La actividad
Después de haberse generado todos los diálogos, análisis, conversaciones y demás cosas necesarias, se definieron quienes integrarían la "nueva" dirección general de 2005. En esencia, además de nueva directora general se nombraría nuevo responsable nacional de la División de Caballeros y nuevos responsables juveniles que incluyó el nombramiento de nuevas asistentes nacionales de la DJF.
Para realizar los nuevos nombramientos se planificó la asamblea general a la que serían invitados todos los responsables del país. Por esto el lugar debía ser suficientemente grande, el Kaikan no tenía la capacitad necesaria. La búsqueda del lugar y la fecha para la actividad fueron las tareas inmediatas.
Aprovechando contactos que tenía nuestra propia nueva directora general, se logró reservar el salón principal del Hotel Meliá Caracas a un precio muy por debajo de su costo normal en esa época. El día reservado fue el 5 de junio. Para ese día estaba prevista la presencia de la mayoría de los líderes del país, así como la presencia del vicepresidente de la SGI para América Latina, quien sería el responsable de realizar los nombramientos de la nueva Dirección General de la SGIV así como transmitir el saludo y las palabras de aliento del presidente Ikeda.
El salón fue acondicionado lo más cálido posible. Tanto Biakuren Alegría como Guardianes de la Paz mostraron uniformes bien formales, ambos grupos habían tenido su renovación por lo que la cantidad de jóvenes involucrados era mayor a años previos. Además, en esa actividad ya iba tomando forma la agrupación de jóvenes que iban asumiendo el registro audiovisual de las actividades, lo que un año después se consolidaría como Visión Soka, pero hasta ese momento sólo eran jóvenes que, dentro de su actividad como Guardianes de la Paz, ocupaban posiciones específicas donde podían tomar las fotografías que dejaban constancia de lo ocurrido. Igualmente se contrató a un fotógrafo profesional que realizó las tomas principales que fueron apreciadas por todos luego, y por supuesto enviadas a Sensei.
En mi caso, era la primera actividad que debía asumirla como participante en tarima, ya que siempre, por ser asistente nacional, estaba involucrado en el movimiento, en lo que sucedía en la parte que "no se ve", de una u otra forma moviéndome y siguiendo el desarrollo de las actividades al lado de la coordinación o grupos de apoyo. En esta oportunidad debía estar sentado en tarima y estaba realmente incómodo. Y la corbata… nada más incómodo… Por otro lado, el observar el desarrollo de la actividad ahí sentado sirvió para apreciar los rostros de los líderes presentes mientras se desarrollaba el programa de la actividad.
La planificación estaba pensada para ofrecer los reconocimientos más que pertinentes a los responsables salientes y las palabras de los nuevos responsables. Aunque el detalle y el orden especifico de todo lo que ocurrió no lo conservo, sí tengo grabadas cosas que fueron muy significativas para mí y por supuesto para muchos.
Por ejemplo algo muy conmovedor fue el aplauso contundente y largo que se le brindó al director general saliente. Obviamente una ovación de pie de todos los presentes lleno de agradecimiento, reconocimiento, alegría, algunos con tristeza por pensar que no lo verían tan a menudo (los responsables del interior por ejemplo), pero en general una ovación que jamás sería suficiente para demostrarle a él, todo el cariño que se supo ganar de la inmensa mayoría de quienes estaban vinculados a la SGIV. Naturalmente unas cuantas lágrimas recorrieron los rostros de muchos.
No menos emotiva fue la ovación para recibir a la nueva directora general, esta vez estuvo llena de alegría y hasta orgullo, porque sería la segunda directora general de la SGI y la única de toda América, así que no era cualquier cosa que Venezuela fuese pionera al nombrar a una mujer como directora general. Como era de esperarse, las palabras de nuestra directora hacia el director saliente estuvieron llenas del más sincero y honesto agradecimiento, por habernos enseñado con el ejemplo lo que es poner a los miembros siempre como prioridad en la Soka Gakkai.
Las palabras del nuevo responsable de la DC comenzaron con la solicitud de dar un cálido aplauso de agradecimiento al responsable saliente, mi padre. El aplauso fue general. Sabía que iba a solicitar ese aplauso, él me comentó que lo haría, lo que no tenía certeza era cómo sería la reacción. Pude confirmar que mi padre tenía (tiene) el cariño de muchos que lo conocieron desde el inicio de su práctica a finales de los '70, así que fue muy bonito ver el reconocimiento.
La nueva responsable de DJF también expresó su agradecimiento a la responsable saliente, mi esposa. Era obvio que las lágrimas estarían más involucradas, así que corrieron muchas lágrimas por las emociones encontradas de las líderes de la DJF. En este caso particular, siempre reconoceré el gran ambiente de liderazgo que había creado mi esposa en la DJF, luchando al lado de todas sus responsables de Área y Zona conformando un comité con una capacidad forja extraordinario desde mi punto de vista. Justamente por este escenario logrado, el relevo de la DJF no sólo llegaba con la nueva responsable nacional, sino también con 3 asistentes nacionales que se integraban a la nueva Dirección General.
En mi turno para compartir las palabras como nuevo responsable nacional de la DJM, ya había preparado con los panas y amigos hacer entrega de una placa muy especial para "El Jefe", forma en que yo llamé y sigo llamando a quien significó un gran compañero de lucha como DJM y que hoy seguimos compartiendo escenario como DC, en la misma Área de hecho. Jamás podría negar que a la hora de hacer entrega de ese pequeño gesto a El Jefe tuve un nudo en la garganta. Creo que era por recordar el compartir cientos de actividades, de campañas de victorias y derrotas, de apoyar juntos a cientos de DJM en toda Venezuela, de compartir proyectos y la visión de una SGIV cada vez mejor y más cerca del corazón del mentor… Sin duda todo eso se resumía en unos segundos que duró la entrega de esa placa sencilla pero significativa.
El mensaje de Sensei, leído por el vicepresidente de la SGI, transmitía no sólo su alegría por lo que sucedía en Venezuela, sino su solicitud explícita de luchar al lado de la nueva directora general, así de específico era el pedido del mentor. Además, en ese mensaje habló de algo súper especial: el "tercero". Se refería a la tercera generación de liderazgo en toda campaña. Por supuesto hablaba de sí mismo como tercer presidente de la Soka Gakkai, pero por supuesto también hablaba de nuestra directora, la tercera en la conducción de la SGI de Venezuela. Así que como de costumbre Sensei dedicaba la más cálida y sincera atención a lo sucedía en Venezuela.
Esa actividad terminó con la intervención musical del Ensamble Soka que causó el desborde de alegría de muchos, incluido el director general saliente quien no pudo evitar salir a bailar al ritmo de unos tambores venezolanos, acompañado por supuesto de algunas féminas. Después del cierre del programa se tomaron varias fotos conmemorativas incluidas las que agruparon a los responsables presentes por división, los grupos de forja presentes y otros grupos de líderes. En esos minutos finales me ocupé de hacer que sobre todo los líderes de la DJM del interior pudiesen dedicar unas palabras de despedida y agradecimiento a El Jefe en una pequeña tarjeta que acompañaba la placa que hicimos. Las demás divisiones también entregaban obsequios y otros detalles de agradecimiento a los líderes salientes. Sin duda fueron momentos muy emotivos que sobre todo los líderes del interior aprovecharon para tener diálogos significativos con los líderes salientes de la DG.
Arrancaba una nueva etapa para la SGIV, y por supuesto para la vida de cada uno de los involucrados en la nueva conducción de la organización. Los meses inmediatos siguiente sirvieron para afianzar el nuevo clima que prevalecería en la DG para esa etapa, así que estaba dispuesto a poner la más contundente determinación en desarrollar el más contundente compromiso con Sensei y con cada miembro y amigo de la SGIV.
domingo, 13 de septiembre de 2015
miércoles, 9 de septiembre de 2015
Nueva Dirección General (2005) - 1
Desde marzo de 2000 había sido nombrado como asistente nacional de la DJM. Quien era el responsable nacional, amigo de muchos años y con quien luché dentro de la Banda de Metales (hoy Jóvenes Leones) desde hacía ya muchos años, había impulsado que fuese nombrado como asistente de la DJM, después de compartir la lucha de los años previos.
Mi esposa también fue nombrada asistente nacional en la misma fecha. Sin embargo, debido a que la responsable de la DJF tuvo que irse a vivir al exterior, antes de terminar el año 2000 mi esposa fue nombrada responsable nacional de la DJF. Así, ambos compartimos una nueva etapa en la Dirección General de la SGIV desde ese año 2000, con un nuevo escenario para impulsar nuevas campañas y estrategias.
Nuestra motivación siempre fue generar cambios en las maneras así como revisar el fondo de las actividades y promover renovación en el sistema que prevalecía. El Grupo Soka, las suscripciones anuales, la reformulación de la Secretaría de la SGIV, el sitio web de la SGIV, el esquema mensual de actividades, etc., son muchas de las cosas que se implementaron a partir de ese año 2000, con el liderazgo que se renovó en los jóvenes de la DG.
Una de las principales tareas fue seguir impulsando que la relación mentor y discípulo volviese a ser la base y principal motivación de las acciones sobre todo de los jóvenes. Esta tarea la había retomado la responsable de la DJF que precedió a mi esposa, quien honestamente considero como la protagonista de esa revisión en la motivación principal en las actividades de forja y capacitación de jóvenes y responsables. Así los líderes juveniles íbamos marcando presencia y promoviendo los cambios en la DG de esa época.
Durante cinco años fui asistente nacional, asistiendo a la Dirección General que llegué a considerar un cónclave nada sencillo y lleno de complejas relaciones entre quienes la integraban. Esa complejidad ocasionó que luego de un par de años, sencillamente no aguantara el ritmo, el clima, el ambiente que se generaba en ese cónclave, pidiendo a mi responsable nacional disculpas pero que me permitiera dejar de asistir a las reuniones de DG, por considerar que no tenía la fuerza y energía vital para continuar participando de esas complejas relaciones. Mi responsable, aun sin estar de acuerdo, respetó mi solicitud, que de hecho implicaba que él confiara en mí la responsabilidad de conducir el movimiento de la DJM en Caracas, y él enfocarse más a la atención de las regiones del interior. Por otro lado, quien no me perdonó por ese "abandono temporal" fue mi esposa, quien no dejó de recordarme por siempre que eso no lo hubiese hecho Sensei, que él jamás hubiese abandonado a un escenario como ese de esa manera.
Fueron meses que dejé de asistir a las reuniones de DG, llegué a pensar que era más productivo dejar a mi responsable nacional que sólo él participara y me pasara las decisiones más importantes para luego impulsarlas en el resto de la división. Acepté mi intolerancia, al punto de considerarme incapaz de poder participar en las reuniones de DG por no tener la fortaleza y la capacidad para producir diálogos amenos y que generaran acuerdos más dinámicos. Y esa aceptación por supuesto también incluía menosprecio hacia el resto de quienes integraban la DG.
Retomé la participación a las reuniones de DG luego de compartir la situación con un gran amigo del exterior, quien al darme su opinión causó la reflexión profunda y necesaria sobre lo que estaba haciendo y el cambio de actitud inmediato que necesitaba realizar para comportarme como un verdadero discípulo y sucesor del mentor. Sus palabras las recuerdo siempre, porque me invitó a reconocer que cualquier cambio debía originarse en mí, no en ellos, que mi concepto sobre la personalidad de los demás sería la causa para que, en el futuro, los líderes de relevo tuviesen un concepto similar sobre mí. Así que basado en la firme convicción de generar causas distintas que aseguraran un futuro distinto, renové el compromiso de participar en la DG de manera activa y decidida.
El director general de esa época siempre buscaba el acuerdo general y absoluto, cosa que no era nada fácil ni dinámico, sin embargo fue su figura la que extraía el respeto común de todos que posibilitó el mantenimiento y desarrollo de la SGIV durante sus más de 20 años al frente como director general. Siempre lo llamaba "el eterno DJM", a veces "el eterno Guardián de la Paz", porque siempre se quedaba hasta el final de la jornada y sólo cuando ya todos nos habíamos ido del kaikan, él cerraba y salía sólo a su hogar. Obviamente era otro tiempo, otra época. Su preocupación por todos nosotros siempre fue manifiesta y nunca dudó en reconocer el esfuerzo de los que se esforzaban "detrás de bambalinas", en la sombra, esos que no buscaban reconocimiento. Él se los otorgaba.
En esa DG (previa a 2005) también sucedía algo muy particular: yo compartí escenario no sólo con mi esposa (responsable nacional de la DJF) sino también con mi padre (responsable nacional de la DC). En ambos casos nunca fue un problema alzar la voz para señalar mis desacuerdos con cualquiera de los dos en las reuniones de DG. Por supuesto esto no era lo que el resto esperaba, al menos no todos. Siempre percibí que algunos esperaban que siempre estuviéramos de acuerdo en todo, por lo que me enorgullece haber demostrado en la acción que el criterio propio siempre prevaleció en los tres, pensando siempre en el beneficio de los miembros por sobre cualquier otra cosa.
Así pasaron cinco años en los que como asistente nacional de DJM ponía mi mejor esfuerzo para ganar la confianza del resto de los integrantes de la DG. Al lado de los demás líderes juveniles logramos impulsar los cambios de manera progresiva que se iban percibiendo en toda la organización. Por otro lado, poco a poco se iba haciendo más necesario que el director general lograra el relevo en la conducción de la SGIV, principalmente por su salud. Aunque hoy sigue siendo muy dinámico, fresco y jovial, merecía un ritmo más relajado en sus actividades que siempre incluyeron desplazarse a cualquier lugar del país que necesitara apoyo.
Pero, ¿cómo se nombra un nuevo director general? Ante esa coyuntura la respuesta se encuentra en la propia estructura de la Soka Gakkai: cuando se va a nombrar a alguien en el nivel de Grupo, el diálogo se desarrolla en Sector y demás niveles; cuando se realiza nombramiento en Sector, el diálogo se desarrolla en Zona y niveles siguientes… Así, en la Soka Gakkai el diálogo sobre el análisis de un nivel siempre se desarrolla en las instancias siguientes, nunca en el mismo nivel. Entonces, ¿quién realiza el análisis sobre la dirección general de un país? Obviamente, la SGI, a través de su oficina para América Latina y los vice-presidentes asignados para la región. Es en ese nivel donde se analiza y se dialoga cada vez que se realiza un nombramiento de nivel nacional. Todos esos datos, intercambio de información, sugerencias, que generan la toma de decisión para nombrar a un responsable nacional, se toman en ese escenario: la SGI.
De esa manera el vice-presidente de la SGI para la región inició los diálogos pertinentes y se generó el escenario para la renovación de la Dirección General de la SGIV. El vice-presidente debe haber realizado dos o tres viajes previos a junio 2005, no recuerdo bien, pero fueron los necesarios para promover todos los diálogos que fueron generando una especie de consenso en el nombramiento de la nueva directora general. Sí, Venezuela tendría a una mujer al frente de la Soka Gakkai, situación que, al menos en ese momento sería la segunda en toda la SGI y la única en toda América.
Con la decisión tomada para realizar el nombramiento de la nueva directora general, se daba también el análisis y toma de decisión para nombrar nuevos responsables nacionales de cada división. Es así como mi responsable nacional recomienda que yo asuma su relevo con toda confianza, él manifestaba estar más que tranquilo y confiado en que yo lo relevara, nuestro vínculo y trabajo juntos por más de 20 años nos brindaba una confianza mutua que honestamente sigo apreciando y compartiendo con todos los que puedo como ejemplo de respeto, aprecio y reconocimiento por el esfuerzo del otro.
En el caso de mi padre y esposa, como eran los responsables nacionales vigentes, también fueron relevados por quienes eran sus asistentes en ese momento. En el caso de mi esposa, ella era, de los responsables nacionales, quien menos tiempo tenía como tal, así que quizás ese fue el cambio que me pareció más inesperado. Sin embargo el argumento principal era la búsqueda de una renovación completa de las principales posiciones nacionales, así que tanto mi padre como mi esposa salían de la DG y pasaban a ser asesores de sus divisiones.
De esa manera todo se preparaba para realizar los nuevos nombramientos en junio de 2005, en una actividad a nivel nacional convocando a los responsables el todo el país y con la presencia del vice-presidente de la SGI, quien representaría al presidente Ikeda y transmitiría su mensaje especialmente dedicado a esa ocasión.
Mi esposa también fue nombrada asistente nacional en la misma fecha. Sin embargo, debido a que la responsable de la DJF tuvo que irse a vivir al exterior, antes de terminar el año 2000 mi esposa fue nombrada responsable nacional de la DJF. Así, ambos compartimos una nueva etapa en la Dirección General de la SGIV desde ese año 2000, con un nuevo escenario para impulsar nuevas campañas y estrategias.
Nuestra motivación siempre fue generar cambios en las maneras así como revisar el fondo de las actividades y promover renovación en el sistema que prevalecía. El Grupo Soka, las suscripciones anuales, la reformulación de la Secretaría de la SGIV, el sitio web de la SGIV, el esquema mensual de actividades, etc., son muchas de las cosas que se implementaron a partir de ese año 2000, con el liderazgo que se renovó en los jóvenes de la DG.
Una de las principales tareas fue seguir impulsando que la relación mentor y discípulo volviese a ser la base y principal motivación de las acciones sobre todo de los jóvenes. Esta tarea la había retomado la responsable de la DJF que precedió a mi esposa, quien honestamente considero como la protagonista de esa revisión en la motivación principal en las actividades de forja y capacitación de jóvenes y responsables. Así los líderes juveniles íbamos marcando presencia y promoviendo los cambios en la DG de esa época.
Durante cinco años fui asistente nacional, asistiendo a la Dirección General que llegué a considerar un cónclave nada sencillo y lleno de complejas relaciones entre quienes la integraban. Esa complejidad ocasionó que luego de un par de años, sencillamente no aguantara el ritmo, el clima, el ambiente que se generaba en ese cónclave, pidiendo a mi responsable nacional disculpas pero que me permitiera dejar de asistir a las reuniones de DG, por considerar que no tenía la fuerza y energía vital para continuar participando de esas complejas relaciones. Mi responsable, aun sin estar de acuerdo, respetó mi solicitud, que de hecho implicaba que él confiara en mí la responsabilidad de conducir el movimiento de la DJM en Caracas, y él enfocarse más a la atención de las regiones del interior. Por otro lado, quien no me perdonó por ese "abandono temporal" fue mi esposa, quien no dejó de recordarme por siempre que eso no lo hubiese hecho Sensei, que él jamás hubiese abandonado a un escenario como ese de esa manera.
Fueron meses que dejé de asistir a las reuniones de DG, llegué a pensar que era más productivo dejar a mi responsable nacional que sólo él participara y me pasara las decisiones más importantes para luego impulsarlas en el resto de la división. Acepté mi intolerancia, al punto de considerarme incapaz de poder participar en las reuniones de DG por no tener la fortaleza y la capacidad para producir diálogos amenos y que generaran acuerdos más dinámicos. Y esa aceptación por supuesto también incluía menosprecio hacia el resto de quienes integraban la DG.
Retomé la participación a las reuniones de DG luego de compartir la situación con un gran amigo del exterior, quien al darme su opinión causó la reflexión profunda y necesaria sobre lo que estaba haciendo y el cambio de actitud inmediato que necesitaba realizar para comportarme como un verdadero discípulo y sucesor del mentor. Sus palabras las recuerdo siempre, porque me invitó a reconocer que cualquier cambio debía originarse en mí, no en ellos, que mi concepto sobre la personalidad de los demás sería la causa para que, en el futuro, los líderes de relevo tuviesen un concepto similar sobre mí. Así que basado en la firme convicción de generar causas distintas que aseguraran un futuro distinto, renové el compromiso de participar en la DG de manera activa y decidida.
El director general de esa época siempre buscaba el acuerdo general y absoluto, cosa que no era nada fácil ni dinámico, sin embargo fue su figura la que extraía el respeto común de todos que posibilitó el mantenimiento y desarrollo de la SGIV durante sus más de 20 años al frente como director general. Siempre lo llamaba "el eterno DJM", a veces "el eterno Guardián de la Paz", porque siempre se quedaba hasta el final de la jornada y sólo cuando ya todos nos habíamos ido del kaikan, él cerraba y salía sólo a su hogar. Obviamente era otro tiempo, otra época. Su preocupación por todos nosotros siempre fue manifiesta y nunca dudó en reconocer el esfuerzo de los que se esforzaban "detrás de bambalinas", en la sombra, esos que no buscaban reconocimiento. Él se los otorgaba.
En esa DG (previa a 2005) también sucedía algo muy particular: yo compartí escenario no sólo con mi esposa (responsable nacional de la DJF) sino también con mi padre (responsable nacional de la DC). En ambos casos nunca fue un problema alzar la voz para señalar mis desacuerdos con cualquiera de los dos en las reuniones de DG. Por supuesto esto no era lo que el resto esperaba, al menos no todos. Siempre percibí que algunos esperaban que siempre estuviéramos de acuerdo en todo, por lo que me enorgullece haber demostrado en la acción que el criterio propio siempre prevaleció en los tres, pensando siempre en el beneficio de los miembros por sobre cualquier otra cosa.
Así pasaron cinco años en los que como asistente nacional de DJM ponía mi mejor esfuerzo para ganar la confianza del resto de los integrantes de la DG. Al lado de los demás líderes juveniles logramos impulsar los cambios de manera progresiva que se iban percibiendo en toda la organización. Por otro lado, poco a poco se iba haciendo más necesario que el director general lograra el relevo en la conducción de la SGIV, principalmente por su salud. Aunque hoy sigue siendo muy dinámico, fresco y jovial, merecía un ritmo más relajado en sus actividades que siempre incluyeron desplazarse a cualquier lugar del país que necesitara apoyo.
Pero, ¿cómo se nombra un nuevo director general? Ante esa coyuntura la respuesta se encuentra en la propia estructura de la Soka Gakkai: cuando se va a nombrar a alguien en el nivel de Grupo, el diálogo se desarrolla en Sector y demás niveles; cuando se realiza nombramiento en Sector, el diálogo se desarrolla en Zona y niveles siguientes… Así, en la Soka Gakkai el diálogo sobre el análisis de un nivel siempre se desarrolla en las instancias siguientes, nunca en el mismo nivel. Entonces, ¿quién realiza el análisis sobre la dirección general de un país? Obviamente, la SGI, a través de su oficina para América Latina y los vice-presidentes asignados para la región. Es en ese nivel donde se analiza y se dialoga cada vez que se realiza un nombramiento de nivel nacional. Todos esos datos, intercambio de información, sugerencias, que generan la toma de decisión para nombrar a un responsable nacional, se toman en ese escenario: la SGI.
De esa manera el vice-presidente de la SGI para la región inició los diálogos pertinentes y se generó el escenario para la renovación de la Dirección General de la SGIV. El vice-presidente debe haber realizado dos o tres viajes previos a junio 2005, no recuerdo bien, pero fueron los necesarios para promover todos los diálogos que fueron generando una especie de consenso en el nombramiento de la nueva directora general. Sí, Venezuela tendría a una mujer al frente de la Soka Gakkai, situación que, al menos en ese momento sería la segunda en toda la SGI y la única en toda América.
Con la decisión tomada para realizar el nombramiento de la nueva directora general, se daba también el análisis y toma de decisión para nombrar nuevos responsables nacionales de cada división. Es así como mi responsable nacional recomienda que yo asuma su relevo con toda confianza, él manifestaba estar más que tranquilo y confiado en que yo lo relevara, nuestro vínculo y trabajo juntos por más de 20 años nos brindaba una confianza mutua que honestamente sigo apreciando y compartiendo con todos los que puedo como ejemplo de respeto, aprecio y reconocimiento por el esfuerzo del otro.
En el caso de mi padre y esposa, como eran los responsables nacionales vigentes, también fueron relevados por quienes eran sus asistentes en ese momento. En el caso de mi esposa, ella era, de los responsables nacionales, quien menos tiempo tenía como tal, así que quizás ese fue el cambio que me pareció más inesperado. Sin embargo el argumento principal era la búsqueda de una renovación completa de las principales posiciones nacionales, así que tanto mi padre como mi esposa salían de la DG y pasaban a ser asesores de sus divisiones.
De esa manera todo se preparaba para realizar los nuevos nombramientos en junio de 2005, en una actividad a nivel nacional convocando a los responsables el todo el país y con la presencia del vice-presidente de la SGI, quien representaría al presidente Ikeda y transmitiría su mensaje especialmente dedicado a esa ocasión.
martes, 30 de junio de 2015
JCP - Anécdotas - 8
Consejo Comunal El Caribe
En la zona donde vivo desde hace más de 30 años obviamente nos conoce todo el mundo. Por otro lado, los "chamos" con los que crecí muchos ya no están y otros son tan viejos como yo, por lo que hay una nueva generación de chamos que no conozco a la mayoría, y con sus padres se ha mantenido una relación de respeto y trato eventual.
Desde hacía tiempo habíamos planteado la posibilidad de realizar un taller JCP dirigido a los integrantes del Consejo Comunal de El Caribe, aprovechando que mi suegra, también miembro de la SGIV, era una de las principales voceras. Por una u otra razón no se lograba cuadrar la fecha. Incluso realizamos un taller JCP en el Pedagógico de Caracas un mes antes a través de uno de los vecinos integrantes del Consejo Comunal de El Caribe, que conoció el mensaje del taller y se cuadró realizarlo. Ese taller en el Pedagógico lo conducimos mi esposa y yo, así que nuestro vecino quedó más que satisfecho con la actividad y también movió lo necesario para lograr realizar el taller en el Consejo Comunal.
Fue muy gratificante conducir el taller para nuestros vecinos que, en su mayoría, nos conocían a mi hermano, mi esposa y yo desde que éramos niños, de hecho sus comentarios durante el diálogo eran explícitos en manifestar lo grato que era para ellos recibir el taller de nosotros, por habernos visto crecer como personas de bien y por el aprecio que tenían por nuestros padres.
Nunca he sido protagonista en las actividades que ha propuesto el Consejo Comunal, aun teniendo a mi suegra como una de las más fehacientes activistas sociales, siempre mi participación ha sido como un vecino más. Sin embargo este taller que realizamos en agosto de 2010 dejó una sensación de haber trabajado a su lado desde siempre. Y de hecho creo que es así, porque con las acciones que uno realiza para hacer que prevalezca el respeto y el aprecio mutuo, son una causa que sin lugar a dudas genera un efecto.
Creo que si todos los jóvenes lograran realizar un taller JCP en los Consejos Comunales de la zona donde viven, en las juntas de condominio, en fin, a los entes que coordinan o administran los esfuerzos por el cuidado y desarrollo de la comunidad, la SGIV logra su misión de manera directa.
U.E. Bolívar y Freud
En diciembre de 2011 dejé de ser un miembro de las Divisiones Juveniles de la SGIV, pasé a ser División de Caballeros. Ese año no pudo tener resultados más contundentes en mi actividad como líder en la División Juvenil. Por supuesto que el broche de oro para cumplir mi rol como División Juvenil fue el Festival Juvenil Soka. Pero para esa actividad todavía me reservo unas cuantas entregas más para llegar a ella. En este caso deseo completar lo que recuerdo gratamente en mi participación en la campaña "Jóvenes Constructores de la Paz", con el que creo que fue el último taller que me tocó conducir.
Mi chamo estudió desde el tercer grado y hasta que se graduó en la misma institución educativa, la U.E. Bolívar y Freud. Hace muchísimos años, cuando él todavía era un bebé, recuerdo haber visto una entrevista a quien fuera ministra. Ella recordaba una vieja premisa que decía "¿cuál es el mejor colegio? ¡El que queda más cerca de casa!". Y en efecto fue así, el Bolívar y Freud queda a dos cuadras de mi casa.
Ya habíamos conversado con la directiva del colegio y les habíamos contado del taller y nuestro deseo de ofrecerlo a los maestros y profesores por conocer bastante de cerca la realidad del colegio. Así, en junio de 2011 mi esposa y yo realizamos dos jornadas de talleres para ellos.
Tal como decía antes, fue el último de los talleres que me tocó conducir. Con toda la experiencia de los 5 años previos, aún sentí que aprendía de cada sección del taller, de cada intervención de los participantes, del video de GKI!!! Creo que ese video podría verlo mil veces más y seguiría encontrando fuentes para reflexionar e invitar a la reflexión. Los maestros y profesores tenían edades y experiencias diversas, unos muy jóvenes, otros con ya bastante experiencia. Para todos la frase en común era "ah! Ustedes son los padres de Brian!". Para bien o para mal mi chamo era conocido por todos.
El último de los talleres que conduje estuvo enmarcado en las actividades del FJS, porque nuestra meta fue que todos los participantes recibieran el taller. Pero este taller en el colegio donde estudió mi chamo lo sentí como una contribución más directa a la comunidad educativa de su colegio. Al igual que en el anterior caso, creo que si cada miembro de la SGIV contribuye con esta actividad en el colegio donde estudian sus chamos, sobrinos, etc., la SGIV difundirá con mucho más contundencia su mensaje humanista.
Con esto termino lo que deseaba escribir de lo que recuerdo en mi participación como "tallerista" del JCP. Sin duda hay mucho más en mi memoria, pero deseaba dejar por escrito lo que me parecía más resaltante. Creo que no me alcanzará el tiempo para retribuir todo lo que obtuve de la SGIV al permitirme participar en esta campaña que espero sea eterna, que no deje de implementarse y más bien se siga expandiendo y desarrollando como una firme y contundente contribución de la SGIV a la sociedad venezolana.
Extraño ser tallerista, lo que se vive como tallerista del JCP jamás podré suplirlo con otra cosa. Lo que sí garantizo es que siempre mantendré la premisa de "qué más puedo hacer" por el avance del Kosen-rufu en Venezuela. Hoy ya no me toca ser tallerista, pero labores y acciones por difundir el legado de nuestro mentor y los valores universales del Budismo Nichiren, siempre habrán y siempre será necesario que existamos quienes estemos dispuestos a desarrollarlas. Y ahí siempre estaré…
En la zona donde vivo desde hace más de 30 años obviamente nos conoce todo el mundo. Por otro lado, los "chamos" con los que crecí muchos ya no están y otros son tan viejos como yo, por lo que hay una nueva generación de chamos que no conozco a la mayoría, y con sus padres se ha mantenido una relación de respeto y trato eventual.
Desde hacía tiempo habíamos planteado la posibilidad de realizar un taller JCP dirigido a los integrantes del Consejo Comunal de El Caribe, aprovechando que mi suegra, también miembro de la SGIV, era una de las principales voceras. Por una u otra razón no se lograba cuadrar la fecha. Incluso realizamos un taller JCP en el Pedagógico de Caracas un mes antes a través de uno de los vecinos integrantes del Consejo Comunal de El Caribe, que conoció el mensaje del taller y se cuadró realizarlo. Ese taller en el Pedagógico lo conducimos mi esposa y yo, así que nuestro vecino quedó más que satisfecho con la actividad y también movió lo necesario para lograr realizar el taller en el Consejo Comunal.
Fue muy gratificante conducir el taller para nuestros vecinos que, en su mayoría, nos conocían a mi hermano, mi esposa y yo desde que éramos niños, de hecho sus comentarios durante el diálogo eran explícitos en manifestar lo grato que era para ellos recibir el taller de nosotros, por habernos visto crecer como personas de bien y por el aprecio que tenían por nuestros padres.
Nunca he sido protagonista en las actividades que ha propuesto el Consejo Comunal, aun teniendo a mi suegra como una de las más fehacientes activistas sociales, siempre mi participación ha sido como un vecino más. Sin embargo este taller que realizamos en agosto de 2010 dejó una sensación de haber trabajado a su lado desde siempre. Y de hecho creo que es así, porque con las acciones que uno realiza para hacer que prevalezca el respeto y el aprecio mutuo, son una causa que sin lugar a dudas genera un efecto.
Creo que si todos los jóvenes lograran realizar un taller JCP en los Consejos Comunales de la zona donde viven, en las juntas de condominio, en fin, a los entes que coordinan o administran los esfuerzos por el cuidado y desarrollo de la comunidad, la SGIV logra su misión de manera directa.
U.E. Bolívar y Freud
En diciembre de 2011 dejé de ser un miembro de las Divisiones Juveniles de la SGIV, pasé a ser División de Caballeros. Ese año no pudo tener resultados más contundentes en mi actividad como líder en la División Juvenil. Por supuesto que el broche de oro para cumplir mi rol como División Juvenil fue el Festival Juvenil Soka. Pero para esa actividad todavía me reservo unas cuantas entregas más para llegar a ella. En este caso deseo completar lo que recuerdo gratamente en mi participación en la campaña "Jóvenes Constructores de la Paz", con el que creo que fue el último taller que me tocó conducir.
Mi chamo estudió desde el tercer grado y hasta que se graduó en la misma institución educativa, la U.E. Bolívar y Freud. Hace muchísimos años, cuando él todavía era un bebé, recuerdo haber visto una entrevista a quien fuera ministra. Ella recordaba una vieja premisa que decía "¿cuál es el mejor colegio? ¡El que queda más cerca de casa!". Y en efecto fue así, el Bolívar y Freud queda a dos cuadras de mi casa.
Ya habíamos conversado con la directiva del colegio y les habíamos contado del taller y nuestro deseo de ofrecerlo a los maestros y profesores por conocer bastante de cerca la realidad del colegio. Así, en junio de 2011 mi esposa y yo realizamos dos jornadas de talleres para ellos.
Tal como decía antes, fue el último de los talleres que me tocó conducir. Con toda la experiencia de los 5 años previos, aún sentí que aprendía de cada sección del taller, de cada intervención de los participantes, del video de GKI!!! Creo que ese video podría verlo mil veces más y seguiría encontrando fuentes para reflexionar e invitar a la reflexión. Los maestros y profesores tenían edades y experiencias diversas, unos muy jóvenes, otros con ya bastante experiencia. Para todos la frase en común era "ah! Ustedes son los padres de Brian!". Para bien o para mal mi chamo era conocido por todos.
El último de los talleres que conduje estuvo enmarcado en las actividades del FJS, porque nuestra meta fue que todos los participantes recibieran el taller. Pero este taller en el colegio donde estudió mi chamo lo sentí como una contribución más directa a la comunidad educativa de su colegio. Al igual que en el anterior caso, creo que si cada miembro de la SGIV contribuye con esta actividad en el colegio donde estudian sus chamos, sobrinos, etc., la SGIV difundirá con mucho más contundencia su mensaje humanista.
Con esto termino lo que deseaba escribir de lo que recuerdo en mi participación como "tallerista" del JCP. Sin duda hay mucho más en mi memoria, pero deseaba dejar por escrito lo que me parecía más resaltante. Creo que no me alcanzará el tiempo para retribuir todo lo que obtuve de la SGIV al permitirme participar en esta campaña que espero sea eterna, que no deje de implementarse y más bien se siga expandiendo y desarrollando como una firme y contundente contribución de la SGIV a la sociedad venezolana.
Extraño ser tallerista, lo que se vive como tallerista del JCP jamás podré suplirlo con otra cosa. Lo que sí garantizo es que siempre mantendré la premisa de "qué más puedo hacer" por el avance del Kosen-rufu en Venezuela. Hoy ya no me toca ser tallerista, pero labores y acciones por difundir el legado de nuestro mentor y los valores universales del Budismo Nichiren, siempre habrán y siempre será necesario que existamos quienes estemos dispuestos a desarrollarlas. Y ahí siempre estaré…
lunes, 29 de junio de 2015
JCP - Anécdotas - 7
Un día de julio de 2008, al regresar de Anzoátegui, por el retrovisor de mi carro veía como el carro de mi cuñada se coleaba, pasaba al canal contrario sin control, chocaba contra la defensa de la orilla y se volcaba dando una vuelta completa. Todo con los tres ocupantes adentro.
El apoyo a las regiones del interior que lo solicitaban para la realización de los talleres JCP seguía siendo parte integral de nuestra labor al frente de las Divisiones Juveniles, siempre analizábamos cada caso con todo el detalle pertinente. Cuando era posible viajábamos jóvenes desde Caracas, cuando eso no era posible se buscaba jóvenes que pudieran viajar de ciudades cercanas a la que solicitaba el taller, siempre con el objetivo de atender la invitación de la institución que solicitara, estuviera donde estuviera.
Por ejemplo, en algunas oportunidades jóvenes de Lara apoyaron talleres realizados en los estados cercanos; jóvenes de Cumaná atendieron invitaciones de instituciones en Carúpano; de Carabobo se apoyó Aragua; sin la necesidad de que jóvenes de Caracas viajaran. Así, poco a poco se podía cubrir esas invitaciones casi en su totalidad. En julio de 2008 se tenía que atender la invitación de la Unidad Educativa Felipe Fermín Paúl Terreros, con sede en Barcelona, Anzoátegui.
En este caso, todavía no se contaba con un núcleo de jóvenes suficientes en Anzoátegui que atendiera dicha invitación para dar el taller a varios salones durante la mañana, así que nos trasladamos 6 jóvenes de Caracas junto al actual responsable de la DJM de Lara que en ese momento estaba en Caracas. Entre los de Caracas, íbamos mi esposa, mi cuñada para ese momento, la actual responsable de la DJF, otras dos DJF y yo. Nos uniríamos a 5 jóvenes de Anzoátegui. Viajamos en dos carros desde muy temprano para llegar antes de mitad de la mañana y dar el taller a 4 de las 5 secciones de bachillerato, y regresar después de mediodía a Caracas.
El viaje de ida se hizo sin mayores inconvenientes. Llegamos a la hora prevista, estacionamos en la acera de entrada del liceo y coordinamos rápidamente las parejas para cada salón. Las jornadas de talleres se hicieron con mucho dinamismo y los jóvenes de Caracas y Anzoátegui lograron buen clima en cada salón. Los directivos del liceo quedaron muy contentos con lo recibido por parte de la SGIV y los líderes de Anzoátegui muy agradecidos por el apoyo que brindamos los 6 jóvenes de Caracas y el DJM de Lara. Así, poco después de mediodía ya estábamos listos para retornar. Los 7 decidimos almorzar en el camino.
Al salir del liceo encontramos el primero de una "serie de eventos desafortunados". Al revisar los carros, la camioneta "pick-up" de mi cuñada había sido abierta y robaron el equipo de sonido, prácticamente arrancando la base que lo fija al panel frontal. Mi cuñada se dio cuenta de un detalle que luego tendría rol protagónico, pero en ese momento no le dio mucha importancia: esa camioneta tenía tracción 4 x 4 y se activaba a través de un botón. Ese botón, al arrancar la base del equipo de sonido, también había sido arrancado, por lo que ya no había cómo activar o desactivar la tracción 4 x 4.
Luego de sobrepasar el malestar del robo, comenzamos el retorno y agarramos carretera. Por ser un día de semana y ya poco después de mediodía, salir de Barcelona nos demoró un poco por el tráfico normal de la hora, pero al agarrar carretera fue todo más ligero. Hasta que llegamos a la autopista de Boca de Uchire, y ocurrió el accidente.
Al comenzar las curvas de esa zona pudimos acelerar un poco el paso que no habíamos hecho antes por la cantidad de carros. Yo iba adelante e iba alrededor de 100 km por hora. Reconstruyendo los hechos, el joven DJM de Lara, que iba manejando la camioneta de mi cuñada, contó que de repente sentía que la camioneta le daba unos "jalones" extraños, de repente sentía que se aceleraba o se frenaba de manera extraña. Al ir saliendo de una de las curvas comienzo a ver que la camioneta no estaba acelerando como yo, sino mantenía la marcha por debajo de los 100 km por hora, yo me iba alejando… Lo que estaba ocurriendo era que el 4 x 4 de esa camioneta se estaba activando sin control, por haber sido alterado el sistema del tablero. Y antes de perder la visibilidad, veo por el retrovisor que la camioneta se va coleando, cruza al canal de retorno, la fuerza del coleo hace que choque contra la defensa del canal de retorno y de una vuelta completa, quedando las ruedas de la izquierda en la cuneta y las ruedas de la derecha sobre la montaña.
Mi impresión no podría describirla en pocas palabras, fueron quizás 5 o 6 segundos de ver toda la "película" por el retrovisor, al observar la vuelta que dio el carro el miedo por la vida de los tres pasajeros es indescriptible, al terminar la mitad del carro montado en la montaña di la vuelta de inmediato. Llegamos donde estaban, nos bajamos todos y fuimos a auxiliar a los tres chicos. Los de adelante no habían sufrido más que el shock del accidente. Como copiloto estaba una de las chicas y el cinturón la protegió. El piloto, el DJM de Lara, tuvo un golpe en la cabeza muy leve, porque el techo, sobre todo de su lado, se hundió considerablemente al dar la vuelta completa. Como la camioneta quedó un poco inclinada por estar sobre la montaña, ellos debían "subir" para poder salir del carro. En los asientos de atrás iba mi cuñada en esa época, que al no tener cinturón puesto llevó más golpes. Como el vidrio de atrás se rompió en muchos pedazos, su brazo sufrió varios rasguños. En general, nada de consideración.
Estando ahí parados, algunos carros se detuvieron, algunos se bajaron, la postura y actitud no era la de ofrecer ayuda precisamente. Intentamos hacer las llamadas pertinentes para informar y varios de nuestros celulares no agarraban línea. Al final alguno logró comunicarse con Caracas e informar. En esos minutos mi hermano llamó sin saber nada, llamaba sólo para dar el contacto del seguro e informar sobre el robo previo. Cuando se enteró pudo informar al resto de nuestros familiares y por supuesto a nuestra directora general.
A los pocos minutos pasó una ambulancia de bomberos, no venía por nosotros, sencillamente iba "de paso". Mientras atendían a mi cuñada en mi cabeza pasaban miles de pensamientos sobre lo que hubiese podido pasar, sobre lo que serían ahora los viajes de apoyo al interior, la protección de los miembros, de nosotros, la preocupación de nuestras familias y la de nuestra directora general sobre este suceso, la preocupación de los líderes y jóvenes de Anzoátegui. Fueron miles de pensamientos que mi cabeza procesada mientras los bomberos, viendo cómo quedó la camioneta, comentaban "¡salieron gratis!".
Pasó poco tiempo cuando apareció una grúa, no era de plataforma sino de las tradicionales, así que el recorrido hasta el puesto de control en Clarines fue un poco lento y estresante, porque desde atrás parecía que la camioneta se desarmaría por completo. Pasamos unas horas en Clarines mientras se reportaba todo lo pertinente a las autoridades. Decidimos almorzar ahí mismo mientras esperábamos la resolución de todo además de la grúa de plataforma que nos trajera a Caracas.
No dejaba de preocuparme por lo que vendría, específicamente con respecto a los viajes de apoyo al interior para los talleres JCP, no dudaba en que habría un cambio de lineamiento desde la Dirección General, que por supuesto pensaba necesario, no se podía mantener dicho apoyo con el mismo ritmo y riesgo en los viajes por tierra y menos en carros particulares. Iniciamos el retorno al final de la tarde, en una hora que en mi caso es detestable, porque personalmente detesto la carretera de oriente de noche. En la grúa viajaron el DJM de Lara y una de las chicas. En mi carro vinimos los otros 6, incómodos por supuesto, pero sin otra posibilidad.
Con la grúa marcando el camino, trataba de no alejarme mucho para aprovechar su conocimiento de la vía sobre todo a esa hora. Ya de noche, la mejor guía para manejar esa carretera son estos conductores que se conocen la vía de memoria. Llegamos a Caracas bien de noche, agotados y con el shock del evento desafortunado.
Ya mientras almorzábamos, un poco más tranquilos, comenzamos el análisis del suceso desde la perspectiva de la protección recibida por todos los involucrados, por la SGIV en general. No los escribí antes para poder poner énfasis en este análisis que creo termina dando valor a todo lo vivido en ese capítulo de apoyo a la campaña "Jóvenes Constructores de la Paz".
El accidente pasó mientras no hubo tránsito de vehículos en ninguna de las vías, por lo que no se causó daños a terceros. Mientras yo me devolvía tampoco pasaban carros que hicieran que yo demorara en llegar hasta donde estaban los chicos. Aun siendo una zona solitaria, ninguno de los carros que se detuvo lo hizo con malas intenciones. Los bomberos pasaron a los pocos minutos del suceso, de paso por el lugar, atendieron a los chicos y siguieron su ruta. Todos los que vieron la camioneta (personas que pasaban, los bomberos, los guardias, los fiscales), pensaron que los daños a los chicos pudieron haber sido mucho peores. El seguro del carro declaró "pérdida total", así quedó el carro.
Era un evento que estaba en el karma de todos los involucrados, en el karma de las Divisiones Juveniles, de Anzoátegui, de toda la SGIV. De haber sido peor, el accidente dejaría una huella negativa demasiado profunda en el movimiento por el Kosen-rufu en general. De haber habido otras personas afectadas por el accidente, no miembros, las secuelas pudiesen haber sido peores. Sin lugar a dudas, ese evento había que vivirlo, había que enfrentarlo, y se vivió, se enfrentó, enmarcado en el apoyo de los jóvenes de la SGIV a una región, enmarcado en el compromiso de 7 jóvenes que atendimos una cita más donde la imagen de la SGIV quedó bien en alto.
Por todo lo anterior, queda la contundente convicción del logro de la "disminución de la retribución del karma", porque el efecto se experimentó con una evidente carga disminuida. Todos los involucrados mantenemos esta experiencia como una muestra de lo que limpiamos en la vida cuando nuestras acciones se enmarcan en la lucha por el Kosen-rufu de Venezuela.
Esta experiencia sólo profundizó mi compromiso con las actividades de la SGIV, dejando más aprendizaje y agradecimiento a todo el movimiento por el Kosen-rufu, a mi práctica continua, a no dudar que la buena fortuna siempre se manifiesta cuando se requiere, que sigo acumulando buena fortuna con las acciones por difundir el pensamiento del mentor y los valores humanistas universales que promueve la Soka Gakkai. Después, no dejé de seguir actuando con la misma intensidad en las actividades que la SGIV me permitiera desarrollar. Lo sigo haciendo. Y no creo que deje de hacerlo…
El apoyo a las regiones del interior que lo solicitaban para la realización de los talleres JCP seguía siendo parte integral de nuestra labor al frente de las Divisiones Juveniles, siempre analizábamos cada caso con todo el detalle pertinente. Cuando era posible viajábamos jóvenes desde Caracas, cuando eso no era posible se buscaba jóvenes que pudieran viajar de ciudades cercanas a la que solicitaba el taller, siempre con el objetivo de atender la invitación de la institución que solicitara, estuviera donde estuviera.
Por ejemplo, en algunas oportunidades jóvenes de Lara apoyaron talleres realizados en los estados cercanos; jóvenes de Cumaná atendieron invitaciones de instituciones en Carúpano; de Carabobo se apoyó Aragua; sin la necesidad de que jóvenes de Caracas viajaran. Así, poco a poco se podía cubrir esas invitaciones casi en su totalidad. En julio de 2008 se tenía que atender la invitación de la Unidad Educativa Felipe Fermín Paúl Terreros, con sede en Barcelona, Anzoátegui.
En este caso, todavía no se contaba con un núcleo de jóvenes suficientes en Anzoátegui que atendiera dicha invitación para dar el taller a varios salones durante la mañana, así que nos trasladamos 6 jóvenes de Caracas junto al actual responsable de la DJM de Lara que en ese momento estaba en Caracas. Entre los de Caracas, íbamos mi esposa, mi cuñada para ese momento, la actual responsable de la DJF, otras dos DJF y yo. Nos uniríamos a 5 jóvenes de Anzoátegui. Viajamos en dos carros desde muy temprano para llegar antes de mitad de la mañana y dar el taller a 4 de las 5 secciones de bachillerato, y regresar después de mediodía a Caracas.
El viaje de ida se hizo sin mayores inconvenientes. Llegamos a la hora prevista, estacionamos en la acera de entrada del liceo y coordinamos rápidamente las parejas para cada salón. Las jornadas de talleres se hicieron con mucho dinamismo y los jóvenes de Caracas y Anzoátegui lograron buen clima en cada salón. Los directivos del liceo quedaron muy contentos con lo recibido por parte de la SGIV y los líderes de Anzoátegui muy agradecidos por el apoyo que brindamos los 6 jóvenes de Caracas y el DJM de Lara. Así, poco después de mediodía ya estábamos listos para retornar. Los 7 decidimos almorzar en el camino.
Al salir del liceo encontramos el primero de una "serie de eventos desafortunados". Al revisar los carros, la camioneta "pick-up" de mi cuñada había sido abierta y robaron el equipo de sonido, prácticamente arrancando la base que lo fija al panel frontal. Mi cuñada se dio cuenta de un detalle que luego tendría rol protagónico, pero en ese momento no le dio mucha importancia: esa camioneta tenía tracción 4 x 4 y se activaba a través de un botón. Ese botón, al arrancar la base del equipo de sonido, también había sido arrancado, por lo que ya no había cómo activar o desactivar la tracción 4 x 4.
Luego de sobrepasar el malestar del robo, comenzamos el retorno y agarramos carretera. Por ser un día de semana y ya poco después de mediodía, salir de Barcelona nos demoró un poco por el tráfico normal de la hora, pero al agarrar carretera fue todo más ligero. Hasta que llegamos a la autopista de Boca de Uchire, y ocurrió el accidente.
Al comenzar las curvas de esa zona pudimos acelerar un poco el paso que no habíamos hecho antes por la cantidad de carros. Yo iba adelante e iba alrededor de 100 km por hora. Reconstruyendo los hechos, el joven DJM de Lara, que iba manejando la camioneta de mi cuñada, contó que de repente sentía que la camioneta le daba unos "jalones" extraños, de repente sentía que se aceleraba o se frenaba de manera extraña. Al ir saliendo de una de las curvas comienzo a ver que la camioneta no estaba acelerando como yo, sino mantenía la marcha por debajo de los 100 km por hora, yo me iba alejando… Lo que estaba ocurriendo era que el 4 x 4 de esa camioneta se estaba activando sin control, por haber sido alterado el sistema del tablero. Y antes de perder la visibilidad, veo por el retrovisor que la camioneta se va coleando, cruza al canal de retorno, la fuerza del coleo hace que choque contra la defensa del canal de retorno y de una vuelta completa, quedando las ruedas de la izquierda en la cuneta y las ruedas de la derecha sobre la montaña.
Mi impresión no podría describirla en pocas palabras, fueron quizás 5 o 6 segundos de ver toda la "película" por el retrovisor, al observar la vuelta que dio el carro el miedo por la vida de los tres pasajeros es indescriptible, al terminar la mitad del carro montado en la montaña di la vuelta de inmediato. Llegamos donde estaban, nos bajamos todos y fuimos a auxiliar a los tres chicos. Los de adelante no habían sufrido más que el shock del accidente. Como copiloto estaba una de las chicas y el cinturón la protegió. El piloto, el DJM de Lara, tuvo un golpe en la cabeza muy leve, porque el techo, sobre todo de su lado, se hundió considerablemente al dar la vuelta completa. Como la camioneta quedó un poco inclinada por estar sobre la montaña, ellos debían "subir" para poder salir del carro. En los asientos de atrás iba mi cuñada en esa época, que al no tener cinturón puesto llevó más golpes. Como el vidrio de atrás se rompió en muchos pedazos, su brazo sufrió varios rasguños. En general, nada de consideración.
Estando ahí parados, algunos carros se detuvieron, algunos se bajaron, la postura y actitud no era la de ofrecer ayuda precisamente. Intentamos hacer las llamadas pertinentes para informar y varios de nuestros celulares no agarraban línea. Al final alguno logró comunicarse con Caracas e informar. En esos minutos mi hermano llamó sin saber nada, llamaba sólo para dar el contacto del seguro e informar sobre el robo previo. Cuando se enteró pudo informar al resto de nuestros familiares y por supuesto a nuestra directora general.
A los pocos minutos pasó una ambulancia de bomberos, no venía por nosotros, sencillamente iba "de paso". Mientras atendían a mi cuñada en mi cabeza pasaban miles de pensamientos sobre lo que hubiese podido pasar, sobre lo que serían ahora los viajes de apoyo al interior, la protección de los miembros, de nosotros, la preocupación de nuestras familias y la de nuestra directora general sobre este suceso, la preocupación de los líderes y jóvenes de Anzoátegui. Fueron miles de pensamientos que mi cabeza procesada mientras los bomberos, viendo cómo quedó la camioneta, comentaban "¡salieron gratis!".
Pasó poco tiempo cuando apareció una grúa, no era de plataforma sino de las tradicionales, así que el recorrido hasta el puesto de control en Clarines fue un poco lento y estresante, porque desde atrás parecía que la camioneta se desarmaría por completo. Pasamos unas horas en Clarines mientras se reportaba todo lo pertinente a las autoridades. Decidimos almorzar ahí mismo mientras esperábamos la resolución de todo además de la grúa de plataforma que nos trajera a Caracas.
No dejaba de preocuparme por lo que vendría, específicamente con respecto a los viajes de apoyo al interior para los talleres JCP, no dudaba en que habría un cambio de lineamiento desde la Dirección General, que por supuesto pensaba necesario, no se podía mantener dicho apoyo con el mismo ritmo y riesgo en los viajes por tierra y menos en carros particulares. Iniciamos el retorno al final de la tarde, en una hora que en mi caso es detestable, porque personalmente detesto la carretera de oriente de noche. En la grúa viajaron el DJM de Lara y una de las chicas. En mi carro vinimos los otros 6, incómodos por supuesto, pero sin otra posibilidad.
Con la grúa marcando el camino, trataba de no alejarme mucho para aprovechar su conocimiento de la vía sobre todo a esa hora. Ya de noche, la mejor guía para manejar esa carretera son estos conductores que se conocen la vía de memoria. Llegamos a Caracas bien de noche, agotados y con el shock del evento desafortunado.
Ya mientras almorzábamos, un poco más tranquilos, comenzamos el análisis del suceso desde la perspectiva de la protección recibida por todos los involucrados, por la SGIV en general. No los escribí antes para poder poner énfasis en este análisis que creo termina dando valor a todo lo vivido en ese capítulo de apoyo a la campaña "Jóvenes Constructores de la Paz".
El accidente pasó mientras no hubo tránsito de vehículos en ninguna de las vías, por lo que no se causó daños a terceros. Mientras yo me devolvía tampoco pasaban carros que hicieran que yo demorara en llegar hasta donde estaban los chicos. Aun siendo una zona solitaria, ninguno de los carros que se detuvo lo hizo con malas intenciones. Los bomberos pasaron a los pocos minutos del suceso, de paso por el lugar, atendieron a los chicos y siguieron su ruta. Todos los que vieron la camioneta (personas que pasaban, los bomberos, los guardias, los fiscales), pensaron que los daños a los chicos pudieron haber sido mucho peores. El seguro del carro declaró "pérdida total", así quedó el carro.
Era un evento que estaba en el karma de todos los involucrados, en el karma de las Divisiones Juveniles, de Anzoátegui, de toda la SGIV. De haber sido peor, el accidente dejaría una huella negativa demasiado profunda en el movimiento por el Kosen-rufu en general. De haber habido otras personas afectadas por el accidente, no miembros, las secuelas pudiesen haber sido peores. Sin lugar a dudas, ese evento había que vivirlo, había que enfrentarlo, y se vivió, se enfrentó, enmarcado en el apoyo de los jóvenes de la SGIV a una región, enmarcado en el compromiso de 7 jóvenes que atendimos una cita más donde la imagen de la SGIV quedó bien en alto.
Por todo lo anterior, queda la contundente convicción del logro de la "disminución de la retribución del karma", porque el efecto se experimentó con una evidente carga disminuida. Todos los involucrados mantenemos esta experiencia como una muestra de lo que limpiamos en la vida cuando nuestras acciones se enmarcan en la lucha por el Kosen-rufu de Venezuela.
Esta experiencia sólo profundizó mi compromiso con las actividades de la SGIV, dejando más aprendizaje y agradecimiento a todo el movimiento por el Kosen-rufu, a mi práctica continua, a no dudar que la buena fortuna siempre se manifiesta cuando se requiere, que sigo acumulando buena fortuna con las acciones por difundir el pensamiento del mentor y los valores humanistas universales que promueve la Soka Gakkai. Después, no dejé de seguir actuando con la misma intensidad en las actividades que la SGIV me permitiera desarrollar. Lo sigo haciendo. Y no creo que deje de hacerlo…
viernes, 12 de junio de 2015
JCP - Anécdotas - 6
Naguanagua
Los talleres JCP se iban realizando en cada vez más lugares y más estados de Venezuela. En algunos casos lográbamos que se formaran jóvenes en cada estado que fueron asumiendo la realización de los talleres que eran solicitados en sus regiones, pero en otros casos desde Caracas debíamos seguir apoyando y viajábamos una cantidad de jóvenes según lo que se requiriese.
Para el primer trimestre de 2008, en Carabobo se concretó un proyecto para atender una serie de liceos del Municipio Naguanagua siendo el solicitante de los talleres una de las dependencias de la LOPNA, la Ley que protege a niños, niñas y adolescentes. Fueron tres meces durante los cuales viajamos repetidas veces varios jóvenes desde Caracas para trabajar en conjunto a algunos de Carabobo y así lograr atender todos los liceos que integraban el proyecto. No recuerdo con exactitud cuántos viajes o cuántos liceos fueron, pero sí que fueron varios viajes que realizamos, siempre con carros particulares para irnos muy temprano y regresar en horas después de mediodía. A veces almorzando en Valencia, otras veces en carretera. Eso sí, siempre fue en días de semana porque eran talleres a realizarse durante el horario de clase de los chamos.
El apoyo de las responsables de Carabobo, profesoras universitarias muchas de ellas, fue súper valioso, nos recibían siempre muy temprano y nos apoyaban en toda la logística haciendo todo lo que podían, dándonos las direcciones, llevándonos hasta los lugares, acompañándonos para poder almorzar, etc. Esas damas, y por supuesto los jóvenes de Carabobo, siempre los mantengo como grandes luchadores y compañeros eternos.
Esta serie de talleres en Naguanagua quizás representan la fuente de mayor aprendizaje en todas las experiencias que pude haber tenido como "tallerista" del JCP, porque han sido los talleres que nos exigieron la mayor de las convicciones en el logro de la transmisión del mensaje, fueron los escenarios donde muchos de nosotros se exigió al máximo para aplicar lo que el taller propone, con el ejemplo, con nuestras palabras y acciones, luchando para no permitir ser influenciados por quizás el clima más hostil que pudimos haber tenido en los 4 años que ya tenía el taller JCP realizándose en Venezuela.
Lo anterior lo digo con mucha firmeza y reconocimiento a la labor de todos los talleristas que participamos en esas jornadas, por supuesto reconociendo también la labor en la difusión del taller realizada por las damas y jóvenes de Carabobo. E igualmente confirmo, por esa serie de talleres la forja de quienes fuimos fue mucho más intensa y contundente para profundizar el compromiso de ser maestros del diálogo.
Lo que cuento no conserva un orden cronológico, sólo escribo lo que voy recordando.
En algunos casos los liceos donde fuimos no nos esperaban, llegábamos a presentarnos a la directora y no tenían idea de quiénes éramos ni por qué estábamos ahí. Obviamente nosotros esperábamos que sí supieran de la actividad. Al parecer ellos debían ser informados por la dependencia que estaba trabajando con la LOPNA y al no recibir su notificación, nosotros éramos poco menos que invasores. Esto ocasionó que en esos primeros casos (porque no fue sólo la primera jornada) tanto estudiantes como profesores no estuvieran cómodos con nuestra presencia. En algunos casos los profesores tenían materia pendiente que dar y debieron cancelar su clase para que nosotros hiciéramos el taller. Por supuesto, muy incómodo para nosotros. Si hubiesen sido talleres coordinados directamente entre la SGIV y el liceo, quizás nosotros cancelábamos la realización y se posponía para otra fecha, aún significando esto "perder" el viaje desde Caracas, pero al ser coordinados por la LOPNA, la dirección del liceo, siendo informados en ese preciso instante, debía responder a esa indicación y realizar el taller. Algo obviamente incómodo para ambas partes.
En uno de los primeros liceos visitados, nos contaban que eran muy comunes las peleas al final de clase, incluso de niñas, y justamente una semana antes de llegar nosotros, a consecuencia de una pelea entre niñas una de ellas tuvo que ser hospitalizada por fractura de cráneo.
Los jóvenes de la SGIV igualmente hicimos lo que sabíamos hacer, poner nuestra mejor actitud ante los talleres que fueron realizados en varios salones por vez, mientras más podíamos viajar, más salones se atendían por jornada. A veces a cada uno nos tocada conducir dos y tres talleres durante toda la mañana para lograr que todos los salones recibieran el taller JCP. Esto por supuesto implicaba mantener mucha fuerza y energía vital, mantener suficiente voz en el último taller para poder ser escuchado, en fin. Una gran batalla contra el cansancio, la falta de energía vital, y más aún contra el desespero o desesperanza que nos rondaba por la actitud de los chamos en ciertos salones.
En mi caso, en uno de los salones de quinto, al realizar la dinámica de "tolerancia activa" donde todos participan componiendo una ilustración en el pizarrón, uno de los chicos de esos que necesitan llamar la atención, al tocarle el turno tomó el borrador y diciendo que lo hecho por sus compañeros estaba mal, borró todo lo que habían hecho previamente. Obviamente recibió la queja del resto de sus compañeros pero él no se inmutó. Algunos me veían y esperaban que yo hiciera algo, pero les pedí dejar que él terminara su acción. Al terminar, obviamente orgulloso de "enseñarle" al resto la forma correcta de hacer la ilustración, se retiró a la parte trasera del salón. Sabía que había actuado mal, pero su postura fue la de retar lo que se estaba transmitiendo con el taller.
Fueron esos momentos donde uno experimenta miles de sensaciones en un solo instante, donde la oscuridad fundamental intenta prevalecer ante la Budeidad, donde el debate interno es si salir corriendo antes de insultarlo o mostrar con el ejemplo, a él y al resto, cómo actúa alguien no sólo convencido de lo que promueve el taller, sino más aún un practicante del Budismo Nichiren, un discípulo de Daisaku Ikeda, aunque para ellos eso fuese absolutamente extraño.
En esos milisegundos para decidir qué hacer, terminé resolviendo justamente dejar que actuara, que terminara de mostrar su postura y solicitar a los demás que lo dejaran actuar. Al terminar su acción, pedí a todos que tomáramos lo que hizo como ejemplo de lo que "no debe hacerse", que cada uno tiene un rol que cumplir y que en ese momento su rol era mostrarnos lo contrario a lo que el valor de "tolerancia activa" expone, así que él también estaba contribuyendo incluso con su acción que en un principio podía considerarse adversa. La respuesta del chico fue de desconcierto, no emitió palabra, sólo adoptó una postura que intentaba demostrar desenfado o desinterés, pero todos pudieron percatarse que había quedado "desarmado". Incluso fui a darle un apretón de mano para conocer su nombre y decirle el mío como muestra de que era honesta mi solicitud de valorar su aporte.
En otra de estas jornadas, en otro liceo, dimos los talleres mientras una representante de la LOPNA participaba inspeccionando lo que estábamos realizando, porque debía realizar un informe obviamente. Algunos de los chicos talleristas estuvieron incómodos al principio, pero luego lo asumieron como parte del reto de confirmar la convicción en el mensaje que transmitíamos con el taller.
En uno de los salones, mientras una DJF conducía el taller, desde fuera del salón lanzaron un pupitre hacia adentro. No llegó a golpear a nadie, no supimos descifrar por qué lo lanzaron, es decir si fue contra alguien del salón o en rechazo al taller, pero la chica se sobrepuso y continuó con el diálogo inspirando reflexión. Dar el taller en salones sin pizarrón, con techo de zinc y con mucho calor; en uno de los salones mientras el tallerista escribía en el pizarrón le lanzaron taquitos de tiza… En fin, fueron jornadas sumamente intensas por el escenario que nos encontramos. Sin embargo, durante los tres meses no decayó el ánimo de ninguno de nosotros, siempre atendimos a la cita varios de nosotros con el deseo de contactar el corazón de al menos un joven y dejar el nombre de la SGIV bien alto por ser un proyecto en conjunto a la LOPNA.
El último de estos talleres en Naguanagua, al cual yo no fui, tuvo un cierre extraordinario. En el liceo donde se hizo el taller, luego de ir terminando de atender todos los salones, varios de los muchachos talleristas en un acto de total espontaneidad, cuadraron un juego de futbolito con algunos de los chicos que ya estaban jugando, así que ese juego de talleristas vs. estudiantes fue una especie de "cierre simbólico" lleno de cordialidad, espíritu de compañerismo y trabajo en equipo. Esos estudiantes apreciaron ese aspecto distendido de los talleristas que por supuesto no era distinto a lo que habían percibido durante los talleres, así que sin duda eso también hizo que el juego saliera de manera natural y espontánea. El resultado del juego: no estaba yo, así que por supuesto perdieron… no hay una sola letra de modestia en esta última frase.
Fueron tres meses (de enero a marzo) de intensa labor por difundir los valores universales impulsados por la Budismo Nichiren y la Soka Gakkai; decenas de talleres realizados por jóvenes de Caracas y Carabobo llenos de compromiso con Ikeda Sensei y la Gakkai. Aún cuando al regresar sentíamos el cansancio físico natural de levantarse bien temprano, realizar entre dos y tres talleres cada uno, a veces en pareja pero a veces uno solo en salones de 30 o 40 estudiantes, era innegable la sensación de haber cumplido con nuestra misión como discípulos y sucesores del mentor. Esa era nuestra auténtica motivación y fuente de energía vital, siempre pensar que estábamos correspondiendo al sueño del mentor.
Creo que no hay un relato mejor para terminar este capítulo que lo transmitido por la responsable de la Zona Carabobo en ese entonces. Como los talleres eran auspiciados por la LOPNA, ellos nos prestaban un proyector para apreciar el video "Gandhi, King, Ikeda" sobre todo con los profesores. Al terminar las jornadas la responsable en Carabobo fue a devolver el proyector. En el lugar de la devolución se consiguió con una dama que le preguntó "¿ustedes son los que dieron el taller "Constructores de la paz?". Resultó que uno de los chamos que recibió el taller en alguno de los liceos, era familia de ella y ese chamo le mostró el marca-libros que le obsequiamos y le habló muy bien de lo que había escuchado y recibido, así que para esta dama ese chamo había quedado suficientemente impactado con el taller. La responsable de Carabobo recibió el relato con mucha alegría y así mismo nos lo transmitió. Creo que está demás decir que también lo recibimos con inmensa alegría, porque aunque fuese ese sólo este chamo, la misión del taller hacía sido cumplida!
Para mí, para cada uno de los que participamos en esas jornadas y en cualquiera de las jornadas del taller, el conocer este tipo de relatos siempre fue lo que mantuvo la llama del compromiso con la Gakkai y con Ikeda Sensei. El hecho de recordar estas cosas representa lo invaluable que son para la vida de aquel que actúa basado en la identidad del Sucesor, para nosotros, el Sucesor de Venezuela.
Los talleres JCP se iban realizando en cada vez más lugares y más estados de Venezuela. En algunos casos lográbamos que se formaran jóvenes en cada estado que fueron asumiendo la realización de los talleres que eran solicitados en sus regiones, pero en otros casos desde Caracas debíamos seguir apoyando y viajábamos una cantidad de jóvenes según lo que se requiriese.
Para el primer trimestre de 2008, en Carabobo se concretó un proyecto para atender una serie de liceos del Municipio Naguanagua siendo el solicitante de los talleres una de las dependencias de la LOPNA, la Ley que protege a niños, niñas y adolescentes. Fueron tres meces durante los cuales viajamos repetidas veces varios jóvenes desde Caracas para trabajar en conjunto a algunos de Carabobo y así lograr atender todos los liceos que integraban el proyecto. No recuerdo con exactitud cuántos viajes o cuántos liceos fueron, pero sí que fueron varios viajes que realizamos, siempre con carros particulares para irnos muy temprano y regresar en horas después de mediodía. A veces almorzando en Valencia, otras veces en carretera. Eso sí, siempre fue en días de semana porque eran talleres a realizarse durante el horario de clase de los chamos.
El apoyo de las responsables de Carabobo, profesoras universitarias muchas de ellas, fue súper valioso, nos recibían siempre muy temprano y nos apoyaban en toda la logística haciendo todo lo que podían, dándonos las direcciones, llevándonos hasta los lugares, acompañándonos para poder almorzar, etc. Esas damas, y por supuesto los jóvenes de Carabobo, siempre los mantengo como grandes luchadores y compañeros eternos.
Esta serie de talleres en Naguanagua quizás representan la fuente de mayor aprendizaje en todas las experiencias que pude haber tenido como "tallerista" del JCP, porque han sido los talleres que nos exigieron la mayor de las convicciones en el logro de la transmisión del mensaje, fueron los escenarios donde muchos de nosotros se exigió al máximo para aplicar lo que el taller propone, con el ejemplo, con nuestras palabras y acciones, luchando para no permitir ser influenciados por quizás el clima más hostil que pudimos haber tenido en los 4 años que ya tenía el taller JCP realizándose en Venezuela.
Lo anterior lo digo con mucha firmeza y reconocimiento a la labor de todos los talleristas que participamos en esas jornadas, por supuesto reconociendo también la labor en la difusión del taller realizada por las damas y jóvenes de Carabobo. E igualmente confirmo, por esa serie de talleres la forja de quienes fuimos fue mucho más intensa y contundente para profundizar el compromiso de ser maestros del diálogo.
Lo que cuento no conserva un orden cronológico, sólo escribo lo que voy recordando.
En algunos casos los liceos donde fuimos no nos esperaban, llegábamos a presentarnos a la directora y no tenían idea de quiénes éramos ni por qué estábamos ahí. Obviamente nosotros esperábamos que sí supieran de la actividad. Al parecer ellos debían ser informados por la dependencia que estaba trabajando con la LOPNA y al no recibir su notificación, nosotros éramos poco menos que invasores. Esto ocasionó que en esos primeros casos (porque no fue sólo la primera jornada) tanto estudiantes como profesores no estuvieran cómodos con nuestra presencia. En algunos casos los profesores tenían materia pendiente que dar y debieron cancelar su clase para que nosotros hiciéramos el taller. Por supuesto, muy incómodo para nosotros. Si hubiesen sido talleres coordinados directamente entre la SGIV y el liceo, quizás nosotros cancelábamos la realización y se posponía para otra fecha, aún significando esto "perder" el viaje desde Caracas, pero al ser coordinados por la LOPNA, la dirección del liceo, siendo informados en ese preciso instante, debía responder a esa indicación y realizar el taller. Algo obviamente incómodo para ambas partes.
En uno de los primeros liceos visitados, nos contaban que eran muy comunes las peleas al final de clase, incluso de niñas, y justamente una semana antes de llegar nosotros, a consecuencia de una pelea entre niñas una de ellas tuvo que ser hospitalizada por fractura de cráneo.
Los jóvenes de la SGIV igualmente hicimos lo que sabíamos hacer, poner nuestra mejor actitud ante los talleres que fueron realizados en varios salones por vez, mientras más podíamos viajar, más salones se atendían por jornada. A veces a cada uno nos tocada conducir dos y tres talleres durante toda la mañana para lograr que todos los salones recibieran el taller JCP. Esto por supuesto implicaba mantener mucha fuerza y energía vital, mantener suficiente voz en el último taller para poder ser escuchado, en fin. Una gran batalla contra el cansancio, la falta de energía vital, y más aún contra el desespero o desesperanza que nos rondaba por la actitud de los chamos en ciertos salones.
En mi caso, en uno de los salones de quinto, al realizar la dinámica de "tolerancia activa" donde todos participan componiendo una ilustración en el pizarrón, uno de los chicos de esos que necesitan llamar la atención, al tocarle el turno tomó el borrador y diciendo que lo hecho por sus compañeros estaba mal, borró todo lo que habían hecho previamente. Obviamente recibió la queja del resto de sus compañeros pero él no se inmutó. Algunos me veían y esperaban que yo hiciera algo, pero les pedí dejar que él terminara su acción. Al terminar, obviamente orgulloso de "enseñarle" al resto la forma correcta de hacer la ilustración, se retiró a la parte trasera del salón. Sabía que había actuado mal, pero su postura fue la de retar lo que se estaba transmitiendo con el taller.
Fueron esos momentos donde uno experimenta miles de sensaciones en un solo instante, donde la oscuridad fundamental intenta prevalecer ante la Budeidad, donde el debate interno es si salir corriendo antes de insultarlo o mostrar con el ejemplo, a él y al resto, cómo actúa alguien no sólo convencido de lo que promueve el taller, sino más aún un practicante del Budismo Nichiren, un discípulo de Daisaku Ikeda, aunque para ellos eso fuese absolutamente extraño.
En esos milisegundos para decidir qué hacer, terminé resolviendo justamente dejar que actuara, que terminara de mostrar su postura y solicitar a los demás que lo dejaran actuar. Al terminar su acción, pedí a todos que tomáramos lo que hizo como ejemplo de lo que "no debe hacerse", que cada uno tiene un rol que cumplir y que en ese momento su rol era mostrarnos lo contrario a lo que el valor de "tolerancia activa" expone, así que él también estaba contribuyendo incluso con su acción que en un principio podía considerarse adversa. La respuesta del chico fue de desconcierto, no emitió palabra, sólo adoptó una postura que intentaba demostrar desenfado o desinterés, pero todos pudieron percatarse que había quedado "desarmado". Incluso fui a darle un apretón de mano para conocer su nombre y decirle el mío como muestra de que era honesta mi solicitud de valorar su aporte.
En otra de estas jornadas, en otro liceo, dimos los talleres mientras una representante de la LOPNA participaba inspeccionando lo que estábamos realizando, porque debía realizar un informe obviamente. Algunos de los chicos talleristas estuvieron incómodos al principio, pero luego lo asumieron como parte del reto de confirmar la convicción en el mensaje que transmitíamos con el taller.
En uno de los salones, mientras una DJF conducía el taller, desde fuera del salón lanzaron un pupitre hacia adentro. No llegó a golpear a nadie, no supimos descifrar por qué lo lanzaron, es decir si fue contra alguien del salón o en rechazo al taller, pero la chica se sobrepuso y continuó con el diálogo inspirando reflexión. Dar el taller en salones sin pizarrón, con techo de zinc y con mucho calor; en uno de los salones mientras el tallerista escribía en el pizarrón le lanzaron taquitos de tiza… En fin, fueron jornadas sumamente intensas por el escenario que nos encontramos. Sin embargo, durante los tres meses no decayó el ánimo de ninguno de nosotros, siempre atendimos a la cita varios de nosotros con el deseo de contactar el corazón de al menos un joven y dejar el nombre de la SGIV bien alto por ser un proyecto en conjunto a la LOPNA.
El último de estos talleres en Naguanagua, al cual yo no fui, tuvo un cierre extraordinario. En el liceo donde se hizo el taller, luego de ir terminando de atender todos los salones, varios de los muchachos talleristas en un acto de total espontaneidad, cuadraron un juego de futbolito con algunos de los chicos que ya estaban jugando, así que ese juego de talleristas vs. estudiantes fue una especie de "cierre simbólico" lleno de cordialidad, espíritu de compañerismo y trabajo en equipo. Esos estudiantes apreciaron ese aspecto distendido de los talleristas que por supuesto no era distinto a lo que habían percibido durante los talleres, así que sin duda eso también hizo que el juego saliera de manera natural y espontánea. El resultado del juego: no estaba yo, así que por supuesto perdieron… no hay una sola letra de modestia en esta última frase.
Fueron tres meses (de enero a marzo) de intensa labor por difundir los valores universales impulsados por la Budismo Nichiren y la Soka Gakkai; decenas de talleres realizados por jóvenes de Caracas y Carabobo llenos de compromiso con Ikeda Sensei y la Gakkai. Aún cuando al regresar sentíamos el cansancio físico natural de levantarse bien temprano, realizar entre dos y tres talleres cada uno, a veces en pareja pero a veces uno solo en salones de 30 o 40 estudiantes, era innegable la sensación de haber cumplido con nuestra misión como discípulos y sucesores del mentor. Esa era nuestra auténtica motivación y fuente de energía vital, siempre pensar que estábamos correspondiendo al sueño del mentor.
Creo que no hay un relato mejor para terminar este capítulo que lo transmitido por la responsable de la Zona Carabobo en ese entonces. Como los talleres eran auspiciados por la LOPNA, ellos nos prestaban un proyector para apreciar el video "Gandhi, King, Ikeda" sobre todo con los profesores. Al terminar las jornadas la responsable en Carabobo fue a devolver el proyector. En el lugar de la devolución se consiguió con una dama que le preguntó "¿ustedes son los que dieron el taller "Constructores de la paz?". Resultó que uno de los chamos que recibió el taller en alguno de los liceos, era familia de ella y ese chamo le mostró el marca-libros que le obsequiamos y le habló muy bien de lo que había escuchado y recibido, así que para esta dama ese chamo había quedado suficientemente impactado con el taller. La responsable de Carabobo recibió el relato con mucha alegría y así mismo nos lo transmitió. Creo que está demás decir que también lo recibimos con inmensa alegría, porque aunque fuese ese sólo este chamo, la misión del taller hacía sido cumplida!
Para mí, para cada uno de los que participamos en esas jornadas y en cualquiera de las jornadas del taller, el conocer este tipo de relatos siempre fue lo que mantuvo la llama del compromiso con la Gakkai y con Ikeda Sensei. El hecho de recordar estas cosas representa lo invaluable que son para la vida de aquel que actúa basado en la identidad del Sucesor, para nosotros, el Sucesor de Venezuela.
viernes, 5 de junio de 2015
JCP - Anécdotas - 5
Colegio Arco Iris, Nueva Esparta.
Desde el comienzo de la campaña "Jóvenes Constructores de la Paz" a finales de 2004 habíamos viajado a otros estados a realizar talleres. En 2005 y 2006 también lo hicimos mientras se iban preparando jóvenes en cada estado que pudiesen conducir los talleres en la sociedad, ya que una cosa era conducir los talleres para los jóvenes amigos de la SGIV y otra cosa es conducirlos en las instituciones que solicitan el taller para sus integrantes, que no tienen ningún conocimiento de la SGIV.
En el mes aniversario de la SGIV, abril de 2007, se realizaron 4 jornadas del taller JCP en tres estados distintos (Nueva Esparta, Lara y Anzoátegui), así que los jóvenes tuvimos que multiplicarnos y por supuesto establecer grupos que atendieran cada jornada en cada estado.
Me tocó viajar a Margarita junto a una gran compañera. La responsable de la Zona Nueva Esparta, gran amiga, excelente artista y docente de artes plásticas, trabajaba en el Colegio Arco Iris, un colegio privado de alto costo de matrícula, así que los chamos que estudiaban ahí pertenecían a familias de muchos recursos económicos en la isla.
El taller con estos chamos fue particular porque en general su actitud era muy despreocupada en clases. Obviamente, la profesora, miembro de la SGIV, tenía una relación distinta con ellos y eso contribuyó a que nos recibieran con un mínimo de interés en la actividad. Sin embargo, no dejaban de ser adolescentes "normales" y algunos fueron muy apáticos al principio.
No olvidaré jamás a uno de ellos que mientras iniciamos la presentación del taller y el diálogo previo al video, tenía toda la gestualidad del chamo totalmente desinteresado en lo que lo rodea, y durante el video hasta juntó sus brazos y se recostó a dormir en el pupitre. Obviamente uno desarrolla por un lado mucha paciencia para no influenciarse por tal muestra de desinterés, pero al hacer daimoku también se desarrolla la convicción de inspirar al menos a uno de los participantes, que al menos uno salga con el mensaje que se desea transmitir.
Después del video iniciamos el diálogo respectivo analizando lo que une a los personajes. De una manera que sólo los adolescentes saben hacer y comprender, de repente ante una pregunta, el joven que había estado recostado en el pupitre comienza a intervenir, de manera muy elocuente y acertada. Es decir, no estaba dormido, sólo reposaba y aunque fuese de manera leve, sus sentidos sí estaban puestos en lo que se iba conversando por el resto.
Al menos para mí, resultó muy gratificante este suceso, porque me brindó más certeza en que cuando se actúa desde el corazón, se habla con el corazón, no importa la gestualidad de los interlocutores, las acciones y las palabras siempre llegarán a su corazón y algo, aunque sea lo más mínimo, quedará grabado en su corazón.
Universidad Centro Occidental Lisandro Alvarado
En mayo de 2007 hubo una solicitud que requirió de una logística especial para atenerla. La Universidad Lisandro Alvarado en Barquisimeto solicitó el taller para todos los jóvenes que ingresaban a ese semestre y a diferencia de lo que se venía haciendo en Carabobo, donde todos los estudiantes realizaban las dinámicas en conjunto dentro del auditorio, en este caso se planificó tener sólo la introducción en conjunto y las dinámicas por separado en salones dispuestos para eso. Así que nos fuimos varios jóvenes de Caracas y nos juntamos a varios de la Zona Lara para atender dicha solicitud.
Todo estaba dispuesto para atender a todos los jóvenes y muchos padres y representantes en el auditorio, hacer toda la primera parte en conjunto y luego dividirse en grupos para las dinámicas. Si mal no recuerdo mi esposa hizo la presentación y luego me tocó conducir toda la primera parte previa al video, presentar el video y luego las reflexiones posteriores. En el auditorio habrían unas 500 personas, pero realmente fue muy divertido el manejar el intercambio y las intervenciones de estudiantes y representantes. Aun siendo mucha gente, sentí que hubo muy buen clima y las intervenciones fueron realmente sentidas, muy pertinentes y con conciencia de la importancia de profundizar en el mensaje.
Luego de esa primera parte, se realizó la división en grupos y todos los jóvenes "talleristas" de la SGIV lideraron la realización de las dinámicas en los grupos integrados por muchas menos personas. Este esquema se tomó como referencia para otras actividades. Antes habíamos hecho cosas similares en colegios, en el caso de Carabobo había sido siempre en "plenaria", en este caso la dinámica de dividir en dos grandes bloques el taller sirvió como precedente para otras oportunidades tanto en Caracas como en el interior.
Iglesia Católica "San Miguel Arcángel",
Parroquia El Cementerio.
En 2007 el ritmo de talleres volvió a disminuir un poco y en total de realizaron 9 jornadas, 3 menos que el año anterior. Sin embargo 2007 cerró con un taller súper especial en diciembre. Una de las chicas DJF, hoy viviendo en el exterior, presentó a uno de sus hermanos el taller y con mucho interés solicitó realizarlo en la institución que conducía: la Iglesia Católica de la Parroquia El Cementerio "San Miguel Arcángel".
Asumimos esa invitación de la manera más especial. Ya habíamos realizado talleres con una monja participando por ejemplo, pero realizar el taller en una iglesia sin duda era algo súper especial. Llegamos a la iglesia y debe haber sido la segunda o tercera vez que al menos yo entraba a una. La primera vez sería cuando me bautizaron, y luego no hay en mi memoria registro de entrar a una iglesia. Esta vez, entraba a una iglesia con una misión basada en difundir valores universales promovidos por la Soka Gakkai y el Budismo Nichiren. Loco, no?
En cualquier caso este cura, hermano de una miembro de la SGIV, era un tipo joven de muy amplia mentalidad, conservador y ortodoxo sólo en la medida apropiada para conducir una iglesia, pero nos hizo sentir sumamente cómodos y nos presentó ante los muchachos con mucha cordialidad y calidez. Los chicos y chicas participantes eran sus estudiantes de catecismo, así que también manejaban la doctrina cristiana con mucha propiedad.
El taller se realizó con mucha fluidez, con mucho diálogo, eran jóvenes muy pero muy participativos, creo que no hubo uno que no interviniera. Al finalizar el cura nuevamente nos brindó palabras muy cálidas y nos inspiró a seguir realizando la labor que llevábamos adelante con el taller JCP. Inolvidable!
Desde el comienzo de la campaña "Jóvenes Constructores de la Paz" a finales de 2004 habíamos viajado a otros estados a realizar talleres. En 2005 y 2006 también lo hicimos mientras se iban preparando jóvenes en cada estado que pudiesen conducir los talleres en la sociedad, ya que una cosa era conducir los talleres para los jóvenes amigos de la SGIV y otra cosa es conducirlos en las instituciones que solicitan el taller para sus integrantes, que no tienen ningún conocimiento de la SGIV.
En el mes aniversario de la SGIV, abril de 2007, se realizaron 4 jornadas del taller JCP en tres estados distintos (Nueva Esparta, Lara y Anzoátegui), así que los jóvenes tuvimos que multiplicarnos y por supuesto establecer grupos que atendieran cada jornada en cada estado.
Me tocó viajar a Margarita junto a una gran compañera. La responsable de la Zona Nueva Esparta, gran amiga, excelente artista y docente de artes plásticas, trabajaba en el Colegio Arco Iris, un colegio privado de alto costo de matrícula, así que los chamos que estudiaban ahí pertenecían a familias de muchos recursos económicos en la isla.
El taller con estos chamos fue particular porque en general su actitud era muy despreocupada en clases. Obviamente, la profesora, miembro de la SGIV, tenía una relación distinta con ellos y eso contribuyó a que nos recibieran con un mínimo de interés en la actividad. Sin embargo, no dejaban de ser adolescentes "normales" y algunos fueron muy apáticos al principio.
No olvidaré jamás a uno de ellos que mientras iniciamos la presentación del taller y el diálogo previo al video, tenía toda la gestualidad del chamo totalmente desinteresado en lo que lo rodea, y durante el video hasta juntó sus brazos y se recostó a dormir en el pupitre. Obviamente uno desarrolla por un lado mucha paciencia para no influenciarse por tal muestra de desinterés, pero al hacer daimoku también se desarrolla la convicción de inspirar al menos a uno de los participantes, que al menos uno salga con el mensaje que se desea transmitir.
Después del video iniciamos el diálogo respectivo analizando lo que une a los personajes. De una manera que sólo los adolescentes saben hacer y comprender, de repente ante una pregunta, el joven que había estado recostado en el pupitre comienza a intervenir, de manera muy elocuente y acertada. Es decir, no estaba dormido, sólo reposaba y aunque fuese de manera leve, sus sentidos sí estaban puestos en lo que se iba conversando por el resto.
Al menos para mí, resultó muy gratificante este suceso, porque me brindó más certeza en que cuando se actúa desde el corazón, se habla con el corazón, no importa la gestualidad de los interlocutores, las acciones y las palabras siempre llegarán a su corazón y algo, aunque sea lo más mínimo, quedará grabado en su corazón.
Universidad Centro Occidental Lisandro Alvarado
En mayo de 2007 hubo una solicitud que requirió de una logística especial para atenerla. La Universidad Lisandro Alvarado en Barquisimeto solicitó el taller para todos los jóvenes que ingresaban a ese semestre y a diferencia de lo que se venía haciendo en Carabobo, donde todos los estudiantes realizaban las dinámicas en conjunto dentro del auditorio, en este caso se planificó tener sólo la introducción en conjunto y las dinámicas por separado en salones dispuestos para eso. Así que nos fuimos varios jóvenes de Caracas y nos juntamos a varios de la Zona Lara para atender dicha solicitud.
Todo estaba dispuesto para atender a todos los jóvenes y muchos padres y representantes en el auditorio, hacer toda la primera parte en conjunto y luego dividirse en grupos para las dinámicas. Si mal no recuerdo mi esposa hizo la presentación y luego me tocó conducir toda la primera parte previa al video, presentar el video y luego las reflexiones posteriores. En el auditorio habrían unas 500 personas, pero realmente fue muy divertido el manejar el intercambio y las intervenciones de estudiantes y representantes. Aun siendo mucha gente, sentí que hubo muy buen clima y las intervenciones fueron realmente sentidas, muy pertinentes y con conciencia de la importancia de profundizar en el mensaje.
Luego de esa primera parte, se realizó la división en grupos y todos los jóvenes "talleristas" de la SGIV lideraron la realización de las dinámicas en los grupos integrados por muchas menos personas. Este esquema se tomó como referencia para otras actividades. Antes habíamos hecho cosas similares en colegios, en el caso de Carabobo había sido siempre en "plenaria", en este caso la dinámica de dividir en dos grandes bloques el taller sirvió como precedente para otras oportunidades tanto en Caracas como en el interior.
Iglesia Católica "San Miguel Arcángel",
Parroquia El Cementerio.
En 2007 el ritmo de talleres volvió a disminuir un poco y en total de realizaron 9 jornadas, 3 menos que el año anterior. Sin embargo 2007 cerró con un taller súper especial en diciembre. Una de las chicas DJF, hoy viviendo en el exterior, presentó a uno de sus hermanos el taller y con mucho interés solicitó realizarlo en la institución que conducía: la Iglesia Católica de la Parroquia El Cementerio "San Miguel Arcángel".
Asumimos esa invitación de la manera más especial. Ya habíamos realizado talleres con una monja participando por ejemplo, pero realizar el taller en una iglesia sin duda era algo súper especial. Llegamos a la iglesia y debe haber sido la segunda o tercera vez que al menos yo entraba a una. La primera vez sería cuando me bautizaron, y luego no hay en mi memoria registro de entrar a una iglesia. Esta vez, entraba a una iglesia con una misión basada en difundir valores universales promovidos por la Soka Gakkai y el Budismo Nichiren. Loco, no?
En cualquier caso este cura, hermano de una miembro de la SGIV, era un tipo joven de muy amplia mentalidad, conservador y ortodoxo sólo en la medida apropiada para conducir una iglesia, pero nos hizo sentir sumamente cómodos y nos presentó ante los muchachos con mucha cordialidad y calidez. Los chicos y chicas participantes eran sus estudiantes de catecismo, así que también manejaban la doctrina cristiana con mucha propiedad.
El taller se realizó con mucha fluidez, con mucho diálogo, eran jóvenes muy pero muy participativos, creo que no hubo uno que no interviniera. Al finalizar el cura nuevamente nos brindó palabras muy cálidas y nos inspiró a seguir realizando la labor que llevábamos adelante con el taller JCP. Inolvidable!
jueves, 4 de junio de 2015
JCP - Anécdotas - 4
Colegio Humbold
Luego del excelente arranque a finales de 2004 de los talleres JCP a las instituciones que lo iban solicitando, en 2005 el desarrollo del taller, si bien fue modesta la cantidad, se logró que más de 1.000 personas participaran.
Ese año hicimos por primera vez una jornada a un colegio completo (Colegio Humbold), todavía conociendo la mejor manera de cómo hacerlo fue el primer experimento tanto para nosotros como para ellos. Participaron varias secciones de secundaria, los chamos al principio full aburridos porque les proyectábamos el video en el auditorio a todos juntos, pero como primera materia en la mañana, o sea cuando todavía no se han despertado!!! Por ahí ya fuimos cogiendo datos y mejoramos en próximas ocasiones ese detalle.
En las dinámicas estaban más participativos porque eran en grupos más pequeños regados por todo su patio, así que fue mucho más fresco y fluido el taller desde ahí. No recuerdo cuántos éramos, pero sí fuimos varios para poder atender a todos los grupos de estudiantes que se hicieron.
Universidad de Carabobo
Finalizando los talleres en 2005, en octubre de ese año también se implementó un esquema del taller distinto a lo que veníamos haciendo, algo más tipo conferencia. Unas miembros de Carabobo, grandes amigas, profesoras en la Universidad de Carabobo, lograron que el taller fuese realizado para todos los estudiantes que iniciaban el semestre, así que con un solo taller se lograba la participación de 1.000 jóvenes que recibieron toda la temática, vieron el video, y realizaron las dinámicas en el auditorio principal de la universidad.
Esto se repitió por varios semestres después, gracias a lo que en la universidad percibió que se lograba con el taller. Nunca me tocó conducir estos talleres en la UC, los conducían uno de quienes fuera asistente nacional de la DJM para esa época y una de las chicas de Carabobo, ambos muy diestros en manejar grandes grupos; además estuvieron acompañados por otros jóvenes también.
Liceo Simón Bolívar
En 2005 se realizaron sólo cinco jornadas del taller en todo el año, incluyendo los colegios y universidades. Para 2006 el número aumentó y se logró un promedio de un taller por mes. En noviembre de ese año realizamos un taller que recuerdo como muy especial.
En ese entonces la actual responsable de la DJF trabajaba ejerciendo su profesión de educadora y daba clases en el Liceo Simón Bolívar que queda al final de la Av. Baralt. A través de ella la institución solicitó el taller y fuimos varios jóvenes a realizarlo. Los participantes fueron varios de los profesores. Entre todos, creo que había un solo caballero, la gran mayoría eran profesoras.
Conducimos el taller como ya estábamos acostumbrados, con algo más de experiencia nuestro diálogo se iba haciendo más fluido. El video, el diálogo, las dinámicas, todo iba fluyendo con mucha naturalidad y calidez. Por otro lado, este profesor se mantenía muy observador la mayor cantidad de tiempo, con mirada fija, no intervino mucho, pero sí estuvo siempre atento a lo que se iba desarrollando.
Para algunos de nosotros por supuesto representaba algo de incomodidad porque no sabíamos si lo estaba disfrutando o si más bien estaba con ganas de irse o no estar allí. Por supuesto, eso no era más que un estímulo para hacer nuestro mejor esfuerzo al trasmitir el mensaje del taller, causar la reflexión necesaria, llegar al corazón de cada participante porque hablábamos desde el corazón.
Finalizamos el taller. Los profesores habían organizado un pequeño refrigerio para compartir al final del mismo, así que comenzamos a compartir un poco más individualmente con los profesores. Y por supuesto, el profesor en cuestión era un "objetivo principal" para saber su opinión. Él sólo se fue acercando a nosotros. Su comentario es inolvidable.
Nos comentó que desde el principio estuvo muy expectante de lo que escucharía, nos vio muy jóvenes y al enterarse que no éramos educadores (era parte de nuestra presentación - decir que NO éramos educadores), confesó que no estaba muy atraído a la idea de participar en el taller. Sin embargo con el desarrollo del taller fue sintiéndose más cómodo por el tema y la manera en que lo íbamos presentando y conduciendo. Su conclusión fue contundente: para él, nosotros debíamos estar realizando el mismo taller en televisión, produciendo un programa que fuese transmitido por el canal del estado porque el taller debía ser de interés nacional.
Toda su postura y gestualidad durante el taller, no fue más que la evolución de su actitud que progresivamente lo iba haciendo más y más aliado del tema, del objetivo del taller JCP de la SGIV. Por eso, este taller es inolvidable.
Luego del excelente arranque a finales de 2004 de los talleres JCP a las instituciones que lo iban solicitando, en 2005 el desarrollo del taller, si bien fue modesta la cantidad, se logró que más de 1.000 personas participaran.
Ese año hicimos por primera vez una jornada a un colegio completo (Colegio Humbold), todavía conociendo la mejor manera de cómo hacerlo fue el primer experimento tanto para nosotros como para ellos. Participaron varias secciones de secundaria, los chamos al principio full aburridos porque les proyectábamos el video en el auditorio a todos juntos, pero como primera materia en la mañana, o sea cuando todavía no se han despertado!!! Por ahí ya fuimos cogiendo datos y mejoramos en próximas ocasiones ese detalle.
En las dinámicas estaban más participativos porque eran en grupos más pequeños regados por todo su patio, así que fue mucho más fresco y fluido el taller desde ahí. No recuerdo cuántos éramos, pero sí fuimos varios para poder atender a todos los grupos de estudiantes que se hicieron.
Universidad de Carabobo
Finalizando los talleres en 2005, en octubre de ese año también se implementó un esquema del taller distinto a lo que veníamos haciendo, algo más tipo conferencia. Unas miembros de Carabobo, grandes amigas, profesoras en la Universidad de Carabobo, lograron que el taller fuese realizado para todos los estudiantes que iniciaban el semestre, así que con un solo taller se lograba la participación de 1.000 jóvenes que recibieron toda la temática, vieron el video, y realizaron las dinámicas en el auditorio principal de la universidad.
Esto se repitió por varios semestres después, gracias a lo que en la universidad percibió que se lograba con el taller. Nunca me tocó conducir estos talleres en la UC, los conducían uno de quienes fuera asistente nacional de la DJM para esa época y una de las chicas de Carabobo, ambos muy diestros en manejar grandes grupos; además estuvieron acompañados por otros jóvenes también.
Liceo Simón Bolívar
En 2005 se realizaron sólo cinco jornadas del taller en todo el año, incluyendo los colegios y universidades. Para 2006 el número aumentó y se logró un promedio de un taller por mes. En noviembre de ese año realizamos un taller que recuerdo como muy especial.
En ese entonces la actual responsable de la DJF trabajaba ejerciendo su profesión de educadora y daba clases en el Liceo Simón Bolívar que queda al final de la Av. Baralt. A través de ella la institución solicitó el taller y fuimos varios jóvenes a realizarlo. Los participantes fueron varios de los profesores. Entre todos, creo que había un solo caballero, la gran mayoría eran profesoras.
Conducimos el taller como ya estábamos acostumbrados, con algo más de experiencia nuestro diálogo se iba haciendo más fluido. El video, el diálogo, las dinámicas, todo iba fluyendo con mucha naturalidad y calidez. Por otro lado, este profesor se mantenía muy observador la mayor cantidad de tiempo, con mirada fija, no intervino mucho, pero sí estuvo siempre atento a lo que se iba desarrollando.
Para algunos de nosotros por supuesto representaba algo de incomodidad porque no sabíamos si lo estaba disfrutando o si más bien estaba con ganas de irse o no estar allí. Por supuesto, eso no era más que un estímulo para hacer nuestro mejor esfuerzo al trasmitir el mensaje del taller, causar la reflexión necesaria, llegar al corazón de cada participante porque hablábamos desde el corazón.
Finalizamos el taller. Los profesores habían organizado un pequeño refrigerio para compartir al final del mismo, así que comenzamos a compartir un poco más individualmente con los profesores. Y por supuesto, el profesor en cuestión era un "objetivo principal" para saber su opinión. Él sólo se fue acercando a nosotros. Su comentario es inolvidable.
Nos comentó que desde el principio estuvo muy expectante de lo que escucharía, nos vio muy jóvenes y al enterarse que no éramos educadores (era parte de nuestra presentación - decir que NO éramos educadores), confesó que no estaba muy atraído a la idea de participar en el taller. Sin embargo con el desarrollo del taller fue sintiéndose más cómodo por el tema y la manera en que lo íbamos presentando y conduciendo. Su conclusión fue contundente: para él, nosotros debíamos estar realizando el mismo taller en televisión, produciendo un programa que fuese transmitido por el canal del estado porque el taller debía ser de interés nacional.
Toda su postura y gestualidad durante el taller, no fue más que la evolución de su actitud que progresivamente lo iba haciendo más y más aliado del tema, del objetivo del taller JCP de la SGIV. Por eso, este taller es inolvidable.
domingo, 31 de mayo de 2015
JCP - Anécdotas - 3
Rotary Club
En diciembre de 2004 iniciamos la campaña de los talleres JCP a las instituciones que lo iban solicitando. Una chica DJF, amiga eterna, conocía a integrantes de uno de los núcleos del Rotary Club en Caracas, les comentó del taller y ellos aceptaron realizar la invitación. Ese taller se hizo una noche en la pizzería Tony Roman's que está en La Castellana. No recuerdo por qué se definió ese lugar, pero creo que uno de los muchachos tenía que ver con los dueños del lugar. El taller fue para 4 jóvenes integrantes o coordinadores de ese núcleo Rotary Club, esperaban más, pero sólo llegaron ellos. Por parte de la SGIV estábamos mi esposa y yo acompañados por la chica que les presentó el taller y creo que alguien más.
Algo a destacar, es que en estos primeros talleres debíamos resolver qué proyector usar, la laptop para la presentación y el video, etc. Y lo destaco porque tiempo después esto lo solventamos con equipos de la SGIV, comprados especialmente para esta labor de los talleres.
Este taller con los jóvenes del Rotary Club fue especial porque, además de ser de los primeros, generó que meses después la organización Rotary Club de Venezuela hiciera entrega de un reconocimiento a la SGIV en su labor por promover la paz. Sin duda fue un gran placer aprovechar el vínculo con esa institución gracias al vínculo de esta chica miembro de la SGIV con esos jóvenes. Siempre es así, es a través del vínculo entre individuos que las instituciones estrechan lazos.
UCV, Escuela de Trabajo Social.
Los talleres en la UCV comenzaron en 2005, aprovechamos la presentación del taller que hizo la profesora de la UCV miembro de la SGIV, quien como máxima aliada de los jóvenes y la labor que realizábamos con el taller JCP confiaba plenamente en que lograríamos el objetivo de causar la reflexión que promueve el taller.
Era una época en que si bien las actos de cerrar la entrada de Plaza Venezuela para manifestar tirando piedras había disminuido, era por todos conocido que en la escuela de Trabajo Social era donde se resguardaban los principales promotores de esas acciones. Al llegar e instalar todo lo necesario para iniciar el taller alguien nos comentaba que esperaban no nos sabotearan la actividad por no estar de acuerdo con el taller.
Este taller era una actividad extra curricular de los muchachos, es decir, no era de asistencia obligatoria o algo que integrara la evaluación del profesor (otros sí), así que la participación era totalmente voluntaria por parte de los estudiantes invitados por la profesora responsable, amiga de nuestra profesora miembro de la SGIV.
Comenzamos el taller. Nuevamente las expectativas eran mutuas, de ellos y de nosotros, por saber cómo reaccionarían ambas partes ante cualquier antagonismo. El ritmo inicial fue muy bueno, llegamos hasta el video sin mayores inconvenientes. Luego del video, en el intercambio de análisis llegó el diálogo sabroso. Cuando evaluábamos la labor de Gandhi, uno de los muchachos (no tan muchacho) manifestó su desacuerdo con las acciones de Gandhi, porque no las consideraba pacíficas del todo, sino una violencia pasiva en cualquier caso. El diálogo sobre el tema se desarrolló de manera muy enriquecedora y no hubo mayores enganches. Pero este muchacho continuó con su actitud antagónica y planteó que era casi imposible tener una actitud pacífica "cuando te matan a alguien". Cuando él hizo ese comentario, y antes de esperar ese espacio de silencio que causa confusión o aprehensión en todos, le pregunté por su nombre (no lo había dicho antes), y sencillamente no quiso responder.
Una de las muchachas lo invitó a que dijera su nombre (obviamente se conocían), pero él sencillamente se rehusó, no de mala manera, pero no quiso decir su nombre. Luego nos enteramos que era uno de los que coordinaba esos actos de confrontación en la universidad, no era estudiante, pero siempre estaba ahí en Trabajo Social.
Su comentario, y luego que no quisiera decir su nombre, no ocasionó mayores antagonismos gracias a la intervención de una de las chicas estudiantes que contó lo que su familia había vivido. Hacía algún tiempo uno de sus hermanos había sido asesinado y los amigos de su hermano le juraron a su mamá que lo vengarían. La madre del joven asesinado los increpó diciéndoles que ni ella ni él necesitaban que los vengaran, porque la venganza no devolvería la vida a su hijo, así que les pidió que por favor dejaran de actuar con venganza en nombre de su hijo. Esa madre, esa chica, mostraban una actitud de romper el círculo de violencia y por supuesto, el joven que había intentado ser antagónico en el taller no consiguió aliados y el diálogo continuó brindando aprendizaje a todos los presentes, nosotros los talleristas incluidos.
Ese fue el primero de varios talleres que se realizaron en la Escuela de Trabajo Social de la UCV, también el primero de decenas de talleres que se continúan dando en la UCV. Aunque luego seguiré escribiendo sobre otros talleres particulares en la UCV, los que se dieron en Trabajo Social son especiales porque años después nos enteramos, a través de la profesora miembro de la SGIV, que algunos muchachos estudiantes de Trabajo Social se cambiaron de carrera a la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales (FACES), porque "alguien" les había comentado que "los muchachos de la SGIV eran de ahí"… Sin duda el impacto de los talleres superaba cualquier expectativa que nos planteáramos.
En diciembre de 2004 iniciamos la campaña de los talleres JCP a las instituciones que lo iban solicitando. Una chica DJF, amiga eterna, conocía a integrantes de uno de los núcleos del Rotary Club en Caracas, les comentó del taller y ellos aceptaron realizar la invitación. Ese taller se hizo una noche en la pizzería Tony Roman's que está en La Castellana. No recuerdo por qué se definió ese lugar, pero creo que uno de los muchachos tenía que ver con los dueños del lugar. El taller fue para 4 jóvenes integrantes o coordinadores de ese núcleo Rotary Club, esperaban más, pero sólo llegaron ellos. Por parte de la SGIV estábamos mi esposa y yo acompañados por la chica que les presentó el taller y creo que alguien más.
Algo a destacar, es que en estos primeros talleres debíamos resolver qué proyector usar, la laptop para la presentación y el video, etc. Y lo destaco porque tiempo después esto lo solventamos con equipos de la SGIV, comprados especialmente para esta labor de los talleres.
Este taller con los jóvenes del Rotary Club fue especial porque, además de ser de los primeros, generó que meses después la organización Rotary Club de Venezuela hiciera entrega de un reconocimiento a la SGIV en su labor por promover la paz. Sin duda fue un gran placer aprovechar el vínculo con esa institución gracias al vínculo de esta chica miembro de la SGIV con esos jóvenes. Siempre es así, es a través del vínculo entre individuos que las instituciones estrechan lazos.
UCV, Escuela de Trabajo Social.
Los talleres en la UCV comenzaron en 2005, aprovechamos la presentación del taller que hizo la profesora de la UCV miembro de la SGIV, quien como máxima aliada de los jóvenes y la labor que realizábamos con el taller JCP confiaba plenamente en que lograríamos el objetivo de causar la reflexión que promueve el taller.
Era una época en que si bien las actos de cerrar la entrada de Plaza Venezuela para manifestar tirando piedras había disminuido, era por todos conocido que en la escuela de Trabajo Social era donde se resguardaban los principales promotores de esas acciones. Al llegar e instalar todo lo necesario para iniciar el taller alguien nos comentaba que esperaban no nos sabotearan la actividad por no estar de acuerdo con el taller.
Este taller era una actividad extra curricular de los muchachos, es decir, no era de asistencia obligatoria o algo que integrara la evaluación del profesor (otros sí), así que la participación era totalmente voluntaria por parte de los estudiantes invitados por la profesora responsable, amiga de nuestra profesora miembro de la SGIV.
Comenzamos el taller. Nuevamente las expectativas eran mutuas, de ellos y de nosotros, por saber cómo reaccionarían ambas partes ante cualquier antagonismo. El ritmo inicial fue muy bueno, llegamos hasta el video sin mayores inconvenientes. Luego del video, en el intercambio de análisis llegó el diálogo sabroso. Cuando evaluábamos la labor de Gandhi, uno de los muchachos (no tan muchacho) manifestó su desacuerdo con las acciones de Gandhi, porque no las consideraba pacíficas del todo, sino una violencia pasiva en cualquier caso. El diálogo sobre el tema se desarrolló de manera muy enriquecedora y no hubo mayores enganches. Pero este muchacho continuó con su actitud antagónica y planteó que era casi imposible tener una actitud pacífica "cuando te matan a alguien". Cuando él hizo ese comentario, y antes de esperar ese espacio de silencio que causa confusión o aprehensión en todos, le pregunté por su nombre (no lo había dicho antes), y sencillamente no quiso responder.
Una de las muchachas lo invitó a que dijera su nombre (obviamente se conocían), pero él sencillamente se rehusó, no de mala manera, pero no quiso decir su nombre. Luego nos enteramos que era uno de los que coordinaba esos actos de confrontación en la universidad, no era estudiante, pero siempre estaba ahí en Trabajo Social.
Su comentario, y luego que no quisiera decir su nombre, no ocasionó mayores antagonismos gracias a la intervención de una de las chicas estudiantes que contó lo que su familia había vivido. Hacía algún tiempo uno de sus hermanos había sido asesinado y los amigos de su hermano le juraron a su mamá que lo vengarían. La madre del joven asesinado los increpó diciéndoles que ni ella ni él necesitaban que los vengaran, porque la venganza no devolvería la vida a su hijo, así que les pidió que por favor dejaran de actuar con venganza en nombre de su hijo. Esa madre, esa chica, mostraban una actitud de romper el círculo de violencia y por supuesto, el joven que había intentado ser antagónico en el taller no consiguió aliados y el diálogo continuó brindando aprendizaje a todos los presentes, nosotros los talleristas incluidos.
Ese fue el primero de varios talleres que se realizaron en la Escuela de Trabajo Social de la UCV, también el primero de decenas de talleres que se continúan dando en la UCV. Aunque luego seguiré escribiendo sobre otros talleres particulares en la UCV, los que se dieron en Trabajo Social son especiales porque años después nos enteramos, a través de la profesora miembro de la SGIV, que algunos muchachos estudiantes de Trabajo Social se cambiaron de carrera a la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales (FACES), porque "alguien" les había comentado que "los muchachos de la SGIV eran de ahí"… Sin duda el impacto de los talleres superaba cualquier expectativa que nos planteáramos.
sábado, 30 de mayo de 2015
JCP - Anécdotas - 2
Zulia
Una miembro de la SGIV trabajaba en la conducción de uno de los departamentos de ACNUR, responsables de la atención a los refugiados en Venezuela. A través de ella se logró un proyecto de trabajo con una ONG con sede en Maracaibo y que trabajaba con la comunidad a través de asociaciones de vecinos, instituciones culturales, etc. Uno de sus proyectos involucró a maestros de comunidades que atendían niños desplazados de la Guajira por distintos motivos. Así que el vínculo con esta institución nos permitió trabajar durante 4 semanas entre noviembre y diciembre de 2004 para llevar el taller a estos educadores. Fueron los primeros talleres JCP para educadores que brindó la SGIV.
Los gastos de traslado se canalizaron a través de ACNUR, así que ni la SGIV ni ninguno de nosotros costeó sus pasajes. Yo no participé en la primera de estas jornadas, pero si en la segunda y tercera, porque creo que la cuarta tampoco me tocó. Esas dos jornadas en las que sí participé fueron experiencias inolvidables.
La gente de la ONG - extraordinarias y cálidas personas - nos recibían el viernes en la noche, nos ofrecía hospedaje en un hotel cercano y los talleres se realizaban en su sede, todo en Maracaibo. La primera jornada me iba a Maracaibo con un malestar estomacal previo (nada raro realmente), así que la cena de ese viernes, invitada por ellos, lo que hizo fue empeorar ese malestar, vomité varias veces en la noche y pude dormir muy poco. Como viajaba junto a mi esposa de alguna manera sentía confianza en que si yo no podía conducir nada del taller, al menos ella estaría al frente sin ningún problema. Al día siguiente el director de la ONG, que conocía muy bien esos malestares estomacales por experiencia propia, me preparó una infusión de varias cosas que honestamente fue mágica, y me mejoró bastante esa mañana.
Siendo la segunda jornada ellos ya conocían el taller, pero nos estaban conociendo a nosotros, así que igual tenían expectativas por saber qué de diferente haríamos a quienes fueron a la primera jornada. Esa mañana fueron llegando los maestros y profesores. Ellos los recibían haciendo unas dinámicas que rompían el hielo y hacían que nos conociéramos un poco más todos. Su proyecto de trabajo se basaba en jornadas de todo el sábado y el domingo, el taller JCP estaba incluido el sábado en la mañana como inicio, así que después de esas dinámicas de introducción - conducidas por un maracucho súper especial y particular, todo un personaje - nos presentaban a nosotros, la SGIV con el taller "Jóvenes Constructores de la Paz".
La estructura era exactamente la misma que se mantiene hoy, mi esposa y yo nos dividíamos cada punto, ella comenzaba con la introducción y yo presentaba los primeros conceptos hasta el video. Yo seguía con las reflexiones post-video y ella presentaba la primera dinámica para luego turnarnos. Las dos jornadas fueron muy dinámicas, los educadores siempre fueron muy participativos, incluso en la segunda participaron unos educadores miembros de la SGIV del Zulia.
En una de las jornadas llegó muy temprano una monja, que trabajaba en esta labor de atender a las familias guajiras desplazadas. Imposible negar que generó mucha expectativa en mí sobre cómo tomaría el taller, su participación, su interacción… En la parte cuando preguntamos "quién ha contribuido con la paz" no fue la primera en intervenir, pero yo estaba expectante de su participación, debe haber sido la tercera o cuarta en intervenir y decir "pues Jesucristo!" Mi comentario inmediato fue "Claro! Esperaba que fuera la primera en nombrarlo!" A partir de ahí ella tuvo más confianza en realizar sus comentarios.
Fueron los primeros talleres para educadores, mi esposa y yo comenzamos a darnos cuenta del nivel distinto en el lenguaje a usar, en los ejemplos a usar, en cómo inspirarlos a llevar el mensaje y la actitud hacia los alumnos y niños que apoyaban.
Ese proyecto conjunto con la ONG fue exitoso desde todo punto de vista, seguíamos acumulando más experiencia, obteníamos más comentarios positivos sobre la labor que realizábamos, más recomendaciones sobre cómo enfocar cada sección. Como fuimos acompañados por una de las grandes amigas miembros de la SGIV, profesora en la UCV, ella fue como acostumbra ser, muy elocuente en sus comentarios y recomendaciones, y quizás sea la que contribuyó de manera más determinante en que el taller sea conducido por las DJs, en ese entonces más determinante, pero que esa siga siendo la pauta de la SGIV hoy en día.
Para ella la situación se basaba en lo siguiente: los jóvenes no representan una "competencia" para los educadores, y si bien en un principio los educadores pueden sentir menosprecio por el hecho de recibir un taller de "jóvenes no educadores", el contenido del taller y la propia actitud de los jóvenes logra trascender esa resistencia y termina por lograr el objetivo de causar la reflexión que se espera. En su opinión, eso sucede porque la acción y la actitud de los jóvenes de la SGIV al conducir el taller, no son para nada distintas a las acciones y la actitud que tienen al conducir una actividad en la Soka Gakkai. Entonces, cuando los jóvenes conducen el taller lo que exponen son los valores que han forjado en su actividad por el Kosen-rufu dentro de la Soka Gakkai, asumiendo a cada participante como una valiosa vida que debe ser atesorada como un potencial Bodisatva de la Tierra. Ahí entonces la clave del éxito del taller JCP conducido por los jóvenes.
Por todo lo anterior sigo manteniendo la premisa de que "el taller JCP, ES el tallerista".
Una miembro de la SGIV trabajaba en la conducción de uno de los departamentos de ACNUR, responsables de la atención a los refugiados en Venezuela. A través de ella se logró un proyecto de trabajo con una ONG con sede en Maracaibo y que trabajaba con la comunidad a través de asociaciones de vecinos, instituciones culturales, etc. Uno de sus proyectos involucró a maestros de comunidades que atendían niños desplazados de la Guajira por distintos motivos. Así que el vínculo con esta institución nos permitió trabajar durante 4 semanas entre noviembre y diciembre de 2004 para llevar el taller a estos educadores. Fueron los primeros talleres JCP para educadores que brindó la SGIV.
Los gastos de traslado se canalizaron a través de ACNUR, así que ni la SGIV ni ninguno de nosotros costeó sus pasajes. Yo no participé en la primera de estas jornadas, pero si en la segunda y tercera, porque creo que la cuarta tampoco me tocó. Esas dos jornadas en las que sí participé fueron experiencias inolvidables.
La gente de la ONG - extraordinarias y cálidas personas - nos recibían el viernes en la noche, nos ofrecía hospedaje en un hotel cercano y los talleres se realizaban en su sede, todo en Maracaibo. La primera jornada me iba a Maracaibo con un malestar estomacal previo (nada raro realmente), así que la cena de ese viernes, invitada por ellos, lo que hizo fue empeorar ese malestar, vomité varias veces en la noche y pude dormir muy poco. Como viajaba junto a mi esposa de alguna manera sentía confianza en que si yo no podía conducir nada del taller, al menos ella estaría al frente sin ningún problema. Al día siguiente el director de la ONG, que conocía muy bien esos malestares estomacales por experiencia propia, me preparó una infusión de varias cosas que honestamente fue mágica, y me mejoró bastante esa mañana.
Siendo la segunda jornada ellos ya conocían el taller, pero nos estaban conociendo a nosotros, así que igual tenían expectativas por saber qué de diferente haríamos a quienes fueron a la primera jornada. Esa mañana fueron llegando los maestros y profesores. Ellos los recibían haciendo unas dinámicas que rompían el hielo y hacían que nos conociéramos un poco más todos. Su proyecto de trabajo se basaba en jornadas de todo el sábado y el domingo, el taller JCP estaba incluido el sábado en la mañana como inicio, así que después de esas dinámicas de introducción - conducidas por un maracucho súper especial y particular, todo un personaje - nos presentaban a nosotros, la SGIV con el taller "Jóvenes Constructores de la Paz".
La estructura era exactamente la misma que se mantiene hoy, mi esposa y yo nos dividíamos cada punto, ella comenzaba con la introducción y yo presentaba los primeros conceptos hasta el video. Yo seguía con las reflexiones post-video y ella presentaba la primera dinámica para luego turnarnos. Las dos jornadas fueron muy dinámicas, los educadores siempre fueron muy participativos, incluso en la segunda participaron unos educadores miembros de la SGIV del Zulia.
En una de las jornadas llegó muy temprano una monja, que trabajaba en esta labor de atender a las familias guajiras desplazadas. Imposible negar que generó mucha expectativa en mí sobre cómo tomaría el taller, su participación, su interacción… En la parte cuando preguntamos "quién ha contribuido con la paz" no fue la primera en intervenir, pero yo estaba expectante de su participación, debe haber sido la tercera o cuarta en intervenir y decir "pues Jesucristo!" Mi comentario inmediato fue "Claro! Esperaba que fuera la primera en nombrarlo!" A partir de ahí ella tuvo más confianza en realizar sus comentarios.
Fueron los primeros talleres para educadores, mi esposa y yo comenzamos a darnos cuenta del nivel distinto en el lenguaje a usar, en los ejemplos a usar, en cómo inspirarlos a llevar el mensaje y la actitud hacia los alumnos y niños que apoyaban.
Ese proyecto conjunto con la ONG fue exitoso desde todo punto de vista, seguíamos acumulando más experiencia, obteníamos más comentarios positivos sobre la labor que realizábamos, más recomendaciones sobre cómo enfocar cada sección. Como fuimos acompañados por una de las grandes amigas miembros de la SGIV, profesora en la UCV, ella fue como acostumbra ser, muy elocuente en sus comentarios y recomendaciones, y quizás sea la que contribuyó de manera más determinante en que el taller sea conducido por las DJs, en ese entonces más determinante, pero que esa siga siendo la pauta de la SGIV hoy en día.
Para ella la situación se basaba en lo siguiente: los jóvenes no representan una "competencia" para los educadores, y si bien en un principio los educadores pueden sentir menosprecio por el hecho de recibir un taller de "jóvenes no educadores", el contenido del taller y la propia actitud de los jóvenes logra trascender esa resistencia y termina por lograr el objetivo de causar la reflexión que se espera. En su opinión, eso sucede porque la acción y la actitud de los jóvenes de la SGIV al conducir el taller, no son para nada distintas a las acciones y la actitud que tienen al conducir una actividad en la Soka Gakkai. Entonces, cuando los jóvenes conducen el taller lo que exponen son los valores que han forjado en su actividad por el Kosen-rufu dentro de la Soka Gakkai, asumiendo a cada participante como una valiosa vida que debe ser atesorada como un potencial Bodisatva de la Tierra. Ahí entonces la clave del éxito del taller JCP conducido por los jóvenes.
Por todo lo anterior sigo manteniendo la premisa de que "el taller JCP, ES el tallerista".
miércoles, 13 de mayo de 2015
JCP - Anécdotas - 1
La Campaña "Jóvenes Constructores de la Paz" arrancó en agosto de 2004 con la realización de los talleres para los miembros y amigos de la SGIV. En todo el país participaron más de 1.000 jóvenes en esa primera fase de talleres internos. Ahora, venía la segunda fase con el inicio de la realización de talleres a instituciones educativas, culturales, privadas, públicas y de otra índole.
No recuerdo cómo surgió, pero la primera institución a la que se le ofreció y posteriormente solicitó el taller, fue la Fundación "José Félix Rivas", institución de apoyo para personas con problemas de adicción con su sede al lado del Parque Miranda, el estadio deportivo en Los Dos Caminos. Al conocer la solicitud de ese primer taller, al pautar la fecha de la realización de ese primera taller "fuera de la Gakkai", sin duda estábamos llenos de expectativas de cómo sería recibido, qué reacción tendrían los participantes, cuál sería el resultado…
Para conducir este primer taller nos asignamos la responsabilidad mi esposa (responsable nacional de DJF), otra chica que llegaría a ser asistente nacional de DJF al año siguiente (además profesora de Química en la UCV) y yo, en ese momento asistente nacional de la DJM. Nosotros tres asumiríamos la responsabilidad de conducir ese primer taller JCP "fuera de la Gakkai".
Hablar de "dentro" o "fuera" de la Gakkai es usual cuando nos referimos a actividades que realizamos para personas no vinculadas de la manera directa o indirecta a la SGIV. Es decir, cuando realizamos actividades donde los participantes son miembros, nuevos practicantes, o sus familiares y amigos, consideramos que son actividades "dentro de Gakkai", sin importar el lugar donde la realicemos. A veces usaremos teatros, salones diversos, hasta canchas, parques o plazas, pero si los participantes tienen este perfil, es una actividad "dentro de Gakkai". Por otro lado, cuando una actividad responde a una invitación de otra institución, cuando los participantes no pertenecen a ninguno de los perfiles anteriores, entonces es una actividad "fuera de la Gakkai".
Ese primer taller se realizó un día de semana, el lunes 15 de noviembre. En el Seikyo Criollo de 2004 aparecen unas líneas que registran la actividad. Por otro lado, eran épocas donde los celulares con cámara decente todavía no estaban ni en proyecto, así que dentro de los detalles NO planificados, estuvo una cámara para tomar la foto que dejara registro fotográfico de ese primer taller.
Ese primer taller en la sociedad tuvo como participantes 5 personas atendidas por la fundación, su director y la psicóloga tratante. Su sede era modesta pero bien cuidada. Desde nuestra llegada había un ambiente de expectativa mutua, ellos con la inquietud de saber qué ofrecíamos, qué recibirían. Nosotros, cómo sería su participación, su actitud, lograríamos animarlos a intervenir… miles de sensaciones. Eso sí, los tres nos habíamos preparado con todo el daimoku de convicción posible porque estábamos más que claros de la relevancia que tendría ese primer taller para la sociedad, considerándolo como la primera causa para el camino que tendría la campaña JCP en tiempos por venir. Llegamos con toda la actitud de ser Sucesores del mentor, representantes de la Soka Gakkai y discípulos del mentor. Creo que esa actitud es la que prevaleció en la mayoría de los conductores del taller JCP a lo largo de estos ya casi 11 años.
Para realizar ese taller ya contábamos con la experiencia de los más de 100 talleres realizados previamente en todo el país, teníamos datos y comentarios de varios jóvenes sobre cómo se había desarrollado cada sección del taller, habíamos corregido algunos detalles, mejorado otros, pero la expectativa era la misma.
El mensaje universal del video GKI y de las dinámicas que acompañan cada valor hicieron inevitable que los participantes se sintieran a gusto. Sus intervenciones fueron las necesarias para promover un ambiente muy fresco donde el humanismo que promueve el Budismo y la Soka Gakkai fue lo que prevaleció. Tanto el director como la psicóloga de la fundación también participaron activamente, nos iban mostrando su satisfacción por lo que escuchaban, por lo que veían e iban percibiendo de nuestra postura, nuestra actitud. Está demás decir que los tres estábamos más que dispuestos, comprometidos a cumplir con la misión que nos tocaba, así que esa causa no podía generar un efecto distinto.
Al final del taller el director de la fundación y la psicóloga nos mostraron su agradecimiento de manera muy cálida, felicitaron nuestra labor y la iniciativa al estructura el taller JCP, nos animaron a seguir promoviendo la actividad y dejaron en nosotros un grato sabor a victoria en este inicio de esta fase del taller.
En un análisis "en frío" de esa primera experiencia, terminé reflexionando sobre cada aspecto del taller, cada sección, el mensaje que se intenta transmitir, cada dinámica que se invita a realizar… Terminé asumiendo que el taller JCP es absolutamente "sencillo", es súper práctico, las dinámicas de hecho no son "propias" del taller si no adaptaciones de otras fuentes. Así que lo que se lograra con su "forma" dependía del "fondo", pero de manera más directa, de cómo se transmitiría ese fondo. Quizás ese fue el inicio de lo que terminé asumiendo como la pauta general del taller JCP: "el taller, ES el tallerista". Depende directamente de la voz, la postura, y por supuesto lo más importante, la condición de vida del tallerista lo que logra contactar a los participantes desde una condición de vida altruista.
Irán reapareciendo en mi memoria otras anécdotas de la gran fortuna de haber participado en la Campaña "Jóvenes Constructores de la Paz".
No recuerdo cómo surgió, pero la primera institución a la que se le ofreció y posteriormente solicitó el taller, fue la Fundación "José Félix Rivas", institución de apoyo para personas con problemas de adicción con su sede al lado del Parque Miranda, el estadio deportivo en Los Dos Caminos. Al conocer la solicitud de ese primer taller, al pautar la fecha de la realización de ese primera taller "fuera de la Gakkai", sin duda estábamos llenos de expectativas de cómo sería recibido, qué reacción tendrían los participantes, cuál sería el resultado…
Para conducir este primer taller nos asignamos la responsabilidad mi esposa (responsable nacional de DJF), otra chica que llegaría a ser asistente nacional de DJF al año siguiente (además profesora de Química en la UCV) y yo, en ese momento asistente nacional de la DJM. Nosotros tres asumiríamos la responsabilidad de conducir ese primer taller JCP "fuera de la Gakkai".
Hablar de "dentro" o "fuera" de la Gakkai es usual cuando nos referimos a actividades que realizamos para personas no vinculadas de la manera directa o indirecta a la SGIV. Es decir, cuando realizamos actividades donde los participantes son miembros, nuevos practicantes, o sus familiares y amigos, consideramos que son actividades "dentro de Gakkai", sin importar el lugar donde la realicemos. A veces usaremos teatros, salones diversos, hasta canchas, parques o plazas, pero si los participantes tienen este perfil, es una actividad "dentro de Gakkai". Por otro lado, cuando una actividad responde a una invitación de otra institución, cuando los participantes no pertenecen a ninguno de los perfiles anteriores, entonces es una actividad "fuera de la Gakkai".
Ese primer taller se realizó un día de semana, el lunes 15 de noviembre. En el Seikyo Criollo de 2004 aparecen unas líneas que registran la actividad. Por otro lado, eran épocas donde los celulares con cámara decente todavía no estaban ni en proyecto, así que dentro de los detalles NO planificados, estuvo una cámara para tomar la foto que dejara registro fotográfico de ese primer taller.
Ese primer taller en la sociedad tuvo como participantes 5 personas atendidas por la fundación, su director y la psicóloga tratante. Su sede era modesta pero bien cuidada. Desde nuestra llegada había un ambiente de expectativa mutua, ellos con la inquietud de saber qué ofrecíamos, qué recibirían. Nosotros, cómo sería su participación, su actitud, lograríamos animarlos a intervenir… miles de sensaciones. Eso sí, los tres nos habíamos preparado con todo el daimoku de convicción posible porque estábamos más que claros de la relevancia que tendría ese primer taller para la sociedad, considerándolo como la primera causa para el camino que tendría la campaña JCP en tiempos por venir. Llegamos con toda la actitud de ser Sucesores del mentor, representantes de la Soka Gakkai y discípulos del mentor. Creo que esa actitud es la que prevaleció en la mayoría de los conductores del taller JCP a lo largo de estos ya casi 11 años.
Para realizar ese taller ya contábamos con la experiencia de los más de 100 talleres realizados previamente en todo el país, teníamos datos y comentarios de varios jóvenes sobre cómo se había desarrollado cada sección del taller, habíamos corregido algunos detalles, mejorado otros, pero la expectativa era la misma.
El mensaje universal del video GKI y de las dinámicas que acompañan cada valor hicieron inevitable que los participantes se sintieran a gusto. Sus intervenciones fueron las necesarias para promover un ambiente muy fresco donde el humanismo que promueve el Budismo y la Soka Gakkai fue lo que prevaleció. Tanto el director como la psicóloga de la fundación también participaron activamente, nos iban mostrando su satisfacción por lo que escuchaban, por lo que veían e iban percibiendo de nuestra postura, nuestra actitud. Está demás decir que los tres estábamos más que dispuestos, comprometidos a cumplir con la misión que nos tocaba, así que esa causa no podía generar un efecto distinto.
Al final del taller el director de la fundación y la psicóloga nos mostraron su agradecimiento de manera muy cálida, felicitaron nuestra labor y la iniciativa al estructura el taller JCP, nos animaron a seguir promoviendo la actividad y dejaron en nosotros un grato sabor a victoria en este inicio de esta fase del taller.
En un análisis "en frío" de esa primera experiencia, terminé reflexionando sobre cada aspecto del taller, cada sección, el mensaje que se intenta transmitir, cada dinámica que se invita a realizar… Terminé asumiendo que el taller JCP es absolutamente "sencillo", es súper práctico, las dinámicas de hecho no son "propias" del taller si no adaptaciones de otras fuentes. Así que lo que se lograra con su "forma" dependía del "fondo", pero de manera más directa, de cómo se transmitiría ese fondo. Quizás ese fue el inicio de lo que terminé asumiendo como la pauta general del taller JCP: "el taller, ES el tallerista". Depende directamente de la voz, la postura, y por supuesto lo más importante, la condición de vida del tallerista lo que logra contactar a los participantes desde una condición de vida altruista.
Irán reapareciendo en mi memoria otras anécdotas de la gran fortuna de haber participado en la Campaña "Jóvenes Constructores de la Paz".
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