martes, 13 de noviembre de 2012

Japón 1990 - 3


El día que conocí el Sho-Hondo y pude entonar Daimoku y Gonguio frente al Dai-Gojonzon pasó a ser uno de los días más especiales e inolvidables de mi vida.

El día no amaneció muy soleado, más bien algo gris, pero fue perfecto porque la caminata desde los Shobos hasta el Sho-Hondo no era corta, así que fue muy fresca la caminata. Después de pasar todos los templos de los alrededores se llegaba al final del camino donde se encontraba el Sho-Hondo, que se veía ya a lo lejos como una construcción imponente. Al uno irse acercando su imponencia era cada vez mayor, aunque lo conocía por fotos sólo viéndolo era posible captar su verdadero tamaño.

En los alrededores de la construcción principal estaban las largas escaleras que llegaban a la "famosa" fuente en forma de flor de loto, muy comentada por todos los que visitaban el Sho-Hondo. Lugar obligado para las fotos de recuerdo. Aunque carezco de cualquier recurso arquitectónico, siempre describí al Sho-Hondo como una construcción muy "universal", intentando expresar que no pertenecía a alguna tendencia cultural específica, era como la fusión de muchos estilos en un solo lugar, lo tradicional y ortodoxo junto a lo vanguardista y futurista; esto último expresado sobre todo en el techo, que eran como grandes alas…

Luego de estar todos los miembros ya listos, se debía hacer las filas para poder ingresar al gran salón principal. Las filas eran por continente, así que todos los latinos estábamos juntos. A cada continente se les asignaba unas filas de asientos específicas e íbamos entrando recibidos en las grandes puertas por sacerdotes con cara larga, poco cálidas. Ese fue un tema conversado, no recuerdo si antes o después, pero se enfocaba en ese momento como la actitud de solemnidad que se debía mantener en esos espacios.

Mientras entraba era imposible no ver cada detalle del salón, lo amplio, lo bien pensado en su construcción para que cada silla siempre quedara "mirando directo" al altar principal. El techo que por fuera era como grandes alas, por dentro era como un espacio que se iba haciendo más y más alto, porque del centro hacia afuera se iba haciendo más profundo. Las sillas dispuestas en varios niveles y secciones. Al ingresar y tomar asiento, los latinos terminamos en las filas alrededor de la 20, es decir muy cerca del altar principal, del centro un poco hacia la derecha. En el asiento inmediato al frente, quedó sentada la gran amiga dominicana.

La ceremonia comenzó con un daimoku ceremonial y lento, ya conocía el daimoku y el gonguio de los sacerdotes, súper lentos y eternos, por supuesto porque es lo tradicional y ortodoxo en el clero. El altar principal era imponente, las puertas principales eran de unos 3 o 4 metros de altura y dispuesta de forma ovalada, de manera que se abrían recorriendo un riel curvo. Ah, la apertura de esas grandes puertas era electrónica, así que era más que llamativa esa apertura de altar.

Esas grandes puertas dejaban descubierto el espacio donde estaba el Dai-Gojonzon, que estaba al final de unos cuantos escalones que llegaban a un butsudan más pequeño. Esos escalones eran subidos por un sacerdote de la manera más ceremonial y pre-ensayada, que al llegar al final se encontraba con dos pequeñas puertas del tamaño "estándar" para un armario o algo similar. El sacerdote tomó las asas del medio y en un movimiento extremadamente rápido y preciso, abrió hacia los lados ambas puertas plegables expandiendo los brazos mientras bajaba la cabeza al mismo instante… una fracción de segundo… Y ahí quedaba descubierto el Dai-Gojonzon, detrás de una lámina de vidrio que lo protegía. Comentarios posteriores se referían a esa lámina de vidrio como antibalas, pero es algo que jamás pude confirmar de alguna fuente confiable.

Ver el Dai-Gojonzon fue especial… ojo, nada esotérico: no vi luces centellantes, ni floté, ni todo brilló a su alrededor, ni sentí que era poseído por ningún ente externo… Lo especial fue pensar en todo lo que simboliza el Dai-Gojonzon, yo estaba frente al objeto de devoción que Nichiren Daishonin dedicó a toda la humanidad, de inmediato recordé en todo lo que sabía de la historia de Nichiren para inscribir el Dai-Gojonzon, su deseo de dedicarlo para la paz del mundo. Yo estaba haciendo Daimoku frente a ESE Gojonzon.

Era una maciza tabla de alrededor de 1,50 o 1,70 mts. A la distancia que estaba sacaba la proporción por el tamaño del sacerdote que abrió las puertas. ¡Era negro con los caracteres dorados! No recuerdo si lo había escuchado antes o no, pero la cosa es que SI recuerdo lo impresionado que estaba al ver un Gojonzon negro con dorado!!! Por supuesto, súper pulido y nítido, de manera que desde cualquier parte del salón donde estaríamos unas 3.000 personas se apreciaba con nitidez.

Allí hicimos Daimoku, no recuerdo cuánto tiempo. Allí estuvo con nosotros Ikeda Sensei, haciendo Daimoku junto a nosotros. Para iniciar el Gonguio subió el sumo prelado, el famoso Nikken, quien se instaló para dirigir el Gonguio mientras otros sacerdotes preparaban los grande velones y le ajustaban la gran campaña del butsugo principal. Así hicimos Gonguio, súper lento y ceremonial. Fuimos los penúltimos miembros de la SGI que estuvimos en el Sho-Hondo, apreciamos al Dai-Gojonzon y que tuvimos que hacer Gonguio dirigido por Nikken.

No recuerdo si al terminar el Gonguio hubo palabras o algún acto protocolar. Quizás el asombro de todo oculta eso en mi memoria, quien sabe… Al salir del Sho-Hondo continúan los encuentros entre amigos, las fotos junto a los eternos compañeros y demás expresiones de estar vinculados por toda la eternidad.

De regreso a los Shobos uno regresaba por un camino distinto, que es una especie de boulevard que está repleto de tienditas muy pequeñas pero con todos los implementos para la práctica, donde se conseguía literalmente lo que uno quisiera para su altar personal. Butsudanes espectaculares y de todos los precios, lluzus de todos los tipos, candelabros, campanas, etc. Lo mismo que hoy en día pero "en Taiseki-lli". Entrando a uno de los locales, los viejitos que lo atendían apenas entré me ofrecieron una taza de lo que imagino era té verde caliente que me ofrecían por el clima algo frío. Con toda la vergüenza del mundo tuve que probar y hacer el máximo esfuerzo por no arrugar la cara ante el amargo sabor.

Mi compañero sordo de repente se iba sólo y debía correr para traerlo para que no se apartara mucho del grupo de latinos… él de lo más feliz del mundo. Su alegría sólo fue alterada cuando se enteró que uno de los mexicanos se compró un lluzu de jade, en esos tiempos todavía se podía, ahora es una piedra preciosa protegida. El lluzu en cuestión costaba una cifra grosera y a mi compañero le pareció absolutamente innecesario gastar tamaña cifra de dinero en un implemento para la práctica, por momentos se puso intenso con el asunto, pero poco a poco se fue calmando al plantearle que si el pana llegó a Japón con recursos suficientes para gastar lo que quería, pues era parte de su buena fortuna.

Yo compré poca cosa, lo más importante: un lluzu de sándalo para mi papá. Mi papá me había comentado que le gustaba el olor del sándalo y ciertamente cuando lo compré el olor me cautivó de inmediato. Olor fresco y a naturaleza. Ese lluzu todavía existe y es mío, mi papá lo cambió años después por un lluzu que recibió de Ikeda Sensei. Quizás compré otras cosas, pero no lo recuerdo.

Al final de la jornada, tendríamos el último encuentro con Sensei en una ceremonia súper especial que creo que se realizó el mismo día en la tarde. Esa ceremonia ocasionaría una avalancha de dudas por lo que pasaría semanas después, cuando ya estaba en Venezuela.

En cuanto al Sho-Hondo, lamenté al igual que millones de miembros del mundo, que Nikken se levantara un día con el empeño de destruir todo lo que la Soka Gakkai había edificado por y para el Kosen-rufu, con las contribuciones de miembros de todo el mundo.

En cualquier caso, agradezco infinitamente la buena fortuna que tuve al conocer tan importantes edificaciones forjadas en el corazón de los tres presidentes de la Soka Gakkai.

jueves, 1 de noviembre de 2012

Japón 1990 - 2


En 1990 pude conocer a Sensei "en vivo y directo". Al menos en 3 oportunidades los miembros de la SGI nos encontramos con él.

La primera ocasión fue suficiente para conectarme de manera eterna con él, mentor que escogí para mi vida. Todo lo previo que conocía de Sensei era a través de sus orientaciones, lo que leía, lo que escuchaba que otros leían, lo que otros contaban de sus encuentros con él. Todo era "referencial" y nada se comparó a lo que yo sentí al conocerlo y escucharlo.

Recuerdo que fue extraño escucharlo hablar, el tono de su voz, sus posturas y maneras. Desde mi llegada a Japón y al conocer a los distintos líderes de la Soka Gakkai la imagen de "el japonés tradicional" era muy marcada, sobre todo en las reuniones… Hablar con mucha fuerza, con tono de voz alto, muy pegado a un guion leído, etc. El primer encuentro con Sensei fue conocer "un japonés diferente", no hablaba gritando, se movía de manera muy natural, hablaba sin guion, se dirigía no sólo a los que tenía enfrente sino a quienes tenía al lado en la tarima, y a esos les hablaba con una naturalidad que no vi en otros japoneses.

Su voz era cálida, por más que yo debía escuchar por un auricular la traducción, su voz prevalecía por la naturalidad de sus palabras. Fue casi como escuchar a un familiar, no digo "mi papá", pero si como un abuelo que le hablaba a sus hijos y nietos. Es decir, fue imposible "no creer" todo lo que escuchaba en la traducción.

Su daimoku era imponente, su voz se escuchaba sobre cualquier otra, y no hablo del volumen de micrófono, hablo de la proyección de su voz en el lugar. Dinámico, rítmico, en fin, ese primer encuentro bastó para establecer mi vínculo con el mentor.

El segundo encuentro fue en la ciudad de Nagoya. Nos quedamos en otro hotel "descomunal" que estaba frente a uno de los palacios que usaba el emperador, así que la vistosidad del lugar era insuperable. El centro cultural al que fuimos en Nagoya era igual de impactante que el de Chubu, la alfombra del mega-salón que cubría toda la superficie era muy colorida y poco a poco se iba llenando de los que participamos en la actividad. En esa época no había sillas, todos nos arrodillábamos por la costumbre oriental, así que entrarían un par de miles de personas fácil.

Para ese segundo encuentro me tocó una actividad muy especial, y es que como mi compañero era sordo, obviamente él no disfrutaba de la traducción simultánea y era imposible que leyera los labios de Sensei. Así que en esa actividad, mientras Sensei hablaba en la tarima, yo estaba volteado mirando la cara de mi compañero, y todo lo que escuchaba por el auricular lo modulaba para que él entendiera lo que Sensei iba orientando. Sin duda al principio no fue nada cómodo, yo quería "ver" a Sensei mientras hablaba, pero la labor de repetir lo que Sensei decía para que "otro" lo apreciara, iba haciéndome sentir que "cumplía una importante misión", así que la ansiedad dejó paso al sentido de misión.

El tercer encuentro con Sensei ocurrió en los terrenos de Taiseki-ji, y esa sería la penúltima visita de miembros de la Soka Gakkai a esos terrenos.

Las historias del viaje a Taiseki-ji tenían todo ese manto de misticismo que a veces, de manera inevitable, algunos le adjudican. Para mí eran unas instalaciones más japonesas que cualquiera. Por supuesto el estar en el sitio donde se estableció la escuela de Nichiren, los terrenos donados por uno de los principales discípulos del Daishonin, ya eran de suficiente significación. Además el Monte Fuji hace que "el wallpaper" de la escena sea insuperable.

Ya de noche, nos indicaron que participaríamos de una ceremonia muy especial, se trataba de la ceremonia de bienvenida o de ingreso de los niños que iniciaban su camino o sus estudios en el sacerdocio. Por el camino principal que recorría los terrenos, los visitantes del exterior nos colocamos lado a lado, y desde muy lejos venían caminando los cientos de sacerdotes que hacían vida en Taiseki-ji, seguidos por las decenas de niños, de distintas edades pero algunos muy pequeños, que ingresaban al templo como aprendices. Desconozco cómo es su educación. Con lámparas y cosas parecidas a pequeñas antorchas iban en su lento caminar (que no era marcha) con el sonar de unos tambores y platillos de fondo. Yo estaba viendo una película...

Los viajes a Taiseki-ji incluían una noche en los Shobo, una edificaciones donde además de servir para reuniones, eran los lugares donde dormían los que llegaban a peregrinar. Esos Shobo fueron todo un descubrimiento. El piso totalmente de Tatami, allí dormiríamos; los baños, repitiendo como los identificó uno de los panas panameños, "humillantes", porque con gráficos en los cubículos, indicaban "cómo usar" un baño occidental, porque obviamente esos lugares eran más usados por orientales, así que nosotros éramos los "extraños" y debían indicar la manera correcta de usar esos baños. Eso sí, agua caliente para un lugar en principio frío por naturaleza, al pie de la montaña y con mucha vegetación y humedad. En unos armarios enormes tenían todos los implementos para dormir: sacos, cobijas, almohadas, etc.

Ya de noche, y preparándonos para dormir, se formó un grupo natural de panas en el espacio de esos armarios. Y arrancó el bochinche… fue una reunión super divertida y natural con contrapunteo de chistes, de los panameños y mexicanos sobre todo. Fue reír y reír hasta llorar, dolor de estómago y de mejillas, éramos los propios carajitos disfrutando de unos compañeros recién conocidos pero que jamás olvidaríamos ni nos separaríamos por el vínculo eterno que estábamos estableciendo. Sólo paramos, cuando el responsable de República Dominicana, en tono que dejó en evidencia su molestia, preguntó: "¿y ustedes acaso no van a dormir?"… en efecto, la risa de al menos uno de los mexicanos era muy escandalosa y cuando ya todos estaban agarrando su sueño y con las luces apagadas, los chistes todavía iban y venían. Finalmente fuimos a dormir con las inevitables risas de recordar cada chiste que se fueron calmando con la ansiedad de conocer el Sho-Hondo al día siguiente y cuando apreciaríamos al Dai-Gojonzon.

Noche inolvidable, amigos eternos.

jueves, 11 de octubre de 2012

Japón 1990 - 1


A finales de 2000 inicié una nueva etapa en mi experiencia como división juvenil en la SGIV, me reté a conocer más de la realidad de otros países y así aprender mucho más sobre el espíritu de un Sucesor del mentor. Argentina y Perú fueron los primeros países en los que compartí con jóvenes de toda la región, ampliando mi visión sobre lo que significaba ser un discípulo de Sensei. En septiembre de 2001 me tocó regresar a Japón, junto a 7 extraordinarios líderes de las DJs de ese momento. Era mi segunda visita a Japón, mi segunda oportunidad para encontrarme con Sensei.

Antes de relatar esta experiencia, me tomo la libertad de escribir sobre mi primera visita, mis primeros encuentros con Japón, con la Soka Gakkai y con Sensei, ocurridos en 1990 cuando todavía tenía 18 años.

Mis padres viajaron a Japón por primera vez en 1982. Yo, con 10 años, sólo esperaba su regreso para disfrutar de los regalos… Luego viajaron de manera individual, mi padre en 1988 y mi mamá en 1989. Así que en su corazón estaba que yo viajara lo antes posible. Viajé el año siguiente.

Desconozco los criterios que se usaban en esos tiempos para "anotarse" en el viaje a Japón. Sólo sé que mis padres me animaron y pues yo dije que sí. Tenía 18 años, sabía que antes había llegado a Japón alguien más joven que yo, así que por la edad no había problema. Yo llegué a Japón en ese momento por "buena fortuna acumulada", con esto quiero decir que no era una meta que hubiese salido de mí, fue más bien el deseo de mis padres lo que hizo que yo viajara en ese año.

Viajé con dos jóvenes bien "adultos", con ninguno tenía mucha relación previa. Uno era un DJM de otra Zona de Caracas con quien sólo compartía en actividades generales de Caracas. Él era sordo a consecuencia de una mala praxis médica cuando niño, así que leía los labios para comunicarse. A la DJF no la conocía. Fue un grupo de 3 jóvenes que compartiríamos este viaje y que nos marcaría la vida a cada uno de manera distinta.

Las fechas del viaje no las recuerdo, pero fueron en octubre de 1990. Hace unos meses revisando, mi esposa encontró un cuadernito donde están anotadas las orientaciones y demás cosas que pude escribir. Fue extraño leer nuevamente lo que escribí en esa época.

El viaje lo hicimos por Nueva York. Cuando llegué una de las agentes de inmigración se enamoró de mí y me hizo abrir mi maleta, que estaba tipo "envase al vacío", por lo que luego de abrirla fue extraordinariamente jodido cerrarla. En mi escaso inglés respondí las preguntas que ella me hizo, cosas normales… a dónde iba, por cuánto tiempo, etc. Pasamos una noche en Nueva York y al día siguiente viajamos a Tokio. Fueron 14 horas de vuelo, para mí pasaron como 3 días en ese avión.

Al llegar a Tokio nos recibió una de las jóvenes traductoras que en ese momento estaba entrenándose. Era una chica dominicana hija de japoneses, una de 4 hermanas pioneras en República Dominicana que sigue siendo una eterna amiga. De hecho entre los participantes estaba su hermana mayor, con quien también tuve un muy bonito vínculo. Sus padres la habían enviado a Japón para prepararse como traductora, lo mismo sucedió años posteriores con otras de sus hermanas.

El viaje a Nueva York, la noche, el viaje a Tokio, el autobús al hotel, ya eran excelentes escenarios donde iba conociendo a mis compañeros. Él, un fanático de la tecnología, traductor oficial de inglés siendo sordo, parte de su experiencia con la práctica. Ella, empresaria divorciada.

Desde nuestra llegada estaba extasiado con Japón. Las calles, los carros, los edificios… era el país de Mazinger Z!!!!! El hotel, el Keio Plaza. Son cosas que un chamín de Catia termina diciendo "¿cómo llegué yo aquí?" Sabía que mis padres habían hecho grandes esfuerzos para costear mi viaje, pero de pana todo lo veía como muchote.

Los dos DJM de Venezuela compartimos habitación, así que pudimos estrechar mucho más nuestro vínculo. Cada cosa que quería transmitirle a él, debía verlo a la cara para que pudiera leer mis labios, así que gritarle desde el otro lado de la habitación, sencillamente no servía.

El orden de las actividades no los recuerdo, así que escribiré mientras voy recordando lo vivido. En Japón contamos adicionalmente con el apoyo de una compañera miembro de la SGIV que ya tenía años viviendo allá, no recuerdo bien el motivo, pero resultó de gran apoyo para nuestras salidas a ver qué comíamos y cómo pagábamos, y por supuesto a comprender un poco más de la Gakkai en Japón. Ella conocía a mis padres desde años antes, así que yo recibía su gran estima "por retruque".

Me fui acostumbrando al programa del día a día, el sueño era mortal. La chica DJF era quien asistía a las reuniones de planificación y nos informaba. Las actividades de bienvenida sirvieron para conocer a los otros participantes de la SGI. Yo, el más chamo. Jóvenes y no tan jóvenes llegaron de México, Panamá, Perú, República Dominicana, Argentina, Brasil y no recuerdo qué otro país de América Latina. Seguro fueron más países, pero no lo recuerdo. Hice muy buena amistad con los jóvenes de Panamá y México, los dominicanos eran muy reservados igual que los Argentinos. Entendí luego que entre otras cosas, era porque en ese viaje fueron acompañados por sus directores generales o sus máximos responsables, que los ponía un poco más disciplinados.

Desde la primera actividad comenzamos a recibir los obsequios de Sensei: kimonos, palitos para comer, cuadernitos, bolígrafos, revistas, etc. Los obsequios también incluían efectivo. Preguntando a las traductoras nos comentaban que es una tradición japonesa que emplean los padres o los adultos con sus hijos o jóvenes queridos, a quienes les dan efectivo cada vez que viajan. Así, comenzaba a vivir la calidez de Sensei que nos trataba como sus hijos. Yo, habiendo sido "enviado" por mis padres, entendía perfectamente el deseo de Sensei de hacernos sentir como sus hijos y más aún, su deseo de retribuir los esfuerzos que nuestros padres habían hecho.

Las comidas fueron un problema. No me gusta la comida cruda, por lo que la mayoría de las comidas que nos invitaban no eran de mi agrado. En esa época todavía no había tantas consideraciones hacia  los viajeros occidentales como las hay ahora en Japón, así que pasé hambre en una que otra ocasión. Las noches aprovechábamos a nuestra amiga y nos llevaba a distintas opciones. Mis compañeros se saciaron de comida japonesa y yo podía optar por las opciones occidentales o al menos "cocinadas". Una noche salí con la amiga dominicana, hija de japoneses y que se comunicaba perfectamente en el idioma y comimos en esos lugares súper pequeños que sería el equivalente a los "carritos de perro caliente", pero allá eran pequeños locales uno al lado del otro con diferentes opciones para comer. Comimos una sopa que era servida en una olla, o sea, para dos.

Recuerdo que salía a caminar solo o acompañado a los alrededores del hotel, conociendo tiendas y pendiente de qué traería de regalo, tenía una larga lista de personas a las que quería traerles algo. Por supuesto iba súper ajustado de plata, así que las caminadas eran justamente para escoger y revisar los precios, para luego definir qué podría traer.

Los miembros, todos muy amables, muy pendientes de cada cosa que necesitáramos, regalos por todos lados. Sin duda algo extraño, pero por supuesto súper sabroso. Desde los chamos estudiantes hasta los vice presidentes, todos nos trataban con mucho respeto y hasta admiración. Conversando con las traductoras nos decían que para los japoneses es extraño que alguien llegue desde tan lejos a su tierra. Además, para los propios miembros de Japón resulta algo inusual encontrarse con Sensei, así que nosotros éramos "especiales" en ese sentido.

Uno de los primeros encuentros con los miembros fue en Chubu, una región con uno de esos mega Kaikan para cientos de personas y de varios pisos. Para recibirnos, organizaron (como siempre) todo un programa protocolar vistoso y colorido. En la entrada del estacionamiento, a penas nos bajamos, nos recibieron los cientos de miembros con banderitas al ritmo de una canción tocada por las chicas del Kotekitai de su región. Yo, un Banda de Metales de pura cerpa, estaba un poco extrañado porque no estuvieron los chicos del Ongakutai también, sólo las chicas… "¿qué pasó acá?" Pues lo que pasó es que después de entrar al mega salón, después de los cientos de saludos y gritos de bienvenida, antes de iniciar la reunión, tocaron los chicos del Ongakutai que estaban dispuestos orquestalmente y respondieron a mi necesidad de verlos. El guarapo ya lo tenía alborotaísimo…

El tema central de la reunión no lo recuerdo, pero inolvidable es lo que vino después. En los patios externos prepararon una mesas donde los miembros del exterior pudimos sentarnos a comer y a disfrutar de un mini-festival cultural que habían preparado. Hubo varios actos, muy tradicionales, pero el que destacó y que mientras escribo es casi como revivirlo, fue un acto de los tambores tradicionales japoneses, esos que son enormes y que se tocan de manera horizontal. Ese acto era preparado por un tipo y un chamín, que resultaron ser padre e hijo. Estaban presentando para nosotros el acto que los condujo a ganar un premio en un reciente festival en el que participaron. Sería imposible describir el performance y lo que YO iba sintiendo con el retumbar de los tambores.

En la mesa habíamos miembros de la SGI junto a miembros de Chubu. En nuestra mesa estaba yo con mi compañero sordo, quien igualito disfrutó de los tambores de la música, porque era imposible no contagiarse de lo que transmitían, así que él estuvo de principio a fin con sonrisa de oreja a oreja. Nos acompañaban varios miembros de Chubu, pero todos mayores. Uno de ellos comenzó a conversar con nosotros, le asombraba que yo hubiese podido llegar a Japón tan joven para encontrarme con Sensei. Le conté sobre el deseo de mis padres y que ellos habían estado en los años previos y se conmovió aún más. Él sabía que yo era de Venezuela y me comentó que conocía el Seikyo Criollo… jamás comprendí cómo. Todo por supuesto en inglés escaso que manejábamos mutuamente.

Esa primera jornada musical es inolvidable, eterna, el espíritu con el que esos chamos tocaban era para transmitir su victoria a través de la fe. Para mí era ver la prueba real de lo que Sensei nos transmitía en el mensaje para la Banda de Metales y que yo me sabía de memoria desde los 12 años. Me sentí más miembro de la SGI, más Banda de Metales, más discípulo de Sensei que nunca antes.

lunes, 1 de octubre de 2012

Perú 2001 - Parte 2


La reunión previa a la convención fue con los máximos representantes de cada país. En el caso de Venezuela asistimos mi esposa (quien para ese momento ya era la responsable nacional de la DJF) y yo (asistente nacional). En esa reunión el responsable de las divisiones juveniles de Perú compartió con nosotros algunos datos de cómo tuvieron que enfrentar la negativa de los máximos líderes de su país y de la SGI de Japón, principalmente por su preocupación de que los jóvenes del interior y del exterior estuvieran seguros y bien atendidos. Sin duda la situación de nuestros países ocasionaba ese tipo de incertidumbre, pero los jóvenes del Perú estaban muy comprometidos por proteger a los jóvenes que viajarían con todo su daimoku. Por supuesto, luego de unir en ese objetivo a los adultos, las damas hicieron continuos maratones de daimoku antes y durante todo ese encuentro.

En esa reunión los jóvenes que fueron de Brasil compartieron con cada país un obsequio muy especial: unos videos en VHS con algunos de los temas incluidos en su Curso Básico de Budismo. Una producción original de la Brasil Human Network, la agrupación de jóvenes miembros de Brasil que se encargaba de todo lo audiovisual que se producía en Brasil… sí, tal como imaginan, de ahí surgía la idea general de lo que hoy es Visión Soka… Esos videos recién pudimos verlos al regreso y son producciones dramatizadas de circunstancias cotidianas, con guion y actores! Al final de cada "escena", uno de los máximos líderes de Brasil realiza una pequeña exposición de lo que se había apreciado de manera dramatizada y explicaba con más detalle el concepto de la teoría expuesto. Los temas incluían "Los 10 mundos", "Unidad del individuo y su entorno", etc… "yo quiero eso para la SGIV" sigue teniendo presencia.

Esa reunión también sirvió para compartir varias ideas de los países asistentes y los líderes juveniles de la PSGI nos confirmaron su deseo de que esa fuera la "1ra Convención de Jóvenes - Latinoamérica" de muchas, con la idea de que año a año se fuese logrando un país distinto como sede. De esa reunión salimos todos los países muy animados a lograr eso. Evidentemente, no se logró, entre las razones de mayor peso: 11 de septiembre de 2001. La reunión terminó designando a los líderes que intervendría al día siguiente en la convención frente a los 5 mil jóvenes. Por Venezuela, mi esposa, responsable nacional de la DJF.

Durante los días previos pudimos conocer varios sitios turísticos de Lima, fuimos muy bien atendidos por los jóvenes de Perú quienes con mucha disposición nos iban llevando a estos sitios. Se notaba su preocupación por mantenernos seguros, pero no era distinto a lo que en Argentina por ejemplo también vivimos los que fuimos. En estas cortas visitas, ¡al menos yo pude conocer más de lo turístico de Lima!

El día de la convención todos estábamos muy ansiosos porque el número de invitados (5.000) no era cualquier cosa, y era importante que los jóvenes de Perú resultaran victoriosos para cualquier otra actividad de este tipo en otro país, porque sería una muestra contundente de lo que los jóvenes logran con pasión y compromiso.

Los jóvenes del exterior fuimos llevados al lugar en el autobús designado para nosotros y cuando llegamos ya había un número de jóvenes en el lugar, así que pudimos ver cómo se iba llenando el gran espacio para 5.000 personas, poco a poco iban llegando jóvenes de todas las regiones del Perú con sus pancartas en mano. Por supuesto, muchos familiares y amigos de los miembros jóvenes de la PSGI.

El programa no lo recuerdo en detalles, pero participaron las bandas juveniles que para ese momento ya estaban viniendo una excelente etapa de reinicio con jóvenes que estudiaban música y su actuación fue muy buena. Hubo bailes y otros actos que animaron la convención. Las palabras generales fueron conducidas por lo máximos líderes juveniles y participó un representante de cada país. Por Venezuela la responsable de las muchachas trasmitió nuestro compromiso por crear una cultura de paz. El final incluyó que todos los jóvenes del exterior estuviéramos en tarima para la canción de cierre. La canción…

Había sido compuesta por un músico peruano que no recuerdo bien si era descendiente de japoneses o vivió en Japón, la cosa es que tenía que ver con Japón. Los venezolanos conocimos la canción estando allá, pero al parecer otros países ya la conocían por actividades previas, así que algunos ya repetían algunos pasajes de memoria. Y fue imposible no aprenderla, porque los jóvenes de Perú habían "confabulado" explícitamente para que la escucháramos cuantas veces fuera posible, así que en cada viaje en el autobús, en cada almuerzo común, en cada inicio o final de actividad de programa, la canción era puesta… así que fue imposible no aprenderla. Ellos estaban más que felices de repetir y repetir, y repetir, y repetir, y repetir la canción… Y los venezolanos contentos las primeras… 20 veces??? Después se hizo algo repetitiva la canción...

Por supuesto estábamos más que claros del gran deseo de los jóvenes de Perú de convertir a la canción en el nuevo himno de América Latina, y al menos por esa actividad lo fue! Claro está, esas himnos se convierten en tales de manera natural, casi siempre sin buscar que así pase.

En definitiva todos los jóvenes del exterior finalizamos la convención en tarima bailando y brincando con la canción, con un ánimo que era contagiado por los 5.000 jóvenes en gradas que también bailaban y brincaban. Entre esos jóvenes había varios de mis primos, quienes por supuesto asistieron al saber de la actividad y que nosotros estaríamos allí, y con ellos había establecido un "acuerdo" para "hacer payasadas" mientras estuviera en tarima, así que cumplí con el trato.

El último día en Lima mis hermanos y yo pudimos dedicarlo a compartir con nuestra familia, encontrarnos con nuestros abuelos, tíos, primos y amigos, que convirtieron cada minuto en recuerdos más que inolvidables. Ellos muy contentos de que estuviéramos allá, nosotros super agradecidos por que la SGI nos brindaba estos momentos de tesoro por partida doble.

La SGI, la SGIV, las divisiones juveniles, seguían marcando la pauta de mi vida. Estaba dispuesto a seguir absorbiendo al máximo de estos encuentros, de estas enseñanzas de vida, seguía motivado a ser un Sucesor de Venezuela, un digno discípulo de Sensei, así que regresando volvía a preocuparme por aplicar todo lo aprendido.

viernes, 28 de septiembre de 2012

Perú 2001 - Parte 1


El año 2000 terminó dejando una huella imborrable en el corazón de cada uno de los que nos asumimos "Sucesores de Venezuela". Cada victoria era más contundente que la anterior y cada meta se asumía con un compromiso muy profundo, por convertirse en la prueba de fuego para ganar el espacio que tanto necesitaba el liderazgo juvenil de la época para estar al frente de cada campaña de la SGIV.

Comenzaba el nuevo año con nuevos retos y grandes expectativas sobre todo lo que pudiésemos lograr. Así llegó el primer gran reto, tanto personal como a nivel de DJs: la invitación para participar en la "1º Convención de la Juventud - Latinoamérica 2001", actividad que estaban organizando los jóvenes de la SGI de Perú. Está demás decir lo especial que pasaba a ser esta actividad en lo personal. Ya tenía 4 años desde la última vez que fui a visitar a mi familia.

Esta actividad, después de lo que los jóvenes de la SGIV habíamos vivido en octubre de 2000, recibiendo la respuesta de los países que atendieron nuestra invitación, se convertía en la oportunidad perfecta para "agradecer" y devolver ese gesto a la SGI. Aunque Perú no vino en octubre de 2000 a Venezuela, su iniciativa nos permitía desarrollar este espíritu de agradecimiento y las DJs de la SGIV nos decidimos a participar casi que de inmediato.

La actividad sería en abril y ya para la fecha indicada para informar los asistentes por Venezuela, la lista era la más grande que cualquier actividad juvenil anterior en la que Venezuela hubiese participado. Al final, viajamos una delegación de 17 miembros juveniles de Venezuela; mis hermanos y yo incluidos, los tres pudimos viajar venciendo las dificultades económicas de ese momento.

Desde la llegada tuvimos grandes motivos para vivir este encuentro con mucha alegría, y es que al llegar cada delegación de los países participantes, volvíamos a encontrarnos con eternos amigos que vinieron a Venezuela, otros que habían sido conocidos en encuentros en Brasil, otros en Japón, en fin, era una especie de rencuentro de compañeros de fe, comprobando que esos vínculos jamás se diluyen ni se rompen.

La actividad organizada por los jóvenes de Perú fue intensa y buscó aprovechar cada instante al máximo para la forja del espíritu de los jóvenes discípulos, así que el programa estaba muy bien pensado en este sentido. Estudio de Gosho, relación mentor-discípulo, diálogo entre máximos líderes asistentes, orientación para los países del exterior… todo muy bien pensado y conducido por los máximos líderes de la PSGI. Todo lo anterior como el marco previo a la actividad principal, la "1º Convención de la Juventud - Latinoamérica 2001", actividad para 5.000 jóvenes de todo el Perú en un lugar de convenciones muy conocido, al aire libre, algo parecido a nuestra Concha Acústica de Bello Monte.

Aunque ya conocía la organización de Perú por viajes anteriores, mis visitas habían sido siempre como parte del viaje familiar en momentos muy específicos y siempre a final de año o para el Gonguio de año nuevo por ejemplo, así que en esta oportunidad conocí más detalle de su lucha y de sus sedes principales.

Ya para ese momento la PSGI contaba con tres Kaikan. Hacía mucho tiempo habían comprado uno que luego les quedó pequeño. Compraron una segunda instalación que se convirtió en el principal y que tenía un salón como para 500 personas, además de varios salones de reunión más pequeño. El tercero resultó ser la casa que quedaba al lado y que durante mucho tiempo habían buscado comprar. Cuando finalmente lo lograron hicieron la correspondiente "unión" de los espacios a través de puertas internas. Era el "Kaikan de la División Femenina". Otra vez el "yo quiero eso para la SGIV" revivía en mi corazón, y en este caso sigue estando muy presente.

En la reunión de bienvenida y apertura oficial del encuentro, y después del diálogo y saludo correspondiente de los máximos líderes de la PSGI, jóvenes y adultos, recuerdo con más nitidez las palabras del director general, a quien conocía desde hacía bastante y que ha venido a Venezuela en múltiples ocasiones. Sus palabras además de agradecer nuestro viaje y participación, incluyeron una reflexión y solicitud muy particular. Nos pidió que al regresar transmitiéramos a nuestros directores generales que "él mandaba a decir que se había equivocado", porque resulta que él no estuvo convencido del éxito de esa actividad hasta que la vio concretada. De hecho, al escuchar la iniciativa de los jóvenes de Perú les había pedido que se olvidaran de eso, que se preocuparan por hacer actividades más pequeñas y hasta pidió a Japón que llamaran a los líderes de los jóvenes de Perú para "convencerlos" de no hacerla… era como un "deja vu" de lo que yo había escuchado en Argentina.

Nunca dudé que tanto la SGI como los líderes de cada país se preocuparan por apoyar a los jóvenes en su desarrollo, pero también sentía que había una actitud muy conservadora propia de la inseguridad en la capacidad de dichos jóvenes. En estos casos recientes (Venezuela, Argentina, Perú), la resistencia de los líderes más conservadores sólo avivó la pasión de los líderes juveniles que lograron llevar adelante sendas actividades juveniles en las que los jóvenes de América Latina profundizaron su vínculo con Sensei.

En una de las reuniones con todos los líderes juveniles de la PSGI más los jóvenes del exterior que llegamos, conocí al hermano mayor de la primera familia de miembros de Perú. El papá había practicado al lado de Ikeda Sensei cuando joven y la mamá es citada por Sensei como una de sus tres auténticas discípulas. El segundo de los hermanos vivió en Venezuela durante mucho tiempo y fue el único responsables de ambas divisiones juveniles que ha tenido Venezuela. A ese hermanos mayor no lo conocía, sólo de nombre.

En esa sesión pudo compartir con nosotros parte de su experiencia. Había sido responsable de muchas de las instancias de la PSGI y en ese momento era el editor del Perú Seikyo. Nos contó que en una época de su práctica se propuso convertirse en un "verdadero líder" y comenzó a hacer daimoku por desarrollar esa capacidad. Al poco tiempo, sufrió una enfermedad que lo tuvo hospitalizado por varios meses. Su reflexión fue que como producto de su daimoku, enfrentó esa fuerte dificultad que le permitió valorar cada instante de su vida con mayor intensidad y que como consecuencia, podía identificarse mejor con el sufrimiento de los demás, de otros que atravesaran igualmente grandes dificultades. Una reflexión muy densa…

Y eso no iba separado de su vida cotidiana. Contó que siempre había trabajado como empleado y con todas las seguridades pertinentes, pero cuando se propuso ser un "verdadero líder" se atrevió a crear algo "desde cero", una compañía que ya para ese momento había logrado su estabilidad. Así que ambas cosas (la salud y lo profesional), él las vinculaba con esa determinación de convertirse en un "verdadero líder".

Otra cosa que me pareció muy perspicaz de su parte, fue que siendo alguien con mucho tiempo de práctica y viniendo de la familia de la que venía, siempre lo buscaban para pedirle orientación. Ese día él dijo "yo no oriento a la gente, yo los confundo". Después de las risas de los presentes, terminaba explicando que él pensaba que cada quien tenía siempre la respuesta a sus dudas y obstáculos, así que él no era nadie para decirle a los demás qué hacer, que se preocupaba por confundirlos para que en el proceso por aclararse la propia persona fuese encontrando su propia decisión y determinación.

Con él hubo otra sesión de preguntas y respuestas con los líderes del exterior. Un tipo de una franqueza muy particular que lograba llegar con claridad y contundencia a sus interlocutores. Me hizo recordar muchísimo a su hermano, el que vivió acá. Muy grato conocerlo.

martes, 25 de septiembre de 2012

El "Curso Básico de Budismo"


Antes del año 2000 y ese mismo año, el haber conocido a jóvenes de otros países con sus experiencias, obstáculos, victorias y desarrollo, me habían causado una profunda comprensión del significado y propósito de la SGI. Imaginaba a Ikeda Sensei feliz por cada intercambio de jóvenes en cualquier lugar del mundo, donde se compartía ese espíritu realmente revolucionario de cambiar las cosas, de impulsar nuevas maneras, siempre buscando ampliar el movimiento del Kosen-rufu en cada país, y siempre basados en profundizar el vínculo con el mentor.

Argentina se había convertido en ese escenario donde aprendí mucho más sobre el valor de la SGI, abriendo nuevos caminos a mi convicción de que la SGIV podía iniciar una especie de reimpulso en su actividad en la propagación, aprovechando la camada de líderes juveniles que en ese momento estábamos al frente de las DJs, así que con ese impulso aproveché el escenario que nos brindaba la dirección general de ese momento para iniciar esa "nueva etapa".

Ya desde octubre conocía lo que Argentina había desarrollado para atender a sus nuevos practicantes y comencé a comentarlo con quienes se debía. Al visitar Argentina y conocer con más detalle su experiencia, regresaba dispuesto a iniciar nuestra campaña criolla.

Tal como he contado, hasta ese momento no habían unos lineamientos claros o adecuados a la época para ingresar a la SGIV. Desde la separación entre la Nichiren Shoshu y la SGI estos lineamientos habían cambiado en cada país con diferente frecuencia y aspectos. Esa separación había causado que los nuevos miembros de la SGI no pudieron recibir Gojonzon entre 1991 y 1993. Después de esos tres años la SGI retomó la entrega de Gojonzon y se inició una especie de "preocupación" por "asegurar" que quien recibía ese Gojonzon estuviera realmente "preparado". Por eso, al principio de esa época los nuevos practicantes debían esperas dos años para ingresar, luego pasó a ser un solo año, pero que sólo consistía en registrar de "alguna manera" su participación en la Zadankay o reunión de diálogo en el Grupo.

Ese año 2000, después de conocer las experiencias de estos países hermanos, surgió el deseo y la necesidad de revisar estos lineamientos para acercar mucho más a los líderes y a los nuevos practicantes, con una actividad que promoviera esa atención directa al proceso de fe de quienes deseaban recibir su Gojonzon e ingresar a la SGIV.

Así, las labores incluyeron una reunión que jamás olvidaré, donde me tocó estar junto a tres pioneras de la SGIV que juntas quizás tendrías 600 años de práctica :-) y que en ese momento estaban muy vinculadas a las campañas de estudio en la SGIV. La tarea era organizar un "temario" que estuviera dirigido a personas que iniciaban su práctica. Mi labor: contarles lo que escuché de la experiencia de Argentina y servir de "moderador" de este diálogo entre generalas para conformar lo que sería la campaña para Venezuela.

Las propuestas fueron súper diversas, iban desde contar la historia de la vida de Sakyamuni hasta el origen de los Bodisatvas de la Tierra… obviamente súper denso. Poco a poco se iba puliendo y descartando cada propuesta, unas veces prevalecía la opinión de una y otras veces la de la otra. Por momentos fue complejo manejar el diálogo entre tremendas eminencias del estudio budista, sin embargo poco a poco se fue logrando este "consenso" pensado en preparar lo mejor posible a estos nuevos practicantes que deseaban ingresar a la SGIV.

Cuando logramos concentrar toda nuestra atención en el perfil de nuestros nuevos practicantes, se logró el primer temario de lo que al principio se llamó "Curso Básico de Budismo". Este nombre también tenía un antecedente, era el nombre de una actividad similar a la de Argentina pero que realizaban en Brasil. La diferencia era que Brasil hacía estos "cursos" dirigidos a cualquier persona, no era algo específico para aquellos que deseaban ingresar a la BSGI.

Después de lograr la propuesta del temario para seis meses, se presentó a la DG de ese momento y por supuesto que todo estaba acompañado por el firme compromiso que las DJs serían quienes conducirían todo, desde la logística para iniciar la campaña, hasta la conducción de esas primeras reuniones. Por supuesto, todavía habían reservas lógicas de algunos líderes que no nos consideraban preparados, estaban inseguros sobre si funcionaría, sobre la respuesta de los nuevos practicantes, etc. La cosa es que con mucha firmeza en nuestra propuesta, con mucha responsabilidad, logramos iniciar el movimiento.

Hacia finales de noviembre de 2000, se inició ese "Curso Básico de Budismo", con miras a realizar la ceremonia de esos nuevos practicantes en abril de 2001. Se hizo la convocatoria en toda Caracas y a esa primera reunión asistieron más de 80 personas, nuevos practicantes que habían manifestado su deseo de recibir Gojonzon en ingresar a la SGIV. A mí me tocó dirigir el primer tema (la historia del Budismo), luego a mi esposa un segundo tema, y así, los principales líderes de las DJs conducimos cada una de las 6 reuniones de ese curso. En abril de 2001 ingresaron más de 60 nuevos miembros a la SGIV, algo inédito y súper contundente para la época, por lo que poco a poco las DJs de la SGIV íbamos consolidando el escenario que tanto necesitaba la SGIV.

La elaboración del material también fue todo un proceso de búsqueda, revisión, corrección, diálogo, evaluación... y este ciclo se aplicaba a cada tema!!! Sin duda era una época de romper paradigmas, de conocer nuevas fuentes, por eso no fue sencillo. Mi esposa cumplió una labor importante en concretar la elaboración del material, buscando las fuentes bibliográficas a usar y compilando el material a publicar.

Ese Curso Básico de Budismo duró seis meses y sólo después de que terminó se inició otro, así que los primeros años se realizaban ceremonias cada 6 meses y en ese momento sólo en Caracas, debíamos preparar muy bien el sistema para que los líderes del interior pudieran conducir estos temas. Esto se logró luego de unos meses.

Después de al menos dos años logramos iniciar un nuevo dinamismo, iniciando un Curso Básico de Budismo cada tres meses con reuniones paralelas, lo que originó ceremonias de ingreso cada tres meses. Poco a poco se fue asumiendo la conducción del Grupo Soka primero por nuevos líderes (no sólo juveniles), después fue conducido totalmente por las Áreas, luego pasó a las Zonas hasta que finalmente llegó a lo que es hoy, una actividad conducida y coordinada por los Sectores y Grupos.

No recuerdo con exactitud cuando se decidió cambiar el nombre de Curso Básico de Budismo a "Grupo Soka", pero en resumen el objetivo fue cambiar la percepción de algunos nuevos practicantes de que la intención era cumplir un "requisito académico" y preocuparnos por transmitir el verdadero objetivo de abordar la teoría básica del Budismo buscando inspirarlos a aplicarla en la vida diaria.

Sólo hace un par de años (2010) fue que logramos el nuevo dinamismo de condensar el Grupo Soka a cuatro meses, con un temario renovado, un nuevo material y con ceremonias de ingreso cada dos meses (en Caracas). El nuevo temario ahora toma como referencia las guías que Toda Sensei e Ikeda Sensei establecieron como las guías para la práctica de la fe en la Soka Gakkai… mejor fuente imposible.

Año a año, progresivamente, las regiones del interior fueron implementando el Grupo Soka con cada vez más dinamismo. Hoy en día, las regiones del interior logran más ingresos que la capital, muestra del desarrollo del Kosen-rufu en Venezuela.

Cada etapa de cambio, de implementar nuevo dinamismo, de revisar lo logrado e impulsar una renovación en la campaña, SIEMPRE significó enfrentar la "resistencia al cambio" lógica en cualquier organización conducida por seres humanos preocupados por el desarrollo de otros seres humanos. Con cada nueva propuesta las objeciones y opiniones adversas eran obligadas, y por supuesto que eso significó el mejor escenario para la forja de nosotros, los líderes juveniles dispuestos a llevar a cabo todos los cambios necesarios para atender mejor a nuestros miembros, nuevos practicantes y amigos. Hoy el Grupo Soka es lo que es, gracias al intenso diálogo y a la responsable actividad de aquellos jóvenes que nos comprometimos a causar el movimiento necesario en la SGIV hacia la profundización del Kosen-rufu, porque eso es lo que esperaba Ikeda Sensei de nosotros.

Quizás el Grupo Soka cambie el año que viene, o en dos años, o en diez… quizás deje de existir!!! Al final, lo más importante será que pase lo que pase siempre sea para mejorar la manera en que atendemos a nuestros miembros, nuevos practicantes y amigos, buscando mejorar nuestra labor para acercar los corazones de cada uno a la Gakkai, al Gojonzon y al mentor. Siendo así, todo vale...

viernes, 21 de septiembre de 2012

Argentina 2000 - final


El viaje a Argentina para celebrar el 70º aniversario de la Soka Gakkai ya había marcado mi vida con las experiencias vividas. Y quizás fue este viaje el que cambió mi percepción de los encuentros de la SGI, sobre todo porque comencé a comprender el gran deseo de Ikeda Sensei de establecer esos vínculos humanos irrompibles y eternos que se establecían entre los jóvenes que participamos de estos encuentros, por ir con el corazón abierto y contactar el corazón de otros jóvenes que iban de igual manera. En este viaje le di un valor incalculable a lo que comencé a llamar "la capacitación paralela", esa que no está en el programa, que no está en las reuniones pautadas, sino que se aprecia y se vive en los encuentros de vida a vida que logramos al dialogar y conocer la vida de los demás participantes.

Para mí fue una tremenda fuente para "recordar lo esencial" los momentos previos a la actividad de cierre y despedida de los miembros del exterior. Era una actividad en uno de los salones del centro cultural donde estaríamos acompañados por los líderes juveniles representantes de la SGI-AR que asistieron de todo el país. Tal como se acostumbra en la Gakkai, se planificó para que hubiese mucha alegría con música y demás, así que nos solicitaron a los miembros del exterior que "hiciéramos algo". De inmediato los miembros de Brasil se pusieron al frente y propusieron al resto cantar una canción Gakkai. De hecho era una canción relativamente nueva, que se empezaba a conocer en la región latina.

Personalmente, no estaba muy cómodo con la idea, pero por apoyar a mis recién grandes amigos brasileros, a meu irmao, acepté apoyar, ensayando en una de las habitaciones de los chicos de Brasil. Como nos prestaron unos instrumentos, de inmediato comenzamos a ensayar la música, yo en la percusión y uno de los brasileros, músico de cámara e integrante de la actual orquesta filarmónica Gakkai de la BSGI (con quien me re-encontré en abril de 2009), conducía el ensayo. Nada bueno salía, muchos desentonaban, otros no seguían el ritmo, la cosa es que los ánimos se bajaban porque algunos pensábamos que mejor cambiábamos la idea, otros pensaban "si cantamos desde el corazón, no importa!". De hecho meu irmao me preguntaba "verdad que no importa?" y yo con todo el dolor del mundo le decía "creo que sí importa si suena tan mal, mejor pongamos la música de fondo para que se escuche menos peor". Meu irmao me miraba con tristeza… Esa noche, al final del único ensayo, los más músicos terminábamos por aceptar el deseo de los otros, y nos fuimos a dormir pensando "que salga lo mejor que se pueda".

Al día siguiente, nos presentaron indicando que habíamos preparado una canción como "agradecimiento" a todo lo vivido. Y salimos… Después de los primeros compases, los desentonados tomaron posesión de la canción, los que se adelantaban en el ritmo no dejaron de hacerlo jamás, así que el brasilero y yo nos miramos, reímos y seguimos la rumba! Meu irmao y el resto estaban súper alegres, los asistentes se paraban y cantaban con nosotros, así que de pronto lo único que importó fue "el corazón". Ya no valía el ritmo, el tono, si movían los brazos igual o no, en esa tarima sólo había alegría, agradecimiento, vínculo eterno, o sea, estábamos viviendo lo que Ikeda Sensei esperaba. Una extraordinaria oportunidad para confirmar que "lo más importante es el corazón".

Como cierre de todo ese gran e intenso fin de semana, los chicos de Argentina organizaron una muy especial cena en casa del asistente nacional que vino a Venezuela, donde estaríamos los 3 venezolanos junto a la mayoría de los coordinadores de toda la actividad. Era la manera de mostrarnos el vínculo tan fuerte que los dos líderes de Argentina habían establecido con nosotros.

Su casa era modesta pero muy bien cuidada. Su esposa, hija de japoneses era más Argentina que nadie; y tenían una niña de 2 añitos preciosa. Hacia el fondo de la casa había construido una gran sala con una parrilla al final, donde instaló una mesa como para 20 personas, muy larga, algo que parece tradicional en Argentina para esas comelonas que hacen; y que nosotros vinimos... Comimos carne de todo tipo, tanta como para una semana entera!

En esa cena conversamos de muchos detalles de la organización de la actividad, yo encantadísimo de conocer esa experiencia, por supuesto compartíamos la reciente experiencia de nuestra Convención de Sucesores y el asistente nacional que vino hacía que cada cosa que dijéramos quedara corta con sus "comentarios adicionales". Allí pude conocer que para ellos no había sido sencillo realizar la actividad por no contar con el apoyo de los principales líderes del país al principio. El poder invitar a miembros del exterior se había convertido en todo un problema para los jóvenes de Argentina, quienes tuvieron que mantener la firmeza de sus propuestas con mucho daimoku y firmeza para lograr el apoyo no sólo de los máximos líderes de la SGI-AR sino de la propia SGI de Japón, a quienes les preocupaba mucho que los jóvenes de Argentina realmente pudieran llevar la actividad atendiendo apropiadamente a los líderes del interior y del exterior. Sólo con una gran confianza en el objetivo de sus propuestas y actuando en auténtica unidad de Itai Doshin, lograron la aprobación y apoyo de todos los líderes.

Éramos alrededor de 20, comiendo, bebiendo (yo refresco, no tomo alcohol), riendo, recordando, compartiendo, en un ambiente de fraternidad digno de contarle a Ikeda Sensei. Ellos súper cansados pero contentos, nosotros súper llenos de comida y disfrutando enormemente.

Ese cena full carnívora, me permitió aprender muchísimo sobre lo que significa para un líder juvenil pensar en el desarrollo de su organización, al confiar en su corazón y en su deseo de actuar como un discípulo, siendo la única manera de garantizar que las acciones correctas atraerán los resultados esperados. Argentina en noviembre de 2000 me dejó grabados imborrables recuerdos que al llegar a Venezuela comenzaba a aplicar de la manera más intensa posible. Uno de los resultados inmediatos: el Curso Básico de Budismo (hoy Grupo Soka).

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Argentina 2000 - 3


El viaje a Argentina era mi segundo viaje al exterior para una actividad Gakkai, había estado en Japón en 1990 y 10 años después hacía otro viaje por la SGI. Las expectativas eran totalmente diferentes y la disposición también. En Japón todo fue inesperado, pero iba a Argentina con toda la disposición a aprender de todas las experiencias de vida y de organización que pudiera.

Aunque con toda seguridad no las contaré en orden cronológico (porque no lo recuerdo), las actividades en las que participaron fueron muy especiales cada una.

En una de las reuniones cada país participó con un reporte de sus actividades, como ya era asistente nacional me tocó intervenir por Venezuela. Después del reporte de Brasil, cualquier reporte se veía pequeño, pero de Venezuela íbamos con la gran alegría y victoria de nuestra Convención de Sucesores, así que con mucho orgullo pude transmitir lo que para nosotros significó el inicio de una nueva etapa para el Kosen-rufu de Venezuela.

Al finalizar la reunión y conversando con los nuevos amigos de la SGI-AR, caminando por uno de los pasillos del Kaikan, uno de ellos me contaba que el asistente nacional que vino en octubre había contado maravillas de los jóvenes de la SGIV, que había regresado súper impactado con lo que los venezolanos habíamos hecho, que se llevó a Argentina miles de pruebas de lo que se lograba cuando se actuaba con el corazón… yo pensaba "estaba hablando de nosotros?". Sin duda a veces es difícil percatarse de todo lo que sucede o se logra cuando uno está "en el centro" de todo lo que sucede y alguien que ve las cosas "desde afuera" puede apreciar mejor todo lo que se desarrolla.

Ese muchacho me decía que el que había venido le hablaba "del asistente nacional de Venezuela", que le había dicho que lo vio trabajando en la logística, fue MC, que además presentó los grupos de capacitación en la convención, y además dirigió las bandas musicales… él me decía "yo pensaba que estaba exagerando, que eso era mucho, pero ahora te escuché hablando y entiendo por qué él llegó contando todo lo que le impactó!!!". Nuevamente, las acciones que se realizan con pasión por el Kosen-rufu terminan impactando la vida de quienes nos rodean de una manera más contundente de la que imaginamos.

Recuerdo que cada viaje de ir y venir en autobús lo aprovechaba al máximo para conversar con meu irmao, le preguntaba sobre las actividades que hacían el Brasil, cómo atendían a tantos jóvenes! Él me confirmaba que pocas veces hacían actividades grandes, que casi todo era por Sector o Grupo. Por ejemplo esas actividades más grandes eran campeonatos de Fútbol (si, fútbol en Brasil…), que les permitía atraer a muchos jóvenes que luego invitaban a sus reuniones de diálogo. Me contaba que hacían Zadankay sólo de jóvenes, o sea, además de la Zadankay de 4 divisiones realizaban esos diálogos juveniles. En Venezuela no es que era distinto, pero sí había menos diversidad de actividades. Por momentos me quedaba viendo a la ventana del autobús y meo irmao me decía "¿en que piensa Luis Alberto?" (pónganle la melodía del portuñol), "ah, seguro que piensa que quiere que la SGIV sea como la de Argentina!" Yo le decía "Sí!!! Y cómo la de Brasil también!!!". Al final pensaba que la SGIV podía experimentar ese mismo clima de crecimiento con esas actividades diversas y sobre todo impulsando el liderazgo de los jóvenes.

Llegó el día de la asamblea para celebrar el 70º aniversario de la Soka Gakkai. Se realizó en un auditorio muy bonito preparado con unos grandes pendones en el escenario y un logotipo especial diseñado por ellos mismos para celebrar ese 70º aniversario de la Soka Gakkai. (Recuerden, año 2000, cosas no muy usuales todavía.) De hecho habían elaborado una liturgia (sutra para el gonguio) con portada especial para conmemorar la fecha, una idea muy original que al menos yo recién veía.

El ritmo de la asamblea fue muy solemne, mensajes, discursos… los MC eran los dos responsables nacionales de la DJF y DJM, los mensajes los leyeron los asistentes nacionales, todo, todo estaba liderado por los jóvenes! Los sub-directores, los líderes de las divisiones de adultos, todos estaban en tarima como máximos representantes, pero todo el ritmo era conducido por los jóvenes. (Nuevamente recuerden, año 2000, al menos yo estaba encantado con ese ritmo). No recuerdo al detalle el programa…

La otra actividad importante preparada por la SGI-AR para celebrar este 70º aniversario era un concierto muy especial que se realizó en la ciudad de La Plata, muy cercana a Buenos Aires muy bonita y reconocida por lo bien planificada en su urbanismo. El concierto se realizó en un teatro muy tradicional de la ciudad, diseñado para operas y conciertos, por lo que la celebración de ese 70º aniversario de la Soka Gakkai en Argentina se dispuso para que fuera por todo lo alto.

En la localidad sólo entraban algo así como 3.000 personas (no recuerdo bien), lo que significó que los asistentes fueron sólo un grupo de miembros designados por todos los Grupos de Argentina, porque había miembros de todo el país. A cada grupo se le asigno un número de invitaciones que fueron quienes asistieron. Ese fue un tema que en diálogos posteriores pregunté "cómo lo hicieron".

El concierto, por una de las sinfónicas reconocidas del país, fue dirigida por un director de talla internacional que conocía muy bien la labor de Ikeda Sensei por lo que era considerado un gran amigo Soka. A los miembros del exterior nos trataron como invitados de honor, por lo que estuvimos en las primeras filas. Quizás si hubiera sido una obra teatral u ópera, no hubiesen sido los mejores puestos, pero al ser un concierto filarmónico, no habían mejores locaciones. Al pie del director, pudimos vibrar con la música y con los movimientos del director.

Una ocasión súper conmovedora por lo que significaba, por el marco de la celebración, por el nivel de lo presentado y por el "aditivo adicional" que le puso el propio director, quien para la última pieza del repertorio eligió una muy movida y alegre (el “Preludio” de la ópera Carmen) que usó para interactuar con el público presente en una actitud que al menos para mí fue extraordinariamente cálida y muy consciente del público presente. Me explico: desde el comienzo fue muy dinámico en su conducción de la pieza, pero mientras avanzaba la música iba haciendo señas al público para que se "preparara", obviamente los 3.000 (+/-) presentes no entendíamos del todo, pero al llegar la parte más conocida de la pieza, de repente el director se voltea hacia el público y comienza a "dirigirnos" pidiendo que aplaudiéramos al ritmo de la música! Eso con música clásica no se hace!!!!! O al menos es muy inusual!!! Pero ahí estaba el tipo, dirigiendo nuestros aplausos, para luego volverse hacia la orquesta nuevamente y pedirnos parar nuestros aplausos, y así condujo toda la pieza!!! Fue un detallazo inolvidable que todavía recuerdo como una muestra más de lo que la Soka Gakkai e Ikeda Sensei producen, en cualquier ámbito incluyendo el cultural: salirse de reglas rígidas y apreciar lo humano, natural y cálido.

Me queda por contar varios de los encuentros valiosos con los jóvenes de Argentina y de los países invitados que nos encontramos en esta celebración inolvidable.

lunes, 3 de septiembre de 2012

Argentina 2000 - 2


Llegamos a buenos Aires y fuimos recibidos por jóvenes y adultos que nos esperaban. De entrada fuimos conociendo la realidad de Argentina de esa época: autopistas excelentes pero había que pagar peaje para usarlas!!! La gasolina 5.900 veces más cara que acá, etc…

Al llegar al hotel me encontré con la sorpresa que mi compañero de habitación sería "meo irmao", el brasilero que había venido a la convención y cuya experiencia me quedó grabada. Así que tendría la oportunidad de conocer mucho más de su experiencia! Sin duda lo percibí como una muestra más de ese vínculo místico que establecimos en la convención.

De inmediato, en uno de los primeros encuentros, comencé a aprovechar la oportunidad y pude conversar con uno de los líderes de la DJM sobre algo que les había escuchado a los jóvenes que vinieron a Venezuela: un grupo donde preparaban a aquellos que deseaban ingresar a la SGI-AR. En esa sentada el pana me explicó como nació esa actividad, su objetivo, los temas, la duración, etc. Al final, esa actividad/grupo fue el resultado del deseo de ellos de acercar el budismo más a lo cotidiano de quienes comienzan a practicar, y así facilitarles la interpretación de la teoría y filosofía del budismo del Daishonin para que lo aplicaran de inmediato en su proceso de inicio. Luego de cubrir los temas básicos y cotidianos, ingresaban a la SGI-AR como miembros. La cosa no terminaba allí, sino que también habían comenzado una actividad/grupo donde los recién ingresados miembros, participaban en una nueva serie de actividades con nuevos temas para forjarse como próximos líderes… yo estaba con la quijada en la mesa…

Y explico por qué. Hasta ese momento, la SGIV tenía como requisito para ingresar que la persona tuviese "al menos un año practicando", pero eso se basaba en que asistiera a las actividades durante ese año, y eso fue sólo en los años previos al 2000, porque antes se debía esperar hasta dos años de práctica para ingresar a la SGIV… En ese período de un año no había mayores garantías de lo que la persona estudiaba, aprendía o aplicaba. Desde que escuché de esa actividad de los argentinos que vinieron en octubre, quedé con toda la curiosidad de lo que estaban llevando a cabo. Ese sería el inicio del Grupo Soka de la SGIV (otro capítulo).

Volviendo a Argentina, estaba bastante y gratamente impresionado de la cantidad de jóvenes que veía en todo el movimiento, cuando en Venezuela éramos "un puñado" que debíamos multiplicarnos, allá veía jóvenes en todas las facetas de la actividad y honestamente sentía "yo quiero eso en la SGIV!".

Nos llevaron al Kaikan para conocer el gran salón que habían construido… EL KAIKAN!!! Era la unión de los antiguo con los moderno, porque la nueva construcción estaba justo al lado del primer Kaikan que tuvo al SGI-AR. Habían logrado la compra del terreño adyacente que les permitió construir la nueva instalación. Nos dieron el recorrido de ley, muchos salones pequeños para diálogos, la tienda modesta, vi cómo preparaban la entrega de las suscripciones, compré "La vida de Nichiren Daishonin" para mí y como encargo obligatorio de una de mis "tías"… y llegamos al salón principal.

De hecho entramos por una de los laterales porque en ese momento se celebraba una reunión de los líderes de todas las regiones del interior de Argentina. Serían unas 300 personas que se perdían en un salón construido para 1.000… mil!!!!! La instalación full moderna, diseñada por uno de los arquitectos más reconocidos de Argentina, gran amigo Soka y conocedor de la labor de la SGI y de Ikeda Sensei. Las sillas de cualquier lugar del salón estaban colocadas de tal manera que siempre verías al altar de primera vista. Todos los espacios fueron pensados con detalle. Además, contaban con un equipo de sonido que sólo existía en otros dos lugares de Argentina, o sea… la sede principal de la SGI-AR estaba en el más alto nivel de edificaciones culturales del país!!! De hecho, en años posteriores salió todo un reportaje en la prensa nacional de ese Kaikan como instalación reconocida por toda la sociedad argentina, recibiendo premios y demás… Por supuesto, todo había salido del esfuerzo de los miembros de Argentina y la contribución directa de Ikeda Sensei.

Después del recorrido llegamos a uno de los salones adyacentes para la reunión de recibimiento de nosotros, los miembros del exterior. Allí me encontré nuevamente con el gran y eterno amigo, uno de los dos líderes que vinieron. Él sentado en primera fila dirigiendo el daimoku y nosotros a partir de la segunda fila. Él dirigía el daimoku con micrófono en mano, de repente se paró y me entregó el micrófono para YO dirigir el daimoku mientras él salía del salón imagino a atender labores de logística. Así que ahí me tocó dirigir unos minutos ese daimoku con todos los invitados del exterior presentes y los que ya llegaban de la SGI-AR.

La naturalidad, sinceridad, humildad que había conocido con los dos líderes que vinieron en octubre, la comenzaba a ver en el resto de los líderes de Argentina. Iba sintiendo con más fuerza el "yo quiero esto para la SGIV".

La primera noche de intercambio, luego de las comidas y demás, aproveché de inmediato para conversar con "meo irmao". Estábamos muy contentos ambos de volver a encontrarnos y de compartir habitación, lo que nos permitía conversar en detalle de todo lo que quisiéramos saber sobre nuestras organizaciones hermanas. De inmediato le pregunté más detalle de la experiencia que contó en Venezuela: era responsable de un Sector sin más DJM, luego terminó "llenado" su estructura. Yo quería más detalle, qué hizo, cuántas visitas, qué actividades, etc. Él, con una sencillez imperturbable, me respondía: "sólo hice daimoku". Ajá, yo sé, pero qué más????  Y él volvía a enfatizar: "sólo hice daimoku". Con el daimoku aparecieron los DJM de otras zonas que se mudaron a la de él, hijos de señoras comenzaban a practicar, algunos inactivos se reactivaban, etc…

Los detalles que me dio fueron TODOS dirigidos a la sinceridad del daimoku que él realizaba. Oraba por que surgieran los Bodisatvas de la Tierra que su Sector necesitaba, oraba por pulir su corazón para atender mejor a los jóvenes que llegaban… no hubo mejor orientación…

Me queda escribir la celebración del 70º aniversario de la Soka Gakkai, el gran concierto en La Plata y la cena con los líderes juveniles que organizaron la actividad. Sigo!

lunes, 27 de agosto de 2012

Argentina 2000 - Parte 1


El 15 de octubre de realizó la Convención de los Sucesores de Venezuela y ese domingo marcó la vida de muchos de los que participamos, después de 4 días intensos con intercambios de vida a vida que nos conectaron con amigos eternos de todos los países que llegaron.

Ese domingo casi todos los jóvenes del interior y del exterior regresaban a sus hogares, el movimiento por llevarlos a sus terminales terminaba al final del día y algunos se quedaron unos días más. El apoyo de las 4 divisiones fue imprescindible para atender a cada uno de estos Bodisatvas de la Tierra que respondieron a la invitación de las Divisiones Juveniles de la SGIV.

Los vínculos humanos que establecí con los jóvenes del exterior que llegaron son eternos, lo que Ikeda Sensei siempre inspira a buscar en estos intercambios juveniles, que la SGI sirva que establecer vínculos irrompibles de jóvenes que nunca olviden su compromiso con toda la humanidad. La convención de Venezuela profundizó mi convicción de actuar como discípulo y corresponder al mentor en su deseo de valorar estos encuentros y lazos establecidos entre jóvenes de toda la región.

Ahora, con más amigos y compañeros de fe en toda la región de América Latina, comenzó una nueva etapa de intercambios con estos países que sirvieron para impulsar mi acción basada en el deseo de contribuir con más contundencia al desarrollo de la SGIV.

Yo había participado en un sólo intercambio de la SGI cuando viajé en 1990 a Japón, con 18 años me encontré con Sensei, conocí la Soka Gakkai y su influencia en la sociedad japonesa, percibí el impacto de que millones de personas estuvieran unidas al movimiento por el Kosen-rufu y además pude conocer Taiseki-lli, el Sho-Hondo (templo principal) y hacer daimoku y gonguio frente al Dai-Gojonzon. Si no me equivoco fue la penúltima peregrinación de miembros de la SGI, ya que después vino el conflicto con el clero que ocasionó que los miembros de la SGI fueran injustamente privados de tener esta experiencia.

Después de ese viaje (experiencia que escribiré en detalle luego), no volví a participar en ningún intercambio cultural o de capacitación de la SGI, ni en Japón ni en ningún otro país. Honestamente no me inspiraba hacerlo. Sólo a finales de los '90, cuando establecí amistad con un pionero de Brasil y un joven de México, es que comencé a apreciar con más profundidad el valor de conocer la realidad de otras organizaciones, sus problemas y sus campañas, cómo enfrentaban sus dificultades… más que las maneras, el espíritu con el que luchaban en esos países.

Además la convención me permitió conocer la realidad de muchos países de un solo golpe. Conocer cómo luchaban los jóvenes de México, Costa Rica, Bolivia, Ecuador, Chile, fue realmente enriquecedor para mí. Brasil siempre había sido una referencia obligada no sólo por los intercambios en los que ya habían participado jóvenes de Venezuela en años previos, sino por la continua referencia del propio Ikeda Sensei a "seguir el ejemplo de Brasil", donde el espíritu de Mentor y Discípulo se VIVE con una intensidad que toda la región debemos buscar de emular, por supuesto con nuestra propia realidad.

Sin embargo, fue Argentina quien llamó más mi atención. Los dos asistentes nacionales que llegaron en octubre me mostraron una SGI-AR que yo desconocía totalmente, me mostraron una calidez, creatividad, humildad, sencillez, fluidez en el diálogo, realmente contundentes y quedaron grabados en mi corazón de manera inevitable.

Los jóvenes de Argentina habían respondido a la invitación de Venezuela porque varias de la DJF de Venezuela que habían participado en capacitaciones previas en Japón habían establecido vínculos con los líderes juveniles de Argentina, así que ellos enviaron a la convención a estos dos asistentes nacionales, mostrando su mayor respeto a la actividad que Venezuela se propuso realizar.

Al terminar la convención, no recuerdo el momento exacto, pero nos enteramos de que la SGI de Argentina realizaría una gran actividad para celebrar el 18 de noviembre de ese año 2000, cuando la Soka Gakkai cumpliría 70 años. Lo que si recuerdo es que no fue mucho tiempo que tuvimos para responder como SGIV a la invitación. Recuerdo que por primera vez sentía una cosquillita por participar en una actividad de la SGI de otro país y sin duda lo atribuía totalmente al impacto que causaron los dos líderes que habían venido. Comencé a sentir el deseo de conocer más de lo que ellos nos presentaron como la lucha de los jóvenes de la SGI de Argentina, hasta ese momento desconocida en detalle al menos por mí.

Por supuesto el tema del dinero era importante, pero la velocidad para responder a la SGI de Argentina no me permitió demorarme mucho en tomar la decisión. Mi esposa, mi hermano, mis padres, fueron determinantes para convencerme a plantearme viajar, todos ellos habían viajado en años recientes a distintos países y me inspiraron a aprovechar esta oportunidad de conocer mucho más el proceso de lucha por el Kosen-rufu en Argentina. De hecho mi mamá había participado años antes en una actividad en Argentina que le dejó una experiencia inolvidable.

Así pues, fue casi inevitable responder a la invitación de la SGI-AR y tres jóvenes de la SGIV asistimos a la celebración del 70º aniversario de la Soka Gakkai a celebrarse en Buenos Aires y La Plata. Viaje por 3 días junto a dos eternas amigas y compañeras de fe de Venezuela, con el corazón totalmente abierto para poder grabar profundamente cada instante y cada encuentro de ese viaje. Del 17 al 19 de noviembre compartimos la celebración de esa importante fecha con los miembros de la SGI-AR.

2007 - El avance en el desarrollo de los jóvenes

La SGIV formalizó las actividades del Grupo de Estudiantes y Grupo futuro en julio y septiembre de 2006, respectivamente. Así que para 2007 ...