de los salones, mientras una DJF conducía el taller, desde fuera del salón lanzaron un pupitre hacia adentro. No llegó a golpear a nadie, no supimos descifrar por qué lo lanzaron, es decir si fue contra alguien del salón o en rechazo al taller, pero la chica se sobrepuso y continuó con el diálogo inspirando reflexión. Dar el taller en salones sin pizarrón, con techo de zinc y con mucho calor; en uno de los salones mientras el tallerista escribía en el pizarrón le lanzaron taquitos de tiza… En fin, fueron jornadas sumamente intensas por el escenario que nos encontramos. Sin embargo, durante los tres meses no decayó el ánimo de ninguno de nosotros, siempre atendimos a la cita varios de nosotros con el deseo de contactar el corazón de al menos un joven y dejar el nombre de la SGIV bien alto por ser un proyecto en conjunto a la LOPNA.
El último de estos talleres en Naguanagua, al cual yo no fui, tuvo un cierre extraordinario. En el liceo donde se hizo el taller, luego de ir terminando de atender todos los salones, varios de los muchachos talleristas en un acto de total espontaneidad, cuadraron un juego de futbolito con algunos de los chicos que ya estaban jugando, así que ese juego de talleristas vs. estudiantes fue una especie de "cierre simbólico" lleno de cordialidad, espíritu de compañerismo y trabajo en equipo. Esos estudiantes apreciaron ese aspecto distendido de los talleristas que por supuesto no era distinto a lo que habían percibido durante los talleres, así que sin duda eso también hizo que el juego saliera de manera natural y espontánea. El resultado del juego: no estaba yo, así que por supuesto perdieron… no hay una sola letra de modestia en esta última frase.
Fueron tres meses (de enero a marzo) de intensa labor por difundir los valores universales impulsados por la Budismo Nichiren y la Soka Gakkai; decenas de talleres realizados por jóvenes de Caracas y Carabobo llenos de compromiso con Ikeda Sensei y la Gakkai. Aún cuando al regresar sentíamos el cansancio físico natural de levantarse bien temprano, realizar entre dos y tres talleres cada uno, a veces en pareja pero a veces uno solo en salones de 30 o 40 estudiantes, era innegable la sensación de haber cumplido con nuestra misión como discípulos y sucesores del mentor. Esa era nuestra auténtica motivación y fuente de energía vital, siempre pensar que estábamos correspondiendo al sueño del mentor.
Creo que no hay un relato mejor para terminar este capítulo que lo transmitido por la responsable de la Zona Carabobo en ese entonces. Como los talleres eran auspiciados por la LOPNA, ellos nos prestaban un proyector para apreciar el video "Gandhi, King, Ikeda" sobre todo con los profesores. Al terminar las jornadas la responsable en Carabobo fue a devolver el proyector. En el lugar de la devolución se consiguió con una dama que le preguntó "¿ustedes son los que dieron el taller "Constructores de la paz?". Resultó que uno de los chamos que recibió el taller en alguno de los liceos, era familia de ella y ese chamo le mostró el marca-libros que le obsequiamos y le habló muy bien de lo que había escuchado y recibido, así que para esta dama ese chamo había quedado suficientemente impactado con el taller. La responsable de Carabobo recibió el relato con mucha alegría y así mismo nos lo transmitió. Creo que está demás decir que también lo recibimos con inmensa alegría, porque aunque fuese ese sólo este chamo, la misión del taller hacía sido cumplida!
Para mí, para cada uno de los que participamos en esas jornadas y en cualquiera de las jornadas del taller, el conocer este tipo de relatos siempre fue lo que mantuvo la llama del compromiso con la Gakkai y con Ikeda Sensei. El hecho de recordar estas cosas representa lo invaluable que son para la vida de aquel que actúa basado en la identidad del Sucesor, para nosotros, el Sucesor de Venezuela.
Los talleres JCP se iban realizando en cada vez más lugares y más estados de Venezuela. En algunos casos lográbamos que se formaran jóvenes en cada estado que fueron asumiendo la realización de los talleres que eran solicitados en sus regiones, pero en otros casos desde Caracas debíamos seguir apoyando y viajábamos una cantidad de jóvenes según lo que se requiriese.
Para el primer trimestre de 2008, en Carabobo se concretó un proyecto para atender una serie de liceos del Municipio Naguanagua siendo el solicitante de los talleres una de las dependencias de la LOPNA, la Ley que protege a niños, niñas y adolescentes. Fueron tres meces durante los cuales viajamos repetidas veces varios jóvenes desde Caracas para trabajar en conjunto a algunos de Carabobo y así lograr atender todos los liceos que integraban el proyecto. No recuerdo con exactitud cuántos viajes o cuántos liceos fueron, pero sí que fueron varios viajes que realizamos, siempre con carros particulares para irnos muy temprano y regresar en horas después de mediodía. A veces almorzando en Valencia, otras veces en carretera. Eso sí, siempre fue en días de semana porque eran talleres a realizarse durante el horario de clase de los chamos.
El apoyo de las responsables de Carabobo, profesoras universitarias muchas de ellas, fue súper valioso, nos recibían siempre muy temprano y nos apoyaban en toda la logística haciendo todo lo que podían, dándonos las direcciones, llevándonos hasta los lugares, acompañándonos para poder almorzar, etc. Esas damas, y por supuesto los jóvenes de Carabobo, siempre los mantengo como grandes luchadores y compañeros eternos.
Esta serie de talleres en Naguanagua quizás representan la fuente de mayor aprendizaje en todas las experiencias que pude haber tenido como "tallerista" del JCP, porque han sido los talleres que nos exigieron la mayor de las convicciones en el logro de la transmisión del mensaje, fueron los escenarios donde muchos de nosotros se exigió al máximo para aplicar lo que el taller propone, con el ejemplo, con nuestras palabras y acciones, luchando para no permitir ser influenciados por quizás el clima más hostil que pudimos haber tenido en los 4 años que ya tenía el taller JCP realizándose en Venezuela.
Lo anterior lo digo con mucha firmeza y reconocimiento a la labor de todos los talleristas que participamos en esas jornadas, por supuesto reconociendo también la labor en la difusión del taller realizada por las damas y jóvenes de Carabobo. E igualmente confirmo, por esa serie de talleres la forja de quienes fuimos fue mucho más intensa y contundente para profundizar el compromiso de ser maestros del diálogo.
Lo que cuento no conserva un orden cronológico, sólo escribo lo que voy recordando.
En algunos casos los liceos donde fuimos no nos esperaban, llegábamos a presentarnos a la directora y no tenían idea de quiénes éramos ni por qué estábamos ahí. Obviamente nosotros esperábamos que sí supieran de la actividad. Al parecer ellos debían ser informados por la dependencia que estaba trabajando con la LOPNA y al no recibir su notificación, nosotros éramos poco menos que invasores. Esto ocasionó que en esos primeros casos (porque no fue sólo la primera jornada) tanto estudiantes como profesores no estuvieran cómodos con nuestra presencia. En algunos casos los profesores tenían materia pendiente que dar y debieron cancelar su clase para que nosotros hiciéramos el taller. Por supuesto, muy incómodo para nosotros. Si hubiesen sido talleres coordinados directamente entre la SGIV y el liceo, quizás nosotros cancelábamos la realización y se posponía para otra fecha, aún significando esto "perder" el viaje desde Caracas, pero al ser coordinados por la LOPNA, la dirección del liceo, siendo informados en ese preciso instante, debía responder a esa indicación y realizar el taller. Algo obviamente incómodo para ambas partes.
En uno de los primeros liceos visitados, nos contaban que eran muy comunes las peleas al final de clase, incluso de niñas, y justamente una semana antes de llegar nosotros, a consecuencia de una pelea entre niñas una de ellas tuvo que ser hospitalizada por fractura de cráneo.
Los jóvenes de la SGIV igualmente hicimos lo que sabíamos hacer, poner nuestra mejor actitud ante los talleres que fueron realizados en varios salones por vez, mientras más podíamos viajar, más salones se atendían por jornada. A veces a cada uno nos tocada conducir dos y tres talleres durante toda la mañana para lograr que todos los salones recibieran el taller JCP. Esto por supuesto implicaba mantener mucha fuerza y energía vital, mantener suficiente voz en el último taller para poder ser escuchado, en fin. Una gran batalla contra el cansancio, la falta de energía vital, y más aún contra el desespero o desesperanza que nos rondaba por la actitud de los chamos en ciertos salones.
En mi caso, en uno de los salones de quinto, al realizar la dinámica de "tolerancia activa" donde todos participan componiendo una ilustración en el pizarrón, uno de los chicos de esos que necesitan llamar la atención, al tocarle el turno tomó el borrador y diciendo que lo hecho por sus compañeros estaba mal, borró todo lo que habían hecho previamente. Obviamente recibió la queja del resto de sus compañeros pero él no se inmutó. Algunos me veían y esperaban que yo hiciera algo, pero les pedí dejar que él terminara su acción. Al terminar, obviamente orgulloso de "enseñarle" al resto la forma correcta de hacer la ilustración, se retiró a la parte trasera del salón. Sabía que había actuado mal, pero su postura fue la de retar lo que se estaba transmitiendo con el taller.
Fueron esos momentos donde uno experimenta miles de sensaciones en un solo instante, donde la oscuridad fundamental intenta prevalecer ante la Budeidad, donde el debate interno es si salir corriendo antes de insultarlo o mostrar con el ejemplo, a él y al resto, cómo actúa alguien no sólo convencido de lo que promueve el taller, sino más aún un practicante del Budismo Nichiren, un discípulo de Daisaku Ikeda, aunque para ellos eso fuese absolutamente extraño.
En esos milisegundos para decidir qué hacer, terminé resolviendo justamente dejar que actuara, que terminara de mostrar su postura y solicitar a los demás que lo dejaran actuar. Al terminar su acción, pedí a todos que tomáramos lo que hizo como ejemplo de lo que "no debe hacerse", que cada uno tiene un rol que cumplir y que en ese momento su rol era mostrarnos lo contrario a lo que el valor de "tolerancia activa" expone, así que él también estaba contribuyendo incluso con su acción que en un principio podía considerarse adversa. La respuesta del chico fue de desconcierto, no emitió palabra, sólo adoptó una postura que intentaba demostrar desenfado o desinterés, pero todos pudieron percatarse que había quedado "desarmado". Incluso fui a darle un apretón de mano para conocer su nombre y decirle el mío como muestra de que era honesta mi solicitud de valorar su aporte.
En otra de estas jornadas, en otro liceo, dimos los talleres mientras una representante de la LOPNA participaba inspeccionando lo que estábamos realizando, porque debía realizar un informe obviamente. Algunos de los chicos talleristas estuvieron incómodos al principio, pero luego lo asumieron como parte del reto de confirmar la convicción en el mensaje que transmitíamos con el taller.
En uno de los salones, mientras una DJF conducía el taller, desde fuera del salón lanzaron un pupitre hacia adentro. No llegó a golpear a nadie, no supimos descifrar por qué lo lanzaron, es decir si fue contra alguien del salón o en rechazo al taller, pero la chica se sobrepuso y continuó con el diálogo inspirando reflexión. Dar el taller en salones sin pizarrón, con techo de zinc y con mucho calor; en uno de los salones mientras el tallerista escribía en el pizarrón le lanzaron taquitos de tiza… En fin, fueron jornadas sumamente intensas por el escenario que nos encontramos. Sin embargo, durante los tres meses no decayó el ánimo de ninguno de nosotros, siempre atendimos a la cita varios de nosotros con el deseo de contactar el corazón de al menos un joven y dejar el nombre de la SGIV bien alto por ser un proyecto en conjunto a la LOPNA.
El último de estos talleres en Naguanagua, al cual yo no fui, tuvo un cierre extraordinario. En el liceo donde se hizo el taller, luego de ir terminando de atender todos los salones, varios de los muchachos talleristas en un acto de total espontaneidad, cuadraron un juego de futbolito con algunos de los chicos que ya estaban jugando, así que ese juego de talleristas vs. estudiantes fue una especie de "cierre simbólico" lleno de cordialidad, espíritu de compañerismo y trabajo en equipo. Esos estudiantes apreciaron ese aspecto distendido de los talleristas que por supuesto no era distinto a lo que habían percibido durante los talleres, así que sin duda eso también hizo que el juego saliera de manera natural y espontánea. El resultado del juego: no estaba yo, así que por supuesto perdieron… no hay una sola letra de modestia en esta última frase.
Fueron tres meses (de enero a marzo) de intensa labor por difundir los valores universales impulsados por la Budismo Nichiren y la Soka Gakkai; decenas de talleres realizados por jóvenes de Caracas y Carabobo llenos de compromiso con Ikeda Sensei y la Gakkai. Aún cuando al regresar sentíamos el cansancio físico natural de levantarse bien temprano, realizar entre dos y tres talleres cada uno, a veces en pareja pero a veces uno solo en salones de 30 o 40 estudiantes, era innegable la sensación de haber cumplido con nuestra misión como discípulos y sucesores del mentor. Esa era nuestra auténtica motivación y fuente de energía vital, siempre pensar que estábamos correspondiendo al sueño del mentor.
Creo que no hay un relato mejor para terminar este capítulo que lo transmitido por la responsable de la Zona Carabobo en ese entonces. Como los talleres eran auspiciados por la LOPNA, ellos nos prestaban un proyector para apreciar el video "Gandhi, King, Ikeda" sobre todo con los profesores. Al terminar las jornadas la responsable en Carabobo fue a devolver el proyector. En el lugar de la devolución se consiguió con una dama que le preguntó "¿ustedes son los que dieron el taller "Constructores de la paz?". Resultó que uno de los chamos que recibió el taller en alguno de los liceos, era familia de ella y ese chamo le mostró el marca-libros que le obsequiamos y le habló muy bien de lo que había escuchado y recibido, así que para esta dama ese chamo había quedado suficientemente impactado con el taller. La responsable de Carabobo recibió el relato con mucha alegría y así mismo nos lo transmitió. Creo que está demás decir que también lo recibimos con inmensa alegría, porque aunque fuese ese sólo este chamo, la misión del taller hacía sido cumplida!
Para mí, para cada uno de los que participamos en esas jornadas y en cualquiera de las jornadas del taller, el conocer este tipo de relatos siempre fue lo que mantuvo la llama del compromiso con la Gakkai y con Ikeda Sensei. El hecho de recordar estas cosas representa lo invaluable que son para la vida de aquel que actúa basado en la identidad del Sucesor, para nosotros, el Sucesor de Venezuela.
viernes, 5 de junio de 2015
JCP - Anécdotas - 5
Colegio Arco Iris, Nueva Esparta.
Desde el comienzo de la campaña "Jóvenes Constructores de la Paz" a finales de 2004 habíamos viajado a otros estados a realizar talleres. En 2005 y 2006 también lo hicimos mientras se iban preparando jóvenes en cada estado que pudiesen conducir los talleres en la sociedad, ya que una cosa era conducir los talleres para los jóvenes amigos de la SGIV y otra cosa es conducirlos en las instituciones que solicitan el taller para sus integrantes, que no tienen ningún conocimiento de la SGIV.
En el mes aniversario de la SGIV, abril de 2007, se realizaron 4 jornadas del taller JCP en tres estados distintos (Nueva Esparta, Lara y Anzoátegui), así que los jóvenes tuvimos que multiplicarnos y por supuesto establecer grupos que atendieran cada jornada en cada estado.
Me tocó viajar a Margarita junto a una gran compañera. La responsable de la Zona Nueva Esparta, gran amiga, excelente artista y docente de artes plásticas, trabajaba en el Colegio Arco Iris, un colegio privado de alto costo de matrícula, así que los chamos que estudiaban ahí pertenecían a familias de muchos recursos económicos en la isla.
El taller con estos chamos fue particular porque en general su actitud era muy despreocupada en clases. Obviamente, la profesora, miembro de la SGIV, tenía una relación distinta con ellos y eso contribuyó a que nos recibieran con un mínimo de interés en la actividad. Sin embargo, no dejaban de ser adolescentes "normales" y algunos fueron muy apáticos al principio.
No olvidaré jamás a uno de ellos que mientras iniciamos la presentación del taller y el diálogo previo al video, tenía toda la gestualidad del chamo totalmente desinteresado en lo que lo rodea, y durante el video hasta juntó sus brazos y se recostó a dormir en el pupitre. Obviamente uno desarrolla por un lado mucha paciencia para no influenciarse por tal muestra de desinterés, pero al hacer daimoku también se desarrolla la convicción de inspirar al menos a uno de los participantes, que al menos uno salga con el mensaje que se desea transmitir.
Después del video iniciamos el diálogo respectivo analizando lo que une a los personajes. De una manera que sólo los adolescentes saben hacer y comprender, de repente ante una pregunta, el joven que había estado recostado en el pupitre comienza a intervenir, de manera muy elocuente y acertada. Es decir, no estaba dormido, sólo reposaba y aunque fuese de manera leve, sus sentidos sí estaban puestos en lo que se iba conversando por el resto.
Al menos para mí, resultó muy gratificante este suceso, porque me brindó más certeza en que cuando se actúa desde el corazón, se habla con el corazón, no importa la gestualidad de los interlocutores, las acciones y las palabras siempre llegarán a su corazón y algo, aunque sea lo más mínimo, quedará grabado en su corazón.
Universidad Centro Occidental Lisandro Alvarado
En mayo de 2007 hubo una solicitud que requirió de una logística especial para atenerla. La Universidad Lisandro Alvarado en Barquisimeto solicitó el taller para todos los jóvenes que ingresaban a ese semestre y a diferencia de lo que se venía haciendo en Carabobo, donde todos los estudiantes realizaban las dinámicas en conjunto dentro del auditorio, en este caso se planificó tener sólo la introducción en conjunto y las dinámicas por separado en salones dispuestos para eso. Así que nos fuimos varios jóvenes de Caracas y nos juntamos a varios de la Zona Lara para atender dicha solicitud.
Todo estaba dispuesto para atender a todos los jóvenes y muchos padres y representantes en el auditorio, hacer toda la primera parte en conjunto y luego dividirse en grupos para las dinámicas. Si mal no recuerdo mi esposa hizo la presentación y luego me tocó conducir toda la primera parte previa al video, presentar el video y luego las reflexiones posteriores. En el auditorio habrían unas 500 personas, pero realmente fue muy divertido el manejar el intercambio y las intervenciones de estudiantes y representantes. Aun siendo mucha gente, sentí que hubo muy buen clima y las intervenciones fueron realmente sentidas, muy pertinentes y con conciencia de la importancia de profundizar en el mensaje.
Luego de esa primera parte, se realizó la división en grupos y todos los jóvenes "talleristas" de la SGIV lideraron la realización de las dinámicas en los grupos integrados por muchas menos personas. Este esquema se tomó como referencia para otras actividades. Antes habíamos hecho cosas similares en colegios, en el caso de Carabobo había sido siempre en "plenaria", en este caso la dinámica de dividir en dos grandes bloques el taller sirvió como precedente para otras oportunidades tanto en Caracas como en el interior.
Iglesia Católica "San Miguel Arcángel",
Parroquia El Cementerio.
En 2007 el ritmo de talleres volvió a disminuir un poco y en total de realizaron 9 jornadas, 3 menos que el año anterior. Sin embargo 2007 cerró con un taller súper especial en diciembre. Una de las chicas DJF, hoy viviendo en el exterior, presentó a uno de sus hermanos el taller y con mucho interés solicitó realizarlo en la institución que conducía: la Iglesia Católica de la Parroquia El Cementerio "San Miguel Arcángel".
Asumimos esa invitación de la manera más especial. Ya habíamos realizado talleres con una monja participando por ejemplo, pero realizar el taller en una iglesia sin duda era algo súper especial. Llegamos a la iglesia y debe haber sido la segunda o tercera vez que al menos yo entraba a una. La primera vez sería cuando me bautizaron, y luego no hay en mi memoria registro de entrar a una iglesia. Esta vez, entraba a una iglesia con una misión basada en difundir valores universales promovidos por la Soka Gakkai y el Budismo Nichiren. Loco, no?
En cualquier caso este cura, hermano de una miembro de la SGIV, era un tipo joven de muy amplia mentalidad, conservador y ortodoxo sólo en la medida apropiada para conducir una iglesia, pero nos hizo sentir sumamente cómodos y nos presentó ante los muchachos con mucha cordialidad y calidez. Los chicos y chicas participantes eran sus estudiantes de catecismo, así que también manejaban la doctrina cristiana con mucha propiedad.
El taller se realizó con mucha fluidez, con mucho diálogo, eran jóvenes muy pero muy participativos, creo que no hubo uno que no interviniera. Al finalizar el cura nuevamente nos brindó palabras muy cálidas y nos inspiró a seguir realizando la labor que llevábamos adelante con el taller JCP. Inolvidable!
Desde el comienzo de la campaña "Jóvenes Constructores de la Paz" a finales de 2004 habíamos viajado a otros estados a realizar talleres. En 2005 y 2006 también lo hicimos mientras se iban preparando jóvenes en cada estado que pudiesen conducir los talleres en la sociedad, ya que una cosa era conducir los talleres para los jóvenes amigos de la SGIV y otra cosa es conducirlos en las instituciones que solicitan el taller para sus integrantes, que no tienen ningún conocimiento de la SGIV.
En el mes aniversario de la SGIV, abril de 2007, se realizaron 4 jornadas del taller JCP en tres estados distintos (Nueva Esparta, Lara y Anzoátegui), así que los jóvenes tuvimos que multiplicarnos y por supuesto establecer grupos que atendieran cada jornada en cada estado.
Me tocó viajar a Margarita junto a una gran compañera. La responsable de la Zona Nueva Esparta, gran amiga, excelente artista y docente de artes plásticas, trabajaba en el Colegio Arco Iris, un colegio privado de alto costo de matrícula, así que los chamos que estudiaban ahí pertenecían a familias de muchos recursos económicos en la isla.
El taller con estos chamos fue particular porque en general su actitud era muy despreocupada en clases. Obviamente, la profesora, miembro de la SGIV, tenía una relación distinta con ellos y eso contribuyó a que nos recibieran con un mínimo de interés en la actividad. Sin embargo, no dejaban de ser adolescentes "normales" y algunos fueron muy apáticos al principio.
No olvidaré jamás a uno de ellos que mientras iniciamos la presentación del taller y el diálogo previo al video, tenía toda la gestualidad del chamo totalmente desinteresado en lo que lo rodea, y durante el video hasta juntó sus brazos y se recostó a dormir en el pupitre. Obviamente uno desarrolla por un lado mucha paciencia para no influenciarse por tal muestra de desinterés, pero al hacer daimoku también se desarrolla la convicción de inspirar al menos a uno de los participantes, que al menos uno salga con el mensaje que se desea transmitir.
Después del video iniciamos el diálogo respectivo analizando lo que une a los personajes. De una manera que sólo los adolescentes saben hacer y comprender, de repente ante una pregunta, el joven que había estado recostado en el pupitre comienza a intervenir, de manera muy elocuente y acertada. Es decir, no estaba dormido, sólo reposaba y aunque fuese de manera leve, sus sentidos sí estaban puestos en lo que se iba conversando por el resto.
Al menos para mí, resultó muy gratificante este suceso, porque me brindó más certeza en que cuando se actúa desde el corazón, se habla con el corazón, no importa la gestualidad de los interlocutores, las acciones y las palabras siempre llegarán a su corazón y algo, aunque sea lo más mínimo, quedará grabado en su corazón.
Universidad Centro Occidental Lisandro Alvarado
En mayo de 2007 hubo una solicitud que requirió de una logística especial para atenerla. La Universidad Lisandro Alvarado en Barquisimeto solicitó el taller para todos los jóvenes que ingresaban a ese semestre y a diferencia de lo que se venía haciendo en Carabobo, donde todos los estudiantes realizaban las dinámicas en conjunto dentro del auditorio, en este caso se planificó tener sólo la introducción en conjunto y las dinámicas por separado en salones dispuestos para eso. Así que nos fuimos varios jóvenes de Caracas y nos juntamos a varios de la Zona Lara para atender dicha solicitud.
Todo estaba dispuesto para atender a todos los jóvenes y muchos padres y representantes en el auditorio, hacer toda la primera parte en conjunto y luego dividirse en grupos para las dinámicas. Si mal no recuerdo mi esposa hizo la presentación y luego me tocó conducir toda la primera parte previa al video, presentar el video y luego las reflexiones posteriores. En el auditorio habrían unas 500 personas, pero realmente fue muy divertido el manejar el intercambio y las intervenciones de estudiantes y representantes. Aun siendo mucha gente, sentí que hubo muy buen clima y las intervenciones fueron realmente sentidas, muy pertinentes y con conciencia de la importancia de profundizar en el mensaje.
Luego de esa primera parte, se realizó la división en grupos y todos los jóvenes "talleristas" de la SGIV lideraron la realización de las dinámicas en los grupos integrados por muchas menos personas. Este esquema se tomó como referencia para otras actividades. Antes habíamos hecho cosas similares en colegios, en el caso de Carabobo había sido siempre en "plenaria", en este caso la dinámica de dividir en dos grandes bloques el taller sirvió como precedente para otras oportunidades tanto en Caracas como en el interior.
Iglesia Católica "San Miguel Arcángel",
Parroquia El Cementerio.
En 2007 el ritmo de talleres volvió a disminuir un poco y en total de realizaron 9 jornadas, 3 menos que el año anterior. Sin embargo 2007 cerró con un taller súper especial en diciembre. Una de las chicas DJF, hoy viviendo en el exterior, presentó a uno de sus hermanos el taller y con mucho interés solicitó realizarlo en la institución que conducía: la Iglesia Católica de la Parroquia El Cementerio "San Miguel Arcángel".
Asumimos esa invitación de la manera más especial. Ya habíamos realizado talleres con una monja participando por ejemplo, pero realizar el taller en una iglesia sin duda era algo súper especial. Llegamos a la iglesia y debe haber sido la segunda o tercera vez que al menos yo entraba a una. La primera vez sería cuando me bautizaron, y luego no hay en mi memoria registro de entrar a una iglesia. Esta vez, entraba a una iglesia con una misión basada en difundir valores universales promovidos por la Soka Gakkai y el Budismo Nichiren. Loco, no?
En cualquier caso este cura, hermano de una miembro de la SGIV, era un tipo joven de muy amplia mentalidad, conservador y ortodoxo sólo en la medida apropiada para conducir una iglesia, pero nos hizo sentir sumamente cómodos y nos presentó ante los muchachos con mucha cordialidad y calidez. Los chicos y chicas participantes eran sus estudiantes de catecismo, así que también manejaban la doctrina cristiana con mucha propiedad.
El taller se realizó con mucha fluidez, con mucho diálogo, eran jóvenes muy pero muy participativos, creo que no hubo uno que no interviniera. Al finalizar el cura nuevamente nos brindó palabras muy cálidas y nos inspiró a seguir realizando la labor que llevábamos adelante con el taller JCP. Inolvidable!
jueves, 4 de junio de 2015
JCP - Anécdotas - 4
Colegio Humbold
Luego del excelente arranque a finales de 2004 de los talleres JCP a las instituciones que lo iban solicitando, en 2005 el desarrollo del taller, si bien fue modesta la cantidad, se logró que más de 1.000 personas participaran.
Ese año hicimos por primera vez una jornada a un colegio completo (Colegio Humbold), todavía conociendo la mejor manera de cómo hacerlo fue el primer experimento tanto para nosotros como para ellos. Participaron varias secciones de secundaria, los chamos al principio full aburridos porque les proyectábamos el video en el auditorio a todos juntos, pero como primera materia en la mañana, o sea cuando todavía no se han despertado!!! Por ahí ya fuimos cogiendo datos y mejoramos en próximas ocasiones ese detalle.
En las dinámicas estaban más participativos porque eran en grupos más pequeños regados por todo su patio, así que fue mucho más fresco y fluido el taller desde ahí. No recuerdo cuántos éramos, pero sí fuimos varios para poder atender a todos los grupos de estudiantes que se hicieron.
Universidad de Carabobo
Finalizando los talleres en 2005, en octubre de ese año también se implementó un esquema del taller distinto a lo que veníamos haciendo, algo más tipo conferencia. Unas miembros de Carabobo, grandes amigas, profesoras en la Universidad de Carabobo, lograron que el taller fuese realizado para todos los estudiantes que iniciaban el semestre, así que con un solo taller se lograba la participación de 1.000 jóvenes que recibieron toda la temática, vieron el video, y realizaron las dinámicas en el auditorio principal de la universidad.
Esto se repitió por varios semestres después, gracias a lo que en la universidad percibió que se lograba con el taller. Nunca me tocó conducir estos talleres en la UC, los conducían uno de quienes fuera asistente nacional de la DJM para esa época y una de las chicas de Carabobo, ambos muy diestros en manejar grandes grupos; además estuvieron acompañados por otros jóvenes también.
Liceo Simón Bolívar
En 2005 se realizaron sólo cinco jornadas del taller en todo el año, incluyendo los colegios y universidades. Para 2006 el número aumentó y se logró un promedio de un taller por mes. En noviembre de ese año realizamos un taller que recuerdo como muy especial.
En ese entonces la actual responsable de la DJF trabajaba ejerciendo su profesión de educadora y daba clases en el Liceo Simón Bolívar que queda al final de la Av. Baralt. A través de ella la institución solicitó el taller y fuimos varios jóvenes a realizarlo. Los participantes fueron varios de los profesores. Entre todos, creo que había un solo caballero, la gran mayoría eran profesoras.
Conducimos el taller como ya estábamos acostumbrados, con algo más de experiencia nuestro diálogo se iba haciendo más fluido. El video, el diálogo, las dinámicas, todo iba fluyendo con mucha naturalidad y calidez. Por otro lado, este profesor se mantenía muy observador la mayor cantidad de tiempo, con mirada fija, no intervino mucho, pero sí estuvo siempre atento a lo que se iba desarrollando.
Para algunos de nosotros por supuesto representaba algo de incomodidad porque no sabíamos si lo estaba disfrutando o si más bien estaba con ganas de irse o no estar allí. Por supuesto, eso no era más que un estímulo para hacer nuestro mejor esfuerzo al trasmitir el mensaje del taller, causar la reflexión necesaria, llegar al corazón de cada participante porque hablábamos desde el corazón.
Finalizamos el taller. Los profesores habían organizado un pequeño refrigerio para compartir al final del mismo, así que comenzamos a compartir un poco más individualmente con los profesores. Y por supuesto, el profesor en cuestión era un "objetivo principal" para saber su opinión. Él sólo se fue acercando a nosotros. Su comentario es inolvidable.
Nos comentó que desde el principio estuvo muy expectante de lo que escucharía, nos vio muy jóvenes y al enterarse que no éramos educadores (era parte de nuestra presentación - decir que NO éramos educadores), confesó que no estaba muy atraído a la idea de participar en el taller. Sin embargo con el desarrollo del taller fue sintiéndose más cómodo por el tema y la manera en que lo íbamos presentando y conduciendo. Su conclusión fue contundente: para él, nosotros debíamos estar realizando el mismo taller en televisión, produciendo un programa que fuese transmitido por el canal del estado porque el taller debía ser de interés nacional.
Toda su postura y gestualidad durante el taller, no fue más que la evolución de su actitud que progresivamente lo iba haciendo más y más aliado del tema, del objetivo del taller JCP de la SGIV. Por eso, este taller es inolvidable.
Luego del excelente arranque a finales de 2004 de los talleres JCP a las instituciones que lo iban solicitando, en 2005 el desarrollo del taller, si bien fue modesta la cantidad, se logró que más de 1.000 personas participaran.
Ese año hicimos por primera vez una jornada a un colegio completo (Colegio Humbold), todavía conociendo la mejor manera de cómo hacerlo fue el primer experimento tanto para nosotros como para ellos. Participaron varias secciones de secundaria, los chamos al principio full aburridos porque les proyectábamos el video en el auditorio a todos juntos, pero como primera materia en la mañana, o sea cuando todavía no se han despertado!!! Por ahí ya fuimos cogiendo datos y mejoramos en próximas ocasiones ese detalle.
En las dinámicas estaban más participativos porque eran en grupos más pequeños regados por todo su patio, así que fue mucho más fresco y fluido el taller desde ahí. No recuerdo cuántos éramos, pero sí fuimos varios para poder atender a todos los grupos de estudiantes que se hicieron.
Universidad de Carabobo
Finalizando los talleres en 2005, en octubre de ese año también se implementó un esquema del taller distinto a lo que veníamos haciendo, algo más tipo conferencia. Unas miembros de Carabobo, grandes amigas, profesoras en la Universidad de Carabobo, lograron que el taller fuese realizado para todos los estudiantes que iniciaban el semestre, así que con un solo taller se lograba la participación de 1.000 jóvenes que recibieron toda la temática, vieron el video, y realizaron las dinámicas en el auditorio principal de la universidad.
Esto se repitió por varios semestres después, gracias a lo que en la universidad percibió que se lograba con el taller. Nunca me tocó conducir estos talleres en la UC, los conducían uno de quienes fuera asistente nacional de la DJM para esa época y una de las chicas de Carabobo, ambos muy diestros en manejar grandes grupos; además estuvieron acompañados por otros jóvenes también.
Liceo Simón Bolívar
En 2005 se realizaron sólo cinco jornadas del taller en todo el año, incluyendo los colegios y universidades. Para 2006 el número aumentó y se logró un promedio de un taller por mes. En noviembre de ese año realizamos un taller que recuerdo como muy especial.
En ese entonces la actual responsable de la DJF trabajaba ejerciendo su profesión de educadora y daba clases en el Liceo Simón Bolívar que queda al final de la Av. Baralt. A través de ella la institución solicitó el taller y fuimos varios jóvenes a realizarlo. Los participantes fueron varios de los profesores. Entre todos, creo que había un solo caballero, la gran mayoría eran profesoras.
Conducimos el taller como ya estábamos acostumbrados, con algo más de experiencia nuestro diálogo se iba haciendo más fluido. El video, el diálogo, las dinámicas, todo iba fluyendo con mucha naturalidad y calidez. Por otro lado, este profesor se mantenía muy observador la mayor cantidad de tiempo, con mirada fija, no intervino mucho, pero sí estuvo siempre atento a lo que se iba desarrollando.
Para algunos de nosotros por supuesto representaba algo de incomodidad porque no sabíamos si lo estaba disfrutando o si más bien estaba con ganas de irse o no estar allí. Por supuesto, eso no era más que un estímulo para hacer nuestro mejor esfuerzo al trasmitir el mensaje del taller, causar la reflexión necesaria, llegar al corazón de cada participante porque hablábamos desde el corazón.
Finalizamos el taller. Los profesores habían organizado un pequeño refrigerio para compartir al final del mismo, así que comenzamos a compartir un poco más individualmente con los profesores. Y por supuesto, el profesor en cuestión era un "objetivo principal" para saber su opinión. Él sólo se fue acercando a nosotros. Su comentario es inolvidable.
Nos comentó que desde el principio estuvo muy expectante de lo que escucharía, nos vio muy jóvenes y al enterarse que no éramos educadores (era parte de nuestra presentación - decir que NO éramos educadores), confesó que no estaba muy atraído a la idea de participar en el taller. Sin embargo con el desarrollo del taller fue sintiéndose más cómodo por el tema y la manera en que lo íbamos presentando y conduciendo. Su conclusión fue contundente: para él, nosotros debíamos estar realizando el mismo taller en televisión, produciendo un programa que fuese transmitido por el canal del estado porque el taller debía ser de interés nacional.
Toda su postura y gestualidad durante el taller, no fue más que la evolución de su actitud que progresivamente lo iba haciendo más y más aliado del tema, del objetivo del taller JCP de la SGIV. Por eso, este taller es inolvidable.
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