viernes, 5 de junio de 2015

JCP - Anécdotas - 5

Colegio Arco Iris, Nueva Esparta.

Desde el comienzo de la campaña "Jóvenes Constructores de la Paz" a finales de 2004 habíamos viajado a otros estados a realizar talleres. En 2005 y 2006 también lo hicimos mientras se iban preparando jóvenes en cada estado que pudiesen conducir los talleres en la sociedad, ya que una cosa era conducir los talleres para los jóvenes amigos de la SGIV y otra cosa es conducirlos en las instituciones que solicitan el taller para sus integrantes, que no tienen ningún conocimiento de la SGIV.

En el mes aniversario de la SGIV, abril de 2007, se realizaron 4 jornadas del taller JCP en tres estados distintos (Nueva Esparta, Lara y Anzoátegui), así que los jóvenes tuvimos que multiplicarnos y por supuesto establecer grupos que atendieran cada jornada en cada estado.

Me tocó viajar a Margarita junto a una gran compañera. La responsable de la Zona Nueva Esparta, gran amiga, excelente artista y docente de artes plásticas, trabajaba en el Colegio Arco Iris, un colegio privado de alto costo de matrícula, así que los chamos que estudiaban ahí pertenecían a familias de muchos recursos económicos en la isla.

El taller con estos chamos fue particular porque en general su actitud era muy despreocupada en clases. Obviamente, la profesora, miembro de la SGIV, tenía una relación distinta con ellos y eso contribuyó a que nos recibieran con un mínimo de interés en la actividad. Sin embargo, no dejaban de ser adolescentes "normales" y algunos fueron muy apáticos al principio.

No olvidaré jamás a uno de ellos que mientras iniciamos la presentación del taller y el diálogo previo al video, tenía toda la gestualidad del chamo totalmente desinteresado en lo que lo rodea, y durante el video hasta juntó sus brazos y se recostó a dormir en el pupitre. Obviamente uno desarrolla por un lado mucha paciencia para no influenciarse por tal muestra de desinterés, pero al hacer daimoku también se desarrolla la convicción de inspirar al menos a uno de los participantes, que al menos uno salga con el mensaje que se desea transmitir.

Después del video iniciamos el diálogo respectivo analizando lo que une a los personajes. De una manera que sólo los adolescentes saben hacer y comprender, de repente ante una pregunta, el joven que había estado recostado en el pupitre comienza a intervenir, de manera muy elocuente y acertada. Es decir, no estaba dormido, sólo reposaba y aunque fuese de manera leve, sus sentidos sí estaban puestos en lo que se iba conversando por el resto.

Al menos para mí, resultó muy gratificante este suceso, porque me brindó más certeza en que cuando se actúa desde el corazón, se habla con el corazón, no importa la gestualidad de los interlocutores, las acciones y las palabras siempre llegarán a su corazón y algo, aunque sea lo más mínimo, quedará grabado en su corazón.



Universidad Centro Occidental Lisandro Alvarado 

En mayo de 2007 hubo una solicitud que requirió de una logística especial para atenerla. La Universidad Lisandro Alvarado en Barquisimeto solicitó el taller para todos los jóvenes que ingresaban a ese semestre y a diferencia de lo que se venía haciendo en Carabobo, donde todos los estudiantes realizaban las dinámicas en conjunto dentro del auditorio, en este caso se planificó tener sólo la introducción en conjunto y las dinámicas por separado en salones dispuestos para eso. Así que nos fuimos varios jóvenes de Caracas y nos juntamos a varios de la Zona Lara para atender dicha solicitud. 

Todo estaba dispuesto para atender a todos los jóvenes y muchos padres y representantes en el auditorio, hacer toda la primera parte en conjunto y luego dividirse en grupos para las dinámicas. Si mal no recuerdo mi esposa hizo la presentación y luego me tocó conducir toda la primera parte previa al video, presentar el video y luego las reflexiones posteriores. En el auditorio habrían unas 500 personas, pero realmente fue muy divertido el manejar el intercambio y las intervenciones de estudiantes y representantes. Aun siendo mucha gente, sentí que hubo muy buen clima y las intervenciones fueron realmente sentidas, muy pertinentes y con conciencia de la importancia de profundizar en el mensaje.

Luego de esa primera parte, se realizó la división en grupos y todos los jóvenes "talleristas" de la SGIV lideraron la realización de las dinámicas en los grupos integrados por muchas menos personas. Este esquema se tomó como referencia para otras actividades. Antes habíamos hecho cosas similares en colegios, en el caso de Carabobo había sido siempre en "plenaria", en este caso la dinámica de dividir en dos grandes bloques el taller sirvió como precedente para otras oportunidades tanto en Caracas como en el interior.

Iglesia Católica "San Miguel Arcángel",
Parroquia El Cementerio. 


En 2007 el ritmo de talleres volvió a disminuir un poco y en total de realizaron 9 jornadas, 3 menos que el año anterior. Sin embargo 2007 cerró con un taller súper especial en diciembre. Una de las chicas DJF, hoy viviendo en el exterior, presentó a uno de sus hermanos el taller y con mucho interés solicitó realizarlo en la institución que conducía: la Iglesia Católica de la Parroquia El Cementerio "San Miguel Arcángel". 

Asumimos esa invitación de la manera más especial. Ya habíamos realizado talleres con una monja participando por ejemplo, pero realizar el taller en una iglesia sin duda era algo súper especial. Llegamos a la iglesia y debe haber sido la segunda o tercera vez que al menos yo entraba a una. La primera vez sería cuando me bautizaron, y luego no hay en mi memoria registro de entrar a una iglesia. Esta vez, entraba a una iglesia con una misión basada en difundir valores universales promovidos por la Soka Gakkai y el Budismo Nichiren. Loco, no?

En cualquier caso este cura, hermano de una miembro de la SGIV, era un tipo joven de muy amplia mentalidad, conservador y ortodoxo sólo en la medida apropiada para conducir una iglesia, pero nos hizo sentir sumamente cómodos y nos presentó ante los muchachos con mucha cordialidad y calidez. Los chicos y chicas participantes eran sus estudiantes de catecismo, así que también manejaban la doctrina cristiana con mucha propiedad.

El taller se realizó con mucha fluidez, con mucho diálogo, eran jóvenes muy pero muy participativos, creo que no hubo uno que no interviniera. Al finalizar el cura nuevamente nos brindó palabras muy cálidas y nos inspiró a seguir realizando la labor que llevábamos adelante con el taller JCP. Inolvidable!

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